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Fundamentos teóricos

3.5. Retórica contrastiva

Ya hemos expuesto que los propósitos comunicativos de los géneros determinan su identidad y permiten agrupar los textos como ejemplares de un determinado género (cfr. 3.1.1). Los géneros pueden presentar diferencias, también, en mostrar tendencias lingüísticas y retóricas universales o propias de cada lengua y cultura (Swales, 1990). No obstante, las variaciones culturales se han ido desvaneciendo como consecuencia de la proliferación de medios de comunicación globalizados que facilitan la exposición a diferentes lenguas y aceleran la apropiación de recursos lingüísticos discursivos de los géneros en distintas culturas (Bhatia, 2002). Esto es muy visible en los géneros de la ciencia y en particular los asociados al proceso de investigación, una consecuencia de la expansión de comunidades discursivas transnacionales (Swales, 1990). La tendencia universal hacia la uniformidad de los géneros científicos ha sido defendida por Widdowson (1979), quien sostiene que existen patrones retóricos determinados por las comunidades científicas, independientemente de las

125 lenguas. Al respecto, Swales (1990) señala que la noción de género asociada a los propósitos comunicativos y las comunidades discursivas permite relativizar las diferencias entre los géneros científicos de distintas lenguas.

Como expusimos en el Capítulo 2, un área de investigación relevante al estudio de las lenguas con fines aplicados es la retórica contrastiva. En los párrafos que siguen presentaremos los principios epistemológicos más relevantes del área, cuestiones metodológicas centrales en los estudios contrastivos, como nuestra investigación, y las nuevas direcciones que ha tomado la disciplina en los últimos años.

La retórica contrastiva se basa en los siguientes principios epistemológicos: la lengua y la escritura son fenómenos determinados culturalmente; las diferentes culturas tienden a mostrar diferentes patrones de pensamiento y estilos discursivos y retóricos; los patrones retóricos de una lengua materna se transfieren a una segunda lengua (Connor, 1996; Connor y Moreno, 2005; Kaplan, 1966, 1967, 2005). Una idea central que subyace estas premisas es que la retórica, definida por Kaplan (1967) y Leki (1991) como el sistema de organización de unidades sintácticas en unidades mayores para el desarrollo de la argumentación en los textos, no es un fenómeno universal sino que está determinado en gran medida por la cultura.

En cuanto a la metodología de análisis, la retórica contrastiva ha ampliado los enfoques empleados; se trata de un área interdisciplinaria que no se basa en una única metodología, sino que se apoya en diferentes métodos, por ejemplo estudios lingüísticos descriptivos, estudios de caso, etnográficos y de diseño experimental (Connor, 1996; Mauranen, 2001). Específicamente en el área de los estudios lingüísticos, la combinación de la teoría de los géneros y la lingüística de corpus ha tenido un gran impacto en los trabajos contrastivos, dado que ofrecen principios teóricos y metodológicos que garantizan la rigurosidad de las investigaciones (Connor et al., 2008; Moreno, 2008).

Por otra parte, una cuestión inherente a los enfoques contrastivos son las dificultades metodológicas que supone la comparación de dos o más lenguas. En general, los estudios contrastivos proceden a partir de la identificación de ciertos mecanismos que serán objeto de estudio y del análisis de los textos para su comparación (Leki, 1991). En este proceso, las investigaciones suelen enfrentar ciertos problemas: la identificación de géneros comunes a las lenguas comparadas, la identificación de recursos lingüísticos y retóricos que sean potencialmente comparables, la definición teórica de dichos recursos aplicable a todas las

126 lenguas, la categorización de los recursos lingüísticos analizados y la sistematización de los datos según los objetivos de la investigación (Kaplan, 2005).

Con el objetivo de superar las dificultades usualmente advertidas en los enfoques contrastivos y garantizar la comparación de géneros y recursos lingüísticos, en los últimos años se ha avanzado en la sistematización de los procedimientos metodológicos (Connor, 1996; Connor y Moreno, 2005; Moreno, 2008). Se ha destacado la importancia de establecer como punto de partida una base o plataforma de comparación, tertium comparationis, que sea común a las lenguas comparadas (Connor, 1996; Connor y Moreno, 2005; Moreno, 2008). Se trata de identificar y controlar el mayor número posible de variables en todas las etapas del estudio y todos los aspectos de la investigación: los géneros, los corpus, los mecanismos lingüísticos o retóricos y las funciones que serán analizadas. En particular, dado que los géneros y los corpus son dos aspectos importantes que están estrechamente relacionados, es importante construir corpus diseñados rigurosamente (Connor y Moreno, 2005; Mauranen, 2001; Moreno, 2008). Para ello, se debe tener en cuenta el principio de máxima equivalencia, esto es establecer criterios válidos de comparación para garantizar que los textos de los corpus contrastados sean lo más similares posibles (Moreno, 2008). Al respecto, Moreno (2008) destaca la necesidad de recurrir a la teoría de los géneros para establecer los criterios contextuales de identificación de los textos. Por otra parte, también constituyen ejes centrales en los estudios contrastivos la identificación de recursos lingüísticos o retóricos (por ej., rótulos cohesivos) y fenómenos y funciones discursivas comparables (por ej., encapsulación y rotulación) (Connor y Moreno, 2005; Moreno, 2008). Dicha comparabilidad se logra al identificar y establecer características prototípicas y formular las variables analizadas en base a un marco teórico que proporcione conceptos y categorías aplicables a las lenguas comparadas (Connor y Moreno, 2005). Para ello, los especialistas pueden elegir categorías pre-existentes, adaptarlas e incluso diseñar taxonomías sustentadas en teoría, a fin de llevar a cabo el análisis individual de cada lengua y la posterior comparación (Connor y Moreno, 2005).

Las nuevas direcciones que ha tomado la disciplina se basan en ciertas redefiniciones en el posicionamiento teórico de Kaplan (2005). La mayor innovación de Kaplan, especialmente relevante en nuestro estudio, fue incorporar la noción de comunidad discursiva y reconocer la función de los géneros en las distintas situaciones de comunicación. Kaplan

127 avanzó aún más señalando que los géneros pueden ser comunes, por ejemplo, a comunidades discursivas técnicas y profesionales de diferentes lenguas, una observación de mayor importancia en nuestro estudio.