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3.1 PROFETAS NO ESCRITORES Samuel, Natán, Elías y Eliseo

In document Antiguo Testamento Paso a Paso (página 132-140)

3.1.1.- SAMUEL

Presentación

Samuel, hijo de Ana, mujer santa, que, por ser un regalo del cielo, lo consagra al servicio del Templo al lado del sacerdote Elí. Relata en sus libros el fin de una etapa de Israel como federación de tribus y el principio de la monarquía, acompañada de profetas. Ejerció el triple rol de sacerdo- te, juez y profeta, y estableció los fundamentos para crear una nación.

Las historias relatadas son fascinantes y fácilmente aplicables a nues- tros días: abrazos y puñaladas, servidores y traidores, héroes y cobardes, tristezas y alegrías, fracasos y triunfos....

Lectura Bíblica

Señor, suplica Ana, dame un hijo varón y lo consagraré al servicio del templo. Y Ana concibió y dio a luz un hijo al que le puso por nombre Samuel. Al

subir al santuario de Silo lo ofreció al Señor y oró así: Mi corazón se alegra en el Señor, mi fuerza está en mi Dios. No hay santo como el Señor, no hay roca como nuestro Dios. El Señor empobrece y enriquece, humilla y engrandece, saca al pobre de la miseria para sentarlo entre los nobles. El joven Samuel estaba al servi- cio del Señor con Elí. El Señor llamó a Samuel: «¡Samuel, Samuel! -Aquí estoy». Vino corriendo a donde estaba Elí y le dijo: «Aquí estoy porque me has llamado. No te he llamado, vuelve a acostarte». A la tercera llamada Elí comprendió que era el Señor quien le llamaba y le aconsejó, vete a acostarte y si te llaman, respondes: habla, Señor, que tu siervo escucha. Vino el Señor y lo llamó como las otras veces. ¡Samuel, Samuel! Samuel respondió: «habla, Señor que tu siervo escucha». Y tras anunciarle el Se- ñor los castigos por la infidelidad de su pueblo y contárselas a Elí, el pueblo le tuvo como un gran Profeta.

Samuel actuó como juez en Israel durante toda su vida. Ya viejo los ancianos de Israel se reunieron y pidieron a Samuel un rey como los otros pueblos. Se en- tristeció, pero después de oír al Señor se los nombró. Un joven de la tribu de

Benjamín es ungido por Samuel como rey del pueblo de Dios, quien transformó su vida. Presentado al pueblo todos gritaban ¡Viva el Rey! Aunque triunfa contra los filisteos y ofrece holocaustos es rechazado por el Señor, porque el Señor más se complace en la obediencia a su palabra que en los sacrificios. Y desde el día en que los jóvenes celebran más las victorias de David que las de Saúl, éste lo mira con malos ojos y lo persigue a muerte. Herido de muerte en un combate, echándose sobre su espada, se quitó la vida.

Sugerencias

Ven y sígueme.

Dios continúa buscando al hombre. Dios te busca, Dios te ama., Dios quiere realizar contigo un proyecto maravilloso ¿Sabrás escucharle? ¿Sa- brás corresponderle?

Piensa que toda la Biblia está escrita en clave vocacional. Dios llamó a Abraham y a Moisés, a María y a Juan Bautista, a Pedro y a Pablo, a los Apóstoles y a los 72 discípulos. Dios quiere contar también contigo: nece- sita tus manos para seguir bendiciendo, tus pies para buscar a la oveja perdida, tus labios para seguir hablando, y tu corazón para seguir aman- do. Te necesita para seguir salvando. Y es en ti, en quien se ha fijado, por- que eres decidido y generoso. ¿Qué cómo conocerás esa llamada?

Samuel te cuenta su experiencia: «oí una voz que me llamaba y me dirigí al sacerdote Elí, que a la tercera vez me dijo: si oyes esa voz di –aquí estoy, Señor, habla que tu siervo escucha–».

