DEMOCRACIA
Y NIHILISMO
VIDA Y OBRA DE
NICOLÁS GÓMEZ DÁVILA
EDICIONES UNIVERSIDAD DE NAVARRA, S.A. PAMPLONA
© 2015. José Miguel Serrano Ruiz-Calderón Ediciones Universidad de Navarra, S.A. (EUNSA) Plaza de los Sauces, 1 y 2. 31010 Barañáin (Navarra) - España
Teléfono: +34 948 25 68 50 - Fax: +34 948 25 68 54 e-mail: [email protected]
ISBN: 978-84-313-3037-8 Depósito legal: NA 56-2015
Queda prohibida, salvo excepción prevista en la ley, cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública y transformación, total o parcial, de esta obra sin contar con autorización escri ta de los titulares del Copyright. La infracción de los derechos mencionados puede ser constitutiva de delito contra la propiedad intelectual (Artículos 270 y ss. del Código Penal).
Ilustración cubierta:
Still life, 1728. Jean Baptiste Simeón Chardin. Puskin Museum of fine Art, Moscú. Rusia
Imprime:
Ul z a m a Dig it a l, S.L. Pol. Areta. Huarte (Navarra)
Pr ó lo g o d e Julia Escobar... 11 In t r o d u c c ió n. Un h o m b r eexcepcio n alen Bo g o t á... 17
Ca pit u lo I
UNA VIDA SUSTRATO DE UNA OBRA
1 .1 . Na c im ie n t o, ed u c a ció ny v i d a... 2 5 1 .2 . Ent o r n o alam isa n tro píag o m e z d a v il ia n a... 3 1 1 .3 . La b iblio t ec a, c en tr o d ev i d a... 3 8 1 .4 . Lav i d a i n a u t é n t i c a ... 4 8 1 .5 . Lai n f l u e n c i a e n u n r e d u c i d o e n t o r n o ... 5 4
Ca pít u loII
OBRA, BIBLIOGRAFÍA E INFLUENCIAS
2 .1 . Lao b r a d e t o d a u n a v i d a ... 6 7 2 .1 .1 . «Notas»: un hijo natural reconocido... 6 9 2 .1 .2 . «Textos I»: la pretensión fallida del Ensayo... 7 3 2 .1 .3 . Dos artículos académicos... 8 1 2 .1 .4 . «Escolios a un texto implícito»... 9 1 2 .2 . Ed ic io n es d e lao brag o m e z d a v il ia n a... 9 8 2 .3 . Tr a d u c c io n e s... 1 0 0 2 .4 . Bibliografíag ó m e z d a v il ia n a... 1 0 4
2 .4 .1 . Monografías...1 0 4 2 .4 .2 . Libros colectivos. Números monográficos de revistas.... 1 1 3
Ca pít u loIII
EL ESTILO DEL ESCOLIASTA
3 .1 . U n a ACTITUD Y UN ESTILO ...1 1 9 3 .2 . Un av id a expresió n d eu n e s t i l o...1 2 4 3 .3 . Lac e n t r a l i d a d d e l e s c o l i o ... ...1 3 7 3 .4 . Laim p o r t a n c ia d e l t i e m p o ...1 4 1 3 .5 . Lai n c o m o d i d a d d e l r e a c c i o n a r i o ...1 4 3 3 .6 . Desc o n c ier t oa n t ee l reaccio n ario b r il l a n t e...1 4 6 3 .7 . Mo d est iad e le s c o l i a s t a...1 4 9 3 .8 . Ca r a c t e r íst ic a sd e l p e n sa m ie n t o r eac c io n a rioy v e n t a
jas d ele s c o l i o...151 3 .9 . Frag m en ta ried a dy s i s t e m a... ...1 5 3 3 .1 0 . Rea c c ió n y c o n s e r v a d u r is m o... ...1 5 6 3 .1 1 . Críticad e l e x t r e m ism o p o lític o ... ...1 6 2 3 .1 2 . Las o l e d a d d e l r e a c c i o n a r i o a u t é n t i c o ...1 6 3
Ca pít u lo IV
RECHAZO DE LA PEDAGOGÍA
Y DE LA PROFESIONALIZACIÓN DE LA CULTURA
4 .1 . Lasven ta ja s d e u n afo r m a c ió nn oa c a d é m ic a... ...1 7 1 4 .2 . Despr ec ioalo ficioped a g ó g ic o ...1 7 6 4 .3 . Lau t ilid ad d elo in ú t ilc o m o t ó p i c o... ...1 8 3 4 .4 . In u t ilid a d y pr o g r esism o ...“... ...1 9 0 4 .5 . Elca m b io d eo b j e t o... ...1 9 2
Ca pít u loV
TEXTO O TEXTOS IMPLÍCITOS EN LA OBRA DE NICOLÁS GÓMEZ DÁVILA
5 .2 . Lar e l i g i ó n d e m o c r á t i c a c o m o t e x t o i m p l í c i t o ... ...2 0 5 5 .3 . El l e c t o r q u e e s c r i b e ...2 1 1 5 .4 . U n t e x t o c o m e n t a d o : E r i c V o e g e l i n ...2 1 3
5.4.1. Religión política, manifestación gnóstica y enfermedad del alma... ...2 1 3 5 .4 .2 . Tradición limitada ... ...2 1 4 5 .5 . Lar e l i g i ó n a l a i n v e r s a ...2 1 6
5 .5 .1 . Democracia como religión antropoteísta... ...2 1 6 5 .5 .2 . Dualismo vida temporal-vida eterna... ...2 2 0 5 .5 .3 . Neutralidad y ciencias sociales...2 2 1 5 .5 .4 . Liberalismo y democracia... ...2 2 3 5 .6 . O r i g e n h e r é t i c o d e l a r e l i g i ó n d e m o c r á t i c a ... ...2 2 8
5 .6 .1 . Gnosticismo y cristianismo ...2 2 8 5 .6 .2 . Ideas cristianas que se han vuelto locas... ...2 3 0 5 .6 .3 . Carencias delantropoteismo...2 3 3 5 .7 . I d e a s p r i n c i p a l e s d e l a r e l i g i ó n d e m o c r á t i c a ... ...2 3 5
5 .7 .1 . Voluntarismo...2 3 6 5 .7 .2 . Progresismo ...2 3 8 5 .7 .3 . Transmutación de los valores ...2 4 1 5 .7 .4 . Determinismo universal... ...2 4 1
Ca p ít u l o V I
DIOS Y LA NADA. LA SUPERACIÓN DEL NIHILISMO
6 . 1. M ás a l l á d e l a c r í t i c a a l a r e l i g i ó n d e m o c r á t i c a ... ...2 4 3 6 .2 . E n t r e e l h o m b r e y l a n a d a s e a t r a v i e s a l a s o m b r a d e D i o s 2 4 5 6 .3 . E l p r e t e n d i d o n i h i l i s m o d e G ó m e z D á v i l a ...2 5 0 6 .4 . P a g a n i s m o y s o m b r a d e D i o s ... ...2 5 4 6 .5 . P e s im is m o s c o n t e m p o r á n e o s ... ...2 5 9 6 .6 . Las e r e n i d a d d e l e s c o l i a s t a ... ...2 6 6 Bib l io g r a f ía c it a d a 273
El trabajo gustoso
El título de ecos juanramonianos con el que rubrico las pala bras que prologan esta obra de José Miguel Serrano no es sino una paráfrasis pretendidamente ingeniosa del epígrafe bajo el que, en 2013, se produjeron en Madrid los homenajes a Nicolás Gómez Dávila, organizados con ocasión del centenario de su nacimien to y propiciados por la Casa de América de Madrid, la UNIR y la Embajada de Colombia (donde se celebró una segunda sesión poco después), en los que el profesor Serrano Ruiz-Calderón, el colombiano Rodrigo Cuéllar, lector entusiasta de don Colacho, como le gusta presentarse y testigo de cargo de la causa colachista y la que esto escribe, jugamos un papel que nos hemos comprome tido continuar en el futuro. Se titulaban aquellos encuentros «El trabajo discreto», que es el que realizó don Nicolás durante toda su vida en su triple y paciente labor de vigía, comentarista y custodio de la cultura occidental desde la biblioteca de su casa, en la ciudad de Botogá. Ambos eventos resultaron memorables pues con ellos se consiguió reunir a un público bastante más numeroso de lo que se podía haber esperado para un tema considerado «elistista» y reaccionario y, desde todos los puntos de vista, políticamente incorrecto con el que muy pocos se habían comprometido, entre
los que es de justicia nombrar, de forma explícita en este caso, a su editor en España, Jacobo Siruela, director de la Editorial Atalanta. Creo que quienes asistieron a los mismos, e incluso los que no pu dieron hacerlo pero mostraron su adhesión —y estos tal vez m ás-, pueden ser considerados de pleno derecho miembros de una secta muy particular, la de los colachistas.
