4. ANÁLISIS DE MADRID DE CORTE A CHECA DE AGUSTÍN DE FOXÁ
4.3. El protagonista José Félix
4.3.2. Vida política
Conociendo ahora algunas de las características personales del protagonista, podemos dirigirnos a su evolución ideológica que se desarrolla a lo largo de la novela. Al principio de la trama, el narrador nos presenta a José Félix como un simpatizante de una corriente que le parece oportuna justo en este momento. Sin embargo, ya se perciben las dudas del protagonista que proviene de una familia 'buena': “José Félix vacilaba. Ya era republicano por elegancia intelectual del momento, pero los Ramiros y Berengueres de su árbol genealógico, le pesaban en la sangre” (Madrid, 951-952). Como muchos otros estudiantes, participa en la rebelión de las Facultades, pero más bien por “curiosidad que le había llevado a San Carlos” que por convicción ideológica (Madrid, 970).
Pronto, José Félix se decepciona cada vez más porque no encuentra su sitio en el Madrid republicano. No puede identificarse con la masa alegre que celebra la proclamación de la República y denomina la fiesta como “una carnavalada”; antes de la ignorancia del pueblo incluso “empezaron a flaquear sus ideales democráticos” (Madrid, 1015, 1017). José Félix también rechaza la hostilidad de la República frente a la Iglesia. Cuando ve una imitación de una procesión religiosa, reacciona con “desprecio” y comenta los incendios de conventos como una “vergüenza” (Madrid, 1021, 1027). También empieza a dudar la credibilidad de los intelectuales
republicanos: en una tertulia revela a su amigo Pedro: “yo ya estoy de vuelta de todo esto. Me empiezo a cansar. Qué viejo nos ha salido el nuevo régimen” (Madrid, 1048). Después de una reunión política del mismo año, “José Félix dio rienda suelta a su indignación” y llama “farsantes” a los políticos de las izquierdas (Madrid, 1062).
Aparte de todas esas dudas y el rechazo que José Félix siente por la situación en la joven República, se deja influir por los intelectuales de las izquierdas. Por un lado, no le gusta este ambiente, pero por otro, se siente atraído por un mundo nuevo que no entiende. El narrador nos describe el dilema del protagonista en una de las reuniones con los intelectuales: “El tono enfermizo y extraño de aquella reunión, deslumbraba la curiosidad intelectual de José Félix, anulando los impulsos fuertes y normales de su temperamento” pero “un resto de higiene moral, de sanidad, le hacía sin embrago mirar con disgusto aquella noche desquiciada” (Madrid, 1077, 1079). El narrador justifica la desorientación de José Félix con su desesperación amorosa. El protagonista intenta olvidar a Pilar para no sufrir más. Por primera vez “creyó que ya no le importaba” e incluso la considera despectivamente “una burguesita soñadora” (Madrid, 1080). En esa vida decadente, Rosario Yáñez, la mujer de un banquero, es la personificación del mal que seduce a José Félix. Pronto, el protagonista “era una sombra de sí mismo. Estaba pálido, ojeroso, transparente de madrugadas. No escribía ni pensaba. Rosario le dominaba” y José Félix “marchaba como un autómata; abúlico” (Madrid, 1096). Con el tiempo, el protagonista se da cuenta de que ninguna mujer puede llenar el vacío que Pilar ha dejado y se cansa de Rosario y de todo el mundo intelectual: José Félix “sentía ganas de evadirse de todo aquello, de salvarse. Miró a Rosario con un poco de odio” y “maldecía mentalmente su fantasía, su veneno literario, el mundo decadente que le aprisionaba y que iba pudriendo su alma y el alma de Madrid” (Madrid, 1098, 1099).
