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Promoción de lectura

In document Editor Sergio A. Olave Rodríguez (página 69-73)

La promoción de lectura se constituye como un elemento gestor de ambientes de crecimiento cultural e intelectual en los procesos de formación y fomento de lectura de una comunidad, Yepes (2005) argumenta que, a los lectores capturados, se les proporciona un hábitat digno de su condición. (p.11). Por ende, el impulso de políticas públicas de lectura acorde con la formación cultural, social e intelectual de la sociedad, debe sobrecoger e impulsar normas que generen y refuercen la necesidad emergente de espacios creativos, y procesos de fomento a la lectura para el crecimiento íntegro de la ciudadanía. Por ende, la promoción de lectura se asume como:

“Cualquier acción o conjunto de acciones dirigidas a acercar a un individuo y/o comunidad a la lectura elevándola a un nivel superior de uso y gusto; de tal forma que sea asumida como una herramienta indispensable en el ejercicio pleno de la condición vital y civil. La promoción de la lectura en sí misma es la macroacción con la cual un país, una comunidad, una institución o un individuo contribuyen a formar una sociedad lectora”. (Yepes, 1997, p. 12).

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Las estrategias de promoción de lectura acercan a un grupo social de manera didáctica, recreativa, imaginativa y diversa a involucrarse con la literatura, la lectura y la escritura, así mismo, son eje transversal de la educación cultural y literaria de una comunidad:

“Un programa de lectura, generado desde la biblioteca escolar debe lograr ante todo que los alumnos incorporen la lectura como una actividad vital y placentera, alimento de la imaginación y herramienta imprescindible para la adquisición de conocimiento. De este gran objetivo se desprenden entre otros dos muy importantes: buscar que los niños y jóvenes recurran voluntariamente a la lectura y formarlos como usuarios del libro y de la biblioteca”. (Hernández, 1997. p. 202).

En efecto, la promoción de lectura contribuye a la formación de comunidades lectoras, puesto que es indispensable para la construcción y producción de conocimiento e información, elementos intangibles que consolidan la integridad del ser humano:

“Para algunos, la lectura está asociada con un código particular: el alfabético; otros reconocen como objetos de lectura las tradiciones orales y las diferentes expresiones culturales y artísticas, y consideran que la lectura de textos debe propiciarse junto con la de otros códigos estético-culturales. Desde esta perspectiva, las propuestas para la promoción de la lectura son, a la vez, propuestas para la promoción cultural que propician un diálogo permanente entre diferentes campos artísticos”. (Isaza, 2013, p. 26).

El goce que genera la lectura es además espiritual, puesto que alimenta el alma y la imaginación del lector. Jugar y avivar sentidos a través de la literatura, fortalece la riqueza imaginativa, inventiva y la construcción de sentidos, como se ha dicho, permea y sublimiza de sentidos a la comunidad educativa. Bernal (2011), afirma que, a diferencia de otras facultades del hombre, como la de hablar, la facultad lectora no es innata ni pertenece exclusivamente a la naturaleza humana, aunque en ésta encuentre las mejores condiciones y medios para desarrollarse. Pero al igual que otras facultades, ella se desarrolla en el ser humano como un proceso. (p. 3). El conocimiento recreado a partir de la lectura prepara al lector para enfrentarse a textos de distinta índole, sentido y estructura, ya que genera encuentros de interacción personalizada entre texto y autor; en un ejercicio que propicia reflexiones en torno a las maneras y usos de la palabra en las diferentes congruencias humanas, medios masivos de comunicación, realidades sociales actuales y cambiantes; lectura esta que aproxima a ser autores de nuestra propia vida.

El objetivo de la promoción de lectura es revitalizar las relaciones de la comunidad con dicho ejercicio, no sólo para que se lea decodificadamente, sino para que tengan herramientas que consoliden una postura literaria y humana ante las demandas de articular una formación continua que permita el acceso a la literatura y las formas de lectura.

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Animación a la lectura

La animación a la lectura es todo ejercicio que permite vincular de manera dinámica y plácida el acceso a lectura en la transformación plena del individuo y la comunidad:

“Una estrategia de animación de la lectura trabaja sobre tres elementos básicos: la realidad, el pensamiento y el lenguaje y por lo tanto, busca que se den confrontaciones en la estructura cognoscitiva del individuo mediante la dinamización del discurso lingüístico y gráfico del texto, favoreciendo construcciones significativas que puedan comunicarse... de esta forma, las estrategias deben facilitar procesos transformadores profundos como la comprensión y la imaginación que lancen al individuo a la creación de otras estructuras, de otros discursos. Por ello, toda estrategia de animación debe ser una tentativa de movilización de los elementos productivos del individuo (pensamiento y lenguaje) hacia el reconocimiento y transformación de la realidad.” (Yepes, 1997, p. 18).

La animación fortalece los lazos entre el lector y la literatura afianzando circunstancias de acercamiento placentero que puedan contagiarse mediante la pedagogía y el bagaje cultural y literario del animador o promotor, por consiguiente, las sesiones de animación y promoción de lectura deben realizarse de manera voluntaria, libre, gratuita. Además,

“No se puede olvidar que quien debe ser siempre el protagonista es la lectura, por ello lo más importante es tener un buen libro, de excelente calidad estética y literaria, y la capacidad de observar que a veces, lo único que necesitará, a parte de la lectura, es el diálogo, preguntas de predicción o, en el mejor de los casos… el silencio”. (Hernández, 2004, p. 203).