Porque don Colacho, como le llama la secta, fue siempre muy claro en sus intenciones: «No es una obra lo que quisiera dejar. Las únicas que me interesan se hallan a una distancia infinita de mis manos, pero un pequeño volumen que, de cuando en cuando, alguien abra, una tenue sombra que seduzca a unos pocos para que atraviese el tiempo una voz inconfundible y pura» {Notas, Villegas Editores, 2001). El resultado final {Notas /, Textos, Escolios a un texto implícito., Nuevos escolios a un texto implícito) no ha sido tan pequeño como él sugería cuando publicó su primera entrega, pero «los pocos» a los que sedujo -que, como veremos en este libro, van camino de convertirse en «muchos» a la luz del creciente número de traducciones y de blogs y cuentas de twitter a él dedicados- quedaron perdurablemente hechizados por esa «voz inconfundible y pura».
Porque Nicolás Gómez Dávila es, de toda evidencia, eso que se llama un escritor de culto, y también un escritor secreto, que ha conseguido romper el pretendido maleficio y aislamiento de su condición de tal, y si lo califico así es porque nadie como él personifica esa «excepción cultural» que conlleva su condición su puestamente enigmática y solitaria (que en su caso no es tal como pinta la leyenda, según matiza acertadamente el profesor Serrano), alejado de la publicidad, de la crítica literaria y académica e inase quible al desaliento, eso sí. Con esta socorrida aunque peregrina calificación, que no clasificación, a la que la crítica literaria recurre en aquellos casos en los que un escritor se escapa del rasero de lo común —escritores «raritos» o «difíciles» o de pocos pero fieles
lee-tores- se intenta explicar, más que agrupar, a una serie de escritores que escapan a las demás clasificaciones (escritor popular, de masas, o famoso) a las que generalmente se les contrapone. Mientras desa rrollo este tema, el escritor de culto y el escritor secreto me parecen más próximos, si acaso se distinguen tan solo en que a este último se le podría atribuir una estética del desdén (sería más el caso de Gómez Dávila), mientras que el primero parecería estar más atraí do y abocado por el fracaso o el miedo a triunfar. Ninguno de los dos carece de ambiciones -sin las cuales no escribirían nada- pero se conforman con seguir adelante. A continuación aventuro lo que podrían ser, grosso modo, los rasgos que los caracterizan:
1. Generalmente silenciados por sus contemporáneos, estos escritores han trabajado a contracorriente, si no a solas, al menos solos. No pertenecen a ninguna escuela, a ninguna camarilla.
2. Son admirados y leídos por unos pocos lectores exigentes que se encargan de difundir la buena nueva, difusión que no obedece a ninguna ley de mercado, que es restringida pero constante y que desde luego puede llegar a ser impor tante.
3. Parecería como si el autor triunfara a su pesar o no le im portara su éxito; se les podría aplicar lo que decía Nietzsche sobre que para un libro es suficiente un lector e incluso ninguno, «unus satis, nullus satis».
4. Existe una gran simpatía entre el autor y sus lectores que le consideran un familiar, un amigo o, si se prefiere, un cóm plice. Estiman que hay algo indefinible en su escritura que les habla como ningún otro autor. La impresión que tiene el lector es que está escribiendo para él (individuo) y no para los lectores (categoría) tanto como para sí mismo.
5. Es un a-contemporáneo, los seguidores de su culto pueden aparecer en cualquier momento de la historia futura, sin
querer por ello arrancarle su secreto, y aunque lo intentaran no lo conseguirían.
6. Solo se llega a él mediante la iniciación personal e intrans ferible del neófito, a solas con el texto.
El autor de este libro, José Miguel Serrano Ruiz-Calderón, y yo fuimos durante varios años vecinos de página en la extinta Ga
ceta de los Negocios. Confío en que él lo recuerde como una buena vecindad en la que yo intentaba compensar la altura filosófica de su discurso con un acercamiento poético a la realidad de todas esas cosas que, a quienes nos dedicamos a eso, nos toca analizar. Algún tiempo después, el amor a la literatura y al pensamiento volvió a unirnos por una vía inesperada para ambos: nuestra admiración —que en el profesor Serrano se ve doblada por un conocimiento profundo— por la obra y la persona de Nicolás Gómez Dávila.
Profesor de Filosofía del Derecho de la UCM -también lo ha sido de la Facultad de Ciencias de la Información y de la Univer sidad de Cantabria-, esta acrisolada condición académica habla mucho de su libertad crítica a la hora de enfrentarse a una obra tan alejada, por no decir tan opuesta, a la tradición universitaria al uso. Gómez Dávila —dice el profesor Serrano— le fue revelado tardíamente pero su conversión ha sido total y a él ha dedicado pe regrinajes a los lugares santos que se han plasmado en otras tantas obras: La sombra y la nada. En torno a un escolio de Nicolás Gómez Dávilay Nicolás Gómez Dávila contra la Academia y la profesiona- lización de la cultura, Nicolás Gómez Dávila. El atractivo del des engaño. El comentario a la religión democrática en Gómez Dávila, La libertad en la obra de Nicolás Gómez Dávila, La figura literaria del reaccionario auténtico. Nota sobre algunos aspectos de la obra de Nicolás Gómez Dávila.
Y ahora este libro que es, quizás, uno de las más completas aproximaciones a su obra y que marca sin duda un punto de in flexión en la bibliografía de los estudios gomezdavilianos. Un
libro necesario que pone en orden, de manera rigurosa y clara, los enigmas, planteamientos y avatares de una de las aventuras intelectuales más apasionantes de los últimos tiempos, aventura que pone en jaque todos los géneros de reflexión posible, en todos sus registros, ya sean los filosóficos, los religiosos y, por supuesto, los poéticos; una aventura emprendida, no lo echemos en saco roto ni lo olvidemos tampoco, por un pensador colombiano en lengua castellana. Excelente el capítulo VI «Dios y la nada. La superación del nihilismo», esclarecedora la interpretación de su obra y de su rechazo de la pedagogía y de la profesionalización de la cultura, como también lo son los capítulos dedicados al análisis del texto o textos implícitos en la obra de Nicolás Gómez Dávila. En suma, un necesario compendio de la misma y un libro im prescindible y fiable para iniciarse, transitar y profundizar por la obra de ese «solitario de Dios», como le llamó Franco Volpi (uno de sus principales exegetas) o si prefieren, de ese excéntrico, como también le definió el gran historiador y escritor belga Simón Leys, recientemente fallecido, quien le leyó a través de las traducciones francesas, pero desde luego, de ese original y secreto escritor co lombiano llamado Nicolás Gómez Dávila, que dedicó su tiempo y su fortuna a la lectura de su inmensa biblioteca personal, cuyos casi 40.000 volúmenes tutela hoy la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República de Colombia. En el caso de Nicolás Gómez Dávila, esos cuatro gatos que se supone le leen (pueden ser 2.000 o 3.000 y eso, en el conjunto de los compradores, que no lectores de libros, son cuatro gatos) va paulatina e imparablemente en aumento.
Un hombre excepcional en Bogotá
Nicolás Gómez Dávila, don Colacho Gómez para los amigos más cercanos que compartieron sus tertulias en la ciudad de Bo gotá, es un autor de una obra que apenas empieza a conocerse, extraña al entorno en el que se desarrolló, alejada de los tópicos del- pensamiento latinoamericano y esencialmente incómoda1. Cuan do falleció en 1994, se ha cumplido el vigésimo aniversario, aún no había comenzado el proceso por el que ha conseguido el propósito
* Nota: Las referencias a Escolios, Nuevos escolios y Sucesivos escolios a un
texto implícito son a la Edición de Atalanta, Gerona, 2005. A Notas, Villegas,
Bogotá, 2.a ed., 2005; y Textos, Atalanta, Gerona, 2009.
