2. LA PRODUCCIÓN DE SUBJETIVIDAD
2.3. La resistencia como un nuevo medio de producción de subjetividad
Vimos que el imperio es un orden político sin fronteras espacio-temporales, que se impone por medio de una fuerza sin límites, y que extiende su poder de mando a todas las dimensiones de la vida. La dinámica del imperio consiste en producir una metamorfosis del espacio político hacia un espacio de una sola trama. La producción de subjetividad sigue la misma dirección del imperio, tiende a no limitarse a cualquier lugar exclusivo, ni a un territorio en particular y tampoco a una institución específica: las subjetividades son producidas de forma indeterminada.
106 NEGRI, Antonio.
El análisis de esta realidad histórico-política nos lleva a rechazar cualquier noción de subjetividad presocial, y a adherirnos a la noción dinámica de subjetividad propuesta por Hardt y Negri. Para estos autores la subjetividad es un proceso social de generación constante.107 La subjetividad no es un instante originario, por el contrario, es un proceso constante, que se configura con la realidad existente, la subjetividad es algo que se construye incesantemente, en el devenir el individuo está siempre construyéndose como sujeto en el curso de su historia. La subjetivación no es una tarea que pueda ser concluida, sino que es una labor de toda la vida.
Todo nuestro trabajoconsiste en la búsqueda de un verdadero poder transformador, que implica afrontar la realidad e ir más allá de las condiciones de existencia dadas. Todos los autores hasta ahora trabajados, nos incitan a evitar cualquier convergencia hacia la existencia de una verdad. Tanto Rorty y Baier como Negri y Lechner están de acuerdo en que debemos empezar por una seria reivindicación de la construcción de nuestra propia subjetividad. La utopía liberal de Rorty consiste en una apuesta pragmática por la oportunidad de todos los miembros de una sociedad para que puedan sugerir maneras de edificar conjuntamente una sociedad universal. Rorty con su teoría de la utopía liberal rechaza completamente los apelativos a realidades trascendentales o metafísicas como fundamento del orden existente. Todos somos invitados a ser partícipes de la construcción de la realidad objetiva, primeramente, reconociendo la contingencia del propio léxico108 y, posteriormente, disponiéndonos a construirlo a partir de una actitud relacional. Así, el pragmatismo de Rorty puede dar un aporte muy importante a nuestro tema, nos enseña a abandonar los deseos imposibles de fundamentar una ética universal y nos invita a apelar a una crítica a las cuestiones
107
Cfr. HARDT, Michael y NEGRI, Antonio. Imperio…, p. 177.
108 La idea de “léxico último” planteada por Rorty puede ser entendida, en nuestro caso, como subjetividad. Para Rorty el “léxico último” es el conjunto de palabras que todos los seres humanos llevan consigo y que utilizan para justificar sus acciones, sus creencias y sus vidas. “Son ésas las palabras con las
cuales formulamos la alabanza de nuestros amigos y el desdén por nuestros enemigos, nuestros proyectos a largo plazo, nuestras dudas más profundas acerca de nosotros mismos, y nuestras esperanzas más elevadas. Son las palabras con las cuales narramos, a veces prospectivamente y a veces retrospectivamente, la historia de nuestra vida”. Cfr. RORTY, Richard. Contingencia, ironía y solidaridad…, p. 91.
sociales mediante ideas utópicas, donde será posible demostrar la insatisfacción provocada por los apelativos trascendentales.