Tú, más de una vez has sentido una llamada especial en tu vida...., tu familia y tu Parroquia te ayudarán a mantener vivo ese fuego.

La oración es la debilidad de Dios y la omnipotencia del hombre.

Verdad que preguntarse para que sirve la oración es como preguntar- se para que sirven las zonas verdes, cuando se podrían construir bloques de pisos. Bien sabes que esos espacios son los pulmones de la ciudad y que la oración es como el pulmón de la vida religiosa.

¿No te animas a ser hombre de oración cuando ves a Jesús, consa- grando las noches a la oración, después de dedicar el día a sus correrías

apostólicas..., cuando bien sabes que las grandes obras sociales han naci- do en el seno de comunidades orantes..., y que la misma Teresa del Niño Jesús, sin ir a las misiones, es patrona de las misiones, por su espíritu de oración y sacrificios...?

Con los apóstoles volvemos a repetir ¡Señor, enséñanos a orar¡ Quere- mos fomentar nuestra amistad con quien sabemos que nos ama y multi- plicar nuestro espacios de diálogo con nuestro mejor amigo para descu- brir así el rostro de Díos y parecernos a él.

Jesús en su evangelio no se cansa de decirnos en tono imperativo: pedid y recibiréis, llamad y se os abrirá, buscad y encontraréis.

Que todos los días visites la Tienda del cielo en la tierra para comprar todo lo que necesites para ti y tu familia. Un ángel te espera en caja, con tu carrito repleto, y al preguntarle que cuanto debes, con una sonrisa te con- testa: no te preocupes, Jesús ya pagó toda tu compra hace muchos años.

3.1.2.- NATÁN.

Presentación

Profeta del reino de Judá que no ha dejado nada escrito, pero desem- peñó un papel muy importante al lado de David. Dos intervenciones cla- ves: dimensión mesiática de la dinastía davídica y alcance del pecado de David.

Lectura Bíblica

El Señor dirigió la palabra a Natán: «Di a David que Yo lo elegí y haré que su nombre sea como el de los grandes de la tierra y le daré paz con todos sus enemigos y una dinastía que no pasará. Seré para él un padre y el será para mí un hijo. Bendeciré su dinastía para que permanezca siempre». Natán se presentó a David y le dijo: «había en una ciudad dos hombres, uno rico y otro pobre. El rico tenía muchas ovejas y vacas, mientras que el pobre sólo tenía una que comía de su comida y dormía junto a él como si fuera una hija. Un día el rico tuvo la visita de un huésped y para atenderle no quiso alguna de sus ovejas, sino que robó la del pobre y la mató para servir al huésped».

Enfurecido David dijo: «vive el Señor que ese debe morir»; y Natán le dijo: «ese hombre eres tú». El Señor te ungió y te colmó de toda clase de bienes y tú has desagradado al Señor apoderándote de la mujer de Urias y matando al Hitita. David reconoció ante Natán que había pecado contra el Señor, y Natán res- pondió: «el Señor perdona tu pecado, pero por haber ultrajado al Señor morirá el hijo que ha nacido». Muerto el hijo, consoló a su mujer Betsabé, que le dio un nuevo hijo al que llamó Salomón, el amado del Señor.

Sugerencias

· El caso de David se repite en la historia de todos los tiempos. Un converso con miles de crímenes a sus espaldas: Bernard Nathanson, rey del aborto. Educado en un ambiente familiar conflictivo, termina sus

estudios médicos y comienza la carrera satánica de la muerte con el aborto de su mismo hijo. Practica la muerte programada en miles de casos y de- sarrolla una actividad intensa en pro del aborto. Dejó la clínica abortista y paso a ser jefe de obstetricia del hospital St. Lukes. Por las nuevas tecnolo- gías, los rayos ultrasonidos, observa el corazón del feto en los monitores electrónicos y esto le lleva a la conclusión de que el aborto es un crimen. Por su confesión recibe amenazas de muerte.