1. Como describe Hernán Alejandro Olano García: «Lector incansable, compartía las tardes de los domingos con un selecto grupo de contertulios: su caballeroso adversario Gabriel García Márquez, quien expresó: Si no juera de
izquierda, pensaría en todo y para todo como él, y además Alberto Lleras Camargo,
Mario Laserna Pinzón, Douglas Botero Boshell, Francisco Pizano de Brigard, Alvaro Mutis, Félix Wilches, Abelardo Forero Benavides, Hernando Téllez, Al berto Zalamea, Juan Gustavo Cobo Borda, Adolfo Castañón, y últimamente los extranjeros Martyx^Mosebach, o sus traductores al alemán Günther Rudolph Sigl y al italiano franco VolpT^ otros, que lo lanzaron al estrellato, ya que Gómez Dávila nemo profeta in patria» (cf. «Aproximación al pensamiento de Nicolás Gómez Dávila sobre los derechos fundamentales. Revisión de su obra De iure»,
determinante de nuestro pensador, la proyección de su obra más allá de sí mismo, hacia aquellas personas a las que él llamaba com patriotas, que son los que comparten no el lugar de nacimiento sino sus inquietudes, sus valores o buena parte de sus ideas. Y ello pese a que el autor bogotano, en su modestia, consideraba que el único propósito de todo el ocio en que discurría su vida parecía ser dejar un pequeño e íntimo libro: «No es una obra lo que quisiera dejar. Las únicas que me interesan se hallan a una infinita distancia de mis manos. Pero un pequeño volumen que, de cuando en cuan do, alguien abra. Una tenue sombra que seduzca a unos pocos. ¡Sí! Para que atraviese el tiempo, una voz inconfundible y pura», Notas, 467. Nuestro pensador hizo bueno el «dictum» del mordaz satíri co francés De La Bruyére en Les Caracteres (1688): «Los hombres están demasiado absortos en sí mismos para poder comprender o escuchar a los demás: eso explica que quien tiene un gran mérito y una modestia aún mayor pueda ser ignorado largo tiempo».
La descripción que de sí mismo realiza en el primer libro que publicó don Colacho no era ciertamente complaciente, otro de los rasgos de su carácter.
«Casi rico, casi buen mozo, casi inteligente, casi con talento; mi vida ha consistido en un perpetuo perder el tren por unos pocos minutos de retraso», Notas, 162.
Parte de este anonimato se puede deber a su escasa presencia en los círculos académicos, con excepciones en las que luego incidire mos, o en la ausencia total de necesidad de publicar para vivir, do gal que ha maltratado a muchos de los grandes autores, sobre todo a partir del siglo XIX. Pero puede ser también por el eco negativo
que tuvieron algunas de sus obras, en juicios de sujetos, que admi nistraban en cierta forma la filosofía académica de Colombia, tras pasar por Alemania. Esta respuesta negativa llevó a alguno incluso al ataque personal, provocado probablemente por el complejo de
exclusividad que suele darse en quien tras haber estudiado el post grado en Alemania y habiendo seguido una carrera académica que entró por la filosofía pero culmina en la enseñanza del español, de rivación probablemente no buscada, reivindica para sí ser el admi nistrador del canon centroeuropeo en Bogotá. Como don Colacho fue buen lector de Schopenhauer, Kierkegaard o Nietszche pudo sentir el consuelo de haber quedado excluido del «canon» en tan honrosa compañía. Por otra parte, ningún calificativo de un profe sor a Gómez Dávila supera las diatribas de este respecto a aquellos. Así Gutiérrez Girardot2 se referirá en fecha tardía, exactamen te en 1989, a la persona más que a la obra de don Colacho con un conjunto de improperios que parecen propios de las polémicas de café de los años veinte del siglo pasado: «Cachaquito» (por el apelativo propio del bogotano), intimidante rastacuerismo (pues suponía que presumía de culto), talante seudo wildeano... escolios impotentes e indudablemente la peor acusación desde el monopo lista académico «autodidactismo», como si el encuentro con un gran número de autores de la tradición requiriese necesariamente el intermedio del grado o la presión del maestro. Este autodidactis mo que en Gutiérrez es crítica se vuelve inversamente en la voz de un Volpi o un Savater mérito que lo asemeja, por ejemplo, a Emil Cioran. Así empieza Volpi en su escrito El solitario de Dios: «Hay escritores que parecen provenir de la nada. Que brotan imprevi siblemente de ambientes que les son ajenos, sin haber sido pre parados por nada ni por nadie, sin precedentes, sin pertenencias ni señales de reconocimiento útiles para definirlos. Excéntricos, incómodos, irregulares, son inclasificables e inconfundibles. Por la manera como escribe y por aquello que escribe Nicolás Gómez Dávila se cuenta sin duda entre ellos»3.
2. Gutiérrez Girardot, R ., Colombia., un caso complejo, 1989.
Desconcierta tanta acritud en Gutiérrez que tiene sin embargo el mérito de haber valorado muy correctamente a Jorge Luis Bor- ges y muestra tan lamentable miopía hacia su compatriota. Sin ánimo de hacer análisis social también podemos darnos cuenta de lo molesto que desde ese punto de vista puede ser la riqueza, la biblioteca propia, el «otium» perfecto para alguno que anduvo sobreviviendo con becas, Agregadurías culturales y luego degrada ciones desde estas, y el incierto mundo universitario colombiano. Por supuesto la actitud que refleja algún escolio tampoco ayudaría en una valoración benevolente:
«La cultura literaria y filosófica, que fue hasta ayer el costoso orgullo de una clase, es hoy el negocio de un gremio», Escolios, 190. Empezar estas páginas probablemente a través del más viru lento ataque sufrido por don Colacho sirve en todo caso como muestra de una de las formas más académicas de recibir un pen samiento y también unos caracteres formales rigurosamente ori ginales. Aparece en el contexto de una evaluación de la práctica profesional de la filosofía en Colombia, un trabajo con sabor local pero ínfulas universales. El insulto sirve para halagar a otro, o también puede pensarse que se halaga para insultar. De todas for mas está desenfocado de partida pues no hay nada de profesional en la práctica de Gómez Dávila.
El párrafo publicado originalmente en un artículo de 1977 fue reproducido en 1989 sin modificación. Lo tomamos de Efrén Giraldo:
«¿Qué crítica y discusión es posible en un país en el que to davía es posible que se conceda importancia a los “aforismos” de cachaquito de Gómez Dávila y a su intimidante rastacuerismo inte lectual, quien disfrazándose de Wittgenstein y desde su más tomás- rueda -vardezca posición sabanera registra sus boutades antimo dernas, creyendo, al parecer, que por su talante seudowildeano, son
efectivamente filosofía? Pese al rastacuersimo intimidante de las ci tas plurilingües que encabezan los “Escolios” -escolios impotentes, cabría decir-, al texto clamorosamente explícito de la modernidad, una comparación entre el manejo de estos textos por Cruz Vélez y el famoso Colacho, llegaría fácilmente a la conclusión de que el uno, Gómez Dávila, no los maneja y el otro, Cruz Vélez, los maneja con la exigente familiaridad que ellos requieren»4.
Debió mirar con más atención los escolios. Podría haber uti lizado la ironía para encubrir el odio impotente y superado así la contrariedad de que Volpi o Jünger hagan caso a los «aforismos de Cachaquito». Incluso recientemente en su autobiografía dialogada, el filósofo alemán, miembro de la Academia pro Vita y referente del clasicismo filosófico actual en Europa Robert Spaemann cita a Gómez Dávila, al hilo del discurso, como se cita a los verdaderos clásicos afirmando «“Simpatía y antipatía son los primeros actos de la razón”, dice Gómez Dávila»5.
Pero hay que reconocer a don Colacho la cualidad de haber asumido su propia posición, de aparente fracaso respecto a sus ín timas ambiciones, con una distancia que se muestra con claridad en Notas y le sitúan a una enorme distancia de sus críticos más injustos: «Dichosos los que pueden atribuir a la malevolencia o a la hostilidad del mundo las razones de su fracaso. En lo que me atañe, todos los que mi ambición citó acudieron a la cita, yo he sido el solo a dejar de concurrir», Notas, 162.
Por el contrario, debemos decir que en hombres de cultura ale mana, avizores sin embargo de lo que ocurría en Colombia como Ernesto Volkening6, autor entre otras obras de un magnífico tra
4. Gutiérrez Girardot, R., Colombia, un caso complejo, 1989, pp. 304-305. 5. Spaem ann, R., Sobre Dios y el mundo, 2014, p. 26.