Lo que permite hacer críticas de las afirmaciones vertidas dentro de nuestra cultura y dentro de los patrones heredados de verdad no son las apelaciones verticales, o algún tipo de patrón ahistórico o idea regulativa, sino sugerencias alternativas concretas, sugerencias acerca de cómo redescribir aquello de lo que estamos hablando. Si hay esperanza social, ésta se encuentra en la imaginación, en la gente que describe el futuro en términos que no usaba el pasado.109
Una vez que hayamos superado esta aspiración por una “ética trascendental” como fundamento del orden existente, lo más prudente y coherente será asumir la ética foucaultiana. Negri encuentra en la ética de Foucault una reivindicación de la acción humana. Foucault parte de la diferenciación entre la moral y la ética, donde la moral consiste en un conjunto de reglas que propician determinadas conductas en la vida, es decir, la moral es un conjunto de valores y reglas de acción propuestas a los individuos por medio de instituciones como la familia, la escuela y la Iglesia. En últimas, la moral sería como un mecanismo constructivo del sujeto sin su participación activa, o por lo menos, sin la persuasión del individuo para obrar según ciertas normas. La ética, por su parte, se refiere al modo en que cada uno se construye a sí mismo como sujeto moral.110 Entendemos la ética en Foucault como una posibilidad de que los ciudadanos sean sujetos activos de la construcción de sí mismos. Los valores y creencias, las normas de vida, no deben ser impuestos desde arriba, sino que son el resultado de una labor personal. De este planteamiento de Foucault podemos deducir que su propuesta ética permite al individuo superar la persuasión del entorno e indagar sobre las propias condiciones como materia política.
En este orden de ideas, la figura del “ironista liberal” de Rorty se conjuga
perfectamente con la ética de Foucault. Como fue dicho, el ironista es la persona que no piensa que su léxico esté más cerca de la realidad que el de los demás, sino que considera su propio léxico como una realidad contingente. Para el ironista sus valores y
109 CALDER, Gideón. Rorty y la redescripción…, p. 93. 110
creencias, sus reglas de vida y esperanzas son contingentes, están siempre disponibles para la redescripción. El liberal será la persona que, además de asumir su contingencia, estará siempre comprometido con valores como la libertad, la solidaridad y la erradicación de la crueldad. De tal modo, la utopía liberal consistirá en que el “ironismo
liberal” llegue a ser universal, es decir, donde todos se comprometan en ajustar su vida privada a lo público. La posibilidad de “redescripción” en Rorty y la “ética” de Foucault
son similares111 en el sentido en que ambas implican una reivindicación de la acción humana y la rescisión de verdades preexistentes e inmutables en aras de construir nuevas subjetividades, es una posibilidad del individuo construir su propia subjetividad en un contexto social concreto.
El término ‹‹ética›› aparece por primera vez en Foucault, de manera verdaderamente significativa, en
su recensión del Anti-Edipo de Deleuze-Guattari. Escribía el filósofo: ‹‹El Anti-Edipo, que me
perdonen sus autores, es un libro de ética auténtica, el primer libro de ética escrito en Francia desde
hace mucho tiempo››. La ética es definida aquí como línea del deseo y desarrollo de la cupiditas, como potencia constructiva.112
Cuando Rorty propone la “solidaridad humana” en su utopía liberal está
contrarrestando a los metafísicos y teólogos que creen que podremos llegar a la solidaridad perfecta a partir de fundamentos verticales, y propone que debemos partir de nuestra propia humanidad, de nuestra capacidad reflexiva e imaginativa.
En mi utopía, la solidaridad humana no aparecería como un hecho por reconocer mediante la eliminación del prejuicio, o yéndose a esconder a profundidades antes ocultas, sino, más bien, como una meta por alcanzar. No se la ha de alcanzar por medio de la investigación, sino por medio de la
imaginación, por medio de la capacidad imaginativa de ver a los extraños como compañeros en el sufrimiento. La solidaridad no se descubre, sino se crea, por medio de la reflexión. Se crea
111Esta similitud no abarca la concepción de sujeto de ambos autores, por supuesto, que el sujeto de Rorty es muy distinto del sujeto de Foucault. Mientras Rorty sostiene una unidad narrativa del sujeto, en su
teoría de la redescripción: narramos nuestra propia situación una y otra vez, a través de otros léxicos últimos, como norte y alternativa. Por otro lado, Foucault no mantiene esta unidad narrativa del sujeto,
sino que identifica una subjetivación diversa. Foucault no apuesta a la utopía y, a un ideal de sujeto, como
lo hace Rorty. 112 NEGRI, Antonio.
