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La subjetividad en el discurso político

2. LA PRODUCCIÓN DE SUBJETIVIDAD

2.4. La subjetividad en el discurso político

La fuerza creativa que encontramos en la resistencia es lo que hace realidad nuestras expectativas y convicciones en un nuevo discurso político.119 La resistencia

118 NEGRI, Antonio. Cinco lecciones en torno al imperio…, p. 160.

119Utilizo el término “discurso político” para referirme a las ideas, reglas y principios, por los cuales toda la realidad, tanto objetiva como subjetiva o la interacción de las dos, está regulada y organizada. El discurso político representa el conjunto de imaginarios constitutivos de la acción del sujeto en el mundo de la vida. El engranaje de la sociedad se apoya en el discurso político como justificación de su movimiento.

interviene en el discurso político vigente desestructurando determinados principios regulativos del actual orden global, cuyos resultados se consolidan, a través del poder constituyente, en un nuevo discurso político. La eficacia del poder constituyente se encuentra justamente en su capacidad de establecer de modo irreversible nuevas formas de vida y de afirmación de los deseos de liberación.120 Pues bien, lo que hemos intentado aclarar es justamente el papel de la resistencia como medio del individuo para llegar a ser partícipe del discurso político. Mediante la resistencia se da la producción de subjetividad, y ésta, a través del poder constituyente, llega a reelaborar el discurso político.

El discurso político reelaborado a partir de una producción de subjetividad, será la consolidación de un nuevo orden construido colectivamente, resultado de nuestra creación. Lechner en todas sus obras se apega férreamente a la idea de la construcción colectiva de un nuevo orden. Para un lector inexperto en el tema, puede quedar la impresión de que vivimos bajo un caos, sin embargo, nos dimos cuenta de que, por el contrario, vivimos bajo un orden muy bien arraigado y consciente de su poder y dominio. Lechner, por supuesto, no ignora en ningún momento esta realidad, por tal motivo todo su pensamiento es una continua obstinación por la creación de un nuevo orden que sea el resultado de la deliberación de cada individuo. Este nuevo orden se vuelve realidad cuando la política otorga al individuo la capacidad de apropiar su mundo. Lechner está convencido de que la política es una afirmación de la vida colectiva, o sea, de la interacción de los sujetos en vista de una construcción del orden

deseado: “Intento avanzar hacia una nueva significación del orden a través de una crítica al orden establecido, al desorden existente”.121 Entendemos el desorden en Lechner, como este desajuste entre nuestros códigos interpretativos y la realidad existente. Esta imposibilidad de estructurar el espacio y el tiempo de la realidad actual a través de nuestros antiguos símbolos nos causa la sensación de estar al borde de un caos. Nuestras

Por fin, el discurso político será el imaginario político, es decir, las imágenes que nos formamos de la sociedad en tanto producción del orden, a partir de nuestras subjetividades.

120 Cfr. NEGRI, Antonio.

Guías: cinco lecciones en torno al imperio…, pp. 158-159.

antiguas imágenes de orden ya no funcionan en este nuevo contexto marcado por cambios radicales.

La trama social se trastoca y un mundo que, bien o mal, nos era familiar, se viene abajo. Así y todo, las cosas suelen funcionar sorprendentemente bien, pero no logramos interpretar el estado de cosas. Los códigos interpretativos se desmigajan y, en consecuencia, percibimos la realidad como un gran desorden.122

La reestructuración de un nuevo discurso político, consiste en establecer una

imagen de “nosotros” ciudadanos, que esté impregnada de una subjetividad social. Así, los nuevos universos simbólicos e imaginarios colectivos serán la base del reconocimiento de nuestras obras como edificadoras de nuestro contexto. Al mismo tiempo que reivindiquemos una participación de nuestra subjetividad en el discurso político, también construiremos las bases que propiciarán en nosotros una continua producción y reproducción del mundo en común. Una vez que se logre un discurso político impregnado por nuestros deseos y temores, el próximo paso será provocar los cambios necesarios en la realidad objetiva. La resistencia está siempre presente en este proceso: primero hacemos resistencia con el propósito de reestructurar un discurso político que tenga en cuenta nuestra subjetividad, es decir, de construir un imaginario colectivo como base de la acción humana y, consecuentemente, de llevar a cabo los cambios pertinentes del actual orden. Los resultados de las resistencias deben tomar forma en un nuevo discurso político, a través del poder constituyente. Entonces podemos afirmar que el objetivo de las resistencias se encuentra en reestructurar el discurso político, que será la fuerza originaria de los cambios en la plataforma social.

