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La voluntad soberana de Dios y la planificación humana

In document La Voluntad de Dios (página 94-97)

4. ALTERNATIVA BÍBLICA A LA POSTURA TRADICIONAL

4.3 La voluntad soberana de Dios y la planificación humana

Para terminar este capítulo es necesario dar algunas pautas en relación a la voluntad soberana de Dios en relación con la planificación que los creyentes puedan hacer a través de decisiones sabias.

En primer lugar, aunque Dios tenga el control de todo, es bueno que el creyente desarrolle planes en su vida de acuerdo al principio de sabiduría que se ha explicado. El requisito que Dios establece para los planes del cristiano es que Dios no puede quedar fuera de ellos. Es pecar de soberbia e imprudencia contra el Espíritu Santo planificar la vida propia de tal forma de que parezca que todo va a ocurrir exactamente como uno lo ha planeado, sin aprobar ni tener en cuenta que Dios pueda intervenir en dichos planes (San 4:13-16). El creyente debería refrenar su lengua antes de anunciar sus planes de esa manera (San 1:26), para no ser semejante a una onda del mar (1:6) ni creerse cualquier ilusión (vv.22-25), ya que su vida es como la hierba de una flor (1:10). Por lo tanto, se debe contemplar a Dios en los planes y su soberanía. Hay que notar que no se trata de la forma de hablar de los planes de uno, sino más bien de la actitud que se esconde detrás de ella.

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En segundo lugar, toda circunstancia debe ser considerada con sabiduría y no como algo determinado por Dios (ya que su voluntad soberana permanece velada). El buscar señales detrás de cada circunstancia puede llevar al creyente a cometer errores gravísimos. No todo lo que ocurre es la voluntad soberana de Dios, sino que algunas cosas que pasan pueden ser identificadas como su voluntad soberana, mientras que el resto son circunstancias permitidas por Dios. En la Biblia hay dos tipos de ocasiones en las que se dice que tal o cual hecho fue parte de la voluntad soberana de Dios: el anuncio de los profetas en cuanto a cosas que pasaron, pasaban, o pasarían (Deu 11:17; Joe 2:1-17; Amó 4:6-8; Hec 11:27-30) y el acontecimiento de milagros divinos que atestiguaron la identidad de Jesús de Nazaret como Hijo de Dios (Jua 2:11; 5:36) para los cuales Dios ha dado la herramienta necesaria para identificar su autoría (Deu 13:1-5; 18:20-22). Fuera de estos casos, no debe pensarse que algo sea la voluntad soberana de Dios, sino que debe obrarse por el principio de sabiduría antes de tomar una decisión o planificar nada.

En tercer lugar, la expresión “puerta abierta” o expresiones similares en las Escrituras significan “oportunidad” (Hec 14:27; 1 Cor 16:8-9; 2 Cor 2:12-13; Col 4:3; Apo 3:8). Siempre hacen referencia a algo deseable, como una oportunidad que si se aprovecha traerá fruto espiritual. Un análisis exhaustivo del contexto de los versículos citados confirmará lo afirmado. Como prueba nos referimos solamente a 2 Corintios 2:12-13, en donde se puede ver que, aunque Pablo se da cuenta de que tiene una “puerta abierta” en Troas, decide no utilizarla. Si esa oportunidad hubiera sido algo perteneciente a la voluntad soberana de Dios, Pablo lo habría reconocido como tal y la hubiera aprovechado pero, sin embargo, no lo hizo ya que podía no hacerlo y tenía sus propias razones personales para justificar su actuar. Por lo tanto, se puede decir que las puertas abiertas son oportunidades que Dios otorga para servirle pero que no implican su exigencia de pasar por ellas. También hay que notar que el ejemplo del apóstol Pablo muestra que aunque no tuviera una puerta abierta, su planificación respetaba a Dios actuando bajo el principio de sabiduría, de tal manera que, cuando no podía entrar, esperaba y volvía a insistir confiando en que estaba en lo correcto (Rom 1:10-13).

En último lugar, la Biblia provee un ejemplo que puede servir como modelo a la hora de planificar y tomar decisiones en cuanto al futuro (Rom 1:8-13):

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En primer lugar, doy gracias a mi Dios por medio de Jesucristo por todos vosotros, porque por todo el mundo se habla de vuestra fe. [9] Pues Dios, a quien sirvo en mi espíritu en la predicación del evangelio de su Hijo, me es testigo de cómo sin cesar hago mención de vosotros [10]

siempre en mis oraciones, implorando que ahora, al fin, por la voluntad de Dios, logre ir a vosotros.

[11] Porque anhelo veros para impartiros algún don espiritual, a fin de que seáis confirmados; [12] es

decir, para que cuando esté entre vosotros nos confortemos mutuamente, cada uno por la fe del otro, tanto la vuestra como la mía. [13] Y no quiero que ignoréis, hermanos, que con frecuencia he hecho

planes para ir a visitaros (y hasta ahora me he visto impedido) a fin de obtener algún fruto también

entre vosotros, así como entre los demás gentiles.

Lo primero que puede verse aquí es el principio de libertad. Pablo era quien había hecho planes de ir a Roma sin que ser mandado por Dios (v.13). Lo segundo es que Pablo había buscado sabiduría por medio de la oración, ya que había orado por sus planes (vv.8- 10); y, por otro lado, se puede ver que seguía insistiendo porque sabía que lo que él se proponía era en base al principio de sabiduría, porque no era la primera vez que lo planeaba (v.13). En tercer lugar puede verse que Pablo sometía sus planes a la voluntad soberana de Dios, ya que esperaba que Dios se lo permitiese en algún momento (v.10). Por último, el cuarto aspecto que se puede ver en el texto es el principio de responsabilidad (vv.11-12), ya que su propósito era el de edificar a los creyentes de Roma (búsqueda de beneficio espiritual).

Estas evidencias enseñan al creyente que la planificación debe tener lugar siempre bajo una sumisión a la voluntad soberana de Dios, no tomando cada circunstancia como algo determinado por Dios sino examinándolas por medio de la sabiduría, sabiendo que las puertas abiertas son oportunidades para el servicio de Dios y que no deben ser tomadas como una exigencia, por lo que puede se debe planificar siguiendo la línea del apóstol Pablo, quien con su ejemplo demostró su total dependencia a Dios sin dejar de tomar sus propias decisiones.

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