En el encuentro se construye- ron colectivamente diversas pro- puestas y acuerdos tendientes a la exigencia de: establecimiento de un verdadero mínimo vital de 20 metros cúbicos para el servicio de agua potable para los estratos 1 y 2, ampliación del mínimo vital para los servicios de alcantarilla- do (20 metros cúbicos) y energía eléctrica (130 kw/h), legalización de predios en los asentamientos subnormales para un mejoramien- to en la prestación de los servicios públicos domiciliarios, reducción sustancial de las tarifas de los servicios públicos domiciliarios, subsidios invertidos directamente
en las deudas de los desconecta- dos y mayores subsidios para la población de la tercera edad y en situación de desplazamiento, la no privatización de los SPD, con- donación de las deudas para los desconectados, capacitación para aprender a leer las facturas y los contadores, perdón y olvido para las deudas de los desconectados, empleos dignos para la obtención de mejores ingresos económicos, un acuerdo impulsado por el Con- cejo de Medellín, una ordenanza por la Asamblea de Antioquia y un referendo por el Senado de Co- lombia.
De la misma manera, se propu- so fortalecer el proceso del Foro Social de Medellín 2009, articu- larse a los Foros Populares que están programados en la Zona Nororiental y en la Zona Norocci- dental, además de participar en el Encuentro Departamental de Des- conectados que se llevará a cabo en octubre de 2009 en el marco del FSM2009.
Frente a la articulación barrial se estableció como propuesta prioritaria la generación de una mesa interbarrial sobre los SPD como derecho fundamental para la ciudad de Medellín.
Finalmente, se invitó a la co- munidad en general a realizar una marcha el 27 de agosto de 2009 para exigir sus derechos y establecer esta fecha como día de la Dignidad de los Desconectados y las Desconectadas en honor a la memoria de Susana y Vanesa, niñas víctimas de la desconexión de energía en Medellín.
¡OTRA CIUDAD ES POSIBLE,
SIN MISERIA NI EXCLUSIÓN!
Andrés David Fonseca Díaz
Colectivo Fosa Orbital, Bogotá
M
ee s t o y volviendo paisajista, me estoy convirtiendo en el paisaje de una ciudad neón, no tan fría y silente, más bien abierta y expectante a una noche de estrellas. Me estoy esculpiendo mientras escucho, dejo siem- pre lo que me inclina y aspiro un aliento profundo. La ciudad neón, la ciudad viviente y oculta por un bri- llo sin variación. La piel de esta ciudad es vibrante, la escucho y es un placer que se me escapa cada vez que me hallo al borde del sentido. Una experiencia auditi- va es la esencia del paisajista, una esencia sin esencia, pura alquimia. No la veo, esta ciudad es acústica, prima el ambiente retrofuturista donde las perlas blancas se
ocultan en un derroche de sensación plástica. El pai- sajista no soy yo, eres tú, el paisaje se escucha, no se ve, nadie tararea la canción, tal vez seamos las notas de una canción incompleta. Siento que escucho algo que viene lejano, nada puro, pero dotado de irreve- rencia sensible. Sé cuando vienen granos de polen que amplifican el sonido y huelo cuando la hierba húmeda por un rocío encantador acaricia aquel sen- tido olvidado. La música blanda, no espera, oye… ¡espera, por favor!, no te vayas, no para que vuelvas sino para que escuches.
Un puntillismo sonoro destina un ambiente per- fecto para algo que no está ni en el futuro ni en el pasado. En esta ciudad no existe el tiempo, pero hay un centro de sordos… ¡qué paradoja! Aquí me en- cuentro, me siento y no cierro los ojos sino que dejo que eso amorfo penetre y me acaricie. Así somos, así permanecemos. Lo cinemático es la tentación del paisajista, es lo que siempre quiere que suene como telón de fondo en esa especie de artesanía espiritual que lo identifica. Escuchemos entonces lo que irri- gan estos duendes, estas almas talladas por el perfu- me de unas rosas en plena ensoñación. Vamos cami- nando y algo sugiere que permanezcamos en frente de esa estatua líquida que se derrite lentamente, que seamos por ese instante ángeles o, por qué no, una vegetación espesa que la irradia el ocaso. Ya no todo se deja tentar por la velocidad y el vértigo, ya lo be- llo no es un paraje metafísico, sino un bordado me- lancólico que juega con el tiempo aún sabiendo que no hay tiempo, un simple borrador en presencia del juicio. Estamos prestos a nombrar en el silencio esta virtualidad, sí, es eso, pura virtualidad que se encu- bre detrás de cualquier gesto mágico. Ya no echare- mos de menos a los dioses, no invitaremos a la cena a Minerva, tampoco denostaremos de lo abierto pero sí de la radical confianza a un oscuro porvenir.