Compuso un documental «El grito silencioso» que a muchos abortistas los llevó a reconocer su error y se unieron al movimiento pro-vida. Tras larga reflexión y diálogo con un sacerdote católico y ante el ejemplo de los militantes del movimiento pro-vida se convierte al catolicismo, recibien- do los sacramentos de iniciación cristiana, Bautismo, Confirmación y Eu- caristía, en la fiesta de la Inmaculada del año 1.996, de manos del Carde- nal O’CONNOR, siendo madrina la gran defensora de la vida Joan Androws.

Miré la cruz, dijo Bernard, y me di cuenta de que los Evangelios ense- ñan la verdad: la victoria está en Cristo.

3.1.3 - ELÍAS

Presentación

El gran Profeta del culto al único Dios. Con Moisés es la gran figura de la Ley judía. Su nombre «Dios es el Señor» es una declaración programática. Aparece en el S. IX a. C. , en el reinado de Ajaz y Jezabel, que introduce el culto idolátrico Baal, dios cananeo de la fertilidad. El li- bro de los Reyes (1 Rg. 17-18 y 2 Rg. 1-2) narra sus rasgos fundamentales: es un hombre de Dios, conducido por el Espíritu, de una fe inquebranta- ble frente al sincretismo cananeo, de una profunda vida interior, que le lleva a descubrir a Dios, no en las fuerzas de la naturaleza divinizada por la mitología, sino en el silencio de una brisa misteriosa, es defensor de los pobres, con una visión universalista de la salvación.

Jesús lo identifica con Juan Bautista y San Lucas compara a Jesús con Elías, de forma que la descripción de los rasgos de Elías nos permiten descubrir el retrato de Jesús en relación con el Padre, su libertad de espíritu, su ternura hacia los pobres y pecadores y su caminar hacia su meta «cruz-resurrección» . Arrastrado por su celo se presenta ante el rey Ajaz y echándole en cara su pecado, anunciándole la sequía de 3 años, desafiando a sus 450 profetas de Baal para descubrir al Dios verdadero, y condenándole por el crimen del justo Nabot para robarle su viña.

La huida de la reina Jezabel que le busca para matarlo se convierte en su peregrinación al monte Horeb, montaña santa de las teofanías; y el paso del Jordán al estilo del paso de Moisés por el Mar Rojo es el momento de convertir a su discípulo Eliseo de la misión profética, mientras se eleva en su carroza.

Lectura Bíblica

Levántate y vete a Sarepta; una viuda te alimentará.

Tráeme, por favor, un poco de pan ¡Viva el Señor, tu Dios, que sólo tengo un puñado de harina para amasarla y después mi hijo y yo morire- mos. No temas que en esta casa no faltará ni la harina ni el aceite. Después su hijo enfermo gravemente y murió ¿Qué tienes contra mí, hombre de Dios? Después de invocar a Dios se lo entregó a la madre vivo.

Convocados todos los israelitas, los 450 profetas de Baal colocan un novillo descuartizado sobre la leña e invocan a su dios gritando cada vez más fuerte, pero nadie les hacia caso.

Elías se adelanta, levanta un altar, rodeado por 12 piedras, las doce tribus, y tras orar bajó fuego del cielo que consumió el holocausto y la leña, secando el agua de la zanja. El pueblo exclamó: ¡El Señor es Dios! ¡El Señor es Dios!

Ante la amenaza de muerte de Jezabel Elías huye y quedándose dormido bajo una retama un ángel le tocó y le dijo: levántate y come. El profeta vio en su cabe- cera un pan y un vaso de agua. Comió y volvió a dormirse, pero el ángel le desper- tó diciéndole: come, que el camino es muy largo.

