En realidad es mínimo lo que se sabe de la música y danza de los antiguos mayas, pues ésta se perdió; sobretodo con la llegada de los españoles. Sin embargo, dice J. Roberto Rossal que mucho se pue- de inferir por los descubrimientos de la arqueología y por referencias que dejaron algunos cronistas, como el obispo Fray Diego de Landa, Los Padres Lozama, Sahagún y Cogolludo del siglo XVI (Rossal, Rober- to, J.1988).
A continuación refiere a uno de estos, Fray Diego de Landa: "Que los indios tienen recreaciones muy donosas y principal- mente farsantes que representan con mucho donaire; tanto que de estos alquilan los españoles que pasan con sus mozas,
maridos a ellos propios, sobre el buen o mal servir, lo repre- sentan después con tanto artificio como curiosidad. Tienen atabales pequeños que tañen con un palo larguillo con leche de un árbol puesta al cabo y tienen trompetas largas y delga- das, de palos huecos y al cabo unas largas y tuertas calaba- zas, y tienen otro instrumento que hacen de la tortuga ente- ra con sus conchas, sacándole la carne, tañenlo con la palma de la mano y es un sonido lúgubre y triste".
Consecuentemente Fray Diego de Landa sigue diciendo: "Tienen especialmente dos bailes muy de hombre de ver, uno es un juego de cañas y así le llaman ellos colomche, para ju- garlo se junta un gran juego de bailadores con su música que les hacen son y por su compás salen dos de la rueda: el uno con un manojo de bordados y baila enhiesto con ellos, el otro baile en cuclillas, ambos con compás de la rueda; y el de los bordados, con toda su fuerza, los tira al otro, el cual con gran destreza, con un palo pequeño los arrebata. Acaba- dos de tirar vuelven con su compás a la rueda y salen otros a hacer lo mismo. En otro baile, bailan unos ochocientos in- dios más o menos, con banderas pequeñas, con son y paso largo de guerra, entre los cuales no hay uno que salga del compás y en sus bailes son pesados porque todo el día ente- ro no cesan de bailar y ahí les llevan de comer y beber. Los hombres no solían bailar con las mujeres".
La música prehispánica era diferente a la de origen europeo. El indígena no acostumbraba a cantar y bailar para que vieran su destre- zas sino para honrar a sus dioses, ayudarlos a la divina tarea de dar luz y vigor al universo y para evadir o invocar las misteriosas fuerzas de lo desconocido, pudiendo afirmarse que los motivos relacionados con el alma personal y la muerte eran muy poco frecuentes en sus mani- festaciones de índole personal.
Dios de la fertilidad en actitud de tocar un tambor Según Códice Maya de Dresden.
Por la arqueología y la variedad de instrumentos que se cree que tenían, se deduce que los músicos nativos no sólo conocieron la gama primera de cinco sonidos, sino también practicaron con soni- dos complementarios y que aún llegaron a establecer un sistema pri- mitivo de armonía, o sea el acorde de varios sonidos a un mismo tiem- po, teniendo además, un conocimiento bastante profundo de las le- yes de la acústica. Lo anterior se puede deducir por la música actual indígena que demuestra en el presente; para afinar, modular y aún componer música en ciertos puntos o tonalidades.
La conquista española produjo mestizajes entre los cuales, como más importantes y trascendentales, se pueden señalar el de la raza, el lenguaje, las costumbres suntuarias, los alimentos, religiones y las ar- tesanías. La música estuvo tan bien sujeta a ese proceso, razón por la cual, el día que estudien detenidamente las transformaciones que ella ha sufrido desde el arribo y aclimatación de la cultura hispánica has- ta nuestros días, debe tenerse en cuenta una serie de circunstancias relacionadas con la forma y el tiempo en que se realizaron los prime- ros contactos entre la cultura indígena y la cultura de ultramar. En los lugares donde hay religiones tradicionales y haciendo uso de méto- dos o sistemas parecidos a los que emplea el arqueólogo en su bús- queda de testimonios, aún pueden encontrarse algunos restos de composiciones musicales bastante puras. En cambio, en los lugares donde las agrupaciones indígenas han estado en contacto desde hace mucho tiempo con el hombre blanco, es muy difícil establecer la se- paración que existe entre los elementos netamente aborígenes.
