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Perfil psicológico de adolescentes emos

1.6 Objetivos

2.1.7 Perfil psicológico de adolescentes emos

Andrés Alcántara Camacho, quien es uno de los pocos investigadores de este movimiento, señala que “40 por ciento de los que se consideran emos tienen un perfil psicológico depresivo; de ahí que se provoquen heridas como una forma de rebelarse ante sus familias y ante el mundo en una suerte de caprichosa y momentánea separación de la existencia”. (Alcántara, 2003)

Los emos, a simple vista no se distinguen en género, pues igual se visten hombres y mujeres y son extremadamente delgados. Se cortan la cara y los brazos con navajas de sacapuntas o cúters, o se rasgan con las uñas, para después cubrirlas con el cabello y adornos, como una forma de rebelión ante sus padres o ante el mundo. (Alcántara, 2003)

Bertha Bloom, académica de la Facultad de Psicología de la UNAM, destacó la particularidad de los emos por buscar una identidad andrógina, "justo en un momento de la vida (la adolescencia) cuando se define no sólo la sexualidad sino el resto de la personalidad". Bloom (2005, p. 94) coincidió en identificar a los

emos con una moda y precisó: “es un lujo de la sociedad moderna a la que no

todos tienen acceso, pues es necesaria una posición económica estable. Por ello, la mayoría de los emos se ubica entre la clase media y alta. Tanto es así que en Internet adquieren todos los parámetros para seguir esta tendencia, porque es inimaginable un adolescente fuera de la red”.

No es novedoso que los adolescentes busquen pertenecer a un grupo, porque es “casi natural”, siempre han existido agrupaciones porque estos jóvenes encuentran un espacio transicional. Los púberes, que entran en otra etapa, deciden ingresar a esta moda para buscar su pertenencia y, sobre todo, la identidad. Es una fase de muchos cambios, lo que implica duelos y adquisiciones, tanto angustias como tristezas y una constante pregunta sobre quiénes son, porque ya no son niños pero tampoco adultos.

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Un perfil psicológico depresivo que podría desembocar en el suicidio, la anorexia y la androginia asociada con la práctica desprejuiciada y prematura de relaciones sexuales sin precauciones contra enfermedades venéreas o embarazos, son los riesgos potenciales que se identifican en las prácticas propias de los emos, manifestación juvenil que aseguran no puede ser considerada como una tribu urbana, sino más bien como una simple moda que constituye un lujo de la sociedad moderna. (Marquez, 2005)

Más allá del rechazo que han manifestado respecto a los emos otras tribus urbanas al considerar que desvirtúan algunos de sus códigos de identificación como grupo, estos jóvenes que oscilan entre los 10 y 15 años de edad ya comienzan a ser objeto de estudios académicos como los emprendidos por los investigadores de la UNAM, de la Facultad de Psicología y del Instituto de Investigaciones Sociales, que mediante un comunicado circulado por la Institución externan sus concepciones sobre este fenómeno juvenil.

Domínguez, (2005, p.65) aclaró que la tradición del auto maltrato ha sido una constante en todas las culturas y la explica en razón de que “el dolor está constituido por estímulos nociceptivos que activan las neuronas receptoras, y cumple una función de protección”, además de que “tiene un componente cognoscitivo y emocional, no sólo fisiológico. Tal es el caso de la capacidad humana de modularlo y hasta disfrutarlo”.

Aunque no se tienen datos específicos sobre la estadística de suicidios entre los

emos, resulta revelador un estudio paralelo respecto a la ascendente tendencia de muerte por suicidio entre niños y jóvenes.

La UNAM difundió recientemente que las Estadísticas de intentos de suicidio y suicidas 2004, editado por el Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, precisan que en el año 2003 ocurrieron en el país 1 327 suicidios. Esta cifra significó un incremento de 3.6 puntos porcentuales en referencia a lo indicado en 1995.

Aída Valero Chávez, catedrática de la Escuela Nacional de Trabajo Social de la UNAM, atribuye las tendencias suicidas recurrentes entre los 12 y 24 años de edad a “los problemas de carácter sentimental, los factores económicos, las perturbaciones mentales como la depresión, la esquizofrenia y el trastorno bipolar”. (Valero, 2003, p.115). Estos rasgos también son característicos de la personalidad que pretenden exaltar los emos, quienes también presumen la bipolaridad como un rasgo que los hace singulares.

