Capítulo III Dilemas Contemporáneos III 1 Primeras Cosas/ultimas Cosas
III. 12 "Modelo de Correlación"
III. 16. Una Alternativa de Tres Factores
Al presionar hacia un enfoque de tres factores de la dogmática como alternativa para los prevalecientes enfoques bi- factores, estamos tratando con algo más que abstractos temas teóricos. Las elecciones que hacemos en este punto también tienen implicancia s prácticas de largo alcance. Pues la teoría y la práctica están apretadamente interconectadas. No deberían ser puesto una contra otra. Esto ocurre con frecuencia en dos direcciones diametralmente opuestas. Por un lado, el hombre de la calle muchas veces piensa que, por su naturaleza propia, la teoría siempre es doblegada sin esperanza alguna a una especulación etérea, vacía y dudosa, mientras que por el contrario, solamente importa aquello que tiene valor práctico. Por otra parte están aquellos, tanto dentro como fuera de los círculos académicos, que atan sus esperanzas al conocimiento científico-histórico para resolver nuestros problemas, pensando que el conocimiento práctico es, en el
mejor de los casos, una casualidad. Ambos conceptos representan equivocadamente el asunto. Ambos están basados en un erróneo entendimiento de la relación entre teoría y práctica.
Con frecuencia se rechaza cierta posición con el comentario: "es una gran teoría. Pero en la práctica no sirve." Si es ese realmente el caso, si determinado concepto de la realidad realmente es impráctico, entonces también es pobre en teoría. Porque la teoría no es alguna entidad independiente situada en oposición a la práctica. La teoría (teología) y la praxis (piedad) son dos formas igualmente legítimas de conocer la realidad. Sin embargo, el conocimiento práctico es primario - por ejemplo, conociendo a Dios por fe en Jesucristo. El conocimiento teórico es secundario -es decir, reflejar críticamente ese conocimiento por la fe. La praxis consolida la teoría. Confesar la autoridad de la Escritura es práctica; hacer teología sobre esta confesión es teoría. Teoría implica tomar cierta distancia de tal conocimiento por la fe, manteniéndola a una distancia alcanzable, a efectos de obtener un entendimiento más crítica- mente reflexivo y más plenamente profundo de lo que ese conocimiento por fe implica. De manera entonces, que, correctamente entendida, la teoría trata de dar una explicación razonada de la información presentada a ella por la vida cotidiana y práctica en el mundo de Dios. El quid de la cuestión es este: las teologías bi-factores se han atascado repetidas veces, tratando de dar una explicación teórica de las cosas que experimentamos en la praxis diaria del vivir cristiano. La contra-tesis es esta: Una teoría que ve tres factores en la realidad ofrece respuestas más adecuadas y satisfactorias a los asuntos prácticos que encaramos en nuestra vida juntos en el mundo. Veamos tres ejemplos.
a) Un Concepto Cristiano del Matrimonio. Con un concepto bi-factor uno tiene que afirmar que la norma para el matrimonio está o bien en Dios, o bien en el hombre. Consecuentemente es común para los cristianos afirmar el concepto primero diciendo "Los matrimonios son hechos en el cielo." Pero si es así, ¿cómo establecemos contacto con esa norma? Porque "Dios habita en luz inaccesible." Entonces la auténtica ceremonia de firmar y sellar ocurre detrás del escenario, oculta en los eternos decretos de Dios. De esta manera sobrecargamos el lado de Dios, y el hombre sufre pérdida. ¿Cómo podemos manejar entonces los problemas matrimoniales? Porque la norma está fuera del alcance. Si el matrimonio es declarado divino ¿cómo podemos asumir todavía la responsabilidad por él? ¿Y si el matrimonio fracasa, vamos a culpar a Dios por ello?
Por otra parte, si la norma es bajada a la historia, nos vemos obligados a concluir que "los matrimonios se hacen en la tierra." ¿Pero, entonces no es más que eso? Si eso es todo, el matrimonio se seculariza. Entonces es meramente una forma de contrato social entre dos personas, sin la participación de "un tercero."
