turismo en la primera mitad del siglo
3.1 La política entre 1916-
Con la asunción del radicalismo al poder en el año 1916, comienza una experiencia de gobierno para el país caracterizada por la combinación de nuevas prácticas con viejos modos de hacer política. Este ascenso fue posible a partir de la sanción de la ley electoral 8.871 en 1912, también conocida como la ley Sáenz Peña. La misma establecía que para todos aquellos hombres nativos o naturalizados mayores de 18 años (sin discriminar por razones económicas, sociales o culturales) el voto será universal, secreto y obligatorio. En teoría se buscaba garantizar la participación más amplia en los comicios, y evitar el fraude y la manipulación del elector.
La apertura electoral, planteó el debate sobre un nuevo diseño institucional, proceso de democratización con los principios republicanos, representativos y federales. El actual gobierno (los conservadores) no logró adaptarse a este nuevo contexto, quedando expuesto frente a una nueva y desconocida competencia electoral, cerrando un ciclo de predominio conservador y dando lugar al radicalismo.
La política Argentina se encontraba, para ese entonces, fragmentada en grupos como Unión Cívica Radical, Partido Demócrata Progresista, Conservadores y Partido Socialista, los cuales a su vez estaban subdivididos notablemente en algunas provincias, lo que generó conflictos internos. A pesar de estas diferencias, la disputa política Argentina estuvo centrada en el conflicto entre los radicales y conservadores. Siguiendo a Cattaruzza estos últimos definían a los radicales como “los incapaces que se imponían, sin más virtudes ni méritos, por la
supremacía del voto y el poder del número” (2009:50).
El partido Radical asume la presidencia como la fuerza opositora al gobierno actual, por lo que su principal misión era la construcción de una nación, como la principal causa colectiva. Era un partido que se estaba constituyendo como una organización que perseguía diferenciarse del personalismo de la cuña oligárquica. El primer gobierno radical que tuvo Argentina, como resultado de los comicios del 2 de abril de 1916, fue presidido por Hipólito Yrigoyen, cuyo mandato abarcó
desde 1916 hasta 1922. Su presidencia estaba orientada a la construcción de la Nación, como el elemento que articulaba, de forma privilegiada, la síntesis y agregación del conjunto social; con un marcado liderazgo indiscutido que giraba en torno a la figura de Yrigoyen.
Para fines de 1918, comenzaron a hacerse más evidentes las diferencias hacia el interior del partido, cuestionando la gestión Yrigoyenista. El radicalismo no logró articularse en un movimiento de alcance nacional, sino por el contrario se generaron disputas por el manejo de la administración o el reconocimiento de los organismos del partido. Para ese entonces, tanto el congreso como varios gobiernos provinciales, estaban en manos opositoras, lo que dificultaba el desempeño y accionar del gobierno (Roy Hora, 2011).
Durante la primera guerra mundial, Yrigoyen se mantuvo en una posición neutral a pesar de que el gobierno norteamericano presionó para que cambiara de posición y rompiera relaciones con sus enemigos.
Por otra parte, en lo que se refiere a su posición ante las cuestiones sociales, intentó colocar al gobierno como árbitro frente a los conflictos obreros, postura muy criticada por la oposición por su debilidad frente a los conflictos sociales. En 1921 comenzaron a gestionarse las negociaciones para definir al próximo candidato radical para la presidencia, siendo Marcelo T. de Alvear el elegido en la convención nacional de la UCR. Como plantea Cattaruzza “Alvear era un
importante dirigente, con experiencia parlamentaria y diplomática, de lealtad probada incluso a pesar de las diferencias de criterio, con extensa pertenencia partidaria y relación personal con el líder” (2009:55). Las listas radicales lograron imponerse en 12 distritos en un total de 15. El primer gesto de autonomía que tuvo Alvear respecto de Yrigoyen fue en el momento de designar a los ministros, ya que solo uno de ellos sostenía contacto con el ex presidente. De esta manera los radicales se distanciaron de Yrigoyen y luego de que el bloque parlamentario se dividiera, en 1924 los que estaban disconformes organizaron un partido diferenciado: Unión Cívica Radical Antipersonalista. Lo que los unía era la crítica
hacia el expresidente buscando construir el auténtico radicalismo denunciando la actitud política personalista.
