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Representación de la realidad

In document La novela de la Guerra Civil Española (página 141-145)

6. VISIÓN CONTRASTIVA

6.3. Representación de la realidad

Como ya he indicado, Agustín de Foxá y Arturo Barea describen la misma guerra, es decir, los mismos acontecimientos históricos. No obstante, crean una visión completamente contrastiva de esa realidad. Como Madrid de Corte a Checa es una novela ficticia con un narrador omnisciente, Foxá tiene la libertad de incluir muchos personajes reales, como políticos, en la trama principal. Los lectores van conociendo

a José Antonio Primo de Rivera como amigo del protagonista o perciben la incapacidad de Manuel Azaña y otros republicanos. La forja de un rebelde, en cambio, es una autobiografía y el narrador solamente nos habla desde su misma perspectiva. Como Barea era un ciudadano 'normal', pocas veces hay una interacción directa con políticos famosos y los pensamientos ajenos nunca se presentan como una verdad absoluta.

Aunque los dos autores en parte cuentan los mismos hechos históricos, el tiempo se representa de manera totalmente diferente en Madrid de Corte a Checa y

La forja de un rebelde. En la obra de Barea, se nos presentan varias etapas de la

vida del protagonista desde el comienzo del siglo XX hasta principios del año 1939. En Madrid de Corte a Checa, en cambio, los lectores perciben la vida del protagonista solamente desde 1930 hasta 1937. Por esa razón, en La forja de un

rebelde los lectores llegan a comprender no solamente las causas inmediatas de la

Guerra Civil, sino que también ven el trasfondo más amplio de esa lucha. Además, van conociendo los horrores de la capital sitiada y poco a poco se dan cuenta del desenlace de la guerra. En la obra de Foxá, por otro lado, se presenta el desorden de la Segunda República como causa directa de la Guerra Civil. Como José Félix huye de Madrid al principio de la guerra, los lectores no se dan cuenta de los ataques de los nacionalistas. En otras palabras, Foxá solamente describió las atrocidades de los milicianos en la capital y evitó hablar del terror causado por los nacionalistas, mientras que Barea menciona ambas etapas de la Guerra Civil.

Como ya quedó analizado, en Madrid de Corte a Checa solamente una vez se refiere abiertamente a una fecha exacta, mientras que en La forja de un rebelde hay innumerables fechas explícitas. Ya abordé una posible interpretación: Foxá no ve ninguna razón de mencionar fechas, dado que escribe para lectores españoles. Asimismo, utiliza al parecer diferentes fuentes que introducen hechos históricos y, así, quiere lograr la impresión de una verdad absoluta. Barea, por otro lado, quiere presentar el tiempo como él mismo lo percibía. Se refiere a fechas exactas porque siente la necesidad de explicar los hechos decisivos de su país a los lectores extranjeros. Con esas diferentes metas, los dos autores crean una visión contrastiva que puede verse en la representación de varios hechos.

Las elecciones de 1936 y la siguiente victoria del Frente Popular, por ejemplo, se representan de manera completamente diferente en las dos obras. Sin explicación, en Madrid de Corte a Checa los lectores se dan cuenta de las

elecciones: “Invadían la plaza mozalbetes voceando la candidatura del Frente Popular” (Madrid, 1164). Se percibe la victoria a través de los ojos de algunos políticos y poco después José Félix y sus padres van a Portugal con otras familias “que huían del Madrid del Frente Popular” (Madrid, 1168). En La forja de un rebelde los lectores se enteran de manera directa de las elecciones: “En diciembre de 1935, Alcalá Zamora disolvió las Cortes y anunció la fecha del 16 de febrero de 1936 para celebrar las nuevas elecciones” (Llama, 64). Asimismo, el narrador explica el concepto del Frente Popular: “Los partidos de la izquierda formaron un bloque electoral” (Llama, 65). Como Arturo apoya a los ciudadanos de Novés en su campaña electoral, los lectores pueden observar los hechos históricos. También el resultado se comenta abiertamente: “Las elecciones del 16 de febrero fueron una victoria del Frente Popular. La Cámara se formó con 265 diputados de izquierda, 64 del centro y 144 de derechas” (Llama, 75). En pocas palabras, el mismo acontecimiento histórico es representado de manera diferente por los dos autores: Foxá lo menciona de paso y como trasfondo para las acciones del protagonista, mientras que Barea directamente explica las fechas y causas de las elecciones.