Una alternativa de tri-factor reconoce una tercera dimensión: existe una Palabra de Dios, dada como una ordenanza de creación, que funciona como la norma para el matrimonio, y que prescribe fidelidad. Así, los matrimonios realmente tienen lugar
"en la tierra" y en ninguna otra parte; pero siempre "ante el rostro de Dios." Esta perspectiva de coram Deo está anclada en la Palabra mediadora de Dios. Por medio de ella Dios mantiene su derecho sobre el matrimonio. Por medio de ella también es hecha accesible la norma divinamente establecida para el matrimonio y responsablemente real en la práctica diaria.
b) Un Concepto Cristiano del Gobierno Civil. Una vez más, con una teología bi- factor, la norma para la vida política tiene que ser situada o bien "en el piso de arriba," o en el "sótano." Si uno opta por lo primero vuelve a presentarse el mismo problema familiar. Las instituciones gubernamentales existentes podrán ser defendidas apelando a la voluntad divina. El status quo se canoniza eliminando la posibilidad de un discurso significativo para una norma accesible en apoyo a un llamado a reformas políticas. Entonces surge el espectro de gobernantes que evaden su responsabilidad de rendir cuentas públicas escudándose en el "derecho divino de los reyes." Este enfoque ofrece una respuesta demasiado fácil al tema de la desobediencia civil, puesto que siempre será errada.
Pero si escogemos ponernos del otro lado de este dilema sagrado/secular, entonces la norma para los gobiernos es nivelada a la idea de la soberanía popular. La vox populi se convierte en vox Dei. Entonces la base de la vida política es situada en la voluntad del pueblo, tomando forma de un contrato social, con la policía pública determinada por el gobierno mayoritario. Entonces la práctica política no puede ser más que a un saludo patriótico al "gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo."
Aquí también, un concepto tri-factor de la realidad ofrece una alternativa. La norma no está ni en el oculto receso de una inescrutable voluntad divina, ni en el juicio arbitrario que "los pueblos han emitido," sino en la Palabra mediadora de Dios para la justicia pública, dada con la creación, reafirmada en la obra redentora de Cristo, e iluminada por el testimonio de las Escrituras. Este concepto mantiene unidas revelación y respuesta, si bien ambas mantienen su identidad, pero siempre en una relación cargada de religiosidad.
c) Predestinación - Elección y Reprobación. Dada una teología bi-factor, esta doctrina es presa de similares tensiones bipolares. La aguda controversia entre supra - e infralapsianos es un dramático ejemplo de ello. Si, por otra parte, la predestinación es entendida como una nueva puesta en escena de un libreto pre- escrito, que se puede rastrear hasta una serie de decretos en la eterna mente de Dios, entonces caen oscuras y ominosas sombras sobre las enseñanzas bíblicas referidas a elección y reprobación. En vez de seguridad y consuelo esta expresión de la soberana gracia de Dios solamente engendra una corrosiva sensación de inseguridad y ansiedad. Para apartar la especulación teórica y la agonía práctica y la pasividad que provienen de este concepto algunos tratan de situar la norma para la elección y/o reprobación en la arena de la responsabilidad humana dentro del horizonte histórico de nuestra experiencia de vida. Esto conduce a una forma de humanismo refinado.
Como alternativa, una teología tri-factor de la predestinación halla su foco normativo no en el ser interior de Dios mismo, ni en la espiritualidad humana, sino en la Palabra de Dios como el lazo establecido con el pacto entre Dios y sus criaturas. Esta perspectiva ofrece promisorias posibilidades metodológicas para reestructurar la doctrina de la elección o reprobación. Acorde con ello Dios se atiene a su palabra del pacto, y a nosotros también. Entonces podemos hablar más significativamente de la fidelidad de Dios a su pacto: Dios es fiel a su Palabra que elige y reprueba. Del lado de la respuesta también, la fidelidad tractual (elección) y la infidelidad tractual (reprobación) se cumplen con mayor plenitud tanto a modo de seguridad como de imperativo.