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Las palabras y las “cosas”

In document La filosofía animal(ista) (página 116-126)

El doblepensar significa la facultad de sostener dos opiniones contradictorias si- multáneamente. Conscientemente se hace trampas con la realidad. Se dicen men- tiras mientras se cree sinceramente en ellas. El libro ficticio Teoría y práctica del co-

lectivismo oligárquico de Emmanuel Goldstein, que el protagonista de 1984, Winston

El doblepensar constituye la propia médula del Ingsoc, pues la acción primordial del Partido consiste en utilizar un engaño consciente sin desmedro de la firmeza de pro- pósito ni de la honradez en el procedimiento. Es absolutamente indispensable afirmar falsedades y creer en ellas, olvidar cualquier hecho cuyo recuerdo no responda a las conveniencias para luego, en caso necesario, volver a extraer del olvido ese mismo hecho por el tiempo que sea menester y negar la existencia de toda realidad objetiva, pero sin dejar por eso de sacar partido de esa misma negación. Aun al emplear el vo- cablo doblepensar es necesario pensar por partida doble, pues su utilización equivale a admitir una adulteración de la verdad; pero esta admisión queda obliterada por otro acto de doblepensar y así sucesivamente, con la mentira siempre a un paso delante de la verdad. En definitiva, por medio del doblepensar, el partido ha podido detener el curso de la historia y acaso, por lo que sabemos hoy, lo siga haciendo por espacio de miles de años (Orwell, 1969: 234).

El mundo conceptual que crea el lenguaje “proteccionista” parece recrear, con peculiares características, aquello de que “la guerra es paz”, “la libertad es escla- vitud” y “la ignorancia es fuerza”. En la novela, se consideraba que la guerra que mantenía esta sociedad con Eurasia y entre sus mismos ciudadanos, que se denun- ciaban entre sí de sospechosos, era la paz. Los que estaban libres en la ciudad eran esclavos, sometidos a la dictadura del Gran Hermano. La ignorancia era fuerza porque los habitantes de Oceanía eran el motor del sistema y lo hacían borrando información sin que les importe si era verdadera o que proviniera sólo del Gran Hermano. Muchas son las analogías que se han trazado con la forma en que el na- cionalsocialismo se apropió del idioma alemán, no sólo para divulgar su ideología, sino convirtiendo la mayoría de sus términos en expresión de esa ideología. Así, ese lenguaje de grupo “se apoderó de todos los ámbitos públicos y privados (de la política, de la jurisprudencia, de la economía, del arte, de la ciencia, de la escuela, del deporte, de la familia)” (Font, 2007: 92). En nuestro caso, se acostumbra remitir al respeto por la vida, la cual es destruida sistemáticamente desde las estructuras socio-económicas que el derecho regula.

Igualmente razona el discurso social dirigido a conservar el dominio del no humano como recurso. Pero el ejercicio del poder es mucho más enmarañado, por- que si bien no son los directamente oprimidos los manipulados con las palabras, el especismo, internalizado como prejuicio individual en los que usan a los animales no humanos, coadyuva a moldear aristas agudamente definidas en los receptores de ese lenguaje. Su hilo discursivo atraviesa diferentes planos. Como señala Teun van Dijk, un grupo tiene poder sobre otro grupo si tiene el control de ese grupo limitan- do su libertad y controlando su mente y, por lo tanto, su accionar. El discurso del

poder que mantiene la esclavitud institucionalizada del animal no humano se esta- blece sobre los que consumen al animal-objeto para petrificar su condición de re- curso. Y a estos efectos es conveniente el lenguaje sedativo de la (pseudo)protección, que pretende traducirse como un dominio “civilizado” sobre los animales no huma- nos, especialmente los que han sido domesticados, incluyendo a los “de compañía.” Toda protesta que pretenda superar este umbral es tildada como propia de “funda- mentalistas” que olvidan que el Estado debe velar “primero por los humanos.” Así, presentada la dicotomía jerárquica en competitividad, se mantiene la maquinaria que perpetúa una masacre institucionalizada al servicio de un consumo generado por placer, costumbre o entretenimiento.