Quienes apoyaban a Yrigoyen, por su parte, sostenían una política fundamentada en lo popular, antiimperialista y en defensa de la soberanía nacional e interpretaban al antipersonalismo como una división conservadora impulsada por aquellos que no eran verdaderamente radicales. El congreso fue uno de los lugares en el cual se pudo ver reflejado el conflicto entre personalistas y antipersonalistas, ya que gran parte de las bancas radicales en diputados estaban en manos “Yrigoyenistas” y la obstrucción fue moneda corriente. El gobierno de Alvear intentó diferenciarse, sin provocar rupturas, de la política intervencionista del período precedente, a través de una reforma parcial de la Constitución en 1923, como fueron la reducción del mandato de los diputados a tres años, la elección directa de los senadores a las legislaturas provinciales, que mejorará la relación entre el gobierno nacional y el provincial.
Entre las líneas de acción de dicho gobierno se puede destacar la sanción de varias leyes laborales (se reglamentó el trabajo de mujeres y menores y estableció el descanso dominical). En 1924, estableció por decreto el 1° de Mayo como feriado nacional. Dicho año también se presentó un proyecto para extender el sistema de jubilaciones que terminó fracasando porque suponía la disminución del salario. A lo largo de su mandato los conflictos sociales fueron menores comparados con el período 1917-1921, lo que se pudo observar en la disminución de huelgas y en el estancamiento del reclutamiento sindical (Cattaruzza, 2009). En los comicios llevados a cabo en abril de 1928, la UCR obtuvo la mayoría de los votos, seguido por la UCR antipersonalista con el apoyo conservador. En dichas elecciones hubo la mayor participación de electores hasta el momento, y el triunfo de Yrigoyen fue rotundo en todos los distritos. Muchos de los dirigentes conservadores y antipersonalistas justificaban el triunfo del radicalismo con la falta de cultura cívica, incluso llegó a ponerse en duda la reforma electoral de 1912 y comenzaron a evaluar la posibilidad de recuperar el gobierno a través de otras
vías.
Los conflictos políticos se intensificaron, el propio presidente incluso fue víctima de un atentado fallido a cargo de un anarquista. También tuvieron lugar enfrentamientos callejeros entre diversos grupos políticos.
En 1930, la opinión pública iba cambiando y aumentaban las movilizaciones en contra del gobierno. La violencia era cada vez más intensa previo a las elecciones de diputados, en la cual el radicalismo era la fuerza dominante. La oposición ya no solo incluía a los partidos, sino también a la prensa y agrupaciones estudiantiles. En dichos ámbitos comenzaron a sembrarse las bases de un golpe de estado a cargo del ejército, con el objetivo de recuperar la vigencia de la Constitución Nacional y las reglas que debían regir la vida institucional, desconocidas según la oposición, por Yrigoyen.
Existían en el ejército dos grupos diferenciados para la organización del golpe: uno dirigido por Agustin P. Justo (ministro de guerra de Alvear) y el otro por el General José F. Uriburu. Justo convocaba a aquellos que tenían un perfil conservador y liberal entre los cuales se destacaban varios antiguos radicales; mientras que Uriburu nucleaba a antiguos conservadores de extrema derecha. Por su parte el partido Socialista y el Demócrata Progresista no estaban de acuerdo con esta medida a pesar de sostener que Yrigoyen había llevado a las instituciones a una situación crítica.
Finalmente el 6 de septiembre de 1930 triunfó, prácticamente sin resistencia el golpe de estado en Buenos Aires. El gobierno surgido de este contexto fue encabezado por Uriburu como presidente provisional. Con la UCR derrocada, se abrió una controversia política entre los grupos que habían participado del golpe. El nuevo presidente era apoyado por los nacionalistas y conservadores que estaban lejos de ser mayoritarios en el ejército. Por su parte Justo tenía mayor poder, ya que contaba con varios contactos en el ámbito político. La disputa entre ambos terminó con el triunfo de este último, quien fue candidato a presidente en las elecciones celebradas en noviembre de 1931. El año próximo asumió como
presidente (de Privitellio, 2012).