Para que sea posible una reforma en el discurso, corresponde a la política abarcar en sí todos los miedos e ilusiones, expectativas y experiencias de las personas. El discurso

político será el imaginario de “nosotros”, que posibilitará a los ciudadanos apropiarse del proceso social.

122 LECHNER, Norbert

. “Las transformaciones de la política”. En: Revista Mexicana de sociología. Vol.

Es tarea de la política, dije, y una de sus tareas más nobles, acoger los deseos y los malestares, las ansiedades y las dudas de la gente, e incorporar sus vivencias al discurso público. Así, dando cabida a la subjetividad, la política da al ciudadano la oportunidad de reconocer su experiencia cotidiana como parte de la vida en sociedad.123

El discurso político debe ser la concretización de todos nuestros miedos y deseos, de nuestras convicciones y vivencias. De esta manera, formaremos el “imaginario

colectivo”, o sea, la idea de que todos podemos ser protagonistas de un orden que sea resultado de nuestros deseos. Una vez que la realidad social sea entendida como obra humana y no como un conjunto de fenómenos naturales, la política alcanza su razón de ser. La política se torna, entonces, como el espacio donde se puede hacer visible lo colectivo, reconstruyendo los contextos, relacionando nuestras creencias y valores, experiencias y pasiones con las instituciones y estructuras establecidas. En este sentido, entendemos la construcción democrática como una construcción de nuestra subjetividad. Una vez que el discurso político sea un reflejo de lo que verdaderamente somos y

queremos, podremos decir que tenemos una autentica “política subjetiva”.

La idea de subjetividad aparece como un contrapeso a la política meramente institucional o estructural, es una llamada a hacer que nuestras biografías personales sean partícipes de la política. Para entender el lugar de la subjetividad conviene primeramente entender el concepto de política en Lechner. Para nuestro autor la política

es la “conflictiva y nunca acaba construcción del orden deseado”.124 Esta pequeña definición nos deja muchas ideas. Cuando Lechner nos dice que la política es

“conflictiva”, su afirmación implica obligatoriamente que sea colectiva. En el mundo político deben participar todos los miembros de la sociedad, pues el futuro no puede ser determinado por alguna verdad religiosa o tampoco por una objetividad científica a costa de la negación del reconocimiento de otras posturas. El futuro debe ser construido a partir de la diversidad, no sólo de intereses, sino además, de opiniones, deseos,

123 LECHNER, Norbert. La conflictiva y nunca acabada construcción del orden deseado…, p. 12. 124

experiencias y convicciones.125 La participación subjetiva en la política es fundamental, y no debe ser sustituida por ninguna teoría que se crea autosuficiente. La subjetividad sólo tendrá lugar en la política cuando ésta sea considerada como una construcción colectiva, donde cada individuo tenga algo que aportar y decir sobre la construcción del porvenir.

La propuesta de Lechner me parece acertada, es una tentativa de dar sentido a la política a partir de lo que tenemos, o sea, de nuestras biografías personales. El desencanto con la política contemporánea tiene su origen en la abolición de la subjetividad del discurso político. No nos sentimos actores de los recientes cambios y tampoco partícipes del porvenir. Vivimos bajo un orden que no deseamos.

Al iniciar el primer capítulo decíamos que no podemos aceptar la “naturalización de lo social”, sino que debemos reivindicar el carácter constructivista de la política. No

obstante, el actual orden se impone y neutraliza cualquier intervención deliberada de los ciudadanos. El imperio ha buscado alejarnos de la acción social, transfigurando el orden social en un aparente orden natural y sacralizado. La globalización y la sociedad de mercado y consumo, además de derrumbar la acción social colectiva, también reduce la vida social a una completa individualización. De tal modo que nuestras subjetividades reducidas al ámbito privado se vuelven más débiles para combatir el orden establecido. Este orden mundial se camufla en la apariencia de algo eterno e inmutable, como regulador de toda la vida humana, en todos sus ámbitos. Este orden global (la actual realidad objetiva), no permite la deliberación subjetiva en los asuntos públicos, y además condiciona la propia vida privada. De todo esto, resulta una conflictiva y traumática relación entre la realidad objetiva y la subjetiva. Nuestros miedos, desencantos y esperanzas no hacen parte del discurso político del nuevo orden mundial. El actual orden

125Quiero hacer énfasis en la importancia de las “convicciones” en Rorty. Para el autor, nuestras acciones no deben intentar aspirar a algo que se encuentre más allá de la historia y de las instituciones como

fundamento, sino que nuestras acciones deben ser reguladas por nuestras “convicciones”, que continuarán

siendo consideradas como algo por lo cual vale la pena morir, aunque sepamos que estas convicciones no son nada más que las que surgen de nuestras contingentes circunstancias históricas. Cfr. RORTY, Richard. Contingencia, Ironía y Solidaridad…, p. 208.

global nos ve, nos considera y nos constituye como seres apáticos. Este es el discurso político del imperio.