En cuanto al reconocimiento social que han ganado los emos como un movimiento contracultural es notorio a nivel mundial y esto se lo puede comprobar en la red.

Tatiana Carrillo, (psicóloga - pedagoga) opina: día a día nos enfrentamos a nuevas corrientes o influencias que bombardean a niños, niñas y adolescentes. El problema de los adultos, es que a veces están tan metidos en su vida, en los problemas, en las responsabilidades, que pierden un tiempo valioso para conocer que es lo que anda rodeando sus cabecitas. La etapa de la niñez, pre adolescencia y la adolescencia están caracterizadas por la alta vulnerabilidad en que se encuentra el ser humano. (Carrillo, 2001)

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Los intereses son cambiantes, piden ser más independientes, ser parte en la toma de decisiones. Ya no son tan pegados a mamá y a papá. Buscan ser reconocidos por ser iguales, llamar de alguna manera la atención.

Muchos adolescentes en esta búsqueda pueden caer en trampas, están en un estado de vulnerabilidad. La necesidad de pertenecer a un grupo les puede llevar a perderse en el camino.

Emo es una nueva corriente que no debe ser confundida con los llamados 'punks' o 'góticos'. Psicológicamente hablando, es una corriente de mucho riesgo, pues promueve y valida estados prolongados de depresión, la automutilación con navajillas, (cortarse las venas o romperse la piel).

Al exigir ser extremadamente delgados, para poder ser aceptados como 'emos'; de alguna manera se aceptan la anorexia y la bulimia como caminos alternativos. A estos se podría asociar un probable trastorno de identidad, baja autoestima, tendencias suicidas, dificultades para comunicarse, sentimientos de inadaptación y/o de vacío, dificultades en su identidad sexual y otros síntomas psicológicos.

Diego González, manifiesta: en las últimas fechas se ha popularizado el término emo. Es utilizado en noticieros, en programas de variedad tanto en radio como en televisión, se publican reportajes sobre ellos, se debate en el congreso sobre su protección, se usa para referirse de forma denigrante sobre alguien, en fin, se usa

sin control y, en muchos casos, sin conocimiento sobre su origen e implicaciones. ¿Quién es un emo? ¿Qué es emo? (González, 2005)

La definición que se ha dado ha sido que emo viene de emotivo y la indagación sobre los orígenes se limita a decir que es una "tribu urbana" que comparte elementos estéticos en su forma de vestir con los góticos y los punk. Se habla también de tendencias suicidas y una propensión a la depresión.

El fenómeno de la subcultura emo puede ser entendido como:

“una manifestación clara de la problemática inherente a la etapa de desarrollo adolescente. En este movimiento se expresan muchas de las angustias propias de la etapa. La posibilidad de que los adolescentes se agrupen en estos movimientos para facilitar las transacciones propias de la etapa es sin duda benéfica en algunos casos”.7

Las identidades asumidas por los adolescentes durante esta etapa son en muchos casos transitorias y les permiten elaborar el conflicto del momento, si bien no toda la conflictiva que la etapa implica, la identidad de los jóvenes emo es una más de estas posibilidades. La posibilidad de que se establezcan fijaciones en algunos estadios del desarrollo es latente, pero esto dependerá de la efectividad del manejo defensivo del joven en relación a su angustia y a su paso por etapas previas del desarrollo.

Héctor Castillo Berthier, especialista en grupos urbanos y fundador del Circo Volador, que se ha convertido en un nicho de las expresiones juveniles, aseguró

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que no constituyen una tribu urbana e identifica más al fenómeno como “producto de la mercadotecnia, que obedece a intereses mercantiles en su totalidad, pero que en esencia no tienen ningún sentido social ni mucho menos político”.

(Berthier, 2001, p. 28)

Castillo Berthier comenta, a su vez, que los “emos” no cumplen con las características necesarias para considerarse como una “tribu” urbana, como sí son los llamados punks, darketos y skatos. Incluso, menciona a los rastecas, que se distinguen por el corte de cabello, ropa, música, hábitos, costumbres y hasta por su religión ratafari.

Pero, según el especialista, los „emos‟ simplemente son una moda y carecen de una propuesta social o política; sólo obedecen a intereses mercantiles. Anticipa, incluso que, llegado el momento en el que los jóvenes deban incorporarse al trabajo y cambien su rol, dejarán de pertenecer al grupo.