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El principio de la sabiduría en la enseñanza de los apóstoles

In document La Voluntad de Dios (página 88-91)

4. ALTERNATIVA BÍBLICA A LA POSTURA TRADICIONAL

4.2 Principios bíblicos aplicables a la toma de decisiones no morales

4.2.3 El principio de sabiduría en relación con el creyente

4.2.3.2 El principio de la sabiduría en la enseñanza de los apóstoles

El principio de la sabiduría no solamente era algo aplicado por los apóstoles, sino que era también algo enseñado por ellos. En 1 Corintios 6:1-6, Pablo exhorta a los creyentes a que aprendan a tomar decisiones sabias:

LBA [1-6]

¿Se atreve alguno de vosotros, cuando tiene algo contra su prójimo, a ir a juicio ante los incrédulos y no ante los santos? [2] ¿O no sabéis que los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo

es juzgado por vosotros, ¿no sois competentes para juzgar los casos más triviales? [3] ¿O no sabéis que

los santos han de juzgar al mundo? Y si el mundo es juzgado por vosotros, ¿no sois competentes para juzgar los casos más triviales? [4] Entonces, si tenéis tribunales que juzgan los casos de esta vida, ¿por qué ponéis por jueces a los que nada son en la iglesia? [5]

Para vergüenza vuestra lo digo. ¿Acaso no

hay entre vosotros algún hombre sabio que pueda juzgar entre sus hermanos, [6] sino que hermano

contra hermano litiga, y esto ante incrédulos?

Pablo no entiende cómo puede ser que los corintios no sean capaces de solucionar los problemas entre hermanos dentro de la iglesia. Les insta a buscar a alguna persona que

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pueda juzgar con equidad entre los hermanos, y tal persona debía ser alguien sabio. Quizás pensando en Salomón, de quien la Biblia dice que “la sabiduría de Dios estaba sobre él para administrar justicia” (1 Rey 3:28), Pablo reacciona frente a las noticias que le llegan desde Corinto. Tanto como Salomón lo hizo, los fieles también debían hacerlo, ya que “tener sabiduría para administrar justicia” es una herramienta útil para tomar decisiones, ya sea en aspectos administrativos como en aspectos morales. Pero en la iglesia no es que deba ser una sola persona la que cumpla esa tarea de juez (aunque por lo menos debería haber una), sino que es toda la iglesia la que debería estar capacitada para actuar en ese papel y tomar una decisión. La santidad y la sabiduría van de la mano en una iglesia que es la misma que juzgará al mundo.

Un capítulo más adelante, en 1 Corintios 7, Pablo enseña aún más claramente a los creyentes que deben actuar con sabiduría. Los temas que trata están relacionados con el matrimonio, la soltería, y la familia. Pablo contesta a diferentes preguntas sobre estos temas diferenciando siempre, en sus respuestas, lo que es mandamiento de lo que es su propio consejo, pero en todo caso el aconseja desde su sabiduría e invita a los cristianos a que actúen sabiamente. Mientras el apóstol, por un lado señala claramente que las parejas no deben faltar a sus responsabilidades matrimoniales (vv.3-5) e indica que tampoco deben divorciarse (v.10-11), por otro lado indica su consejo empleando palabras como “bueno” o “mejor”. En cuanto a si un creyente debe casarse, Pablo dice que es “bueno” para el hombre no tocar mujer (v.1) como para el soltero también lo es permanecer en ese estado (v.8, 26). En este sentido el apóstol no está marcando una diferencia entre cosas que están bien y cosas que están mal (voluntad moral de Dios), sino que lo que está marcando es lo que es más beneficioso o mejor dentro de cosas que ya han pasado por el filtro de los mandamientos divinos. Además, los consejos de Pablo no son algo caprichoso, sino que también las razones que respaldan sus consejos. Por ejemplo, cuando aconseja que es mejor quedarse solteros lo hace en primer lugar porque cree, que en ese momento de persecución, casarse y tener una familia añade factores de presión adicional al individuo que el soltero no tiene (v.26, 28); y. en segundo lugar lo dice porque sabe que las personas solteras no tienen las obligaciones familiares de las casadas y, por lo tanto, pueden dedicar más tiempo y esfuerzo a la obra de Dios (vv.32-35).

