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Restableciendo el Contexto de la Dogmática Reformada

In document TEOLOGÍA REFORMACIONAL Spykman (página 97-101)

Capitulo V: Prolegómena: Direcciones Nuevas en la Dogmática V.1 Paradigma Nuevo

V. 11. Restableciendo el Contexto de la Dogmática Reformada

En este punto corresponde hacer algunos comentarios explícitamente metodológicos.

a. Hacer teología sin relación con la tradición es como saltar a la oscuridad. Las tradiciones teológicas del pasado nos acompañan al presente y nos sostienen al movernos hacia el futuro. El rechazo de antiguas tradiciones, cuya vigencia fue probada por el tiempo, es como hacer la teología de flores cortadas. Cortadas de sus raíces sus flores pronto marchitan en nuestras manos. La continuada renovación de la dogmática reformada tiene que ser atemperada por un profundo sentido de deuda para con maestros teólogos del pasado, cuyas obras constituyen un legado masivo de discernimientos e interpretaciones. Seleccionando, abriéndonos paso a través de ellas y aceptando aún las principales tendencias en esta tradición es una enorme empresa. Quizá los molinos teológicos muelan lento, pero muelen muy fino. Las mentes, incansables y creativas de los padres parecieran no haber dejado piedra sin dar vuelta en explicitar la doctrina cristiana. Por eso hay buenas razones para concluir que por ahora todas las incontables piezas del gigantesco rompecabezas teológico tienen que estar ante nosotros sobre la mesa. Realmente es muy poco lo nuevo que podemos producir bajo el sol. En vista de esto, la situación presente pareciera clamar a voces, no tanto por nuevas ideas, sino por un agente catalítico que nos asista en forjar de nuevo, partiendo de este vasto surtido de ideas, un cuadro de la totalidad más unificado, integralmente coherente, y más significativo. Entonces, dentro de los parámetros de la prolegómena de este proyecto, el desafío urgente es delinear los contornos básicos de una cosmovisión bíblica dentro de la que la teología constructiva pueda hacer su obra más fructíferamente. Ubicar la dogmática dentro de tal marco de referencia, restablecer su contexto, y reformar correspondientemente sus estructuras, es un asunto de alta prioridad que motiva la presente obra.

b. Por lo tanto, esta aventura no está motivada por algún impulso racionalista de un sistema cerrado de los últimos días. Semejante imperialismo teológico se desmoronaría bajo el mero peso de su propia arrogancia intelectual. Más bien es un asunto de querer oír de nuevo la Palabra de Dios. Ni siquiera nuestro análisis más penetrante podrá captar alguna vez la estela cósmica de las poderosas obras de en la creación y redención, junto con las asombrosas disparidades en la respuesta humana. Sin embargo, tal vez sea posible, integrar nuestro trabajo de teología a los contornos básicos de la clásica cosmovisión y vida-visión calvinista de modo que podamos tratar más fructíferamente las enseñanzas de las Escrituras. Si esa aventura no logra más que aliviarnos de las dudosas construcciones tanto del "objetivismo" escolástico como del "subjetivismo" existencial, eso solo sería una ganancia sustancial. Si además resulta en hacer a la dogmática más servil a la. comunidad cristiana, tanto mejor. Este proyecto procede sobre la convicción de que es posible ese restablecimiento del contexto para la dogmática, y que realmente puede contribuir a la tarea de hacer teología con una mayor apertura a la Palabra de Dios.

c. En varias ramas del aprendizaje hoyes común hablar de construir modelos y paradigmas. Los teólogos también recurren a tales tendencias imaginarias. U

san características teóricas que tratan de explicar la información de la experiencia cotidiana. Sin embargo, no todos concuerdan en el significado y la importancia de esos modelos y paradigmas. Por eso, aquí también es importante la claridad. Sería posible, por ejemplo, esperar demasiado poco o excesivamente mucho de tales construcciones. Esperan demasiado poco y subestiman la obra de la erudición cristiana quienes repudian el carácter de verdad de sus hallazgos. Hay una tendencia entre esos pensadores de conceder a sus modelos y paradigmas solamente cierto valor pragmático. Su única virtud es que son útiles para predecir resultados de nuevos experimentos. Por otra parte, esperan demasiado quienes se aferran tozudamente a sus hipótesis como a la última palabra. Toda reflexión teórica, incluida la teología, no es, después de todo, más que obra humana. Como tal, siempre está abierta al repaso crítico, a la revisión y nuevas reformas. Sin embargo, reconocer esto no es descalificar las afirmaciones claras ni el tomar posiciones definidas. Convicción no es lo mismo que arrogancia. Sin embargo, tenemos que recordar que nuestros modelos teológicos y nuestros paradigmas no son sino respuestas a la revelación, y no revelación en sí mismas. Dogmática es interpretación de la Palabra de Dios, y no la Palabra en sí. Por eso corresponde que insistamos tentativa y humilde. mente en nuestras posiciones, aunque tratemos de establecer convincentemente nuestro caso.

d. Hacer dogmática es más que simplemente entrar de un salto y hacerla. Comenzar con el pie derecho requiere algún tipo de prolegómena, es decir, una palabra de vorauf ("de antemano"), o al menos una palabra zuerst ("para empezar"). Porque toda teología procede sobre la base de ciertas presuposiciones pre-teológicas y opera inescapablemente dentro de ciertas perspectivas filosóficas. N o clarificar estos temas contextuales básicos significa, desde el punto de vista prolegomenal, dejar los cantos cortantes expuestos a lo largo del camino, solo para ser descifrados después por otros o explicados en una posdata. El “orden correcto de enseñanza” como diría Calvino, requiere tratar de frente esos asuntos. Porque la teología no puede mantenerse por sí misma como una empresa independiente, aislada. Siempre existen temas pre-teológicos, confesionales, hermenéuticos, temas filosóficos, temas de posición religiosa (stance), compromisos de fe, de cosmovisión y conceptos de vida, de los que debemos dar cuenta al introducirnos en la dogmática. Precisamente es ése el principal interés de esta prolegómena. La dogmática es demasiado importante para ser dejada a teólogos inseguros en cuanto sus sustentos filosóficos.

