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3.2. FAMILIA

3.2.6. Relación Familia-Escuela: elementos claves

La mayoría de padres de familia vemos a las escuelas como simples depósitos de nuestros hijos, ya sean caros, algunos baratos, otros gratuitos, que las escuelas nos hacen el favor de guardarnos y mantener activos a nuestros hijos durante varias horas al día.

La verdad es que son excepcionales los padres de familia que están al tanto y se interesan por lo que pasan en estos depósitos. ¿Cuánto sabemos realmente el horario de nuestros hijos, las materias que reciben, los nombres de los profesores, los nombres de los compañeros la letra del paralelo o el número del bus? ¿Cuántos nos hemos tomado la molestia de revisar detenidamente los textos escolares que utilizan, los contenidos que anotan en sus cuadernos, los cuestionarios que sirven de base a las pruebas y las pruebas mismas?

Los ejemplos y las anécdotas sobran: desde las cosas más simples y elementales, hasta la más importantes y serias, los padres de familia somos unos irresponsables

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desconocedores de la cotidianeidad escolar de nuestros hijos de alguna manera, ellos nos hacen no sólo corresponsable si no cómplices de los mil y un problemas que acosan al sistema educativo en nuestro país no importa si público o privado. (Autor: Rosa María Torres. UNICEF instituto fonesis. Auladentro. Quito- Ecuador p. 201-202). Las relaciones entre las familias y la escuela deben situarse en un contexto histórico e institucional. Más concretamente inscriben en la articulación entre dos instituciones, la escuela y la familia, con asimetría de poder y en un contexto social y político que las sitúa en el debate entre intereses públicos y privados. Si miramos atrás, la escolarización universal es una invención relativamente reciente y el desarrollo de los sistemas educativos que la hacen posible aún más; por otro lado, en los sistemas educativos con vocación universal no siempre se ha considerado necesaria la implicación de los progenitores en la escuela y, cuando lo es, no se lleva a cabo sin resistencias, como pondrá de manifiesto Mariano Fernández Enguita en el primer texto. De ahí que la relación entre familia y escuela pueda ser vista todavía como una cuestión pendiente. Aunque deben considerarse espacios yuxtapuestos, a menudo lo que se percibe es la separación, la distancia, cuando no el conflicto, entre ambos. Frecuentemente se cree necesario establecer un nuevo contrato entre familias y escuela para reconducir una situación en la que la escuela debe potenciar la implicación, los docentes mantener su derecho a ejercer libremente y los progenitores a defender sus intereses y los de sus hijos.

Las relaciones entre la escuela y la comunidad son contempladas actualmente como un factor de gran importancia en la educación del alumnado. La educación empieza en la familia y se prolonga en la escuela, y una buena educación exige el conocimiento del medio en el que viven los alumnos, así como la representación de éste en la vida escolar. Estos principios, inspiradores de numerosas intervenciones, tienen como una de sus concreciones más importantes favorecer la participación de los padres en la vida escolar. Y no sólo ésta por sí misma, sino por lo que representa de que la familia sienta como propia la escuela —evitando lo que X. Bonal4 ha llamado ―la alteridad familiar respecto a la escuela‖, uno de los elementos que considera claves, junto con la ―referencialidad de la inserción socio laboral familiar‖, para comprender el paso del alumnado por esta institución.

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Una de las primeras constataciones es la diversidad de situaciones, intereses, expectativas que existen entre los docentes y los padres y las madres y que pueden coincidir o generar choques entre ellos. Siendo sintéticos, las citadas características indican la existencia de diferentes barreras de comunicación que separan al personal de las escuelas y los progenitores: falta de disponibilidad de algunos padres por las condiciones de vida precarias, horarios de trabajo...; nivel de escolarización insuficiente para poder ayudar en los estudios de los hijos; poco interés o escasa motivación para participar en la vida de la escuela al no tratarse de una prioridad; poco o nulo conocimiento del sistema educativo; diferencia entre valores familiares y los de la escuela; roles en el seno de la familia; dificultad de algunos padres en percibir el personal de la escuela como agentes educativos competentes y considerar la escuela como un lugar accesible y donde tienen el derecho y deber de participar; dificultad en que la escuela traspase lo estrictamente escolar por la actitud cerrada que manifiestan padres y profesores; comunicación imposible o limitada por dificultades lingüísticas; etc. Todo este abanico de obstáculos configura un caleidoscopio imbricado de situaciones y representaciones del proceso de escolarización.