Llega al monte Horeb y entró en una gruta; el Señor le dijo: ¿Qué haces aquí? Sufro por amor al Señor, porque los israelitas han roto la alianza. Sal y quédate de pie que el Señor va a pasar. Pasó primero un viento fuerte que hacía temblar las montañas, pero el Señor no estaba en el viento. Al viento siguió una tormenta, pero allí tampoco estaba el Señor. Al terremoto siguió un fuego, pero el Señor no estaba en el fuego. Al fuego siguió una suave brisa. Elías, al oírla, se cubrió el rostro con su manto y ahí si estaba el Señor. Ajaz, rey de Samaría, quiso apoderarse de la viña de Nabot, y ante la negativa de éste, vuelve a su palacio triste e irritado. Su esposa Jezabel lo consuela diciéndole que la viña será suya. Lleva adelante un plan diabólico, engañando a los notables, que sientan en el banquillo de los reos a Nabot, condenándolo injustamente a morir apedreado. Muerto Nabot, Jezabel dice al rey: la viña ya es tuya, porque tu vecino ya está muerto. Por consultar a dioses falsos, como si no hubiera Dios en Israel, no volve- rás a levantarte de la cama y morirás.

Cuando el Señor se disponía a arrebatar a Elías un carro de fuego lo envolvió mientras el espíritu de Elías se posaba sobre Eliseo.

Sugerencias

Elías, como prototipo del Profeta mesiánico, aparece providen- cialmente en un momento de crisis, en el que la fe yavista se siente herida por los cultos a los Baales.

Es el defensor de la fe monoteísta, que recorre todo el pensamiento bíblico. A Moisés se le revela como «Yo soy el que soy», el que va a estar siempre a tu lado; y conforme va desarrollándose esta vivencia, la imagen que ofrece la Biblia se resume en el Dios de la Alianza, un Dios celoso,

clemente y misericordioso que hace misericordia por mil generaciones; y en la experiencia neotestamentaria para Marcos es el hijo de Dios, para Mateo es perdón, para Lucas es misericordia y para Juan, en su síntesis teológica, Dios es Amor.

La lucha en el Carmelo entre Elías y los 450 profetas de Baal es el punto culminante del enfrentamiento entre el Dios verdadero y los ído-

los. El tema de fondo es el sincretismo religioso del pueblo que Elías de- nuncia. Para él no valen medias tintas. Como Moisés al bajar del Sinaí y encontrarse con el becerro de oro; o como Josué en la Asamblea de Siquén que pidió que se decidieran por el monoteísmo yavista o politeísmo idolátrico.

Las teofanías en el Horeb para Moisés son el instrumento de Dios en la constitución de su pueblo y para Elías el reformador que sigue los mis- mos pasos. A ambos lo recoge en el N.T. en la Transfiguración.

El paso de Dios, gran teofanía, no está en las fuerzas naturales: hura- cán, fuego, terremoto (Baal dios del trueno) si no en el ligero susurro.

Señor, danos siempre de ese pan.

Ante el cansancio de los buenos al ver la ineficacia de sus esfuerzos y sentirse perseguidos por el paganismo e inmoralidad vigentes, nuestra conciencia despierta y nos dice como el Ángel a Elías: levántate, toma y come, porque el camino que vas a recorrer es muy largo.

Nos reanima el caso de Marte Robín, que durante 50 años sólo se ali- mentó de la Eucaristía, desafiando así a la Biología y Medicina que nos enseña que ningún ser humano puede vivir sin alimentarse. El libro desa- fiante del gran filósofo francés Jean Guitton, «el retrato de Marte Robín», es una prueba de la verosimilitud de este caso.

A la vez sentimos pena al ver como los cristianos pasamos olímpicamente de este manjar. A un perro se le presenta comida y salta de gozo para alcanzarla. Y eso que, mientras en la vida natural el alimento cotidiano se convierte en sustancia nuestra, en la vida sobrenatural la co- munión nos convierte en Cristo, manantial de felicidad y de gracia.

Con los presentes en la Sinagoga de Cafarnaún, cuando Jesús nos in- vita a comer su carne y a beber su sangre decimos: Señor, danos siempre de ese pan.

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