Entonces qué pasaría con la ciudad neón que nos ilumina tenuemente… qué pasaría con tanta herra- mienta sin mango, tanta prestación desmedida por aquello que entra en el circuito de la moda y de la cirujía sin estética. Deslicémonos un poco a ver si vemos aquel paisaje desconocido que engendra todo rostro. Construyamos entre todos un ser-híbrido que se infiltre, que se diversifique, que plante siembra y en esa siembra un mensaje para el futuro. Con de- licadas notas de piano y arpa se está trazando el futuro, con preciosas piezas sin autor, con sutiles composiciones de envergadura sonora subterránea. Pero claro, la interferencia es posible, la combina- ción y la mezcla son bienvenidas a la ciudad neón. Aquí ya no hay protagonistas ni menos herederos de la culpa ni del miedo. Aquí el arte es como una especie de licor que empapa los sentidos lujuriosos. En la ciudad neón abundan los eclipses y los relám- pagos, que son una buena manera de visibilizar el paisaje que antes los trashumantes escucharon en
la madrugada. Ciudad sin memoria pero alegre, la tragedia posmoderna no existe en este espacio. Una ciudad con puntos interconectados por donde dis- curre una buena dosis de medicina misteriosa. Ya estamos en Treny, una ciudad cerca a la ciudad de neón. Qué leve se vive aquí, en donde el tapiz que cubre la ciudad es como un pentagrama abierto, en donde no existe la moralidad sino la vida que no se deja atrapar por el sonido de fondo. No sé si saben, pero esta ciudad no es gris, no es tampoco post- industrial, tiene el color neón porque avizora y no recuerda, porque anda por el tiempo tan despreve- nidamente, que si alguien de una cultura antigua viniera, sospecharía de la felicidad intensa de sus habitantes. Es una ciudad donde nadie espera por- que hay un buen ritmo y un movimiento lento que no desea más que magnetizarse con el aliento de sus nativos. Es una ciudad donde el tiempo se escu- cha y se inscribe en un espacio que algunos lo han percibido como discontinuo, sin retorno.
Pero qué paisaje estamos creando o nos están creando. Paciencia, mucha paciencia, pero no espera, se dice permanentemente en el corazón de la ciudad. En esta ciudad particularmente las relaciones no de- penden del centro, ni de los jerarcas de la cacofonía. Por ser una ciudad de las puertas por abrir, la inmi- gración es una buena ocasión para la hechura y no la afrenta a una humanidad resplandeciente. Aviso que esta ciudad se tiñe de fiesta, mientras unos duer- men otros preparan la comida. Qué bien que hasta el momento no hay facultades sobre paisajismo, ni añoranza por el desarrollo. Acá se ha instalado una colmena que es la que legisla, se ha instalado un cu- bículo de animales que regulan las obsesiones del hombre triste. Ellos no conocen la alegría, pero sí por ser la mesura lo que los diferencia han sido elegidos como portaestandartes de la ley.
La única ley que regula la ciudad de neón y a la que los turistas temen, así aquella no sea un lugar tan propicio para esta práctica y tal vez sea un peli- gro para éstos, es a la de imaginar cuando se cami- na, la de respirar en cualquier trinchera en donde los niños conspiran. Las tecnologías que quedan en esta simple ciudad son empleadas para hacer vino y un poco de joyería fina, algunos constructores ma- liciosos vienen hasta acá a buscar exportar las he- rramientas y no el vino. ¡Qué pedantería y qué falta de escucha! Exportan lo exportable e importan lo intercambiable. Sólo los que viven aquí, me he dado cuenta después de llevar casi una década viviendo, aprecian la belleza, el color y el ruido en medio del desastre que bordea el territorio y saben auscultar en las ruinas los tesoros y las cepas que habitual- mente son confeccionadas para la celebración.