¿Qué medios pueden poner en marcha los profesores para incorporar las experiencias familiares?

En primer lugar, todos los canales de comunicación de carácter general como preguntar a los niños y a los padres, las reuniones y entrevistas, cumplimento de cuestionarios, emplear las agendas escolares, realizar visitas al hogar, las tutorías,... El intercambio de información entre padres y maestros es la primera prioridad (Méndez, 2000). En segundo lugar, incorporando a los diseños instruccionales tanto las experiencias extraescolares de los alumnos como la participación de los padres (Dabas, 1998). En las comunidades de aprendizaje, máximo exponente de esta propuesta, se pretende que todos los miembros de la comunidad se sientan educadores y educables. En tercer lugar, el tratamiento que se da a la familia y a la vida familiar como contenido curricular también es relevante (Calvo, Serulnicoff, Siede, 1998). Finalmente, desde un acercamiento más comunitario, Vila (1998) describe una serie de servicios educativos dirigidos a la infancia y a sus familias, programas de formación de madres y padres y programas destinados a mejorar las relaciones familia/escuela.

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¿Cuál es la realidad actual?

En una caracterización de la realidad actual de las relaciones escuela-familia habría que destacar de manera significativa el enorme desfase entre las expectativas y la realidad.

Las relaciones escuela-familia pueden ser caracterizadas como la crónica de un desencuentro (Fernández Enguita, 1993), resultado de una comunicación ambigua y

disfuncional entre los protagonistas. Ante la pregunta a quien compete la toma de decisiones educativas, nos encontramos con posiciones diversas, cuando no claramente enfrentadas.

El maestro, como profesional, reclama autonomía y desconfía de la participación de

los padres, quienes dificultan y cuestionan constantemente su trabajo y competencia profesional (¿las notas?, ¿la disciplina?). Los profesores tienen la sensación de vivir

bajo la dictadura de los padres, se sienten amenazados, inseguros, injustamente

tratados, infravalorados, sobrecargados y actúan a la defensiva.

Los padres l padre como cliente, puede adoptar dos posiciones extremas o bien deja

todo en manos del maestro (por delegación inconsciente o porque el profesor es el profesional y para ello se le paga), o bien considera legítimo participar en la educación del hijo y siente perder el control sobre los hijos. En este último caso, los padres se sienten incomprendidos y se ven como los sufridores en casa, con sentimientos de

inferioridad y de temor ante el poder y las represalias de los profesores (¿por qué piensan que somos enciclopedias y que podemos ayudar todos los días a realizar cantidades enormes de deberes? ¿Porqué los fines de semana no son para disfrutarlos en familia?).

Por qué padres y profesores no se comportan como se espera, como padre-madre por qué crees que los profesores no contribuyen a que los padres colaboren más en la escuela.

Se ven amenazados, consideran la participación de los padres como un tipo de intrusismo, generalizan a todos los padres las experiencias negativas previas con

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determinados padres, creen que siempre tienen la razón, el tipo de relación que existe no es recíproca, piensan que para eso está la AMPA.

Como profesor por qué crees que los padres no se implican todo lo que debieran.

No realizan ningún esfuerzo, no les importa la educación de sus hijos, desconocen lo que pueden hacer, a lo que tienen acceso, sus propias experiencias escolares influyen en la idea que poseen ahora de implicación. (Fernández Enguita,M. 1993 La profesión docente y comunidad escolar crónica de un desencuentro, Madrid, maruta)

3.2.7 Principales beneficios del trabajo con familias: Orientación, Formación e