6. Cf. V o lk e n in g , E., Gabriel García Márquez. Un triunfo sobre el olvido,
bajo, para algunos el mejor, sobre García Márquez, apreciaron el valor de la obra gomezdaviliana y no creo que en ello les cegara la amistad y así lo manifestaron en diversas ocasiones como en la revista Eco en 1978 o antes en 19617.
Hay que reconocer una enorme ambición disfrazada en esa modestia que atribuimos a Gómez Dávila, una ambición que ha visto cumplida sobradamente tras su muerte, y que no era otra sino incorporarse al comentario de la tradición en la que se inte graba. Surgirían aquí relacionados dos rasgos fundamentales: por un lado, cierta voluntad de anonimato, de ser uno más en una larga cadena; por otro, una fírme disidencia que le convierte en un autor excepcional entre su entorno. Esta fidelidad y esa disidencia parecen importarle más que los honores que, con razón, calificaba duramente: «Increíble que los honores enorgullezcan a quienes sa ben con quienes los comparten», Escolios, 80.
Una atenta mirada a su biografía permitirá descubrir que este rechazo a las «pompas mundanas» no procede de un desengaño en su búsqueda, como sucedió a tantos sino de una mirada iróni ca que se fue forjando muy pronto, por lo que deducimos de sus primeras obras.
Pero la cuestión no es tan solo que el honor suele caer en quien no lo merece, algo constantemente sabido, pero a su vez algo que negamos sistemáticamente cuando recibimos el más pequeño ho nor, sino que los honores tienen un efecto letal para el talento: «El talento generalmente huye cuando los honores llegan», Nuevos escolios, II, 1170.
Como en toda su obra, aquí también se encuentran los ecos de sus antecesores, especialmente en el género fragmentario que con tanto acierto cultivó Gómez Dávila y que le convierte en un autor
7. Véase Vo lk en in g, E., «Anotado al margen de “El reaccionario” de Ni colás Gómez Dávila», 1978, pp. 95-99.
de estilo estrictamente contemporáneo. Por ejemplo, se puede ob servar en este caso, y en otros como veremos, una notable coinci dencia con el científico y «escritor fragmentario» alemán Lichten- berg que nos decía: «A lo largo de mi vida me han otorgado tantos honores inmerecidos que bien podría permitirme alguna crítica inmerecida»8. Y eso que a juicio del escritor bohemio afincado en Viena Karl Kraus, gran articulista pero también espléndido autor de «Dichos y contradichos», «Lichtenberg cavaba más hondo que cualquiera pero no vuelve a lo alto. Habla bajo tierra, Solamente lo oye aquel que también cava hondo»9.
La ironía de don Colacho le hubiese permitido aplicarse a sí mismo, aunque más como máxima que hay que cumplir que como escolio descriptivo, uno de sus escolios más certeros: «Muy pocos se comportan con la discreción adecuada a su insignifican cia», Nuevos escolios, II, 1171.
Otro de los autores de fuerte influencia en la obra de Gómez Dávila, el pesimista por excelencia Arthur Schopenhauer, se había referido también a la peculiaridad de la fama, tras su larga travesía del desierto. Cierto es que esta travesía, como buena travesía del desierto, era involuntaria, mientras que Gómez Dávila no había intentado nunca el salto a la influencia decisiva desde la construc ción de ningún sistema semejante al de El mundo como voluntad y representación.
Esta fase de fama fue calificada de forma irónica por el autor de Parerga y paralipómena cuando dice:
«Usted habrá visto alguna vez cómo antes de una representa ción, cuando el teatro se oscurece y está a punto de alzarse el te lón, uno de los empleados que encienden las lámparas y que aún 8. Lic h ten berg, G. C., Aforismos, K-I/42, 1989, p. 95.
permanece ocupado en el proscenio se apresura a esconderse entre bastidores justo en el momento en que sube el telón. Así es como me siento, como ése que va con retraso, como ése que queda por ahí descolgado mientras comienza la comedia de mi fama»10.
No puedo terminar esta introducción sin mostrar mi agrade cimiento a Rodrigo Cuéllar por su ayuda con los datos biográficos de Nicolás Gómez Dávila y a Juan Antonio Martínez Muñoz por sus sugerencias en la corrección.
10. «Carta de Schopenhauer a J. Fauendstadt», fechada en Frankfurt el 16 de octubre de 1850, cit. en Gesammelte Briefe, p. 250. Traducción recogida de Luis Fernando Moreno Claros, en Introducción a Schopenhauer, tomo I, Biblio teca de Grandes Pensadores, Gredos, Madrid, p. XLI.
Una vida sustrato de una obra
1 . 1 . Na c i m i e n t o, e d u c a c i ó n yv i d a
Si para Jean de La Bruyére no hay para el hombre sino tres sucesos: nacer, vivir y morir, «No nos sentimos nacer, sufrimos por morir y anhelamos vivir», la biografía de Gómez Dávila podría verse resumida de forma acertada por el filósofo italiano Franco Volpi, en buena medida su descubridor para el mundo académico, mediante tres palabras: nació, escribió, murió. Nació en Bogotá el 18 de mayo de 1913. Escribió básicamente en su casa bogotana tras su vuelta de Francia en 1936, dond'e pasó su infancia y ado lescencia, murió el 17 de mayo de 1994 en esta residencia de la carrera 11 con calle 77.
No se entiende muy bien su biografía sin la constante referen cia a su obra. En ella hay una definición pesimista del vivir, teñida de una secreta ambición y de un constante anhelo. Por ello en su libro Textos /, contrapone el lema de todo el escrito: «La vida es un valor. Vivir es optar por la vida» con una definición pesimista del primer texto: «Nuestro terrestre aprendizaje es un desposeimiento minucioso. Cada atardecer nos desnuda. Nuestra ambición persi gue decrecientes pequeñeces. Vivir no es adquirir, sino abdicar»,
Los elementos básicos de esta biografía los define el propio Volpi:
«A los seis años se trasladó con su familia a París, donde asis tió a un colegio benedictino recibiendo una educación humanístico cristiana. Una neumonía, que lo mantuvo en cam a casi dos años lo costriñó a completar en casa su formación con preceptores privados. Consiguió un impecable dominio del griego y del latín, y asimismo una envidiable familiaridad con los clásicos del pensamiento y de la literatura mundial». Regresó a Bogotá y allí se casó y tuvo tres hijos, y probablemente el rasgo más destacado de su guerra diaria. «En el curso de los años recogió en su casa un impotente edificio en estilo Tudor una majestuosa biblioteca con más de treinta mil volúmenes, donde se recluía cotidianamente, hasta la madrugada, para dedi carse a la lectura y a la escritura, es decir: a la “biblio terapia” como forma de vida»1.
Por supuesto este sucinto resumen que al modo gomezdavi- liano perfila solo lo esencial puede completarse con los datos de toda su biografía. Sabemos que nació el 18 de mayo de 1913 en el hogar de Nicolás Gómez Saiz y Rosa Dávila Ordóñez, situado en Bogotá en la carrera 8 con calle 16. Sus padres se habían casado el 24 de abril de 1904 en el que sería el segundo matrimonio de Ni colás Gómez Saiz. En el primero había tenido dos hijos Hernando e Isabel Gómez Tanco2. Del segundo tuvo tres hijos: el mismo Nicolás, su hermano Ignacio, de notable influencia en el salto a la publicación de los primeros escritos gómezdavilianos, y Teresa. La familia Gómez Saiz se establecería en París alrededor de 1920. Es pues plausible que, tras la vuelta de las congregaciones religiosas a
1. Vo l p i, E, El solitario de Dios, 2009, p. 10.
2. En este punto yerran muchos, por ejemplo, Efrén Giraldo uno de los últimos en atribuirle el nacimiento en Cajicá. Giraldo, E., La poética del
Francia tras la Primera Guerra Mundial, Nicolás Gómez Dávila pudiera estudiar como se dice en un centro benedictino en París. Su inglés lo adquirió en temporadas que pasó con su hermano Ignacio en Inglaterra. Sin embargo, don Colacho no gustaba ha blar de sus años escolares, no sabemos si por alguna experiencia desagradable al margen de la neumonía que lo mantuvo en casa durante dos años. Cerca de 1932 hay datos que sitúan a los padres de Gómez Dávila en Bogotá pero don Nicolás no volvió hasta 1936. Lo seguro es que en 1937 se casó con Emilia Nieto Ramos, persona originaria de la misma(oligarquía^bogotana a la que per tenecía nuestro autor: Emilia eraTíija de Fernando Nieto Torres y Soledad Ramos Urdaneta3. El 6 de abril de 1927 aparece citada en el diario El Tiempo como dama de la Reina de los estudiantes de Bogotá. Y el 4 de noviembre figura en la presidencia de honor de un torneo de fútbol junto a otras señoritas.