Poco después del golpe militar se conformó la Federación Nacional Democrática, en la cual se constituyó el Partido Socialista Independiente integrado por los conservadores de la provincia de Buenos Aires y otros grupos conservadores y antipersonalistas, quienes estaban de acuerdo con el golpe, pero no apoyaban a Uriburu.
Siguiendo la misma línea de acción, un grupo de oficiales a comienzos de 1931 le exigían a Uriburu una rápida normalización institucional planeando un contra golpe. Frente a esta situación se vió obligado a organizar un llamado a elecciones. El radicalismo continuaba teniendo un peso importante en el ámbito político debido a que contaba con un gran apoyo popular, motivo por el cual Justo se esforzaba por convertirse en el candidato de dicho partido. Sin embargo, Marcelo T. de Alvear, quien se encontraba fuera del país, regresó para reorganizar el partido y postularse como presidente. En julio de 1931, algunos militares Yrigoyenistas intentaron la realización de un movimiento armado que fracasó, lo que provocó que varios dirigentes radicales (entre ellos Alvear) fueran deportados.
En noviembre la dictadura convocó a elecciones y la UCR proclamó la candidatura de Alvear; por su parte el general Justo construyó otra base de apoyo y en simultáneo presionó para que el gobierno vetara la candidatura de Alvear, hecho que logró poco antes de las elecciones. El radicalismo ante esta circunstancia decidió abstenerse, ya que significaba otorgarle la presidencia a Justo. Finalmente, en febrero de 1932, asume como presidente Justo y como vicepresidente el conservador Julio A. Roca apoyados por el Partido Demócrata Provincial (conservadores provinciales), el Partido Socialista Independiente (subdivisión del partido Socialista) y por la Unión Cívica Radical Antipersonalista. En segundo lugar, se ubicaron las listas de la Alianza Civil, integrada por el Partido Demócrata Progresista y el Partido Socialista, quienes intentaron conformar la oposición de izquierda al partido de Justo. Cabe destacar que en dichas elecciones hubo varias denuncias de fraude realizadas por las agrupaciones que
apoyaban a Justo para impedir que los radicales llegaran al poder (Cattaruzza, 2009).
Durante los primeros años de su gobierno y hasta 1935 la UCR decidió sostener la abstención electoral. Otro factor importante que caracterizó la política de la época fue la difícil relación entre los partidos que componían el oficialismo, cuya alianza se denominó concordancia. Competían por conseguir puestos en el gobierno, hecho que fortaleció a Justo como mediador. Otra particularidad fue la relación que mantuvo el gobierno con la oposición, ya que, a pesar de las disputas, esta última participaba de las actividades del congreso.
El 3 de julio de 1933 fallece el ex presidente Hipólito Yrigoyen, contexto en el cual se demostró la fidelidad hacia el radicalismo a través de una masiva movilización que acompañó su entierro. Este hecho provocó la reorganización del partido para presentarse a elecciones en 1935. Así algunos dirigentes e intelectuales radicales que cuestionaban los principios del “auténtico” radicalismo fundaron la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA), definiéndose como Yrigoyenistas antiimperialistas denunciando la dependencia económica y política de Inglaterra (Cattaruzza, 2009).
Entre 1935 y 1936 se llevaron a cabo las elecciones a diputados nacionales y gobernador en algunas provincias, en las cuales las denuncias de fraude y voto cantado seguían siendo recurrentes. Los éxitos radicales alertaron al oficialismo para garantizar las elecciones presidenciales de 1937. Con el objetivo de no correr riesgos, el gobierno aprobó una reforma de la ley electoral eliminando la lista incompleta para los miembros del Colegio Electoral que elegiría al presidente, así quien triunfaba conseguía todos los electores.