e. Un repaso apresurado de algunas de las principales teologías contemporáneas refuerza este punto. A sabiendas o no, la teología siempre se mueve dentro de una corriente principal de alguna tradición filosófica. Por ejemplo, la moderna teología católico romana, especialmente la que precede al nacimiento de la "Nueva Teología," asume las estructuras básicas de la filosofía tomista. La teología reformada de la escuela de Princeton está profundamente influencia da por el realismo escocés. Rudolf Bultman reconoce abiertamente que su teología

está en deuda con la filosofía existencialista de Heidegger. Gran parte del acentuado énfasis en el análisis del lenguaje y los procedimientos de verificación practicados en la teología de hoy se puede asignar al impacto de filósofos tales como Wittgenstein, Russell, White-head y otros. Finalmente, para cerrar esta breve lista de ejemplos, el análisis marxista que se encuentra en muchas de las teologías de liberación de nuestros tiempos ha sido mayormente formado por la filosofía de Hegel y los neo-hegelianos. Lo que es cierto para estas teologías también lo es para todas las otras.

Es que la teología simplemente no puede proseguir adecuadamente con su tarea sin la reflexión filosófica. Algunos pueden considerar a la teología misma como un adecuado sustituto de la filosofía. Pero este concepto sugiere una noción expansionista de la teología. Porque la filosofía trata con los asuntos más generales, la teología, con los más específicos. La filosofía pinta un cuadro de la totalidad dentro del cual la teología explora en profundidad la vida de fe de una comunidad y sus expresiones confesionales. La filosofía analiza la casa de. la reflexión teórica como un todo. La teología, dogmática incluida, ocupa una habitación de la casa. Entonces, tiene sentido, ver la casa como un todo, y la calle donde se encuentra, antes de ocupar una de sus habitaciones. Por eso la filosofía debería ser incluida como un componente fundamental muy fuerte en una buena educación teológica. Arthur Holmes enfatiza la importancia de la filosofía para hacer teología en estas palabras:

La filosofía ... tiene un enfoque diferente al de la teología; un enfoque sobre conceptos y argumentos básicos a todas las áreas de la vida y el pensamiento, incluyendo, religión y teología, pero sin confinarse a ellas. Por eso contribuye al entendimiento de temas fundamentales (epistemología, metafísica, y axiología) que subyacen a la ciencia e historia y el arte tanto como a la teología, de manera que la integración del pensamiento de uno procede en el nivel básico teórico que todas las disciplinas tienen en común (Contours of a World View, pg. 39).

f. El presente proyecto renovador en teología reformada está dedicado a ubicar a la dogmática dentro de la cosmovisión reformada y dentro de la filosofía cristiana desarrollada por la tradición neo-kuyperiana, Perteneciendo a una tradición calvinista, el mismo Abraham Kuyper ya reconocía claramente la importancia de un sistema filosófico mayor para hacer teología. La contextualización de la dogmática tuvo una expresión aun más clara y duradera en la obra de Bavinck. Los frutos de esta tradición son discernibles en los estudios dogmáticos de Berkouwer.

El concepto de Kuyper sobre la relación integral entre teología y filosofía es evidente en la siguiente selección de su principal obra sobre metodología teológica:

La tarea de la teología es “tomar el conocimiento de origen exterior de Dios, tal como es conocido a partir de su fuente, la santa Escritura, para

introducirlo a la conciencia de la humanidad recreada y reproducirlo.” Pero la "filosofía tiene una tarea totalmente diferente." Ella "es llamada a construir el conocimiento humano, que ha sido traído a la luz por todas las otras ciencias, y hacer un todo arquitectónico, y mostrar cómo ese edificio se levanta en una base." Consecuentemente, la necesidad de la filosofía "surge del impulso de la conciencia humana por lograr unidad." Por eso, decir que "un cristiano está menos en necesidad de filosofía [que una persona no cristiana] es solo para exhibir pereza espiritual y falta de entendimiento."

Se necesita una filosofía cristiana porque "la filosofía que solamente trata la información natural siempre oscilará entre una interpretación panteísta, deísta, y materialista, y nunca hará más que formar escuelas, mientras que la filosofía cristiana, cuyo punto de partida teísta es fijo, es capaz de conducir a la unidad de interpretación dentro del círculo de regeneración. Pero por esta misma razón la teología es capaz de ir de la mano con una filosofía cristiana." La tarea de la filosofía es "arreglar con céntricamente los resultados de todas las otras ciencias, y si la filosofía no-cristiana ignora los resultados de la teología, como si no fuera una ciencia, la teología está obligada a levantar su protesta contra esto. Si, por otra parte, el filósofo mismo es regenerado, y está histórica y eclesiásticamente en unión con la vida de regeneración, entonces, por supuesto, en sus estudios incluye los resultados de la teología, juntamente con los resultados de todas las otras ciencias, y depende de su cuidado el levantar arquitectónicamente edificios cosmológicos en los que los resultados de la teología también encuentren naturalmente su lugar." (Principios de Teología Sagrada, pgs. 614-615)

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