Existió un anterior matrimonio, anulado canónicamente, de Emilia Nieto, algo mayor que Nicolás Gómez Dávila. Es Moge- bach quien cita este dato en su prólogo a la edición alemana de Notas. La traducción, que debo al estudioso estadounidense Ste- phen Wauck, sería la siguiente:
«Este joven de veinte años, que apenas había regresado de Pa rís, se enamoró de una mujer casada de veintiún años -n o me son conocidos los esfuerzos necesarios para anular este matrimonio en la Colombia de los años 20; pero fue el destino de este matrimonio durar sesenta años, hasta la muerte de don Nicolás»4.
Los datos que tenemos es que doña Emilia Nieto Ramos casó el 12 de junio de 1932 con el «caballero español» Joaquín A. Lo- rente, quien era representante de diversas compañías
norteame-3. A este respecto véanse las páginas 15, 16 y 17 de Olano García, H.,
Brocardos jurídicos, 2011. /
ricanas en Colombia. La boda aparece referenciada el diario El Tiempo, la Revista Bogotá de los estudiantes conservadores e inclu so en el noticiario cinematográfico Cineco. En 1933 aparece en la crónica del diario El Tiempo junto a sus hermanas como Emilia Nieto de Lorente. En 1935, sin embargo, en alguna crónica del mismo diario el señor Lorente es mencionado solo en una fiesta donde otros aparecen acompañados de sus esposas. No es hasta
1936 que don Colacho vuelve a Bogotá.
El caso es que el 16 de octubre de 1937 encontramos datos en las crónicas de sociedad bogotanas que narran como un grupo de amigos ofrecieron en el Country Club una comida con orquesta a Nicolás Gómez Dávila y Emilia Nieto Ramos «que contraerán matrimonio próximamente».
El artículo del diario El Tiempo sobre el matrimonio de doña Emilia Nieto Ramos con nuestro autor está lleno de la cursilería propia de las crónicas de sociedad, pero aparece un magnífico re trato de la novia, prueba de su belleza. A Nicolás Gómez Dávila se le describe también con profusión de adjetivos, pero es muy lla mativo que se le considera ya un sujeto de enorme cultura. Deje mos hablar a la crónica, aunque dudo que el don Colacho Gómez maduro perdonase esta reproducción:
«Es intelectual de muy pulidos quilates. Educado en renom bradas universidades europeas, su existencia ha sido y es toda de estudio y meditación. Habilísimo políglota y experto conocedor e interpretador de las ciencias, de la literatura y de las artes, no resulta hiperbólico afirmar que a despecho de su juventud, Nicolás Gómez Dávila, es ya uno de los pocos humanistas de que logre ufanarse esta república».
Aunque según algún testigo presencial don Nicolás fue perse guido a sombrerazos por su biblioteca cuando publicó su obra No tas, puede pensarse que no se refería a su propio matrimonio cuan
do dijo: «El matrimonio corrompe lo que toca» o a continuación: «Se fundó el matrimonio para que el hombre y la mujer puedan ser cómplices ilesos y satisfechos de todas las mezquindades, las injusticias y las vilezas, para que sean sin temor ávidos, hipócritas y egoístas» y aún más adelante: «Nada me repugna tanto como esa atmósfera tibia de sexualidad satisfecha que exhala una pareja matrimonial», Notas, 217.
Junto a la inexactitud sobre sus estudios universitarios, es du doso que incluso completase el bachillerato oficial, lo relevante es que con 23 años es considerado o es lo que se destaca de él, un políglota de enorme cultura. El 12 de octubre de 1938 nacería su hija Rosa Emilia Gómez Nieto, persona especialmente importante para la promoción y conservación del acervo gomezdaviliano y fuente fundamental de información y apoyo de los gomezdavilia- nos extranjeros. Posteriormente nacerían Nicolás y Juan Ignacio.
Se ha mencionado un viaje a Europa en la década de los cua renta como un punto de inflexión en su vida. Lo es en cuanto no volvió a viajar. Se ha relacionado también con un accidente montando a caballo en su finca de Canoas-Gómez que le dejó, por un tratamiento inadecuado, cierta secuela. Pero el accidente fue anterior a su viaje a Europa en el año 1949, específicamente un año antes. Entonces podemos pensar que la inflexión se produce también ante la «decepción» que le produce una Europa destruida, un origen de su tradición que no parece recuperar la situación pre via a la guerra, una Europa convertida en resto o en algo que a él parecía molestarle especialmente, en museo: «Viajar por Europa es visitar una casa para que los criados nos muestren las salas vacías donde hubo fiestas maravillosas», Notas, 265.
Mucho más tarde, en la década de los setenta, publicaría en el segundo tomo de Escolios a un texto implícito el texto que define una actitud que al parecer no fue muy bien entendida en su casa, al menos por su mujer:
«Stabilitas loci - como la regla benedictina lo ordena. El errante yerra», Escolios, II, 811.
Sobre el accidente del caballo que le dejó lo que ahora lla mamos una minusvalía, se han contado diversas versiones. Varias fuentes se refieren a un hipotético partido de polo y a una caída durante el mismo. La fuente reforzaría la visión aristocrática del escritor, lo que explicaría el éxito de la versión. Sin embargo, no hay evidencia de que Nicolás Gómez Dávila practicase ese depor te que sí practicaba de manera muy amateur su hermano Igna cio. Nicolás, en cambio, montaba habitualmente en su finca de Canoas-Gómez. De ahí procede la otra versión, directa de su hija Rosa Emilia. Gómez Dávila se habría caído de un caballo pasean do por la finca un día de viento mientras se cubría con la ruana para encender un tabaco. Las consecuencias de la caída se agrava ron al dejarle la pierna mal y tener que volver a ser intervenido. El caso cierto es que quedó con una molesta cojera5.
Esta explicación de cómo cayó del caballo y quedó cojo es co rroborada por Martin Mosebach en el relato de la visita a Gómez Dávila que publicó en el diario Frankfurter Allgemeinte Zeitungú
11 de diciembre de 1993 con el título «Auf verlorenem Posten, der kolumbianische Aphoristiker Gómez Dávila».
Don Colacho falleció antes del triunfo del puritanismo an titabaquista, probablemente hubiera ironizado sobre la vincula ción entre su hábito fumador de cigarros y la molesta lesión que le acompañaría toda la vida.
5. Entre quienes sostienen el accidente de polo en un rumor que se alimen ta a sí mismo al menos desde Volpi se puede ver a Halim Badui-Quesada que cita incluso fecha «Luego de un accidente jugando polo, Nicolás Gómez Dávila se encerró en su biblioteca desde los 23 años». Badui-Quesada, H., «Apuntes para una biografía imaginaria», 2007, p. 168. La caída según esta cuenta habría sido en el año 1936, una fecha que me parece temprana e incluso anterior al matrimonio.
1.2. E n t o r n o a l a m i s a n t r o p í a g o m e z d a v i l i a n a
La «biblioterapia», que es el término utilizado por el traductor al italiano y gran introductor del pensamiento gomezdaviliano Franco Volpi, se inscribe en una tradición occidental considera da como un «diálogo continuo que atraviesa los veintiocho siglos transcurridos desde los hexámetros de Homero a los últimos ver sos de Yeats»6.
El párrafo que hemos reproducido de Volpi, proyectado posi blemente más allá de lo que pretendía el autor italiano, ha servido para reconstruir una imagen distorsionada de don Colacho como una persona recluida, un misántropo en un sentido radical, total mente abstraído del acontecer diario, del mundo que le rodeaba. Esto podría ser cierto solo en un sentido, a saber, la biblioterapia le permitía alejarse del siglo en el que le cupo nacer, pero no lo es si entendemos que era una especie de monje laico. Sí, su biblioteca, en afortunada imagen de Volkening, parecía la de un monasterio benedictino. Gómez Dávila dedicaba bastante tiempo al «labora» e incluso a otros tipos de ocios. Cierto es, y la crónica que citába mos antes lo prueba, que se le consideraba una persona fundamen talmente dedicada al estudio.