En noviembre de 1937 varios procedimientos de fraude otorgaron el triunfo a la fórmula oficialista integrada por Ricardo Ortiz (radical antipersonalista) y Ramón Castillo (conservador) frente a la fórmula radical encabezada por Alvear. Ortiz fue el candidato elegido por Justo, en febrero de 1938 asumió su cargo. Siguiendo a Cattaruzza “es altamente probable que el cálculo de Justo fuera que la presidencia
de Ortiz constituía la mejor apuesta para su propio retorno, en las elecciones de 1943” (2009: 127). Por el contrario la política de Ortiz fue muy independiente. Ortiz durante su presidencia llevó a cabo una campaña en contra del fraude orientada a garantizar elecciones limpias, hecho que lo alejaba de sus aliados. A mediados de 1940,el presidente comenzó a sufrir problemas de salud que lo obligaron a solicitar licencias en varias ocasiones. Castillo, en su reemplazo, logró conformar su propio gabinete con importante presencia conservadora. En este contexto se rompe la política dirigida en contra del fraude y el radicalismo vuelve a quedarse sin estrategias, ya que habían sido formadas en función a la política de Ortiz. Frente a esta crisis atravesada por la UCR, fueron varios los distritos en los que fueron derrotados en las elecciones para diputados en marzo de 1942 (De Privitellio,2012).
Días más tarde falleció Alvear y en julio Ortiz. Frente a esta situación garantizar el triunfo en las elecciones era muy difícil. En enero de 1943 también fallece Justo complicando la alternativa del Frente Democrático. La situación política para ese entonces era compleja, ya que eran varios los dirigentes que sostenían que la única salida era un nuevo golpe militar.
El actual presidente (Castillo) había seleccionado como candidato del oficialismo, a pesar de que no convencía a las fuerzas conservadoras, a Patrón Costas, quien era senador por Salta, conservador, además de terrateniente vinculado al negocio del azúcar y partidario de los aliados en la segunda guerra mundial.
Finalmente, el 4 de junio de 1943 tuvo lugar el golpe militar, siendo derrocado el actual gobierno sin resistencia alguna. El general Arturo Rawson fue el elegido para ocupar la presidencia, sin embargo, tres días más tarde en un movimiento militar interno y sin haber alcanzado a prestar juramento, fue reemplazado por el General Pedro Ramírez. La disputa entre los militares culminó pronto con la presidencia de Ramírez, quien en marzo de 1944 entregó el mando al general Edelmiro Farrell.
poder el coronel Juan Domingo Perón, quien fue designado secretario del Departamento Nacional del Trabajo en diciembre de 1943, logrando transformar dicho organismo en Secretaría de Trabajo y Previsión. Cuando en 1944, Farrell asume como presidente, Perón toma el mando del Ministerio de Guerra. Durante este período comenzó a consolidarse una relación entre Perón y los dirigentes sindicales, dando como resultado disposiciones legales que mejoraron las condiciones laborales y otorgaron estabilidad para los trabajadores. Entre ellas podemos mencionar el establecimiento de tribunales de trabajo, el control del cumplimiento de las jornadas laborales, la extensión del régimen jubilatorio, las vacaciones pagas, el aguinaldo, la sanción del Estatuto del Peón que mejoraba las condiciones del trabajador rural, entre otras (Sidicaro, 1996).
Simultáneamente los opositores al gobierno militar comenzaron a asumir posiciones más duras. Entre ellos se destacaron los sectores medios urbanos con el apoyo de las organizaciones de estudiantes y las patronales. En septiembre de 1945 se realizó una enorme manifestación opositora denominada “La Marcha de la Constitución y la Libertad”, en la cual los militares opuestos a Perón decidieron actuar forzandolo a renunciar a sus cargos el 9 de octubre. Como consecuencia, días después fue encarcelado y enviado a la isla Martín García. Por su parte el Comité Central de la CGT se reunió con el fin de discutir qué posición tomar frente a la prisión de Perón, acordando finalmente una huelga general en defensa de las conquistas laborales obtenidas. El 17 de octubre los trabajadores colmaron masivamente el centro de la ciudad, mientras lo mismo sucedía en otras ciudades, teniendo como objetivo primordial la libertad de Perón. Al anochecer, el ex secretario, luego de una serie de discretos traslados, se dirigió a sus fieles desde el Balcón de la Casa Rosada en la Plaza de Mayo. Así el peronismo transformó el 17 de octubre en la fecha fundacional del movimiento (Cattaruzza, 2009).