El mismo humano que bajo ciertas circunstancias está legalmente autorizado a maltratar/matar animales no humanos –pues en esas oportunidades no se lo con- sidera maltrato/asesinato–, puede en otras denunciar a quien maltrate/mate a un animal. El ejecutor del tipo penal carece de los títulos que avalarían sus acciones: matarife, domador, experimentador, cazador o el que corresponda para el caso. Ejerce crueldad porque es un depravado o mata “por perversidad.” Su juzgamiento además no será fácil, porque dependerá de pruebas que difícilmente se logran o fácilmente hará desaparecer. Muchas veces las denuncias se evitan porque ponen en riesgo la vida de la víctima. La gente en general, portadora de los privilegios que les depara su posición respecto al animal no humano, convive con el modelo de violen- cia imperante, eclipsando la información que le llevaría al inmediato cese del uso de los otros animales como objetos. Aunque no valora a los animales no humanos por sí mismos, el discurso legal plasma una forma de ocuparse del tema que induce a la gente a pensar que una nueva rama del Derecho será la encargada de salvarlos de los padecimientos a los que los sometemos. Pero a su vez sabemos que eso es lo que le sucede a diario a miles de millones sin la constatación de ningún tipo delicti- vo. Los derechos de los animales no humanos no parecen ser un problema pertene- ciente al ámbito del derecho penal. Como aduce el Dr. Eugenio Zaffaroni en rela- ción a la protesta social, ésta es como derecho humano una cuestión de naturaleza eminentemente política. Quitar al problema de ese lugar “…es la forma más radical y definitiva de dejarlo sin solución. Siempre que se extrae una cuestión de su ámbito natural y se le asigna una naturaleza artificial (como es la penal) se garantiza que el problema no será resuelto” (2011: 35). La cuestión animal está en el ámbito ético, económico-político, ideológico, por eso se debe evaluar el discurso de la norma pro- teccionista por lo que “atestigua con esa exclusión.”

Así se obstaculiza la crítica a la dominación ejercida sobre la animalidad no humana, construyéndose un doblepensar que no necesita neologismos como los de la novela para cumplir un cometido similar, “porque solamente conciliando lo con-

tradictorio se puede conservar el poder por tiempo indefinido” (Orwell, 1969: 236). Los destinatarios del derecho no son neutrales respecto de la consideración moral hacia los otros animales, por lo que producirán sus propios desplazamientos y sos- tendrán convenientemente la ficción.

Los ejemplos abundan. Algún zoológico hay que cerrar, pero otros, los que tienen “bien” a los animales, son modelos de conservación, educación o cualquier otro fin que podría hacerse sin lucrar con su cautiverio. Se presentan los referentes ausentes que nos propone Carol Adams al hablar de “carne”, “cuero”, etc., a través de las incontables maneras en que se tergiversa la situación real de los animales en la publicidad y el discurso social (Adams, 1999: 40). Así, el animal vivo de carne y hueso se invisibiliza –o aparece representado en su versión “feliz”–, dejando en su lugar al objeto que ingresará re-nombrado en el armazón cognitivo con que pensa- mos a los otros animales. Se suman los eufemismos del tipo “eutanasia” o “poner a dormir” para crear una idea de amabilidad hacia los que se asesina.

Quienes tienen intereses económicos o se privilegian de la condición mer- cantil del animal apoyan el regulacionismo que se divulga como preocupación por su “bienestar”, el cual pasa a fundamentar las normas como cuestión ética, pero obedece en realidad a las indicadas como “accesorias” necesidades de reaco- modar la industria, evitar accidentes laborales, responder a las expectativas de consumidores “verdes” y acallar la voz de los preocupados por el trato dado a los animales.