La extensión de la imagen ha alcanzado incluso a los paisanos de nuestro autor. Queda reflejada, por ejemplo, en el interesante trabajo de Daniel Samper Pizano «El filósofo de la Historia que sonreía» que dice a este respecto:
«Nicolás Gómez Dávila prácticamente se encerró durante 45 años en su biblioteca de 31000 volúmenes, una de las mayores co lecciones privadas de Colombia. Aunque nunca pasó por la Uni versidad, hablaba y leía en media docena de idiomas, incluyendo el
6. Pizano de Brigard, F., «Semblanza de un colombiano universal»,
griego y el latín. Sólo abandonaba su reclusión para caminar una hora diaria, visitar rápidamente un almacén de telas —herencia fa miliar que le permitía una vida desahogada- y ocasionalmente para reunirse con viejos amigos y conversar de Historia, Literatura, Re ligión y Filosofía. Alto, elegante y de aspecto inglés, parecía más un cónsul británico que el mejor lector que quizás tuvo Colombia en la segunda mitad del siglo XX.
Todas las tardes se instalaba en su poltrona con un buen puro en la mano, un rimero de libros variados al lado y un calentador eléctrico enfrente para combatir el frío de los Andes y se dedicaba . a leer y pensar»7.
También es de Franco Volpi un resumen que vuelve sobre los mismos tópicos y que introdujo con su habitual maestría en la voz «Gómez Dávila» de la Enciclopedia de obras de Filosofía donde revela que «A los veinte años volvió a Colombia, donde se dedicó por completo a su trabajo en la soledad de su biblioteca. Después de la Segunda Guerra Mundial, y en los años de la dictadura ins taurada en 1948, rechazó cargos políticos y el nombramiento de embajador»8.
No en directa contradicción con lo dicho pero al menos como matización de una visión demasiado conveniente al biógrafo -e n cuanto alimenta una visión excepcional, casi romántica, del bogo tano aislado- debemos decir que existía una vida en paralelo con la pura actividad de ocio lector y literario. Así Gómez Dávila ejer
7. Sam per Pizan o, D., «El filósofo de la Historia que sonreía», 2003, p. 124.
8. Vo lpi, F., Enciclopedia de obras de Filosofía, 2005, p. 836. La sucesión temporal de los libros de Gómez Dávila sería Notas /, 1954, nueva edición 2003; Textos /, 1959, nueva ed. 2002; Escolios a un texto implícito, 2 vols., 1977;
Nuevos escolios a un texto implícito, 2 vols., 1986; Sucesivos escolios a un texto implícito, 1992, Escolios a un texto implícito. Selección, 2001. A las que habría
cía la administración de sus bienes, su comercio de telas Nicolás Gómez y compañía ubicado en la carrera 7 n. 17-45, viejo negocio familiar y también la administración de la finca de Canoas-Gó- mez. En su actividad diaria se incluía la visita al Jockey Club don de tenía9 también una asidua tertulia. Mosebach en el artículo citado en el Franfurter Allgemeine Zeitung le atribuye, sin funda mento, la presidencia de ese club durante un largo periodo de su vida. Allí, por ejemplo, conoció a Alvaro Mutis según la entrevista que publicó el estudioso francés Philipe Billé «Lo conocía en 1954 en el Jockey Club de Bogotá, donde los dos éramos socios. Me lo presentó el ensayista y narrador Hernando Téllez, colombiano de ilustre memoria. Ese día Nicolás me regaló un ejemplar de su libro Notas, editado por él, y que contiene sus primeros aforismos y es colios». También luego afirma que «Seguimos viéndonos casi cada semana y se entabló entre nosotros un afecto y una amistad esen ciales y siempre presentes en mí». Cabe suponer que esos encuen tros se realizaban en las diversas tertulias donde podían coincidir, tanto en el Jockey como en casa de Gómez Dávila. Desde luego la mayor parte del fin de semana lo pasaba en Canoas-Gómez fuera de Bogotá, desde allí regresaba todos los domingos a la tertulia en su casa de la carrera 11 con calle 77 donde su mujer Emilia les dejaba una enorme cafetera por todo acompañamiento. Allí al parecer se hablaba un poco de todo como nos dice Francisco Pizano de Brigard en las notas que se han recogido recientemente en una publicación de la Universidad de los Andes. Entre los asi duos, Mauricio Galindo Hurtado ha citado como mínimo a los siguientes:
«Gómez Dávila fue un magnífico conversador, como lo ates tiguan aquellos que pertenecieron al círculo de sus amistades. En
torno a él se reunieron muchas tardes de domingo Alberto Lleras Camargo, Mario Laserna, Alvaro Mutis, Alberto Zalamea, Francis co Pizano, Abelardo Forero Benavides, Hernando Téllez y Douglas Botero, quienes acompañados tan sólo de una taza de tinto10, em pezaban hablando de los problemas del país y terminaban metidos con la filosofía de Kant o la historia de Burckhardt. Después de su retorno a Colombia, Gómez Dávila sólo saldría una vez más del país. Fue en 1959, cuando en compañía de su esposa, recorrió los países de Europa occidental durante seis meses en un automóvil que había comprado al llegar. Cuando regresó a Bogotá, fue para no salir nunca más»11.
De nuevo se introduce otra inexactitud en los relatos sobre Gómez Dávila pues la fecha del viaje a Europa en este caso está confundida.
Por lo que sabemos don Colacho tendía a escuchar, más que a hablar, aunque sus intervenciones han sido recordadas con enorme interés en las menciones que hicieron sus amigos o incluso en la influencia que tuvo sobre alguno como Hernando Téllez. Al me nos eso parece apuntar Pizano de Brigard al recordar la relación estrecha de Hernando con don Colacho como uno de los con tertulios principales. Pizano menciona también la influencia que Gómez Dávila, sin proponérselo, ejercía a su alrededor:
«Dice que es de las muy pocas personas que vio ir mejorando a medida que vivía y no lo contrario. Nos preguntamos cómo hubiera podido ser el desarrollo de Téllez en diez años más. Es indudable que la influencia de Nicolás sobre él era muy grande y que cuando empezaron su amistad Téllez era liberal-progresista-revolucionario y ateo. Al final era un escéptico en cuanto los resultados del pro
10. Para lectores españoles, tinto es café solo.
11. Galin do Hurtado, M., «Un pensador aristocrático en los Andes»,
greso y de la revolución, y sin ser tal vez un hombre religioso, no le parecía el problema religioso un problema resuelto o absurdo; es decir, aceptaba francamente que ese era un problema de primera importancia»12.
La observación de Pizano probaría el valor respecto a una per sona inteligente de la falta de interés apologético de don Colacho, del susurro frente al discurso, de la mano que entrega a otra en contraste con el interés publicista.
Al hablar de la tertulia y enumerar los asistentes creo que tam bién se ha podido dar una imagen equívoca. En efecto, la tertulia mantenida por muchos años da lugar a asistentes variados, a una lista larga de quienes pudieron acudir esporádicamente. Si por el contrario atendemos a las Conversaciones con Gómez Dávila de Francisco Pizano de Brigard, encontramos unas pocas personas en reuniones, unas en la tertulia de la casa y otras en el Jockey.
Los citados en el periodo comentado de octubre de 1964 hasta la muerte de Hernando Téllez en 1967 son además de Nicolás hijo, los siguientes: Francisco Pizano de Brigard, que es el relator de un número limitado de encuentros, Hernando Téllez, Jorge Franco, J. J. García, Mario Laserna, Jaime Laserna y Martinón (apodo de Hernando Martínez-Rueda). Para Pizano de Brigard el contrapunto, acompañante y animador esencial de la tertulia con don Colacho era Hernando Tellez:
«Desde que no escribía ha muerto Hernando Téllez. Las reu niones donde Nicolás son ahora menos frecuentes, pues él era mi compañero casi siempre. Jorge Franco no es muy asiduo y Mario viaja, sale, invita a su casa y cuando no, le da el sueño muy tempra no; y por lo general no le gusta mucho este tipo de conversación.
12. P iz a n o d e B r ig a r d , R, Semblanza de un colombiano universal\ 2013, p. 69.
Téllez nos hace mucha falta y aun cuando no lo mencionamos, sentimos su ausencia cuando nos reunimos. Nicolás anotaba cómo, habiéndolo conocido con una amistad muy estrecha y una confian za muy grande por más de veinticinco años, hoy día es un enigma para él como era verdaderamente Hernando»13.
