1. Introducción
La toma de decisiones constituye una de las acciones vitales más importante de la existencia humana y abarca todos los espacios de su actuación. Tiene implicaciones en los procesos cognitivos y en los afectivos.
La idea de su entrenabilidad esta surgiendo de forma muy potente en esta última década. Posiblemente sea debido a varias causas. Entre ellas se encuentra, quizás con carácter prioritario, el crecimiento cada vez más fuerte de oferta al pensamiento y al afecto de la persona, y la imposibilidad de esta de abarcarlo todo. Esta limitación implica la realización de una adecuada selección sobre la totalidad o lo ofertado. Ello constituye básicamente un problema que transciende la barrera del problema cuando se convierte en conflicto y toma su autentica medida cuando se resuelve de forma satisfactoria cuando menos a largo plazo y cuando menos a corto y mediano.
En esta década ha surgido multiplicidad de programas de intervención en los que se propone entrenamientos en estas habilidades. Ante tal acumulo de oferta nos parece conveniente establecer unos criterios que nos ayuden a seleccionar aquellos que resulten más potentes o al menos que impliquen el mayor numero de variables a tener en cuenta para el establecimiento de los entrenamientos oportunos.
Posiblemente lo primero que nos tenemos que plantear es un mínimo marco conceptual que necesariamente empieza por ubicar el tema de toma de decisiones dentro de un marco mucho más general como es, a nuestro modo de ver, el de la resolución de conflicto o problema. Esta misma opción conceptual manifiesta entre conflicto y problema nos debe llevar igualmente a establecer una previa diferenciación entre ambos conceptos: problema y conflicto.
Entendemos por problema toda oferta de variables que contiene un mensaje de búsqueda resolutiva, que se obtiene mediante un adecuado procedimiento de selección y combinación oportuna de datos contenidos de forma implícita o explícita en el mismo. Los contenidos de estos mensajes pueden ser múltiples y vienen expresados en diferentes códigos de comunicación. Los problemas en si son neutrales. Se convierte en conflicto cuando la persona humana se propone a resolverlos y no encuentra de momento un camino adecuado de solución. Puede haber impedimentos. Puede haber una demora en la respuesta. Pero sobre todo puede darse conflicto. Es decir en la resolución del problema hay implícita o explícita una selección y una opción.
La línea seguida por todo problema es pasar a conflicto y retornar en problema cuando se procede a su auténtico enunciado y se entra finalmente en la fase resolutiva del mismo. Resolución que puede ser total o parcial. No todos los problemas son solubles pero sí todos los conflictos. Por ello la distinción entre problema y conflicto es importante al inicio de este micro programa.
Podemos definir un conflicto como una situación vital que requiere una respuesta para el funcionamiento eficiente pero para el cual la persona o el grupo de personas que padece esa situación no dispone de una respuesta efectiva inmediatamente (Zurilla, 1993).
Podemos definir la solución como la respuesta de enfrentamiento que es efectiva porque altera la situación problemática y/o las reacciones propias hacia ella, de modo que no sean percibida como conflictiva durante más tiempo y maximice las consecuencias positivas (beneficios) y minimice las consecuencias negativas (costes) (Zurilla, 1993).
En definitiva vamos a entender como resolución de conflictos como un proceso cognitivo, afectivo y conductual mediante el cual la persona humana o el grupo humano identifica o descubre medios efectivos para sobrellevar los problemas que surgen de la vida ordinaria.
Existen múltiples programas de entrenamiento para la resolución de conflictos y toma de decisiones.
2.1. Proyecto de Inteligencia Harvard (P.I.D.)
A través de sus seis volúmenes para los educadores (profesores, maestros y padres) y otros tantos cuadernos de trabajo para los alumnos, nos enseña a: fundamentar nuestro razonamiento, comprender mejor el lenguaje, expresar adecuadamente nuestros razonamientos, resolver problemas, tomar decisiones y desarrollar el pensamiento creativo. El tomo V. Lo dedica a este tema.