Mencionaré algunos ejemplos producidos entre los años 2000 y 2014 que, aunque no hacen número suficiente como para significar una investigación rigu- rosa, dan cuenta de un discurso repetidamente constatable. Provienen de medios de comunicación y literatura especializada en la materia, de amplia circulación general.

1) El director del Área Producción Ganadera de la Fundación Argentina para el Bienestar Animal (Faba), Miguel Durán, declaró que “…la Argentina, con sus ventajas comparativas, con su sistema pastoril, la extensión de sus praderas y demás, da cumplimiento sobrado a cualquier exigencia que pueda poner la Unión Europea al respecto”. En la nota elogia a quienes ya hacen algo en es- ta línea de trabajo: el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (Ipcva) y la Cámara de Consignatarios de Hacienda. Realmente han hecho un esfuerzo importante, porque han llegado a la mayoría de las provincias produc- tivas. Durán agregó que “… Esto está generando una masa crítica que cada vez es más importante y que está facilitando la difusión del bienestar animal" (Nación, 2006). Y también de la industria explotadora.

2) El Ipcva, especialmente creado por Ley 25.507 del año 2001 para fomentar el consumo de la “carne argentina”, ostenta una considerable inversión en libros, folletería, cursos, informes, capacitaciones en todos los niveles y apertura de mer- cados en el exterior. Promotor del trato humanitario del “ganado”, lanzó en el 2005 una publicidad de difusión masiva alrededor del concepto de que “la carne nos hace fuertes” (Ipcva, 2005). Valiéndose de la trillada concepción de su aporte nutricional, se leía en sus avisos publicitarios que “fortalece la industria nacional, alimenta la economía, nutre el empleo”. En el auditorio de este Instituto, donde entre otros lugares realiza jornadas de capacitación, el asesor privado dice que el tema es muy importante para los clientes del primer mundo: “Lo exigen nues- tros clientes, nuestros competidores y también los vegetarianos” (Müller, 2012). Es momento de recordar que son numerosas las leyes que impulsan la cría de di- ferentes especies de animales no humanos para fines comerciales. En Argentina, por ejemplo, la ley nacional 23.634 de 1988 promociona, fomenta y desarrolla la cunicultura, encontrándose normas equivalentes en el nivel provincial y munici- pal. De igual modo la ley nacional 26.141 del 2006, para recuperación, fomento y desarrollo de la actividad caprina. La lista es larga. La adhesión por parte de las provincias a leyes nacionales significa, entre otros beneficios, la obtención de lí- neas de crédito para inversiones en emprendimientos individuales y comunitarios. En México, algunos estados tienen leyes muy fuertes de fomento a la ganadería, como Tabasco, donde recientemente se mató a un cerdo como parte de una pro- testa social (UnoTVNoticias, 2014). No es la primera vez que esto sucede.

3) La creciente inversión en la cría intensiva en el sector avícola y porcino es acompañada del fomento al consumo con campañas del tipo “Hoy Cerdo”, de la Asociación Argentina de Productores de Porcinos, que llegan con recetas, degustación en la vía pública, certeza nutricionales sobre sus ventajas, etc. Los vocablos de la barra de navegación del sitio específico remiten a recetas clasifi- cadas con dedicatorias muy amigables: a los niños, a la abuela, a lo saludable… 4) El veterinario argentino presidente de la Asociación Latinoamericana de Bien- estar Animal, L. Estol, en su artículo del año 2004 titulado “Los derechos de los animales”, dice que posiblemente sea sólo un tema ético en cuanto a tenen- cia responsable de animales de compañía, investigaciones de laboratorio, circo, espectáculos o zoológicos, pero que en su uso pecuario “también es un tema económico”. Promoviendo las llamadas 3Rs para el cuidado de animales usa- dos en experimentos, dice en este mismo artículo que es prioridad cuidar a sus pacientes “…protegiendo sus necesidades, aliviando sus sufrimientos, promo- viendo la salud pública y el avance del conocimiento científico” (Estol, 2004). A su vez, en la disertación que dio en la que es la mayor exposición de impulso

a la actividad pecuaria (Expoagro), probó contundentemente que los golpes, el amontonamiento en las jaulas y el mal noqueo los hacen sufrir innecesariamen- te, haciendo que se tiren 7 millones de kilos de carne a la basura porque está lo suficientemente perjudicada y no se puede procesar (Clarín, 2008).