Por los fragmentos de música que aún perduran, se infiere que en la música y la danza intervenían sacerdotes, jefes militares y el pue- blo. Fray Bernardino de Sahagún habla de la existencia de una escue- la de canto, baile y música. Y se dice que es posible que estas escue- las de semejante orden, hubieran en las comunidades mayas. Los cro- nistas dicen que habían cantores principales llamados hol-pop; quie- nes dirigían los coros, estaban los llamados Ahpax que eran los que di- rigían la tocada de instrumentos y otros cuyo único oficio era compo- ner canciones e himnos religiosos y guerreros.
Ejemplo de ello es un vaso polícromo de Chamá (Alta Verapaz), Guatemala, Epoca Post-clásica, donde pueden verse cuatro personajes
disfrazados de animales ejecutando una pieza musical y en las pintu- ras de Bonampak, Chiapas puede verse a un grupo de dieciséis artis- tas mayas que no sólo tocan los instrumentos tradicionales, sino tam- bién largas trompetas.
La historia de la música comienza en Centroamérica íntimamen- te funcional, adscrita a ritos religiosos y a festividades de la comuni- dad. Sólo tardíamente y apenas incidentalmente en ciertas comuni- dades indígenas -se ejecutan música y danza- el canto en menor esca- la con propósito recreativo. Entre los maya-quichés hay una tradición antigua, música y danza aparecen secularizadas. En casos excepcio- nales se conservan música y ritos de danza precolombinos. Los ma- nuscritos indígenas abundan en esto, el pasaje del Popol Vuh (Reci- nos,1978) explica el origen de los espíritus que preceden las artes: "En seguida se pusieron a tocar la flauta tocando la canción de Hu- nahpú Qoy. Luego cantaron, tocaron la flauta y el tambor, tomando las flautas y su tambor. Después sentaron junto a ellos a su abuela y siguieron tocando y llamando con la música y el canto, entonando la canción que se llama Hunahpú-Qoy.
Mural de Bonompak (detalle) Trajes e instrumentos
Por fin llegaron Hunbatz y Hunchouén y al llegar se pusieron a bailar; pero cuando la vieja vio sus viejos visajes, se echó a reír al ver- los, sin poder contener la risa y ellos se fueron al instante y no se les volvió a ver la cara.
- Ya lo veis abuela! Se han ido al bosque. ¿Qué habéis hecho abuela nuestra? Sólo cuatro veces más podemos hacer esta prueba y no faltan más que tres. Vamos a llamarlos con la flauta y con el can- to, pero procurad contener la risa. ¡Que comience la prueba!, dijeron Hunahpú e íxbalanqué.
En seguida se pusieron de nuevo a tocar. Hunbatz y Hunchouén volvieron bailando y llegaron hasta el centro del patio de la casa, ha- ciendo monerías y provocando la risa a su abuela hasta que esta sol- tó la carcajada. Realmente eran muy divertidos cuando llegaron con caras de monos, sus anchas posaderas, sus colas delgadas y el agujero de su vientre, todo lo cual obligaba a la vieja a reírse.
Para Reynaud son dioses o espíritus que precedían las artes des- de remota antigüedad y el Popol Vuh (versión de Adrián Recinos) di- ce: "ahora bien (los primogénitos) eran invocados por los músicos, por los cantantes, entre los hombres de otros tiempos, antaño tam- bién los pintores, los cinceladores los invocaban".
Se menciona en dicho manuscrito indígena las danzas del Buho (Pujuy), de la comadreja (Cux), del armadillo (Tooy), del cienpies (Ix- tual), de los zancos, cada uno con su música, aunque las primitivas melodías -pentatónicas- se repiten con variantes; además de las dan- zas hacían muchas maravillas,- suertes mágicas, ilusionismos que al- canzaron a ver los primeros cronistas de la conquista y colonización. Por otro lado, el Memorial de Tecpán Atitlán menciona el triun- fo de Gagawitz sobre el volcán: "... y de ahí nace la danza llamada El Corazón de la Montaña Gaxcanul, bailada con frenesí por muchos danzadores y otros con bullicio" y la danza del sacrificio de Tolgom. Es pues que numerosas representaciones de danzarines se encuen- tran en monumentos arqueológicos de Mesoamérica.
