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Otros proyectos de parcelaciones, ¿irrealizados o irrealizables?

Restauración: colonias, montes públicos y parcelaciones

3.3. Un proyecto frustrado: la colonización masiva de montes públicos

3.4.3. Otros proyectos de parcelaciones, ¿irrealizados o irrealizables?

El mismo interés de estos logros relativos lo encontramos en varios de los proyectos fracasados de parcelación, sobre todo por ser de nuevo un muestrario del alcance de la crisis social. De entre varios ejemplos disponibles seleccionamos tres: Malpartida de Plasencia, Torrejoncillo y Santiago del Campo que demuestran las limitaciones e interferencias de este tipo de proyectos.

- En el caso de Malpartida de Plasencia crisis social y transformación en regadío vienen unidas. El 9 de noviembre de 1926, el alcalde y los labradores del pueblo se dirigen al Ministro de Trabajo:

“...Conocedora esta alcaldía de la grave crisis por que atraviesan estos pequeños labradores de este pueblo, o sea de aquellos que careciendo de terrenos propios sólo disponen de una yunta y utensilios para las faenas agrícolas, los cuales forman un número grande, sufridos y honrados, no puede sin embargo el que suscribe ni el ayuntamiento que preside facilitarles el medio de que sus torturas desaparezcan, garantizando por mi parte la veracidad de sus amargas lamentaciones”337.

Por su parte, cuatrocientas familias de labradores se refieren a sus condiciones de vida:

“...la sufrida clase de labradores que representamos viene sufriendo pacientemente la amarga y desesperante situación de verse privados de terrenos que labrar (...) pues que el inmenso perímetro de terrenos que forma este término municipal pertenece casi todo él a grandes propietarios forasteros cuyas dehesas arriendan a individuos cuyas condiciones económicas les permiten disponer de unos miles de pesetas acaparando y monopolizando casi toda la explotación agrícola y obteniendo un interés al capital de un 10 o un 15 % anual, gran parte a costa del trabajo, privaciones y ruina de los que suscriben y sus representados”.

La intención de esa primera petición era solicitar “que los poderes públicos obliguen por humanidad a los grandes propietarios a que cedan sus dehesas en arriendo por un precio de relación equitativa con el líquido imponible de las mismas, si ellos no las cultivan directamente”. Un año después, el Sindicato Agrícola de Malpartida disponía de la solución: una finca propiedad de un terrateniente placentino que podría ser regada y dar trabajo a cien

colonos338. El propietario parecía dispuesto a vender, implicándose en el proyecto como

mediador y avalista el Sindicato Agrícola Católico de Jaraíz de la Vera. Lo que detuvo desde un primer momento a Acción Social Agraria era el precio de la finca: casi cuatro millones de

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Esta es una de las primeras evidencias de uno de los pueblos de la provincia que de manera más convulsa vivió la crisis de los años 30. Uno de los términos municipales más grandes de la provincia carecía de tierras para labrar. Este expediente en

ADGDR, Fondo Colonias-Parcelaciones, s.c.

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pesetas. Ahora bien, la disposición de la finca, entre un pantano (Navabuena) y el Tiétar, hoy una finca de gran prosperidad, entusiasmó a los ingenieros Sánchez Torres y Vega que visitaron la zona.

Y aquí viene lo verdaderamente interesante. Tras demostrarse que un uso intensivo de la finca para pimentón, tabaco, remolacha y cebada daría unos beneficios superiores al coste de la finca, Acción Social Agraria corrige a la baja las expectativas de beneficio. El Comité de Colonización notifica al Sindicato Católico de Jaraíz en agosto de 1928 que

“...si bien la finca tiene posibilidades tales que pudieran obtenerse rendimientos que justificasen el precio que se indica, en la actualidad la explotación integral de estas posibilidades no es problema fácil: exige capital, no pequeño; trabajo, técnica (...) todo ello a costa de una serie de desembolsos y esfuerzos por parte de los futuros colonos, con evidente mejora para el predio, que por ser a ellos debida, no procede, por tanto, considerarla imputable al valor actual de la finca”339.

Así pues, un proyecto que presentaba la resolución de un problema social en los pueblos de Jaraíz, Tejeda y Malpartida; que había llevado dos años de gestiones; que reunía un interesante elenco de posibilidades: regadío, cultivos industriales de grandes posibilidades...atendiendo a la legalidad, la institución encargada del reformismo agrario de la Dictadura no podía arriesgarse a proporcionar el 80% por la falta de garantías de reembolso.

