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Responsabilidad civil: la “causa” como concepto valorativo

Mas lo cierto y a la luz de la muestra que ha sido obtenida, es que estamos en condiciones de poder otorgar al menos una respuesta provisoriamente afirmativa a la

DESCRIPTIVO O VALORATIVO?

IV. Responsabilidad civil: la “causa” como concepto valorativo

Dentro de la doctrina civilista argentina no son muchos los que entienden la causalidad como un concepto estrictamente valorativo, aunque podemos mencionar a Carlos A. Echevesti como uno de ellos 17.

El precitado autor entiende que existe una identidad entre los conceptos de culpa (de indudable naturaleza valorativa) y de causa, siendo, además, sumamente crítico en relación a lo que supra hemos calificado como la concepción standard en la materia:

“La existencia de identidad entre los conceptos de culpa con el de causa, o superposición de ambos -como otras veces se la ha calificado-, es sumamente preocupante. Significa, ni más ni menos, efectuar una doble verbalización, realizar discursos tautológicos. La causa -definida desde la previsibilidad, condición adecuada, humana, etc.- repite, reitera, el mismo discurso que el de la culpa apreciada en abstracto.

Si el relato propuesto es el de la culpa, el de la causa es una tautología del mismo. Por ello debe suponerse lógicamente “inútil”. El penetrante pensamiento de Alberto Bueres dice que el fenómeno de la causalidad tiene con el de la culpablilidad un elemento común: la previsibilidad. Pero sucede que en el primer caso se computa la previsibilidad in abstracto, mientras que en el segundo la previsibilidad se valora -al menos en parte- in concreto 18

.

Ante ello cabe preguntarse: ¿cuál fue el aporte de la doctrina de la

causalidad adecuada al Derecho que no sea el de repetir el inveterado discurso de la culpa in abstracto?; y si la causalidad adecuada emplea la

previsibilidad del agente, ¿cuál otro que no sea la repetición del discurso de culpabilidad juzgada in concreto?

La teoría de la causalidad jurídica viene epistemológicamente afectada, pues entre otras cosas no es fructífera, es decir, no descubre nuevas relaciones previamente inadvertidas entre fenómenos ya conocidos 19 ni fértil 20; y en consecuencia embreta a los interlocutores del Derecho (abogados, jueces y juristas) en extensos desarrollos -alegaciones, considerandos y títulos-, como si trataran una instancia diversa de la teoría de la culpa, cuando estos vocablos no refieren ni más ni menos que una misma realidad.

A la trama del lenguaje científico de la responsabilidad jurídica, de por sí complejo y sensible a los cambios impulsados desde las demandas de justicia de los damnificados, el discurso de la teoría de la condición adecuada agrega innecesariamente otra cuita, implica una superposición de lo que se denomina presupuesto o requisito de la reparación”21.

A pesar de las contundentes e inequívocas manifestaciones vertidas en los párrafos arriba transcriptos, Echevesti da marcha atrás en la identificación plena entre los conceptos de culpa y causa para los casos de responsabilidad objetiva derivada del hecho de las cosas, consagrada legislativamente en el art. 1113 del Código Civil argentino.

Nos dice al respecto: “El reconocimiento de la imputación material o física es una cuestión de interpretación lógica de la realidad que parte de este previo ajuste: la aceptación de que las cosas actúan per se. ... . Este reconocimiento de la causalidad física en la responsabilidad lo es indirectamente en virtud del emplazamiento que las cosas actuantes tienen con las personas (dueño o guardián), y viene impuesta por profundas razones axiológicas. Esta causación física o material (no la adecuada), es la que se tiene en cuenta en la responsabilidad del hecho de las cosas (animadas o inanimadas)”22.

De este modo, para el autor, la causa se identifica con la culpa sólo en las instancias de imputación culposa -o dolosa, claro está-, en tanto que en las instancias de responsabilidad objetiva la noción de causa resulta diferente a la de culpa. No especifica el autor si el presupuesto de relación causal sigue siendo, en este caso, también un concepto de naturaleza axiológica (en el párrafo que hemos transcripto nos dice que se “impone” la responsabilidad objetiva por “razones axiológicas”, pero no nos dice que el concepto mismo de causalidad correspondiente a la responsabilidad objetiva sea de esa índole).

A manera de avance, diremos que nos parece poco útil desde el punto de vista teórico la duplicidad de los conceptos de “causa” en que incurre Echevesti.

Si bien nosotros mismos entendemos que la noción de causa en el ámbito del derecho de la responsabilidad civil es, inevitablemente, de índole valorativa, no la consideramos en modo alguno como un concepto idéntico al de culpa.

Ello así, toda vez que, como el propio Echevesti reconoce, existen instancias de aplicación de la noción de causalidad en los cuales ésta puede desvincularse de toda noción de culpa concebida como juicio de reproche individual, por caso las instancias de aplicación de la denominada responsabilidad objetiva.