El mercado simboliza “algo” más que un mecanismo de coordinación social. Él encarna la

sacralización de determinados principios: eficiencia, productividad, competitividad, rentabilidad.

Estos quedan investidos de la autoridad moral necesaria para legitimar los “imperativos” del

mercado y justificar los costos sociales. Al mismo tiempo, esas leyes sagradas permiten denunciar los esfuerzos de los hombres por construir deliberadamente su futuro como el Mal que acecha al orden establecido.126

El actual fenómeno imperial que estamos presenciando consiste en la inmovilización de la convivencia hasta llegar a convertirla en un sistema macizo y distante. Lechner llama a este fenómeno “des-subjetivación”, que consiste en una

máxima objetivación de las relaciones interpersonales en un único sistema abstracto y auto-regulado.127 Esta sacralización de la “lógica del sistema” no tiene en cuenta la

subjetividad, sino que pretende moldear al individuo de acuerdo con sus estrategias y necesidades.

La vida en todas sus dimensiones se encuentra, bajo el imperio, en un profundo silencio, los dispositivos de la guerra de ordenamiento impiden a las personas verbalizar sus carencias y deseos. Los actuales cambios se dan sin la participación ciudadana, por el contrario, el individuo debe acoplarse bajo las fuerzas del dominio imperial. Gran parte de los ciudadanos no llegan a apropiarse del proceso social como algo suyo, que los instituya como sujetos de los cambios. Por tal motivo, no podemos hablar de política en el sentido propio de la palabra, ya que lo esencial de la política es que ella sea una

acción colectiva y productora de “vínculo social”.128 En la medida en que los individuos

empiecen a construir lo social por medio de una reivindicación de la “auto-

126 LECHNER, Norbert.

Las sombras del mañana: la dimensión subjetiva de la política…, p.22. 127

Cfr. LECHNER, Norbert. Lassombras del mañana: la dimensión subjetiva de la política…, p. 119. 128 Lechner entiende por “vínculo social” el patrimonio de conocimientos y hábitos, de experiencias prácticas y disposiciones mentales que una sociedad acumula, reproduce y transforma a lo largo de generaciones. Cfr. LECHNER, Norbert. Las sombras del mañana: la dimensión subjetiva de la política…,

determinación”, podemos decir que ellos han logrado ser sujetos de su devenir y por ende de la repercusión social de éste.

El imperio con sus aparatos de control, como por ejemplo la guerra de ordenamiento, ha causado un ambiente de miedo y desencanto. Nada nos hace más infelices que la imposibilidad de cambiar la cruda realidad que nos ha tocado vivir. Esta es la intención del imperio, dejarnos convencidos de que nada se puede cambiar, que estamos confinados a vivir bajo el mando imperial. En el imperio encontramos al individuo atemorizado, aislado y anestesiado: como dirían los psicólogos, genera una

„desesperanza aprendida‟.

Nuestro primer acto de resistencia debe concentrarse en cambiar este discurso político del imperio y después, en un segundo momento, hacer frente a determinados puntos de este actual orden. El discurso político en las prácticas de “contrapoder” juega

un papel de gran importancia, ya que es el discurso político el que justifica todo el andamiaje del proceso social. Una vez que estas imágenes de la sociedad sean cambiadas, será más fácil una construcción colectiva del entorno. La política se constituye como el espacio donde se puede hacer visible lo colectivo, reconstruyendo los contextos, relacionando nuestras creencias y valores, experiencias y pasiones con las instituciones y estructuras establecidas. En este sentido, entendemos la construcción democrática como una construcción de nuestra subjetividad.

Enfatizamos varias veces en el primer capítulo que los recientes cambios socioculturales alteraron el espacio geográfico y el tiempo que nos eran familiares. Nuestros antiguos códigos de interpretación se tornaron obsoletos, a tal punto que vivimos desorientados bajo el dominio del actual orden mundial. Por esto, incumbe al discurso político imbuirse de símbolos que permitan una razonable interpretación de la realidad, a partir de nuestras subjetividades. En el discurso político se da una relación dialéctica de nuestras subjetividades con determinadas facetas del orden existente. En

cierto sentido, el discurso político debe ser la representación física de los mapas mentales, donde interactúan nuestras subjetividades con la realidad objetiva.129