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FERTILIZACIÓN DE LA CEBADA

7. RESPUESTA AL NITRÓGENO

La cebada requiere un buen suministro de nitrógeno para su crecimiento y producción. Sin embargo, debe evitarse el uso excesivo de este elemento en los programas de fertiliza- ción por cuanto las sobredosis prolongan el período vegetativo, pueden ocasionar mala calidad cervecera y pueden provocar volcamiento en el campo.

Dentro de la planta, el nitrógeno forma parte de las proteínas, de las enzimas y de mu- chos productos metabólicos intermedios en la síntesis y transferencia de energía. En el suelo, el nitrógeno está ligado a la materia orgánica, la cual debe sufrir una serie de transformaciones para dejar el nitrógeno en forma asimilable para las plantas. Solo unos pocos kilogramos de nitrógeno en formas aprovechables (NH4+ y NO

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-) son el producto de esas transformaciones. Es por ello, que casi obligatoriamente se hace necesaria la ferti- lización nitrogenada.

Quizás los primeros resultados publicados sobre fertilización nitrogenada en cebada han sido los reportados por Rodríguez y Rico (1969) quienes en base a 46 ensayos realizados en Boyacá y Cundinamarca, encontraron que la aplicación de 60 y 90 kg/ha de nitróge- no causaron efectos depresivos en los rendimientos, cuando estas dosis se aplicaron a suelos oscuros ricos en materia orgánica. En suelos claros, asociados con bajos conteni- dos de materia orgánica, obtuvieron respuesta positiva a dosis crecientes de 30, 60 y 90 kg/ha de nitrógeno, pero los incrementos en producción, no justificaban económica- mente la aplicación de más de 30 kg/ha de nitrógeno. Hoy en día, el panorama quizá sea un poco diferente, por cuanto el uso continuo de suelos en agricultura, propicia la des- composición más acelerada de la materia orgánica y la degradación rápida o lenta de los suelos, pudiéndose pensar que las respuestas que pudieran encontrarse ahora, sean dife- rentes a las de las mencionadas investigaciones.

Ensayos más recientes (Fernández, 1982) realizados en Mosquera (disponibilidad mode- rada de N) y en Villapinzón y Tibasosa (baja disponibilidad de N) mostraron respuesta positiva a la aplicación de 30, 60, 75, 90 y 120 kg/ha de nitrógeno en relación al testigo sin nitrógeno, cuando se utilizaron materiales genéticos promisorios obtenidos por el Programa de Fitomejoramiento de Malterías de Colombia, S.A. Los más altos rendi- mientos se obtuvieron con aplicaciones de 90 y 120 kg/ha.

En Marengo, cerca a Mosquera, Cantillo y Caldas (1983) encontraron rendimientos que superaron 4,0 ton/ha con la aplicación de 30 kg/ha de N en combinación con 150 kg/ha de P2O5 y 30 kg/ha de K2O. A pesar de que encontraron incrementos significati- vos en los rendimientos con dosis de 30 kg/ha de nitrógeno, la respuesta fue dependien- te de la densidad de siembra, tendiendo a desaparecer cuando se pasó de 40 a 85 kg/ha de semilla.

Ensayos llevados a cabo por Madero (1986A), para estudiar la influencia de las interacciones entre épocas de siembra, dosis de nitrógeno y densidad de población en los rendimientos y calidad de la variedad “Chía” en Tundama (Cundinamarca) e Iraca (Boyacá), mostra- ron en general que las siembras realizadas en marzo en comparación con las hechas en febrero y abril presentaron mayores rendimientos. Las dosis de nitrógeno utilizadas fue- ron: 0, 45, 70, 90 y 120 kg/ha correspondiendo a cada dosis tres densidades de siembra: 90, 120 y 140 kg/ha de semilla. Concluye el autor, respecto a la fertilización nitrogenada, que las dosis de 70 y 90 kg/ha se revelaron en general como las más recomendables en Tundama y las de 90 y 120 kg/ha en Iraca, para optimizar rendimiento.

En Tundama, para las densidades de 90, 120 y 140 kg/ha de semilla, fueron para las siembras de febrero: 824, 601 y 339 kg/ha, para las de marzo: 1.339, 2.703 y 2.623 kg/ha y para las de la primera semana de abril: 2.533, 2.299 y 2.441 kg/ha respectiva- mente, observándose que el rendimiento fue dependiente de la época de siembra y, hasta cierto grado, de la densidad de la siembra.

Para las mismas densidades, los mejores rendimientos se obtuvieron con las siguientes combinaciones de dosis de nitrógeno y época de siembra: febrero: 120 kg/ha de nitróge- no (1.964 kg/ha de cebada); marzo: 90 kg/ha de nitrógeno (3.456 kg/ha de cebada) y abril: 45 kg/ha de nitrógeno (3.342 kg/ha de cebada).

En suelos volcánicos del departamento de Nariño, Muñoz, Weickzorek y León (1973) y Navia y Soto (1968), encontraron respuestas positivas a la aplicación de 30 a 90 kg/ha de nitrógeno, cuando se aplicaron niveles de fósforo (P2O5) entre 125 y 150 kg/ha; cuando aplicaron dosis inferiores de fósforo la respuesta fue nula.

Ensayos recientes llevados a cabo por Campuzano (1986) en los municipios de Yacuanquer e Iles, arrojaron los siguientes rendimientos: 2.018, 2.262 y 3.208 kg/ha en Yacuanquer y 2.493, 3.525 y 3.733 kg/ha de cebada “Chía 1-M” en Iles, cuando se aplicaron dosis de 0,40 y 80 kg/ha de nitrógeno, respectivamente, mostrando buena respuesta a la aplica- ción del nutrimento en ambas localidades.

Madero (1986) igualmente ha estudiado los ingresos adicionales y las relaciones benefi- cio/costo, cuando incrementaba la densidad de siembra y las dosis de nitrógeno en la cebada “Chía”, encontrando que en San Jorge, por ejemplo, para densidades de 70 kg/ha y aplicaciones de 90 kg/ha de nitrógeno la relación beneficio/costo era de 4,7/1 y para densidades de 120 kg/ha y aplicaciones de 70 kg/ha de nitrógeno la relación era de 5,0/1. En Tenjo las relaciones fueron mejores, 17,2/1 y 16,0/1 para las combinaciones de 70 kg/ ha de semilla y 45 kg/ha de nitrógeno; y 70 kg/ha de semilla y 90 kg/ha de nitrógeno. Un análisis de frecuencia de los contenidos de materia orgánica de gran número de muestras analizadas por el ICA (Marín, Navas y Henao (1982)) en la región andina señala que el 50% de las muestras presentaron contenido interpretado como alto, 29% contenido medio y 21 % contenido bajo, pudiéndose deducir que hay necesidad de aplicar nitróge- no a los cultivos de la región en dosis adecuadas de acuerdo a sus requerimientos y a la velocidad de la transformación de materia orgánica incorporada a formas asimilables de nitrógeno.