Ya cansado del mundo decadente y la vida frívola, una nueva ideología le viene muy a propósito a José Félix. Al primer contacto con el fascismo, el protagonista todavía es “escéptico” (Madrid, 1082). Por un lado, “en el fondo le atraía aquel movimiento juvenil y valeroso” pero por otro, “le tentaba el otro mundo más literario, más fácil, aparentemente más alegre por su falta de norma moral” (Madrid, 1082). La situación cambia cuando José Félix conoce a José Antonio Primo de Rivera. Inmediatamente, el protagonista se siente atraído por la “jerarquía” del nuevo movimiento (Madrid, 1099). Después de la proclamación oficial del partido Falange en 1933, “José Félix y Pedro Otaño se miraban sonrientes. Experimentaban esa
alegría del hombre que se aproximaba a la Verdad” (Madrid, 1100). Mientras que Pedro, con brazo extendido y “lágrimas dentro de los ojos” está totalmente alucinado por las ideas de José Antonio, José Félix todavía vacila un poco y no quiere admitir cuánto le emocionan sus palabras 'nuevas' (Madrid, 1101). Poco después, en una reunión con los intelectuales republicanos, sin embargo, “lentamente operaban en él las grandes palabras del mitin”; todavía “le avergonzaba decirlo entre aquellos espíritus burlones” y “una vez más, se traicionó a sí mismo”, minimizando el efecto del discurso de José Antonio (Madrid, 1102). Con el tiempo, no obstante, deja atrás sus dudas y se identifica cada vez más con las ideas falangistas. José Félix “empezó a tratar a José Antonio y a deslumbrarse por su gallardía. Sentía en su vida una transformación que le ennoblecía”; también la amistad de José Félix y Pedro Otaño “se estrechaba en la común admiración al Jefe” (Madrid, 1125).
Con esa nueva ideología, también la vida del protagonista cambia. José Félix ya no quiere desperdiciar su tiempo en reuniones intelectuales, el remordimiento no lo deja dormir “y se avergonzó de su vida” (Madrid, 1128). Se inscribe en la Falange y José Antonio le asegura: “está noche dormirás con la conciencia más tranquila” (Madrid, 1129). El narrador implica que José Félix se convierte de un cobarde en un hombre valiente. Aunque el protagonista “pensó que acaso iba a firmar su sentencia de muerte”, confió en José Antonio “que promet[ía] la victoria de la juventud” (Madrid, 1129). Su sentido del deber hacía el partido crece diariamente y cunado piensa huir de España con Pilar, “angustiábale sobre todo, la idea de abandonar la Falange en su lucha heroica. Le parecía aquello una deserción” (Madrid, 1148). Después, “fracasado en su fuga de amor, José Félix se entregaba de lleno a la Falange” (Madrid, 1155). Al final de la novela, el protagonista logra huir a Francia con Pilar. Pronto los dos regresan a España, donde José Félix “iba a incorporarse a la Falange de Castilla”; por fin quiere y puede luchar libremente al lado de los falangistas y “se encontraba completamente cambiado. Comprendía que sólo eran verdad las cosas elementales y sencillas, el amor y la guerra, el hambre y la sed, la mujer y el hombre” (Madrid, 1335).
Como en el capítulo anterior, podemos cuestionar por qué el autor no nos presenta desde el principio a un hombre convencido de los ideales falangistas. De nuevo, parece que la identificación con el protagonista es la razón para esa evolución política a lo largo de la novela. Muchos futuros falangistas, incluso Foxá mismo, al principio de la Segunda República se identificaron con el ala izquierda de
la política. Suponemos que para la mayoría de los lectores potenciales de aquella época, un héroe, convencido desde el principio del movimiento nacional, quizás hubiera parecido excepcional y atípico, ya que el falangismo, como vimos en la parte teórica, se desarrolló muy lentamente. La naturaleza vacilante de José Félix surte efecto simpático; sus reflexiones y consideraciones permiten al lector que se entere del dilema interior del protagonista y que se identifique poco a poco con el encuentro del 'buen' camino. Con el final positivo – José Félix reunido con Pilar y luchando por sus ideales – el narrador comunica que la larga ruta desde la ideología izquierdista hasta el partido Falange ha valido la pena.