- El caso de la finca Encinejo de Torrejoncillo es otro ejemplo de uno de los supuestos que podían concurrir, según Robledo, en el trasfondo de las parcelaciones: el interés de los

propietarios por librarse de una determinada finca340. Es un nuevo caso lleno de

contradicciones ya que la petición no procede del sindicato agrícola local, sino del alcalde y un diputado provincial. En principio, el interés de la solicitud de parcelación radica en la narración de la degradación en la que había caído el pueblo a raíz de la pérdida de la industria pañera y

“...por el sistema de arrendamiento que rige en toda la comarca los labradores ni pueden vivir honrosamente ni les mantiene la labor del campo, habiendo descendido en su mayoría de la condición de arrendatarios y colonos a la de pobres jornaleros, mal retribuidos e insuficientemente atendidos por la falta de trabajo y de labores agrícolas que les obliga a estar parados más de la tercera parte del año”341.

Todo se hizo a espaldas del sindicato local, ya que el alcalde, a pesar de estas palabras de comprensión para con sus vecinos, adjuntaba en diciembre de 1928 una petición de los veinte mayores contribuyentes del pueblo solicitando que si los peticionarios humildes rehusaban a sus parcelas, se les adjudicase a ellos, si no podía ser “la totalidad de la finca”. Las gestiones hechas por la alcaldía siguen todo el trámite de información sin mayores problemas y tras un impasse provocado por la inestabilidad política de 1930, cuando el Comité Interino de Parcelación pregunta al sindicato agrícola de Torrejoncillo si continuban en condiciones de adquirir la finca, éste se sorprende de la pregunta e indican a Madrid que habían sido los “caciques” del pueblo quienes se habían dirigido a la antigua Acción Social Agraria. Abundando más en el extraño trasfondo de la adquisición de la finca, los propietarios exigen una solución inmediata, pues no quieren volver a arrendarla y disponen de una oferta mayor del Duque de Valencia. El expediente no fue a más, pero de nuevo comprobamos como desde las instancias municipales y en connivencia con el Patronato provincial de Acción Social Agraria se cometieron numerosas irregularidades en la aplicación del decreto de 1927.

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Ibídem, resolución de 24 de agosto de 1928.

340 ROBLEDO (1996): Loc. Cit., pág. 17. 341

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- Un último caso digno de mencionar es el de los pueblos de Talaván y el de Santiago del Campo, donde la mediación de la Iglesia presenta un protagonismo inusitado. El tema se plantea por la solicitud de parcelación de la dehesa Prescribanes, que la Duquesa de Medina de Rioseco había vendido a una rica familia de terratenientes placentinos, la viuda de Silva, Dolores Martín Salterain. José Grau, jefe del Negociado de Acción Social Agraria se reúne en Toledo con el representante del Sindicato Agrícola Católico de Santiago en la primavera de 1928. Curiosamente, el mediador en la reunión es el Cardenal Segura, el arzobispo de Toledo. No parece que fuera extraña la relación directa entre Acción Social Agraria y las altas instancias de la jerarquía católica para tratar de las parcelaciones. En este caso la paradoja es que el administrador de la viuda de Silva es un presbítero de la Catedral de Plasencia, que no sólo se opone a la venta de la finca, sino que impide la comunicación directa con la propietaria. El presidente del Sindicato Agrícola pide a Benjumea y Grau que medien en el conflicto, pero aquél informa al Patronato Provincial de que no se debe efectuar la adquisición de la parcelación “porque no es tan apremiante la necesidad de tierra para el cultivo en dicho término”342.

Poco interesado parece Benjumea en la multitud de quejas sobre la situación derivada del subarriendo como la expuesta por los vecinos de Talaván y Santiago del Campo. Desde el estudio sobre el subarriendo realizado por el Instituto de Reformas Sociales en 1921, los organismos encargados del reformismo agrario a través de los servicios de colonización y parcelación habían recibido gran cantidad de quejas sobre la situación del campo. Todos los expedientes que hemos venido estudiando hasta aquí solían ir acompañadas de una notable información sobre la situación de cada pueblo, en el que la lacra del subarriendo y las fortunas amasadas por los grandes arrendatarios durante los años 10 y 20 tienen carácter recurrente.

De esta manera, el balance de los primeros ensayos de reformismo agrario en la provincia de Cáceres alcanzaban, resumiendo, a menos de 500 campesinos y poco más de 3000 hectáreas. Para Rodríguez Labandeira una de las mayores ironías de la historia española es “que la reforma agraria fuera propugnada seriamente por los círculos políticos e intelectuales mucho antes de que surgiera la protesta social organizada, pero cuando el campesinado empezó a rebelarse, el Estado se encontró sin más política que la

represión”343. A la vista de los pésimos resultados de todas las medidas que se habían

tomado hasta 1931 y de la gran cantidad de información de que se disponía sobre la gravedad del problema agrario ¿es de extrañar que éste eclosionara durante la década de los años 30 con la espectacularidad con que lo hizo?

342

Carta de Benjumea a Sánchez Torres, ya presidente del Patronato Provincial de Acción Social Agraria, de 3 de mayo de 1929 en ADGDR, Fondo Colonias-Parcelaciones, s.c.

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