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También, en otro sentido, Pablo reconoce que es “mejor” casarse que pecar de fornicación (v.9), y que si alguien no tiene el don de abstinencia, entonces es mejor que se case (v.7, 35) ya que, a pesar de que el matrimonio pueda acarrearle ciertos problemas, es mejor que viva en matrimonio a que peque y pierda la santidad (v.2). Luego Pablo, frente a la pregunta de si los padres que tenían hijas vírgenes debían permitir que se casaran, responde que eso es algo que queda a la voluntad de cada uno (pertenece a la libertad personal), pero al mismo tiempo indica que su preferencia es conservarlas en ese estado para Dios (v.36, 38). Pero si hay algo común a todas estas recomendaciones del apóstol es que lo que está buscando es lo que resulte más provechoso espiritualmente, estableciendo como prioridad siempre el logro de objetivos relacionados con la santificación y el servicio a Dios. De la misma forma se expresa nuevamente en los vv. 39-40:

LBA [39-40] La mujer está ligada mientras el marido vive; pero si el marido muere, está en libertad

de casarse con quien desee, sólo que en el Señor. LBA [40]

Pero en mi opinión, será más feliz si se queda como está; y creo que yo también tengo el Espíritu de Dios.

En cuanto a la cuestión de si las viudas se podían volver a casar, Pablo responde remarcando el principio de libertad y el de sabiduría: la viuda es libre de casarse con quien quiera, siempre que esa persona sea creyente (principio de libertad), aunque el apóstol también aclara que “en su opinión” sería mejor que se quedase sola (principio de sabiduría). En este caso se puede observar como Pablo considera la felicidad de la persona como elemento a tener en cuenta. Él sabe que ser feliz no es el objetivo principal de la viuda sino que lo es el agradar al Señor (Mat 6:19-33). Sin embargo, está claro que dentro de la voluntad moral de Dios se encuentra contemplada la llenura y la plenitud de los creyentes, de manera tal que pueden ser felices y, por lo tanto, agradecidos a Dios por su gran misericordia, algo que también es su voluntad moral (Col 3:17, 23). Así que no se trata de buscar la felicidad al tomar una decisión, pero sin lugar a dudas la felicidad muchas veces será algo importante.

Además de lo expuesto hasta ahora, existen también otros pasajes que apuntan más explícitamente a una enseñanza apostólica del que hemos denominado principio de sabiduría (Efe 5:15-16; Col 4:5):

NTG [EFE 5:15-16] Βιέπεηε νὖλ ἀθξηβῶο πῶο πεπιπατεῖτε κὴ ὡο ἄζνθνη ἀιι᾽ ὡο σουοί, [16]

ἐξαγοπαζόμενοι τὸν καιπόν, ὅηη αἱ ἡκέξαη πνλεξαί εἰζηλ.

LBA [EFE 5:15-16] Por tanto, tened cuidado cómo andáis; no como insensatos, sino como sabios, [16]

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NTG [COL 4:5] ἖λ σουίᾳ πεπιπατεῖτε πξὸο ηνὺο ἔμσ τὸν καιπὸν ἐξαγοπαζόμενοι.

LBA [COL 4:5] Andad sabiamente para con los de afuera, aprovechando bien el tiempo.

En estos dos pasajes aparecen palabras idénticas que, sin dudas, indican ideas paralelas. La primera es el verbo πεξηπαηεῖηε (“andar”) que, como ya hemos visto antes en este trabajo, se refiere a la conducta de las personas y su forma de vivir. La segunda es el adjetivo ζνθνί (“sabiamente”, “en en sabiduría”) que define cómo debe ser esa conducta o forma de vivir. Y la tercera es la frase ἐμαγνξαδόκελνη ηὸλ θαηξόλ (“aprovechando bien el tiempo”), que indica la forma en que esa conducta sabia se manifiesta. Esto hace que ambos pasajes transmitan la idea de la sabiduría como el saber entender en qué tiempo se vive y tomar ventaja espiritual de las oportunidades que se presenten a cada momento.

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