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En contraste con lo mostrado en Kierkegaard, con Friedrich Nietzsche (1844- 1900) nos encontramos al hombre que enfrenta la presencia de la fe y que asume a ésta como un estorbo para el desarrollo de sí mismo. Con Nietzsche se continúa mostrando la infl uencia de Schopenhauer y es quizás el más representativo de los pensadores nihilistas cuya actividad concluyó en 1889 cuando perdió la razón.

99Ibidem, p. 90. 100Ibid., p. 89.

Antes que él, Schopenhauer formuló la teoría de la voluntad de vivir, afi r- mando que tal voluntad es un mal, algo que daña al hombre al condicionarle. Nietzsche parte de esta tesis, pero derivando de ella una conclusión opuesta: lo fundamental, el valor defi nitivo que debe buscar el hombre es la intensifi cación y elevación de su propia existencia. Nietzsche vuelve sobre la tesis de Heráclito, rela- tiva al eterno retorno de las cosas y de los acontecimientos, pero sin concederle un contenido fatalista, puesto que el hombre puede ir transformando el mundo en que vive, así como puede transformarse a sí mismo. Este último impulso habrá de aproximarlo al superhombre, es decir, al hombre liberado de la angustia, dotado de una individualidad poderosa y capaz de superarse a sí mismo y de sobrepasar sus propias limitaciones. Sólo que para alcanzar este estadio supremo es preciso cambiar la “moral de los esclavos” por una nueva y opuesta moral aris- tocrática. De ahí se entiende su dedicación a criticar la ética cristiana y a afi rmar los valores vitales, es decir, aquellos que engrandecen la personalidad humana.

No sólo se contenta con desaprobar al cristianismo sino que afi rma que el hombre libre debe reconocer que Dios está muerto, siendo así se comprende que a lo que debemos aspirar no es a Dios, sino a un tipo de hombre más elevado. Nietzsche encuentra en el cristianismo el mejor ejemplo de la moralidad del escla- vo, ya que alimenta esperanzas de una vida mejor en otro mundo y tiene en estima las virtudes de la sumisión tales como la mansedumbre y la compasión.101

La voluntad del poderío es un camino hacia el conocimiento verdadero. ¿Qué signifi ca el nihilismo? Se pregunta Nietzsche y contesta: “es una conse- cuencia de la forma en que se han interpretado hasta ahora los valores de la existencia […] los valores supremos pierden validez”.102 El nihilismo radical

es la creencia en una absoluta desvalorización de la existencia. Mientras creemos en la moral, condenamos la vida.

La conclusión de las premisas que Nietzsche expone en la primera parte de

La voluntad de poder es que:

Todos los valores por los que hemos tratado hasta ahora de hacer estimable el mundo para nosotros, y por los cuales precisamente lo hemos despreciado cuando

101Vid. Rusell, Bertrand, op. cit., p. 259.

se mostraron inaplicables, todos estos valores son, desde el punto de vista psico- lógico, los resultados de ciertas perspectivas de utilidad, establecidas para mantener y aumentar los campos de la dominación humana, pero proyectadas falsamente en la esencia de las cosas.103

Nietzsche afi rma que el conocimiento es, fi nalmente, la consecuencia de buscar una justifi cación ante cualquier moral determinada. Las explicaciones, aún las más argumentadas, son una manera de dar razón de nuestra manera personal de pensar. Nos dice el fi lósofo alemán:

Poco a poco he llegado a comprender que toda fi losofía no es otra cosa que la profesión de fe de quien la crea; una especie de memorias involuntarias. El fi n moral [o inmoral] constituye el verdadero nudo vital de toda fi losofía, del cual sale después toda la planta. En realidad cuando uno quiere explicarse cómo tuvieron origen las afi rmaciones metafísicas más estrambóticas de tal o cual fi - lósofo, es prudente preguntarse ¿A qué moral atiende?104

De esta manera, el escritor de Así hablaba Zaratustra nos induce a concluir

que el hombre es —en su intención de dar razón de sus pensamientos— el que construye el conocimiento y que tal es, a la vez, condicionado. Más tarde, Paul Feyerabend se apoyó en elementos parecidos para postular su propuesta de anarquismo epistemológico.

Finalmente, Nietzsche sustenta la visión nihilista —por lo que algunos lo dejan fuera de la categoría existencialista, además de estar fuera del periodo histórico— con la que se compadece de la condición humana consecuente al afi rmar que “desde cualquier punto de vista fi losófi co que se quiera considerar el mundo en que creemos vivir, la cosa más segura y más estable es su errone- idad; en confi rmación de esto militan muchas razones, las cuales nos incitan a conjeturar que existe un principio engañador en la esencia de las cosas”.105

Tal principio engañador es, en realidad, la distorsión que nuestra interpre- tación hace de las cosas debido a que éstas están en contínua relación con la Nada, en una dialéctica constante. El pensamiento que nos deja Nietzsche es

103Ibidem, pp. 38-39.

104 Nietzsche, Friedrich, Más allá del bien y del mal, p. 9. 105Ibidem, p.38.

una invitación a la liberación, una liberación total, incluyendo nuestras espe- ranzas y nuestros anhelos más íntimos. Tal liberación sólo es posible por el hombre que continua evolucionando hacia un ser de mayor voluntad y poderío.

La infl uencia de Nietzsche es notable en el resto de la historia de la fi losofía, atrajo y atrae rechazos a la vez que reconocimientos. Y es que Nietzsche:

Ha tocado puntos neurálgicos de nuestra condición histórica; la muerte de Dios y el desvanecimiento de los valores tradicionales, la pérdida del centro y el des- pedazamiento de las antiguas identidades, la radical experiencia de lo negativo y la impracticabilidad de toda síntesis dialéctica; por último, la imposibilidad de dar un nombre a la totalidad.106

El nombre de la totalidad —al menos el más cercano a tal noción— es, precisamente, el de la Nada.