5 Sin embargo, cuando se trata de hacer buenos números para ventas a frigoríficos provinciales, el feedlot es considerado como buena opción y, dice P. Visintin, el veterinario a cargo del negocio, posiblemente sea la única para “producir carne en la Argentina”. Así lo manifestó en nota sobre la inversión en uno de estos esta- blecimientos de engorde a corral en Cortaderas, a 25 km. de Merlo, provincia de San Luis (Bártoli, 2008). Después de cinco años de gestión, finalmente la Unión Europea permite a la Argentina exportar “carne vacuna de Feedlot o engordada a corral”, y competir por la llamada Cuota 481, con arancel cero (Clarín, 2014). 6) En el año 2000 visitó nuestro país Temple Grandin, quien recibió un premio de

la asociación animalista Peta por su contribución a la causa animal como dise- ñadora de mataderos, con motivo de exponer en el 46o Congreso Internacional de Ciencia y Tecnología de Carnes realizado en Entre Ríos. Según consta en el Informe Ganadero de ese año, Grandin manifestó:

Comencé diseñando corrales e instalaciones, que ya son un clásico, al punto que un tercio de los corrales de mi país se han hecho con diseños míos. Luego, me especialicé en ma- nejo de los animales en feedlots y plantas de faena. En la actualidad, estoy asesorando a McDonald’s en temas de bienestar animal. Esta empresa se ha fijado como meta constituir el benchmark o patrón global en esta materia, y ha impuesto a sus proveedores de materias primas de origen animal –carne, huevos– estándares rigurosos para erradicar el maltrato. Para quien piensa en números, el animal es una cosa más, que se puede sumar o res- tar, y por ende, sólo les interesa tener más animales por m2, hora, corral, etc. Es un

pensamiento industrial, cuantitativo. Por lo mismo, me he dedicado a cuantificar los resultados de mis propuestas, para que el management entienda las ventajas de trabajar el ganado con estos métodos.

La clave es que la picana esté allí pero no permanentemente en la mano del operador (camionero, operario), de modo que no se convierta en un instrumento de rutina. Hay que tenerla a mano por si hace falta, pero no en la mano sino colgada de la pared. Esto corta el hábito de mover a los animales a picanazos, que es muy difícil de evitar. Solamente hay que usar la picana sobre el animal que corta el flujo, dejando al resto que se mueva sin picanearlos (Zapiola, 2000).

En cuanto al manejo del “ganado lechero” Grandin no se contradice: si se los trata mejor habrá más ganancias. En su reciente conferencia en el 60th International

Congress of Meat Science and Technology, Icomst 2014, dijo en una entrevista para un diario argentino lo mismo que argumentara Bentham, aunque no fue su frase más popularizada:

Creo que debemos darles una buena vida a los animales de producción, pero ninguno de ellos habría vivido si no fuera por nosotros. Hemos criado al ganado. La gente olvida que la vida puede ser muy dura y que hay especies como los lobos que comen a sus presas mientras aún están con vida (Gimeno, 2014)45.

7) En ocasión de la presentación de Grandin en Uruguay, en el 2008, la Asociación para la Defensa de los Derechos del Animal, de Argentina, muestra en su sitio web a la diseñadora mencionada, junto a Marcos Franco, médico veterinario asesor de la entidad. En la misma página leemos: “Sus permanentes aportes nos permiten ir perfeccionando las técnicas que optimizan la producción, en el caso de los bovinos, de cortes aptos desde el punto de vista sanitario y de la calidad” (Adda, 2014). La asociación dice luchar por los “derechos” del animal.

