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P izano de B rigard , E, Semblanza de un colombiano universal, 2013,

p. 54.

26. Ba d ui- Quesada, H., «Apuntes para una biblioteca imaginaria», 2007,

Biblioteca del Banco de la República. Allí los libros posteriores a 1950 pasaron a la Sala General, mientras los anteriores se podrán leer en su momento con el cúmulo de dificultades que suelen po­ ner para estas labores algunos bibliotecarios. Eso sí, el legado no permanece unido en una «Sala Gómez Dávila» de la Biblioteca, lo que es una lástima.

En la «Sala Libros Raros y Manuscritos» de la Biblioteca Luis Angel Arango, sin mención especial a Gómez Dávila, se encuen­

tran tres incunables de su legado:

De Marullo Tarcaniota, Michele, d. 1500, se encuentra Hym- ni et epigrammata Marulli, editado en Florencia por Societas Co- lubris, 1497, que aparecía con el número 10270 en la relación Alfa de la biblioteca gomezdaviliana. Del papa Pío II, editado en 1496 en Núremberg, la Epistole Enee Siluij, o Carta a Mehomed //, que aparece con el 12161 de la biblioteca original y es una epístola de gran relevancia en la descripción de la posible respuesta de la Cristiandad al Turco. Finalmente, de Johannes Cassianus, De Ins- titutis cenobiorum origi[n]e, causis et remediis vitiorum; Collatio[n] ibus patrum, impreso en Basilea por Joannem Amerbach, 1497, con el número 2908.

Otros libros del legado fueron los relatos de viajes de León el Africano de 1556, una edición de Maquiavelo de 1550, las Leyes de India o más precisamente la recopilación de las Leyes de Indias realizada durante el reinado de rey Carlos II. Parece, por lo tanto, que sin ser exactamente un coleccionista Gómez Dávila reunió un número relevante de obras valiosas.

En el primer artículo sistemático sobre la biblioteca gomezda­ viliana, ciertamente en relación con la de Hernando Medel, Halim Badui-Quesada destaca especialmente las siguientes posesiones:

«Gómez Dávila conservaba además, piezas tan importantes como varios incunables italianos, españoles y flamencos; 500 tomos

de la patrología griega y latina; la edición de 1550 de las Opere, de Nicolás de Maquiavelo; una Biblia en latín de 1551 y la Biblia Sacra Veteris de 1558; una edición de 1532 con las obras de Petrarca, y la segunda edición del Diccionario de la Lengua Castellana de 1726, entre muchos otros»27.

En muchos casos la mera lectura del catálogo de una biblio­ teca puede darnos una idea cierta de la orientación ideológica de un autor. Alfredo Andrés Abad Torres, en una especie de primera reivindicación, alude a la vastedad de las fuentes para, en cierta forma, suavizar la asimilación completa Gómez Dávila al conser­ vadurismo o reaccionarismo. Dice a este respecto:

«Basándose en el contexto del joven pensador durante su es­ tancia en París, se ha querido fundar una conexión ideológica con escritores como Justus Mósser, Charles Maurras, Maurice Barres, Juan Donoso Cortés entre otros. Pero la lectura de Gómez Dávi­ la ofrece un panorama mucho más amplio que la reducción de su dependencia o identidad con el fenómeno reaccionario, a pesar de que la mayor parte de la crítica sobre su pensamiento hace énfasis en la pertenencia que el autor tuviese con respecto al pensamiento reaccionario o conservador»28.

Nosotros coincidimos con Rabier, aceptando la pluralidad de fuentes y la notable preeminencia del pensamiento clásico -n o en- marcable en las diferencias ideológicas de la modernidad- en que la primacía de las fuentes del pensamiento político se encuentra en lo que de forma genérica -forma que requerirá numerosas matiza- ciones en su momento por el juego de los términos conservador, contrarrevolucionario, reaccionario, conservatista- se ha denomi­ nado pensamiento conservador. En este sentido y atendiendo so­

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bre todo al pensamiento inglés, francés y alemán, podemos decir que no falta ningún título de los fundamentales. Estas escuelas de influencia en atención a la bibliografía son: 1) la escuela intelectual de la Acción Francesa, 2) Los contrarrevolucionarios franceses, 3) la contra-ilustración y el romanticismo alemán, 4) los pensadores de la Revolución conservadora alemana, 5) los románticos, apo­ logistas del cristianismo y conservadores ingleses y el liberalismo intelectual y económico europeo29.

Siendo apreciable la división de Rabier, me parece, en cierta medida, tan arbitraria como cualquier división. Personalmente yo empezaría colocando la influencia contrarrevolucionaria por de­ lante de la influencia de la Acción Francesa y distinguiría como muy notable la presencia de los liberales conservadores franceses con Chateaubriand y Tocqueville a la cabeza. De los ingleses hay un peso notable de los amigos distribucionistas Chesterton y Be- lloc. Las referencias al campesinado y a la destrucción capitalista que se encuentran en los escolios podrían tener esa procedencia. Finalmente me atrevería a distinguir un grupo de los malditos ca­ tólicos o cristianos donde situaría a Barbey dAurevilly, Baudelai- re, Dostoievski por los ortodoxos y a León Bloy, base este último de su crítica burguesa.

Sobre la lectura gomezdaviliana, su profundidad y su exten­ sión, tenemos también otro testimonio de Pizano, que nos da al­ guna clave. Según esta, y atendiendo a los propios cálculos de Gó­ mez Dávila, nuestro autor no pudo asumir la lectura del conjunto de la biblioteca que llegó a reunir. De nuevo habla Gómez Dávila por la pluma de Pizano:

«Al observar las pilas de libros que, falto de espacio en los es­ tantes, Nicolás ha ido amontonando en mesas, sillas y rincones,