Daniel Samper Pizano, periodista y escritor, hermano del pre sidente de la República Ernesto Samper Pizano, en un «recuerdo» de don Colacho publicado en el diario El Tiempo de Bogotá lo sitúa en alguna de lo que llama sus escasas salidas en la tertulia del café El Automático, sito en la avenida Jiménez, «punto de encuen tro de la intelectualidad».
Un recuento de estas actividades permite deducir que Gómez Dávila tenía mucho tiempo que dedicar al ocio, que en su caso como hemos dicho era un ocio creativo, definidor a sus ojos de toda una forma de vida que quedará reflejada ampliamente en su obra. Acierta en este punto plenamente Volpi y no se debe llevar el esfuerzo desmitificador más allá de una matización. El rasgo funda mental de la vida de Gómez Dávila es la dedicación a la lectura. En ella emplearía lo que alguien convencionalmente llamaría su tiempo f libre. Su actividad se centraba en la lectura anotada, única forma que él tenía de hacer suyo lo leído según propia confesión. La nota marginal, que sería el origen de los escolios que publicaba, se hacía en hojas aparte, nunca en los libros, que aparecen inmaculados. Es tas notas luego, al parecer, se mecanografiaban y muy reelaboradas acabaron siendo su obra más renombrada. De esta forma, si la rela ción de los libros que había en su biblioteca es esencial, la búsqueda de los mismos en la Biblioteca Luis Angel Arango del Banco de la República, donde solo los más antiguos se mantienen aparte del Fondo general, no ofrece pistas de la impresión de la lectura en el
propio autor. Hay que irse a los escolios, donde raramente cita el texto que le sirve de referencia, ya veremos si por afán de oculta ción, como parece afirmar en un sentido Rabier14, o por entender que la tradición constituye una entidad única que se integra en la referencia del escolio. Mero comentario, eso sí, muy cuidado donde ’ se diluyen el autor individual del texto de referencia y el escoliasta.
Samper cita, sin embargo, unos cuadernos donde realizaba las anotaciones, ignoro en este caso la fuente, pues los cuadernos no han aparecido tampoco:
«De pronto cogía un lápiz, abría un cuaderno verde de tapa dura y escribía algunas líneas. Esas líneas eran los aforismos o esco lios, como él los bautizó»15.
Sobre la biblioteca-casa vuelve Juan Gustavo Cobo Borda en la Revista de la Universidad de Antioquia:
«La capacidad de resistencia de la casa se debe sin lugar a dudas, a la maravillosa biblioteca única en Colombia, donde lo mejor que se ha escrito en Occidente, en su idioma original y en sus primeras ediciones crea su propio orden mágico, de las cruzadas a los episto larios del siglo xvni: Los volúmenes de teología e historia, política y arte se acumulan en doble hilera, invaden el piso y ascienden, al pie de los estantes ya llenos, pero el ámbito no se halla saturado. Da, al contrario, la sensación de una vastedad más amplia. Un lugar donde es factible respirar.
Dos mesas, un calentador, tres o cuatro sillones con ruedas, y uno fijo cerca de la lámpara, constituyen todo el mobiliario. En este último, un hombre de 78 años, a quien no hace mucho operaron de cataratas, relee a Charles Peguy»16.
14. C f. Rabier, M., «Nicolás-Gómez Dávila y las paradojas del conserva- \
durismo»,‘20l4, pp. 226-243.
15. Sa m per Pizan o, D., Bibliotecagomezdaviliana, 2003, p. 124.
16. Cobo Borda, J. G., «El reaccionario que abolió el progreso», 2013, p. 34.
1.3. Lab i b l i o t e c a , c e n t r o d e v i d a
Es pues la biblioteca, como ha señalado Rabier17, el referente tanto de la obra como de la vida de Gómez Dávila. En cierta for ma la biblioteca acabó siendo su vida e inundó su casa de estilo Tudor, hoy sede de una empresa aeronáutica, en apretadas estan terías de varias filas de libros. La conquista fue casi completa, al final solo resistió el comedor. La biblioteca, al inundarlo todo, se convirtió en forma de vida, en el lugar, por ejemplo, donde jugaban sus hijos. De ahí podría derivarse en parte la afición a la lectura nocturna que desarrolló don Colacho. Siendo el lugar don de vivía, también fue la biblioteca el lugar donde murió, pues allí habían situado la cama de hospital donde pasó sus últimos días.
Su hija Rosa Emilia Gómez, en una entrevista publicada en el diario El Tiempo, describió la vida familiar con unos caracteres que contrastan con una imagen excesivamente formal del perso naje: «Llegábamos después del colegio, botábamos las maletas del piso y en cuatro patas hacíamos las tareas. Desde que me acuerdo, las paredes estaban cubiertas de libros: Y cuando se llenaron los es tantes con dos o tres filas de libros y libros superpuestos, mi papá invadió otros espacios de la casa: primero una habitación, luego la mansarda. Su biblioteca era su mundo. Ahí vivía, leía, escribía, se reunía con sus amigos. Cuando enfermó bajamos su cama a la biblioteca. Murió entre sus libros»18.
En la imagen y la vida gomezdaviliana es constante la centra- lidad de la biblioteca. Quienes le visitan, tienen tertulias, ayudan en la edición posterior de sus obras aluden a este aspecto. Si bien, como hemos dicho, los libros al no estar anotados no nos dan
17. Rabier, M., «Biblioteca gomezdaviliana: las fuentes bibliográficas del pensamiento de Nicolás Gómez Dávila», 2013, pp. 235-248.
pruebas de las impresiones del autor en cada lectura, que solo ob tenemos a través de las Notas y los Escolios, la enumeración de las obras al menos nos guía por donde don Colacho leía. Y ello en cuanto, según testimonio de la familia, él solo compraba para leer y no para coleccionar. Eso es al menos lo que dice Rosa Emilia Gómez Nieto: «Allá el libro no se compraba en función de la bi blioteca o el precio sino porque le interesaba a mi papá»19. Sobre este punto tenemos otro testimonio de Francisco Pizano que se extiende también a su propia biblioteca y a la de Hernando Téllez. El comentario incluye algún rasgo humorístico sobre cierto afán cultural bogotano:
«Hablamos un poco de libros y le contamos a Hernando que nos acaban de llegar a Nicolás y a mí algunos sobre la Revolución francesa, que habíamos pedido hace un tiempo. La biblioteca de Hernando es una biblioteca bien escogida y leída; claro que no resis te comparación, en ninguno de los dos aspectos (pero ¿cuál que yo conozca la resiste?), con la de Nicolás. Le comienza a pasar como a mí (siendo la mía de proporciones muy modestas, que la Pléiade de la Nouvelle Revue Fran^aise me tiene invadido y en muchos casos duplicado. Peor una vez embarcado en ella, ¿Cómo dejarla incom pleta? Por reírme un poco, le digo a Hernando que le hace falta por lo menos 1,5 metros de Pléiade. Hernando me mira con su único ojo y se sonríe, porque verdaderamente en muchas casas, con ese ingenuo afán de cultura que ahora nos invade, le compran unos dos metros de Pléiade y otro de Skira para distribuir entre porcelanas y antigüedades sin mérito»20.
Una curiosidad sobre La Pléiade es la broma que se permi te Fréderic Schiffter en su ensayo sobre pensamiento Le charme
19. Rabier, M., Biblioteca gomezdaviliana, 2013, p. 236.
20. Pizano de Brigard, F., Semblanza de un colombiano universal, 2013. p. 52.
des penseurs tristes. Uno de esos pensadores tristes que tienen en canto es el propio Gómez Dávila, que aparece junto a Sócrates, el Eclesiastés, La Rochefoucauld, Mme. du Deffand, Hérault de Séchelles, Cioran, Caraco, Henri Roorda o Roland Joccard. Pre cisamente al comentar a Cioran bromea sobre el hecho de que se le hubiese incluido en La Pléiade recordando a un tipo de Bia- rritz que era propietario de diversos restaurantes y que tenía la colección. Como era de suponer, hacía pasar a sus visitantes a su biblioteca, donde les hablaba de todo menos de literatura, encar nando a juicio de Schiffter al ignorante bibliómano de Luciano de Samosata. Añade Schiffter que los pocos ejemplares que él tuvo de La Pléiade eran robados21.