Un ejemplo similar es la representación del estallido de la Guerra Civil en ambas obras. Los autores describen el mismo acontecimiento en el mismo lugar. No obstante, parece como si hablaran de una guerra diferente. En Madrid de Corte a

Checa, José Félix se da cuenta de la sublevación del ejército a través de un

periódico y el narrador ya juzga la situación con el comentario: “La inquietud invadía Madrid” (Madrid, 1185). Luego, el narrador omnisciente informa a los lectores de la reacción de los políticos: “Azaña había telefoneado a La Granja a Miguel Maura ofreciéndole formar Gobierno” (Madrid, 1185). Después, “el terror se extendía por todo Madrid” y comienza la enumeración de los horrores de los milicianos (Madrid, 1189). En otras palabras, los lectores se ven confrontados con una serie de acontecimientos. El narrador no explica la conexión entre los hechos decisivos, pero juzga la situación. En La forja de un rebelde, por otro lado, el narrador, ya antes del estallido de la guerra, ha preparado a los lectores, hablando de una lucha inevitable. Después de la muerte de Calvo Sotelo, explica de manera detallada cada acontecimiento: “el sábado 18 de julio, el Gobierno anunció abiertamente que había habido insurrecciones en muchas de las provincias”, “Franco había pedido a Azaña la rendición sin condiciones. El Gobierno republicano había contestado con una declaración de guerra formal” (Llama, 108, 121). De esta manera, la obra de Barea,

aunque claramente no es un libro de historia, documenta los acontecimientos que transcurrían durante los primeros días de la Guerra Civil y ayuda a los lectores a comprender la lucha.

Como el tiempo, también el lugar se presenta de manera diferente en cada obra, aunque la escena principal de Madrid de Corte a Checa y La forja de un

rebelde es la capital de España. Ambos autores mencionan muchos lugares

públicos, como tertulias, parques y calles, y adscriben un valor simbólico a ciertos lugares. A pesar de ello, crean una visión contrastiva de la misma ciudad. Los diferentes orígenes de los protagonistas – José Félix proviene de una familia bien situada con relaciones aristocráticas, mientras que Arturo es hijo de una familia obrera – influyen en su percepción de ciertos lugares madrileños. Para José Félix la Casa de Campo, por ejemplo, evoca recuerdos de su niñez:

Se imaginaba niño, bajo aquellos árboles. Entonces sólo permitían la entrada a los coches de caballos, y él disputaba a su hermana el privilegio de enseñar la tarjeta de Palacio al guarda de la entrada. Era un Parque Real. Faisanes de oro, praderas cuidadas de conejos, y los puestos de estancos en los ojeos. (Madrid, 1130-1131)

José Félix se acuerda de excursiones con su familia a ese paraíso reservado por y para la gente aristocrática. Arturo, por otro lado, asocia injusticias sociales con la Casa de Campo, porque su madre lavaba ropa en el río Manzanares al mismo tiempo que la reina y el príncipe paseaban por el parque (Cf. Forja, 12). El origen de Arturo también explica su amor hacia el barrio obrero Lavapiés: “Allí aprendí todo lo que sé, lo bueno y lo malo. A rezar a Dios y a maldecirle. A odiar y a querer. A ver la vida cruda y desnuda, tal como es” (Forja, 110). José Félix, en cambio, no frecuenta ese barrio y, así, los lectores perciben una visión contrastiva de Madrid: en la obra de Foxá se nos presentan los lugares asociados con la aristocracia y la gente bien situada, mientras que en La forja de un rebelde también vamos conociendo el Madrid 'humilde' de los obreros.

Otra diferencia en lo que concierne al lugar es la actitud hacia la capital. Arturo, a diferencia de José Félix y el narrador de Madrid de Corte a Checa, siente un cariño infinito por su ciudad natal. Describe innumerables calles y parques de manera viva y transmite el afecto personal que siente hacia estos lugares (Cf. capítulo 5.4.3.). Al estallido de la Guerra Civil, Arturo se niega a dejar 'su' ciudad y la describe como símbolo de esperanza para todos los republicanos. José Félix, en cambio, percibe el Madrid del Frente Popular y de la Guerra Civil completamente diferente. La ciudad se describe como “un Madrid terrible de odio, de nerviosidad” y

“un Madrid desolado, diferente” (Madrid, 1172, 1212). Mientras que Arturo quiere quedarse en la capital, José Félix no tiene otro deseo que no sea el de salir de la ciudad.

En resumen, ambos autores representan la misma guerra, los mismos hechos históricos y la misma ciudad. En otras palabras, representan la misma realidad. Por las diferencias inherentes de las novelas, la diferente posición política de los autores y la motivación que se encuentra detrás de sus obras, los lectores se ven confrontados con dos realizaciones contrastivas de la misma realidad. Como Madrid

de Corte a Checa es una novela ficticia, el autor puede mezclar personas reales y

personajes ficticios. No ve la necesidad de explicar muchos hechos históricos, sino que los utiliza como trasfondo para las acciones de su protagonista. A causa de su posición ideológica y política, nos cuenta una determinada parte de la guerra y representa a Madrid como una ciudad que va de mal en peor. En La forja de un

rebelde, en cambio, se nos presenta la realidad como la había percibido el autor

mismo. Barea intenta mantenerse objetivo y, teniendo en cuenta que sus lectores son extranjeros, ofrece información adicional. Al mismo tiempo, explica el valor excepcional de su ciudad natal, que tuvo que abandonar al final de la guerra y que nunca volvió a ver hasta su muerte. Considerando esas diferencias, resulta comprensible que la misma realidad se presente en una visión contrastiva entre

Madrid de Corte a Checa y La forja de un rebelde.

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