8) La dinámica entre el animal “de consumo” y las leyes de protección se muestran en su desgraciada dimensión social cuando los camiones que transportan anima- les rumbo al matadero tienen accidentes, de lo cual hay reiterados casos. En el 2002, en la ciudad argentina de Rosario, “Un grupo de habitantes de un asenta- miento precario de la zona sur de esta ciudad mató y faenó el ganado que trans- portaba un camión jaula, que volcó…” (Nación, “Habitantes de una villa faenan vacas de un camión que volcó”, 2002). En el 2011, un camión que llevaba treinta vacas rumbo a un matadero de La Plata, Argentina, volcó y: “Algunos animales murieron por los golpes y terminaron en una faena callejera a los hachazos y mazazos, en el barrio de Melchor Romero. Otros ejemplares fueron arrastrados con

sogas y cadenas por quieres decidieron llevarse a las vacas hasta sus casas” (Clarín,

2011). Un diario de Venezuela rechaza el maltrato que hizo “la turba” en un caso parecido y que: “… refleja la pérdida de valores de nuestra sociedad. Habitantes de comunidades aledañas corrieron al lugar con machetes y cuchillos, descuarti- zaron a los animales y se los llevaron” (Verdad, 2014).

45 La nota advierte que Grandin es una convencida de la contribución del bienestar animal para

el funcionamiento eficiente, seguro y rentable de la producción. En su libro Interpretar a los

animales, Editorial del Nuevo Extremo, 2006, recuerda que: “…cuando creé el sistema de

contención de riel central miraba los cientos y cientos de animales que se arremolinaban en sus corrales. Me alteraba el hecho de que acababa de diseñar un matadero verdaderamente eficaz. Las vacas son los animales que más quiero.” A quien esto escribe lo que le altera es que Grandin llame amor a esta traición, por cierto tan rentable.

9) Las peleas de gallos, prohibidas en 1954 por la Ley penal de protección al ani- mal, de alcance nacional, fueron legalizadas en algunas provincias argentinas como Tucumán, Misiones, San Luis y Santiago del Estero. A la búsqueda de la legalización en Corrientes, dice uno de sus propulsores en una nota titulada “Ri- ña de Gallos: Competencia sana que debe ser legalizada”: “Cuando se realizan la riñas de gallo hay un reglamento que todos los aficionados nos ajustamos, se determinan las metodologías y como son los controles y como se debe realizar la actividad, tratando siempre de proteger al animal… [sic]” (Provincia Digital, 2014). En una nota del diario Perfil, del año 2007, se habla de los torneos que se hacen en territorio bonaerense pese a la prohibición penal nacional (Oprandi, 2007). En las leyes provinciales que las autorizaron, se prevé que los recursos produci- dos por el cobro de tasas por la actividad, previa deducción de una comisión a la autoridad municipal que haya controlado el acto, serán destinados a fines en beneficio de los humanos. Así, la ley 546 del 2006, de San Luis46: “los destinará íntegramente en beneficio de las Instituciones Públicas cuyo fin sea la asistencia a personas con capacidades diferentes, en la forma que determine la Reglamen- tación” (InfoJus, 2006). De manera similar procede la Ley 5574 de Santiago del Estero, del año 1986 y la 6048 de Tucumán, del año 1990.

10) Marcelo Vatta (Asociación Argentina para la Ciencia y Tecnología de Anima- les de Laboratorio, AAC y TAL), afirma que “un animal de laboratorio genera conocimiento y por lo tanto hay que darle un trato humanitario”. Por eso, y porque considera que debe continuarse la experimentación con animales, está en contra de los derechos animales y se manifiesta a favor del “bienestar” ani- mal (Aizén, 2006)47.

11) Natia Linneman, miembro de la Kopenhagen Purple Club, agrupación euro- pea que reúne a las 100 boutiques de cuero y piel más importantes del mundo,

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