Zuleta (1994), define la imagen del lector en sus conferencias de la siguiente forma: “Cuando me presento la imagen de un lector perfecto, siempre resulta un monstruo de valor y curiosidad, y, además una cosa dúctil, astuta, cauta, un aventurero y un descubridor nato.” (Zuleta, 1994, p.162). Por ello, la formación del lector representa la formación del espíritu crítico, lo cual es un proceso que más allá de la repetición de signos requiere un lazo que sea profundo y se ajuste a las necesidades y búsquedas, por más infinitas, del ser humano y su posibilidad de entablar relaciones y experiencias que contribuyan a la formación integral de su capacidad autónoma y humana:

“La animación se da a partir de la integración ciudadana con el fin de determinar objetivos sociales y culturales, actividades educativas fuera del campo de trabajo, elementos renovadores en las relaciones humanas, situaciones y hechos de la vida urbana y rural, programas para el tiempo libre, actividades deportivas, etc., que contribuyen a mejorar la calidad de vida individual y colectiva. Un primer paso en el proceso de animación es la sensibilización, tendiente en hacer tomar consciencia de la realidad en la cual estamos inscritos y evidenciar la capacidad de creación individual y colectiva mediante la relación y participación”. (Agudo, 1993, P. 193).

La animación y promoción de lectura se propone formar lectores autónomos a través de la interacción amena con la literatura, a través de diferentes actividades en torno a la literatura. Morón et al. (2001) establecen que

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concretar los objetivos que se pretenden conseguir con la animación a la lectura son los siguientes: “Conseguir una actividad lectora continuada, propiciar una lectura voluntaria y gozosa, estimular una actividad interpretativa y crítica ante el texto y, hacer descubrir el placer de la lectura”. (p. 24).

La pedagogía de la lectura no debe relegarse a la decodificación de signos ni a la aprehensión alfabética, ha de ser dinámica, altruista e inventiva. La invitación a preparar lectores capaces de cuestionar y leer el mundo globalizado, marcado por idealismos de mercado y poder delimitado por medio fútiles y banales al margen del dialogo, el conocimiento y la interpretación emancipadora.

“No se trata de lograr que alguien lea finalmente un libro, el desafío está en iniciar a alguien en una vida para la cual los libros sean luz y compañía, tengan la frecuencia de un alimento y la confianza de una amistad” (Ospina, 2003, P. 197).

Yépes (2013), advierte que una estrategia de animación se realiza buscando suscitar dos conductas posteriores en el individuo/grupo con el que se trabaja: que desarrolle un gusto permanente por los materiales que hicieron parte de la animación y que se dinamice su potencialidad lectora. De igual manera, “en opinión de los animadores, el resultado óptimo se obtiene cuando se conjuga el libro con la estrategia, y cuando ambos elementos están adecuados a la edad.” (Montserrat,1988, p. 34).

Leer como acto de por sí, es un aliciente y animador de lectura, sin embargo, el objetivo de la animación es hacer de la misma un juego:

“En este tipo de juegos no se busca la comprensión del texto, sino la diversión y pueden ser utilizados como una gimnasia: leer un texto variando la intensidad según el tamaño de las letras; leer un texto como si estuviéramos borrachos, cansados, alegres, con miedo, riéndonos, llorando, gritando, llorando...; leer por turnos, leer por filas, leer al revés, de derecha a izquierda, leer con la a, con la e, con la o, con la u”. (Pescetti, 1999, p. 56).

Aidan Chambers (2005), señala 3 tipos de participación para entablar un juego de animación a la lectura en la escuela, el primero es compartir el entusiasmo: cuando se comparten lecturas se trata de disfrutar con los demás, de animar a otros. Cuando los lectores comentan libremente las sensaciones e impresiones acerca de un libro leído están también proponiendo y recomendando lecturas, y no olvidemos, que a determinadas edades las recomendaciones hechas por los compañeros pueden resultar mejor acogidas que las realizadas por los profesores. La segunda es compartir la construcción del significado: cada niño tiene la oportunidad de ver qué estrategias lectoras utilizan los demás, qué operaciones realizan para entender los textos. En el diálogo cada uno puede contrastar su interpretación del texto con la de los demás y así de esta puesta en común surgen nuevas y más complejas interpretaciones que contribuyen al progreso, a la evolución de los lectores y la tercera es compartir las conexiones que los libros establecen entre ellos.

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De forma similar, la Directora de la Biblioteca Pública de Guadalajara (España), citada por Ahumada, et al. (2018), considera que al leer un cuento a los niños y cambiar el final, es animación de lectura, narrar el comienzo de una historia y provocar el deseo de seguirla en las páginas de un libro, es animación a la lectura, presentar un libro a un niño en el colegio, casa o biblioteca, es animación a la lectura. (p. 47).

In document Editor Sergio A. Olave Rodríguez (página 69-73)