Dentro del ámbito de la Filosofía del Derecho, es más fácil encontrar autores que adscriban a esta concepción de la causa como un concepto de

naturaleza valorativa.

Entre ellos, podemos citar a Carlos Santiago Nino, quien en su obra

Introducción a la filosofía de la acción humana 23, analiza críticamente las principales teorías acerca de la naturaleza del vínculo causal entre acción y resultado que se han dado en el campo jurídico -especialmente en el campo del derecho penal, en donde dicho desarrollo ha sido más amplio-, a los efectos de fundar la responsabilidad del agente del daño.

Las teorías analizadas por Nino son: la teoría de la equivalencia de las condiciones, la teoría de la causalidad eficiente o próxima, la teoría de la causalidad adecuada, la teoría de la causa humana y la teoría de la causalidad típica.

Una vez descartada la plausibilidad de tales teorías, Nino intenta aproximarse al concepto de causa, conforme éste es empleado en el mundo jurídico para atribuir responsabilidad. Entiende que dicho concepto se corresponde, prima facie, con el concepto de causa que manejamos en el lenguaje ordinario y sostiene la naturaleza valorativa del vínculo causal cuando hacemos uso de esta idea en el marco de los discursos jurídicos.

De acuerdo con la descripción que ofrece Nino, según la teoría de la equivalencia de condiciones “... desde un punto de vista meramente fáctico no es posible discriminar entre todas las circunstancias o hechos que son condiciones necesarias de un suceso; la diferencia usual entre causas y condiciones de un resultado es científicamente infundada. Toda acción que constituye una condición necesaria de un cierto evento, ... , consiste en una causa de tal evento. Claro está que éste es un juicio puramente fáctico y no implica de por sí un juicio acerca de la responsabilidad del agente; éste dependerá también de consideraciones normativas acerca de la ilicitud o justificabilidad de la conducta ... del agente”24.

La crítica que Nino formula a esta doctrina es que ésta nos lleva a una hipertrofia causal sin que tengamos un criterio de distinción entre las causas a tener en cuenta en materia jurídica. La red causal, como ya mencionamos en puntos anteriores, se extiende potencialmente al infinito.

Por su parte, la teoría de la causalidad eficiente o próxima, a los efectos de distinguir la causa del daño de entre todas las condiciones necesarias, apela a un intrínseco poder de causación de alguna de las causas necesarias, sea por cualidad, sea por proximidad temporal con el resultado, intentando encontrar el factor que rompe el equilibrio entre condiciones que favorecen y que impiden dicho resultado.

Refiere Nino que “La crítica general a la primera variante es que ella se apoya en una especie de concepción mágica del vínculo causal que fue definitivamente desacreditada por Hume. En cuanto a la idea de causa próxima parece basarse en una circunstancia irrelevante ya que ... en muchos casos el evento más inmediato al resultado no es algo que estemos dispuestos a considerar como su causa o por lo menos como su única causa”25.

La teoría de la causalidad adecuada sostiene que no hay causalidad en el caso singular sino que dos fenómenos están en una conexión causal en la medida en que pertenezcan a clases genéricas de hechos que se suceden regularmente, en virtud de lo cual puede establecerse una ley general explicativa de la relación de causalidad. El juicio de que si uno de ellos no se hubiera dado el efecto tampoco se habría dado toma en cuenta tal regularidad.

de la equivalencia de condiciones porque “... se da la regularidad requerida en todos los casos en que es justificado decir que una acción es condición necesaria de un evento...” y la clase de casos en que esto ocurre es potencialmente infinita o, al menos, “... mucho más amplia de lo conveniente...”26.

“Para salvarse de esta objeción los partidarios de esta teoría introducen un nuevo elemento: el de la previsibilidad. Pero esto genera a su vez la crítica de que, en la medida en que se agrega algo distinto de la regularidad, se pasa... al plano normativo en que se discute la culpabilidad del agente”27.

Respecto de la denominada teoría de la causa humana, Nino refiere lo siguiente: “Bajo este rubro deben mencionarse una serie de concepciones muy oscuras y vagas que se desarrollan en torno a la idea de que la acción humana es un caso especial de causa, gracias al poder del hombre de anticipar mentalmente el curso sucesivo de los hechos y de dirigir esos hechos hacia la consecución de un cierto objetivo final”, agregando como crítica a la misma que “... salvo por la posible confusión -como la teoría anterior 28- con cuestiones normativas de culpabilidad al tomar en cuenta la previsibilidad del agente, el contenido de este tipo de concepciones es completamente vacuo: todo el aspecto del cálculo y del dominio del agente sobre posibles cursos alternativos, es, por supuesto, sumamente relevante para explicar la generación de una acción sin que quepa duda alguna de que esa generación es radicalmente distinguible de la producción de fenómenos como la caída de un rayo, pero una vez que una acción se ejecuta no se ve qué hay de especialmente distintivo en la relación entre los movimientos corporales que la constituyen y eventos sucesivos como la muerte de un hombre; se trata de una relación entre hechos describibles en términos puramente físicos, sin que la alusión a procesos mentales precedentes o concomitantes contribuya a esclarecerla”29.