De todas formas toda persona que lee y adquiere libros con asiduidad sabe la diferencia que existe entre la voluntad de leer y la capacidad que uno tiene de leer todo lo que se propone. En este punto hay también que considerar que la vuelta sobre libros ya leídos es una constante en la obra gomezdaviliana, principalmente como ejercicio espiritual.
Afortunadamente contamos, además del catálogo del Fondo Gómez Dávila de la República, con el listado original o Alpha que sus hijos hicieron al desmontar la biblioteca. En el listado de la Colección Gómez Dávila de la Biblioteca Luis Angel Arango hay un total de 27582 volúmenes que corresponden a 16935 títulos. El listado Alpha tiene más volúmenes y títulos. Las diferencias señaladas por Rabier22 en el artículo que venimos citando se deben a dos razones: por un lado, el catálogo del Biblioteca Luis Angel Arango está realizado con más cuidado e información en cuanto al nombre de autor e incluye edición y año; por otra parte, no todos los libros de la biblioteca desmontada del primer catálogo
21. Sch iffter, F., Le charme des penseurs tristes, 2013, p. 9 7 .
se vendieron a la Luis Ángel Arango. En conclusión, aunque en el listado Alfa no figura la edición, sí es útil para dar algunas pautas generales sobre la formación y los gustos gomezdavilianos.
Sobre el inventario que vio en su redacción original, Halim Badui ha escrito que: «Gracias al inventario realizado durante casi dos años por sus hijos después de la muerte de Gómez Dávila, se evidencia la riqueza de sus ejemplares: 143 volúmenes con toda la obra de Goethe, 28 textos inéditos de Rousseau, miles de libros de autores como Aristóteles, Platón, Anaxímenes, Tales de Mileto, Anaxágoras, Séneca, Santo Tomás de Aquino, Espinosa, Kant, Schopenhauer, Heidegger, Kierkegaard, Hegel, Engels; Marx, Nietszche...»23.
La primera evidencia es que la mayor parte de la biblioteca está en francés. Según Rabier son 7106 títulos. Esto es evidente respec to a los autores franceses que son mayoría pero también respecto a los clásicos grecolatinos, muchos están en ediciones francesas con preferencia a las alemanas o inglesas, y por supuesto respecto a los autores de lenguas que don Colacho no dominaba. En este punto no hay ninguna duda. Dostoievski o Tolstoi o Gogol están en francés, que es el idioma en el que parece manejarse especialmente bien Gómez Dávila. Cierto es además que en los momentos de su formación no hay color entre las traducciones al francés o al espa ñol de clásicos, por ejemplo rusos.
Los otros dos idiomas en los que hay más libros, considerando que Gómez Dávila intentaba en lo posible leer en lengua original, son el inglés en segundo lugar con 4937 títulos y el alemán con 2816. En ambos se encuentra el grueso de los clásicos de estas lenguas, aunque hay un claro desequilibrio a favor del inglés en literatura del siglo XX por la presencia casi completa del renaci
23. Ba d u i- Qu esada, H., «Apuntes para una biblioteca imaginaria», 2007, p. 181.
miento católico inglés con Chesterton, o Belloc. Como curiosidad hay que señalar el gusto de don Colacho por P. G. Wodehouse.
A continuación se situarían las obras en español con 718 títu los y en italiano con 454. En estas lenguas hay predominio litera rio. Por ejemplo, en español se observa un claro desequilibrio entre los autores que podríamos denominar de formación del idioma, está todo Azorín y mucho Eugenio D’Ors, respecto a obras de pensamiento. Por otra parte, este desequilibrio no puede sorpren der en ninguna biblioteca.
Todos los que le trataron insisten en el dominio de los clásicos en los idiomas originales griego y latín, y en efecto, suman 298 títulos. Finalmente, hay 69 títulos en portugués.
No hay presencia destacada de libros en otros idiomas, aunque, tal como se ha dicho, aparecen algunas excepciones. Por ejemplo, si bien las obras de Kierkegaard se tienen preferentemente en edi ciones francesas, es cierto que hay también ediciones danesas, por lo que parece que no es una leyenda su empeño en intentar acer carse a este autor en su difícil idioma original. Este empeño es, desde mi punto de vista, muy indicativo del modo en el que Gó mez Dávila valora la superación de la crisis filosófica y religiosa, y da cuenta de la ambivalencia de la posición religiosa gomezdavilia na, en el sentido de que es un cristiano románico que realiza una aproximación antiescolástica o al menos extraescolástica24.
Una clasificación por materias resulta muy difícil de realizar, pues los gustos de Gómez Dávila son muy diversos y van desde la arquitectura a la economía o psicología. De nuevo con afán de con traste respecto a lo que se ha señalado en los resúmenes biográficos se observa una gran presencia de la poesía en la biblioteca, eviden temente en los idiomas originales. Por ejemplo, de Pessoa solo está la poesía. En este punto no falta ninguno de los grandes autores de
la poesía occidental y es la faceta donde probablemente hay más textos en español. Como contraste a sus gustos en otras áreas hay que señalar su preferencia por Antonio Machado entre los poetas en español del siglo XX, tal como relata su hija Rosa Emilia y corrobora
Francisco Pizano al referirse al final de una de sus tertulias: «Acabamos leyendo a Antonio Machado. Siempre que lee mos versos acabamos en Machado, que además Hernando lee admirablemente»25.
Casi tan importantes como las presencias son las ausencias. Halim Badui-Quesada vuelve sobre otro tópico de nuestro autor, en este caso, dato indiscutible: el extrañamiento al mundo latino americano:
«La literatura estaba presente con la obra completa en espléndi das ediciones príncipes de autores como Cervantes, Lope de Vega, Shakespeare, Víctor Hugo, Paul Valery, Marcel Proust, Stephan Mallarmé, Julio Verne, Bertolt Brecht, Thomas Mann y James Joyce. De literatura latinoamericana no poseía casi nada, ningu
no de los autores del boom estaba representado, ni siquiera García Márquez. Sólo dos libros de Cortázar y dos de Borges, además de algunas obras de sus amigos colombianos Alvaro Mutis y Juan Gus tavo Cobo Borda quien también posee una espléndida biblioteca que no debe perderse de vista»26.
La biblioteca se ha salvado, en cierta medida, del destino de muchas otras bibliotecas reunidas por grandes lectores: el des membramiento. La familia para mantenerla unida la vendió a la
25. Pizano de Brigard, E, Semblanza de un colombiano universal, 2013,
p. 54.
26. Ba d ui- Quesada, H., «Apuntes para una biblioteca imaginaria», 2007,
Biblioteca del Banco de la República. Allí los libros posteriores a 1950 pasaron a la Sala General, mientras los anteriores se podrán leer en su momento con el cúmulo de dificultades que suelen po ner para estas labores algunos bibliotecarios. Eso sí, el legado no permanece unido en una «Sala Gómez Dávila» de la Biblioteca, lo que es una lástima.
En la «Sala Libros Raros y Manuscritos» de la Biblioteca Luis Angel Arango, sin mención especial a Gómez Dávila, se encuen
tran tres incunables de su legado:
De Marullo Tarcaniota, Michele, d. 1500, se encuentra Hym- ni et epigrammata Marulli, editado en Florencia por Societas Co- lubris, 1497, que aparecía con el número 10270 en la relación Alfa de la biblioteca gomezdaviliana. Del papa Pío II, editado en 1496 en Núremberg, la Epistole Enee Siluij, o Carta a Mehomed //, que aparece con el 12161 de la biblioteca original y es una epístola de gran relevancia en la descripción de la posible respuesta de la Cristiandad al Turco. Finalmente, de Johannes Cassianus, De Ins- titutis cenobiorum origi[n]e, causis et remediis vitiorum; Collatio[n] ibus patrum, impreso en Basilea por Joannem Amerbach, 1497, con el número 2908.
Otros libros del legado fueron los relatos de viajes de León el Africano de 1556, una edición de Maquiavelo de 1550, las Leyes de India o más precisamente la recopilación de las Leyes de Indias realizada durante el reinado de rey Carlos II. Parece, por lo tanto, que sin ser exactamente un coleccionista Gómez Dávila reunió un número relevante de obras valiosas.
En el primer artículo sistemático sobre la biblioteca gomezda viliana, ciertamente en relación con la de Hernando Medel, Halim Badui-Quesada destaca especialmente las siguientes posesiones:
«Gómez Dávila conservaba además, piezas tan importantes como varios incunables italianos, españoles y flamencos; 500 tomos