incrementando nuestra sensibilidad a los detalles particulares del dolor y de la humillación de seres humanos distintos, desconocidos para nosotros.113
Cuando hablamos de que la subjetividad debe ocupar un puesto primordial en el campo de la política, estamos siguiendo la misma idea de Rorty. Estamos diciendo que la vida social no puede ser determinada por una moral preestablecida, sino que todo el ámbito de la vida, como la solidaridad, debe ser una meta por alcanzar, a través de nuestra acción reflexiva y deliberativa. La producción de nuestra subjetividad y, en consecuencia, la realidad que nos rodea, deben seguir la misma idea de la utopía liberal de Rorty, o sea, deben ser procesos donde todos tengamos la oportunidad de sugerir maneras en que podríamos, colectivamente, construir una sociedad universal. La sociedad ideal es una convicción que no tiene otro fundamento más que los hechos históricos, que deben ser indagados con la aspiración de una sociedad más libre y más rica en experiencias.
Pues bien, una vez conocida la fuerza de irrupción de la actual sociedad de control en todo el ámbito de la vida, es razonable que nos quede una sensación de miedo y debilidad. La maquinaria del poder imperial elabora una confabulación que reduce cada vez más la facultad deliberativa del sujeto. Una vez neutralizada la facultad de decisión del sujeto, todo su destino pasa a ser manipulado por las técnicas del poder imperial. Durante un largo desarrollo de la propuesta de Hardt y Negri sobre el tema, estuvimos enfatizando cómo la recién formada sociedad de control ha tomado el dominio sobre la producción de subjetividad, a través de la neutralización de la acción del individuo sobre sí mismo. El individuo contemporáneo está siempre programado, por medio de los dispositivos de control, a acoplarse a la estructura del imperio. Ahora bien, a pesar de esta situación en la que nos encontramos, también existe la posibilidad de contrarrestar los dispositivos y tecnologías del actual poder, con el propósito de derrocar y vaciar el poder imperial.
113 RORTY, Richard.
Una gran parte del primer capítulo y todo el segundo fue una preparación para
llegar al tema “contrapoder”.114 Con el presente tema llegamos al culmen de nuestra reflexión. Vimos cómo las técnicas de poder tienden a construirnos como sujetos, ahora veremos cómo nosotros podemos relacionarnos con las técnicas de poder. Esta reivindicación de la acción humana la encontramos originalmente en Foucault,115 y fue retomada y ampliada posteriormente por Negri. Las prácticas de contrapoder son prácticas de subjetivación. No sólo el poder por medio de sus tácticas de control tiene la fuerza constructiva de subjetividad, sino que, y sobre todo, es la respuesta del individuo al poder la que le otorga a la persona la posibilidad de ser autor de dicha subjetividad. A través de las prácticas de contrapoder el sujeto apela a la ética existencial de Foucault, o sea, reivindica la alternativa de construirse como sujeto, de tomar decisiones sobre sí mismo y sobre las cosas que lo afectan constantemente: “La cuestión, pues, no es
simplemente el poder y su capacidad de construir la subjetividad, sino también y sobre
todo la respuesta al poder, es decir, la resistencia por parte del sujeto”.116 Podemos entonces afirmar que resistir a la guerra imperial de ordenamiento consiste en una afirmación de nuestros más profundos deseos, es la decisión de ser los verdaderos arquitectos de nuestras vidas. Pues bien, ¿cómo oponernos a esta guerra de ordenamiento? Negri dice que no nos podemos oponer a la guerra con la guerra, sino con la afirmación de la primacía de la multitud en la producción de subjetividad, que significa contraponernos al aparato de producción de subjetividad que la guerra quiere imponer.117
114 La multitud cuenta con tres aparatos para contrarrestar al poder imperial: la resistencia, la insurrección y el poder constituyente. La resistencia consiste en “hacer frente” a los poderes que regulan y controlan la
vida. La insurrección consiste en que diversas formas de resistencias se concentran en los mismos objetivos. Este fenómeno ocurre cuando se realiza el movimiento de masas resistentes. El poder constituyente es lo que da forma a la innovación producida por la resistencia y la insurrección. Los resultados de la resistencia y de la insurrección deben ser consolidados por el poder constituyente. Cfr.
NEGRI, Antonio. Cinco lecciones en torno al imperio…, pp. 157-159.