El (P.I.H.) es un método que procura desarrollar la inteligencia a través de un curso eminentemente práctico de 99 lecciones con una duración aproximada de 45 minutos cada una.
Está dirigido a cualquier persona, especialmente desde los doce años en adelante, que, en plena adolescencia, aún no han adquirido estrategias elementales de pensamiento.
Pueden beneficiarse de él aquellos alumnos comprendidos dentro de la Educación Secundaria Obligatoria (E.S.O.), así como personas adultas sin estudios o cursando otros niveles académicos (Educación Permanente de Adultos (E.P.A.), Formación Profesional Adaptada,...) y, en general todos aquellos que, ya inmersos en la adolescencia, aún no han desarrollado las estrategias habituales del pensamiento formal propias de su edad.
El objetivo general del P.I.H. es el de desarrollar habilidades, estrategias y procesos de pensamiento - que están en la base de los demás aprendizajes - que sean útiles en sí mismos y que faciliten la adquisición de otras habilidades y conocimientos, generalizables a situaciones y contextos de la vida personal, social y laboral.
2.2. Programa de Toma de decisiones vocacionales
Francisco Rivas (1995) ofrece un amplio repertorio de programas cuando los clasifica en programas descriptivos y prescriptivos según respondan a las preguntas del como o del cual es el método más adecuado para proceder ante un conflicto.
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Algunas teorías sobre el proceso de toma de decisiones se remontan a tiempos tan lejanos como el siglo IV antes de C., con el filósofo Aristóteles y su desarrollo de las reglas de la lógica. El uso de la razón como base y método para un proceso individual de toma de decisiones: un proceso, por medio del cual, el sujeto valora formalmente las alternativas, sopesando los pros y los
contras de cada una, y eligiendo aquella que le proporciona la mayor ganancia personal.
Durante el periodo comprendido entre 1950 y 1980, se elaboran múltiples teorías sobre como se toman las decisiones vocacionales, bien describiendo el proceso, bien dando “recetas” sobre como se debe proceder a la hora de tomar una decisión vocacional.
•• MODELOS DESCRIPTIVOS.
Pretenden contestar a la siguiente pregunta: ¿cómo se toman las decisiones vocacionales?. Representan una gran variedad de perspectivas teóricas, destacando entre ellas la de Tiedeman y O´Hara (1963), quienes describieron el proceso completo de tomar una decisión a través de una serie de etapas y subetapas:
Etapas 1. Anticipación
a) Exploración: el sujeto acumula información para diferenciar y clarificar objetivos
b) Cristalización: el sujeto analiza y confronta los objetivos con las demandas, costos y recompensas
c) Elección: el sujeto selecciona una alternativa, lo que implica el compromiso con un objetivo
d) Clarificación: el sujeto especifica de qué manera la alternativa elegida será llevada a cabo
2 . Ejecución y ajuste
a) Inducción: el sujeto es receptivo a las consecuencias de llevar a cabo una determinada alternativa
b) Reformulación: el sujeto realiza un esfuerzo activo para asumir algunas de esas consecuencias
c) Mantenimiento: el sujeto hace balance entre sus esfuerzos asertivos y las demandas del medio
Evaluación de los modelos descriptivos del proceso de toma de decisiones
Los modelos descriptivos tienen, a menudo, dos caminos para la valoración de los procesos de toma de decisiones vocacionales.
El primero se deriva de las amplias etapas de los modelos de Tiedeman
y O´Hara (1963), y Harren (1979), y cristaliza en una valoración del proceso seguido por un sujeto a través de la descripción que el mismo sujeto hace.
El segundo tipo de valoración se desprende de la influencia de la
Teoría de la Disonancia Cognitiva (entendida como el ímpetu necesario para tomar una decisión) en los modelos de Hilton (1962) y Janis y Manm (1977). Cristaliza en medidas que describen la satisfacción del sujeto con la decisión tomada.