2.3 Andreï Makine
2.3.1 A Makine, a imagen y semejanza de Occidente
2.3.1.3 Requiem pour l’Est o el juego identitario
El tema de Rusia, de su Historia presente y remota, de sus contradicciones con Occidente, es abordado nuevamente y de manera prolija en Requiem pour l’Est. El Este y el Oeste se reúnen en la mirada del narrador y su imposible reconciliación se manifiesta como un desafío permanente.
Requiem pour l’Est discurre vertiginosamente a través de distintos países y
escenarios, descritos siempre con un carácter caótico; en este movimiento permanente de espacios y tiempos, el relato adquiere una dimensión épica. Todos los acontecimientos de la novela giran en torno a la muerte, a la violencia, a la traición: la guerra. Y al miedo: el horror de una mujer que huye de la barbarie con un bebé en brazos; el temor de un niño de que descubran que es hijo de un «detractor» o su preocupación por no distinguirse de los demás chicos; la aprensión de un joven médico de guerra ante el dolor ajeno («Je vécus ainsi, en laisant chaque nouvelle journée éffacer les douleurs de la précédente par le regard affolé des nouveaux blessés»336); el miedo de un espía de revelar su identidad oculta o de confesar su
pasado... Cuando a Makine, a propósito de esta novela, le preguntan que para qué sirve narrar la guerra, responde: «À regarder la vie du bord de cette vie. L’homme qui a vécu dans la proximité immédiate de la mort, a approché l’au-delà. Il a fait
l’expérience du passage».337
La novela se va construyendo en bucle, entre un pasado enmarcado en una voz francesa que cuenta la prehistoria del protagonista (verdadero canto-homenaje a
336 Andreï Makine, Requiem pour l’Est, París: Mercure de France (Folio 3587), 2000, p. 37. 337 «Entrevista a Andreï Makine» [disponible en:
los ancestros muertos), y un presente en el que el narrador se ve inserto y desde donde observa, como un testigo indemne, el devenir de las naciones en guerra.
J’imaginai un témoin – moi ! confus, manquant de mots, désemparé par l’énormité de la tâche. Dire la vérité sur l’époque dont notre vie avait maladroitement épousé, ça et là, le cours. Attester l’histoire d’un pays, le nôtre, qui avait réussi, sous nos yeux presque, à s’édifier en un redoutable empire et à s’écrouler dans un vacarme de vies broyées.338
Claramente, se despliegan tres ejes narrativos: por un lado, el relato en primer grado del protagonista mientras ejerce su trabajo de agente secreto; por otro lado, el recuento íntimo de la relación entre el narrador y la mujer a quien ama; por último, la reconstrucción de la historia personal y familiar que se expone a través una voz femenina, exterior y extranjera. Estos relatos no sólo se van desarrollando en espacios y tiempos diferentes (espacios de tránsito e historias atropelladas, en la narración del espía; habitaciones cálidas y tiempo detenido, en el retrato de las pasiones; paisajes rusos y huellas de la Historia, en la voz femenina), sino que su nivel expresivo también se va transformando, se va adaptando, a cada momento de la narración.
Desde el punto de vista de la intriga, la novela se desarrolla a partir de los revolucionados itinerarios del protagonista. El espía, perfectamente camuflado, se esconde como el fotógrafo lo hace detrás de la cámara: su intención es permanecer invisible o, al menos, pasar desapercibido, ver sin ser visto. «Mon identité du moment, mes papiers me rendaient banal, invisible. J’aurais pu traverser les frontières de plus en plus perméables de cette nouvelle vieille Europe, m’installer ici
ou ailleurs.»339 Si a lo largo del relato se sigue un atormentado periplo, el devenir de
«un homme sans passé»,340 los párrafos finales abren la puerta hacia el futuro y dejan
entrar un hilo de luz en una vida, hasta entonces, escondida en las sombras de la mentira.
338 Andreï Makine, Requiem pour l’Est, p. 25. 339 Ibid., p. 113.
Una vez más, el aislamiento aparece en la narrativa de Makine como el espacio de salvación. El único refugio que tiene el protagonista ante una vida convulsa es el encuentro íntimo, el alejamiento de todo disturbio exterior, el espacio protegido. No se atreve a llamar «amor» al nexo que lo une a su compañera de misión, pero es capaz de construir con ella una familiaridad que los rescata del anonimato y del secreto: de la falacia. Y una vez más, la guerra es culpable de su separación y el abismo insondable se crea, primero, de manera simbólica, por el viaje de uno hacia Occidente mientras el otro se queda en Oriente, y después, por la muerte de la mujer.
Con nombres falsos e identidades ocultas desfilan los personajes de Requiem
pour l’Est como fantasmas intangibles, sin rostro, sin color de pelo o de ojos, sin
apariencia física. La fotografía aparece en esta novela como una gran paradoja: es el más eficaz recurso del engaño. Un pasaporte o un álbum de fotos son prueba fehaciente de una identidad que no existe, se traslada el valor de la fotografía como «certificado» para constituir todo un universo de mentiras que se convierte en una forma de vida en la que no hay marcha atrás. La identidad real (la historia personal inconfesable, el nombre impronunciable) permanece al abrigo de las fotografías que muestran rostros de personas verdaderas con vidas falsas [Fig. 3]. En este sentido, la fotografía se constituye en constructora de auténticas metaficciones: la invención de identidades e historias ficticias dentro de la propia narración —la ficción en la ficción— pone sobre la mesa el tema de la identidad y le confiere a esta novela su especificidad.
identidad “d’emprunt” fotografía
identidad real Fig. 3 : Requiem pour l’Est
A todo lo largo del relato, el narrador pone de manifiesto la búsqueda de la identidad como un imperativo que debe ser verbalizado y construido de imágenes emocionales y mentales: menos efímeras y más reales que las de la engañosa
realidad. «Un jour il faudra dire la vérité»:341 esta voz se alza como un leitmotiv, como
la melodía principal que mantiene apuntaladas tanto la composición y como la ejecución del Réquiem.