Pero sí es acústica esta ciudad, poco a poco ha sido descubierto por unos niños que día a día dis- frutan con sus juguetes, una señal digital que no se
sobrepone sino que establece un contacto íntimo con los rasgos arqueológicos que se distribuyen en la zona más caliente de la ciudad de neón. No la han dejado patentar —dicen los niños que creen en las hadas y en la alquimia— cuando a veces hay intentos de la copia, el fraude y la expropiación de lo común. Hay una pequeña saturación en algunos puntos móviles de la ciudad, que no es problema para los nativos, pero confunde a la camada de extranjeros que quieren aprender, ya cansados de batallar con- tra los ideales ficticios y el tiempo desolador, a ser paisajistas o por lo menos a entrar en la ruta que el paisaje abre cuando nos disponemos a escuchar la vegetación. Algunos siembran un motivo, otros una sombra, parece ser algo extraño pero el campo ha estado tan congestionado que muchos han preferido enamorarse del espíritu del agua y de la señal digital que ritma el paisaje de la ciudad de neón. Algunos investigadores han aterrizado a la ciudad para ver qué es lo que está pasando, la profusión de noticias y la cantidad de reseñas vuelven algo exótico este lugar. Pero quieren espectacularizar algo simple, al punto que se les hace difícil escribir sobre la ciudad, son incapaces de pensar al tiempo que escriben, qué extraño ver la cantidad de traductores contratados que se bajan de los coches para iniciar la conversa- ción, pero cuando intentan relacionarse se dan cuen- ta que el idioma en este lugar es tan mutante como la selva húmeda, como la señal digital y el espíritu del agua.
No ha terminado de construirse la ciudad de neón, los arquitectos más osados han descubierto la frontera y han permanecido en álgidas conversacio- nes que van y vienen sin tener respuesta a un diseño infalible. Aquí nadie edifica, todos habitan un res- plandor que se hace cada vez más fecundo y tratan de permanecer expectantes al movimiento de las len- guas. O sea que las lenguas son tan diversas que na- die osa en repetir sus acentos ni en traducir aquellos balbuceos que incitan a la intermitencia. Han llegado unos pintores y se ha gestado un renacimiento. Pero no han sido éstos solos los que lo han creado, las lenguas alcanzan a saborear el vino de otras partes y la colmena capta unas sensaciones que a los nativos se les hacen imposibles. Se ha vuelto común ver a los
turistas huir de las abejas, a los músicos componer algo para resaltar el zumbido planetario, a la mon- taña dejarse esculpir por el arroyo, a la mayoría de gente le ha sido posible vivir en gozo cuando recono- cen lo que circula debajo de sus pies. Alguien un día, muy entusiasmado, trató de hacer la historia de la ciudad neón, pero después de muchos intentos dejó la historia y se entregó a la dicha del paisajismo, a un asombro obstinado que los animales que en la ciudad residían miraban con extrañeza.
Una ciudad que permanece abierta día y noche, que no teme de los fantasmas ni de la ilusión, que se vincula a las tendencias organizativas vegetales y amplifica levemente el murmullo de los niños, es un territorio análogo a las cuencas imaginativas de todo ser en expansión. Cuando la gente en los termi- nales se apresta a ir a la ciudad de neón, lo primero que le anuncian es que no lleve equipaje, ni cámaras fotográficas, que renuncie a ir si lo que quiere es un espacio para calmar la infelicidad. Esto se lo dicen musicalmente, los invitan a pasar a una sala de espe- ra y a saborear un sonido a veces calmo, otras veces insistente, y así las personas que allegan a este lugar quedan hechizadas por las arpas, los cellos, las vio- las, los coros y pianos, capas de sonido, glitches, noi- se, drones, guitarras desafinadas y cajitas musicales. Se entra al lugar y los reciben con extrañas melodías lejanas pero con acento, con elixires sonoros de Deaf Center, Jacaszek, Murcof, Orla Wren, Amiina, Ryan Teague, Senking, Spyweirdos, Colleen, Matmos, Swod, Sylvian Chauveau, Midaircondo entre otros artistas de la escena neón.
Discografía Jacaszek – Treny. Miasmah Records (2008) Sylvain Chauveau – Nuage. Type Records (2007) Amiina – Kurr. Bláskjár Records (2007) Colleen – Les Ondes Silencieuses. The Leaf Label (2007) Swod – Sekunden. City Centre Offices (2007) Senking – List. Raster Norton (2007) Spyweirdos – Wetsound Orchestra. Poeta Negra (2006) Orla Wren – Butterfly Wings Make. Expanding Records (2006) Deaf Center – Pale Ravine. Type Records (2005) Midaircondo – Shopping For Images. Type Records (2005) Ryan Teague – Six Preludes. Type Records (2005) Matmos – The Civil War. Matador Records (2003) Murcof – Martes. The Leaf Label (2002)