A partir de entonces, el gobierno convocó a elecciones generales en febrero de 1946 y comenzaron a configurarse los dos partidos opositores. Por un lado, la Unión Democrática integrada por el radicalismo, el socialismo, el Partido Demócrata Progresista y el Partido Comunista; y por el otro el Partido Laborista
integrado por la unificación de fuerzas que apoyaban la candidatura de Perón sobre una base sindical denominada UCR-Junta Renovadora. El 24 de febrero de 1946 hubo llamado a elecciones, en las cuales triunfó el Partido Laborista, asumiendo Juan Domingo Perón como presidente y Hortensio Quijano como vicepresidente, el 4 de Junio del año en curso (Cattaruzza, 2009).
Entre 1946 y 1948, el incremento del número de afiliados sindicales representó un crecimiento de más del 50% comparado con la década anterior. Este crecimiento tuvo como base que el estado reconocería la personería gremial a la organización con mayor número de afiliados en el sector, permitiéndoles participar en las negociaciones de los convenios de trabajo. Los sindicatos eran instituciones eficaces para resolver disputas en el ámbito laboral y garantizar estabilidad. En este contexto varias fueron las huelgas llevadas a cabo por los trabajadores con el objetivo de que el gobierno interviniera en su apoyo.
En 1949, las leyes que regían las elecciones se modificaron, teniendo lugar una importante reforma constitucional que estableció el voto directo para presidente, vicepresidente y senadores nacionales, con la posibilidad de reelección. En el preámbulo de la nueva Constitución figuraba la fórmula peronista que se haría clásica: el objetivo era “construir una nación socialmente justa, económicamente
libre y políticamente soberana” (Cattaruzza, 2009:212). Además reconoció también derechos especiales como a la ancianidad y fijó los derechos del trabajador (derecho a una retribución justa, condiciones de trabajo y vivienda dignas, al esparcimiento, la seguridad social y la salud). Otro aspecto importante fue la sanción de la ley que les otorgó a las mujeres el derecho a votar y se realizó una modificación que restableció el sistema de circunscripción uninominal. Durante ese mismo año, el Partido Peronista se dividió en tres: sindical, masculino y femenino; siendo Perón siempre el jefe. Simultáneamente, Evita poseía un liderazgo peronista caracterizado por su relación más directa con los partidarios, en particular con los sectores más desprotegidos, dejando de lado el protocolo. Entre los apoyos iniciales al gobierno se destaca la iglesia y la mayoría de las
fuerzas armadas. Con la reforma constitucional Perón podía ser reelecto en las próximas elecciones, sin embargo, la vicepresidencia no estaba definida y fue disputada dentro del oficialismo. En 1951 la CGT comenzó una campaña para que Evita fuera la candidata a la vicepresidencia, sin embargo, fue criticada por la alta jerarquía, hecho por el cual renunció días más tarde a la candidatura. A pesar de que los jefes militares consiguieron su objetivo, el 28 de septiembre de 1951 el general Benjamín Menéndez intentó un golpe de estado que fue rápidamente fallido, ya que nadie de importancia lo acompañó. Las elecciones desarrolladas en noviembre de 1951 le otorgaron una nueva victoria al peronismo. La fórmula Perón - Quijano obtuvo el 62% de los votos. Asumieron su segundo mandato el 4 de junio de 1952. Evita para ese entonces estaba enferma de gravedad y falleció el 26 de julio de ese mismo año (Cattaruzza, 2009).
A partir de los años 50 Perón comenzó a introducir el peronismo en instituciones estatales, transformando los principios doctrinarios en “doctrina nacional”. Impulsó una política de difusión de los principios peronistas en el ejército y en las escuelas, haciendo que la bibliografía oficial tuviera a Evita y Perón como referentes. Incluso