Otro punto importante de mencionar, es que los evangelizado- res atribuyeron al canto y danzas de los indígenas a inspiración diabó- lica: "Sahagún dice, cantos compuestos con tal arte que dicen lo que
quieren y perjudican los mandamientos del enemigo. Alabanzas a Sa- tanás o injurias a Cristo, aunque algunos como el Padre Durán, halla- ron, por el contrario, ser cantos de una moral y filosofía profundas. Se les hizo la guerra pues a la música, a las danzas y coreografías autóc- tonas. Después, la repetición de las melodías a consecuencia de su secularización y atadura o rituales invariables de la monotonía penta- tónica e imperfecciones del instrumental, determinaron el desuso y olvido de cantos y salmos".
Para citar al cronista contemporáneo de la época, Fuentes y Guzmán da testimonio de la supervivencia de la música en el siglo XVII: "eran ejecutados en todo, porque caminando con mucha músi- ca melancólica, atabales, pisos y caracoles, que hacían en tal compo- sición estos instrumentos una música más molesta que armoniosa y llegando al sacrificadero, danzaban en torno como hoy danzan los te- ponoguastes (nombre nahuatl del tun maya-quiché y el tuncul yuca- teco), cantando en desentonada y triste voz, las cosas memorables de su nación y hechos heroicos acreditados de sus mayores, vestíanse y adornábanse para esto de mantos matizados, risas, de varias plumas y de muchos sartales de chalchiguis".
Por aparte, otro cronista, Bernal Díaz del Castillo, pone énfasis en la monotonía de la música indígena y corrobora que, animando el valor de los indígenas, sus instrumentos musicales formaban parte de la resistencia hacia la conquista armada y el sonido de los tambores resonaban como obsesión dentro del cráneo de los españoles, propa- gando desde adoratorios y torres: "... y retumbaba tanto que se oyera a dos leguas, juntamente con él (el tambor grande), muchos atalayos, caracoles, bocinas y silvos..."
Según el Popol Vuh algunas de las leyendas maya-quiché, dejan entrever que los indígenas cantaban: "entre los maya-quiché, el Dios Ah- kinxoo, era gran cantor y músico, le adoraban como Dios de la poesía". En el Popol Vuh, se relataba como Humbatz y Hunchouén eran invocados por los músicos y cantores de los pueblos. Cuenta el libro que después de un pleito con Hunapú e Ixbalanque, inmediatamente comenzaron a sonar la flauta y entonaron la canción de Hunapú Qox, después de lo cual tomando flautas y atabales, cantaron, tocaron flau- tas o tambor.
Hay otra leyenda en la que los pobladores de cierto sitio, nunca comían iguanas y peces del cercano río. Sucedió que un día estaban cantando y bailando 400 muchachos alrededor de aquel lugar y con ellos un viejo que tocaba el tambor, se cansaron tanto y quedaron tan enfadados de bailar, que desesperados de la vida determinaron todos echarse en el agua y ahogarse, para lo cual todos se ataron con una larga y fuerte soga, convirtiéndose en peces e iguanas como las que vivían en aquel lugar, sólo uno se escapó.
En el discurso de la música, en la palabra Xela se encuentra el nombre Holpop: "cargo de los mayas con función de cantor principal- mente". Se cree que los mayas imitaban los cantos de los pájaros y esto les servía para su música o canto.
En la montaña, se dice que, son el silbido del viento, el canto de los pájaros silvestres, de donde se origina el primitivismo y el carác- ter de sus melodías.
Se cree que los cantos prehispánicos se guiaban por el canto de las aves. Durante la colonia las notas de la música indígena eran mo- nótonas y tristes, lo que se cree fue por la conquista.
No hay razón para suponer que el indígena era incapaz de crear su música vernácula, al contrario, más bien se reconoce que tenían composiciones e instrumentos musicales muy suyos antes de la llega- da de los españoles, quienes trajeron consigo su propia música. Los indios no escribían su propia música, pero la transmitían enseñándo- la a sus descendientes. La arqueología ha corroborado esto.
Una de las mejores pruebas de que los indios tuvieron compo- siciones que tienen tales vestigios o rasgos es por ejemplo, el Rabinal Achí, cuyas escalas no existen en el tesoro melódico hispanomoro. J. Roberto Rossal cree que la naturaleza ejerció la más poderosa influen- cia sobre la música indígena, si acaso no fue aquella su origen.
Figura de un danzante
Detalle de un vaso del Altar de los sacrificios Periodo clásico Tardío (600-800 d.c.) Calcó: Sulma de Castellanos