Finalmente, describe la teoría de la causalidad típica diciendo que

“Según esta concepción, se comete un error cuando se pretende dar criterios a priori y universales para la adscripción de efectos causales; hay que atender en cada caso al significado empleado en la descripción relevante de la acción, como aquella contenida en las normas penales. Por ejemplo, el significado ordinario de “matar” nos puede guiar con seguridad frente a ejemplos problemáticos...: es claro que Pedro y Juan matan en el... caso en que sus balas ingresan al mismo tiempo al corazón de Roberto, y es también claro que, en cambio, Diego no mata cuando conduce a Roberto al bosque, cualquiera sea su intención, aunque ayude a matar”, criticándola debido a que “Esta tesis resulta prima facie atractiva; sin embargo, creo que la aparente sencillez con que resuelve engorrosos problemas es engañosa: la definición más plausible de “matar” es “causar la muerte de alguien” y en consecuencia, la aplicabilidad de aquel verbo depende de que pueda adscribirse causalmente a la acción el que alguien haya muerto; si hay casos en que nuestra respuesta espontánea es más o menos clara, ello es porque hay criterios subyacentes para la adscripción causal...” 30.

Nino, por tanto, rechaza las doctrinas precedentemente referidas. Para él, el concepto de causa que se utiliza en el ámbito jurídico y moral no es diferente del concepto ordinario de causa proveniente del uso del lenguaje natural y este concepto ordinario de causa no es valorativamente neutral 31.

Para Nino, el concepto ordinario de causa “... recoge consideraciones valorativas y pragmáticas muy básicas y generales (diferentes en grado a

las consideraciones específicas que se toman en cuenta ulteriormente para asignar responsabilidad). ...

Creo que éste es un punto importante que explica el fracaso de las teorías tradicionales de la relación causal que pretenden prescindir de las consideraciones normativas que relegan a la apreciación de la antijuricidad de una conducta: esas consideraciones se han infiltrado en el concepto ordinario de causa con el que juzgamos el éxito de tales teorías ya que aquel concepto se ha ido moldeando no sólo en contextos explicativos sino también en contextos de atribución de responsabilidad. Por lo tanto no es que en el derecho y la moral se necesite un concepto especial de causa de índole normativa, como algunos autores proponen: el concepto ordinario de causa ya es de esa índole (...) ”32.

También desde la Filosofía del Derecho, pero ya dentro del ámbito específico del análisis causal en el marco de la responsabilidad civil, Guido Calabresi también se pronuncia por la naturaleza sustancialmente valorativa de la relación causal considerada como presupuesto de la responsabilidad civil 33.

Según Calabresi, los “requisitos causales” deben ser justificados en términos funcionales, al igual que cualquier otro requisito legal.

En consecuencia, para este autor, muchas de las preguntas filosóficas acerca de la “causa” que aparentan ser significativas “... se tornan irrelevantes respecto del uso de tal término en el contexto del derecho” 34, dado que lo que, en definitiva, importa es que satisfagan en la mejor medida posible las necesidades humanas que el derecho debe servir.

Ejemplifica Calabresi que, en razón de lo expresado, “En lo que concierne al lenguaje legal, la “causa” de una enfermedad dependerá de cómo, en un momento dado, podrá ser más fácilmente controlada. Desde este punto de vista, en el siglo XIX hubiera sido apropiado hablar de la “causa” de la tuberculosis como la ausencia de sol y la presencia de malas condiciones de vida. Otros factores posibles, que eran causas sine qua non

y vinculadas causalmente, no estaban sujetos al control humano, corriente o hipotético. Con la identificación del bacilo de Koch todo cambió. Primero potencialmente y luego en la práctica, los esfuerzos dirigidos hacia este elemento causalmente vinculado parecían capaces de controlar la enfermedad”35.

Esta particularidad del concepto de causa es lo que provoca, a criterio del autor, que la definición práctica de causa en el ámbito del derecho varíe cuando varían los objetivos perseguidos por diferentes instituciones jurídicas o cuando varían las posibilidades prácticas de lograr esos objetivos.

Y esto, a su vez, es lo que explica que los tribunales apelen a diferentes conceptos de causa según el contexto decisional en que se encuentren.

Calabresi considera que, en ciertas ocasiones, el discurso jurídico parece presentarse como valorativamente neutro respecto de la noción de causa, pero que cuando adquiere esa apariencia lo hace únicamente porque en esas ocasiones la noción de causa es utilizada en contextos donde “los objetivos apropiados le requieren establecerse de modo casi universal” 36.