115 Foucault construye su propuesta de la reivindicación del sujeto como constructor de sí mismo a través
de su “ética de la existencia”. Cfr. NEGRI, Antonio. Guías: cinco lecciones en torno al impero…, p. 145. 116 NEGRI Antonio. Cinco lecciones en torno al imperio…, pp. 145-146.
117
La resistencia es una práctica muy usual en los días actuales, con frecuencia la ejercemos contra los padres, contra los profesores, contra el jefe o cualquier otra autoridad que ejerza control sobre la vida social. La resistencia es una dura interacción contra el poder en distintos ámbitos de la vida social. La primera dimensión de la
resistencia de “hacer frente” a algún poder de control es de suma importancia, pero
queremos demostrar otra faceta de la resistencia, que, por cierto, es resultado de la primera: la creación. La resistencia no sólo tiene potencia destructiva, sino que además es creativa: al resistir creamos nuevos estilos de vida, creamos nuestros propios valores y creencias y el espacio donde nuestras esperanzas se empiezan a volver realidad. La sangre derramada por la resistencia es, entonces, la fertilidad de una nueva vida y la afirmación de los deseos de liberación.
Se señaló previamente cómo el poder capitalista se consolida y se vuelve indiscernible de la soberanía imperial, y cómo su dominio llega al continente latinoamericano. Este poder capitalista transforma todo el mundo de la vida en nuestro continente, e impone sus tácticas de construcción subjetiva. La subjetividad en América Latina es el resultado del actual orden global, por esto encontramos nuevos valores, normas de vida, dispositivos mentales, miedos y esperanzas, que están entrelazados con la lógica del mercado y de la globalización. Pues bien, nuestra tarea debe consistir en un continuo desmantelamiento de la estructura social del nuevo orden y, por otro lado, en consolidar y organizar de modo positivo el resultado de nuestros esfuerzos en nuevos esquemas de vida, a través del poder constituyente.
Para una resistencia eficaz se debe cultivar la capacidad de imaginar nuevas alternativas. Las prácticas de resistencia, para que sean creativas, en gran parte dependen de nuestra imaginación colectiva. Cuando estamos bajo el dominio aniquilador del
nuevo orden, debemos imaginar otras alternativas de vida que sean “expresión de libertad”. Aquí aludo a la utopía que vimos anteriormente. Tanto la resistencia como la insurrección no tienen ninguna eficacia sin la utopía. Necesitamos imaginar alternativas al orden existente, para que antes que todo, sea la fuerza alentadora la que nos lleve a
mantener resistencia y, segundo, que el resultado de la resistencia se consolide a través del poder constituyente.
(…) la imaginación alternativa: se trata de pensar, todos juntos, el por-venir como potencia de la multitud, una nueva forma de producción y de reproducción de la vida, y de la lucha contra la muerte. Esta imaginación debe vivir en la resistencia y en la experiencia militante de la insurrección, del mismo modo que los comportamientos de la resistencia y de la insurrección alimentan y renuevan la imaginación constituyente.118
Recordemos la teoría lechneriana de los mapas mentales. Según Lechner, a través de la reconstrucción de las representaciones mentales logramos situarnos en el espacio y tiempo del actual orden vigente. Estas representaciones mentales nos permiten encontrar los nudos del actual orden que nos causa daño y desencanto. Por tal motivo, una resistencia o insurrección no puede ser llevada a cabo sin un mapeamento de la realidad que nos rodea. Fue dicho que todos los mapas, además de representar la realidad, deben orientarnos en el devenir. La resistencia se radica en el proceso de orientación. Una vez que la construcción de las representaciones mentales llegue a su fin, debemos imaginar otras alternativas de vida en vista al futuro, y esta utopía se volverá realidad a través de las prácticas de contrapoder. Para que la política tenga en cuenta nuestros sentimientos y anhelos, debemos imaginar alternativas para el futuro fundadas en sólidos motivos y que sean expresiones del horizonte que buscamos y del mundo que deseamos. Con las ideas utópicas criticamos la realidad existente y creamos otras alternativas a partir de lo que verdaderamente aspiramos. La utopía es un importante canal de resistencia.