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Evolución de la Iconografía de la Inmaculada Concepción

3. Iconografía de la Virgen Tota Pulchra

3.2. Símbolos y atributos

Ya se ha indicado que la característica principal de la Virgen Tota Pulchra, a diferencia de la imagen definitiva de la Inmaculada Concepción, es que no aparece todavía aisla- da, sola, sino rodeada de una serie de atributos cuyo origen y significados se estudian seguidamente.

Estos atributos, salvo alguna que otra variante, se repiten de modo casi idéntico en todas las composiciones. Obviamente, la manera concreta de representarlos varía según la época, el estilo, la técnica, el autor, reflejando, de alguna manera, los cambios de gusto, de sensibilidad artística, etc.

Podemos distinguir varios tipos:

a) Símbolos astrales, normalmente situados en la parte superior:

• El sol, representado casi siempre como una expresiva y rudimentaria faz humana. • La estrella, colocada simétricamente al otro lado, en forma de círculo radiante o rueda dentada.

65 STRATTON, 1989, 34, y Rafael GARCÍAMAHÍQUES, «La iconografía de la Inmaculada Concepción», en Tota Pulchra. Mostra iconogràfica de la Puríssima a Ontinyent. Valencia, 2004, págs. 23-24.

• La luna, como un creciente, a veces también con rasgos antropomorfos, orientado hacia la derecha o hacia la izquierda, que se intenta acabar formando un círculo. Más tarde se coloca, siguiendo el modelo de la Mujer Apocalíptica, a los pies de la Virgen.

• Corona de doce estrellas, trascripción literal del texto del Apocalipsis, cap. 12, 1, al decir de la Mujer contemplada por san Juan que estaba cubierta de sol, la luna debajo

a sus pies y en su cabeza una corona de doce estrellas.

b) Símbolos vegetales: • El rosal. • El lirio. • La palmera. • La vara de azucenas. • El ciprés. • El cedro. • El olivo.

A menudo se sitúan en la zona intermedia y agrupados de dos en dos.

c) Representaciones arquitectónicas: • La puerta. • La torre. • El pozo. • La fuente. • La ciudad. • El huerto.

Evidentemente, estos últimos son los que más varían en su representación, reflejan- do los cambios de estilo. La ciudad y el huerto cerrado aparecen siempre en la parte inferior.

d) No pudiendo ser incluido en los otros grupos, hay que aludir en concreto al espe-

jo, que también varía de unas composiciones a otras, según el gusto del momento.

3.2.1. Su origen

La fuente más directa de inspiración de estos símbolos que acompañan a la Tota

Pulchra son las letanías compuestas en alabanza a la Virgen. No se trata, como a menu-

do se ha dicho, de las letanías lauretanas —por proceder del famoso santuario maria-

no de Loreto, aparecidas en su forma actual en 1576 y aprobadas por Sixto IV, para toda la Iglesia, en 1587—, sino de otros textos similares anteriores, escritos desde el siglo XIII, denominadas letanías prelauretanas66.

Estas invocaciones de alabanza a la Virgen se formaron combinando y recopilando diversas metáforas bíblicas que habían sido aplicadas a la Virgen repetidas veces desde los primeros siglos.

Estudiaremos a continuación el origen bíblico de estos atributos, su aplicación a la Virgen por los Padres de la Iglesia y, finalmente, estas primeras letanías en las que directamente se inspiraron los artistas para la creación del tipo iconográfico de la Virgen Tota Pulchra de tan acendrado arraigo en Valencia.

La Sagrada Escritura

Como ya se ha señalado, casi todos los símbolos que habitualmente acompañan a la Virgen Tota Pulchra están tomados de la Sagrada Escritura. Se trata de determina- dos pasajes bíblicos aplicados tradicionalmente por los liturgistas y escritores eclesiás- ticos a María. La mayoría proceden del Cantar de los Cantares y del Eclesiástico.

La Esposa del Cantar de los Cantares, la Sulanita, ha sido siempre interpretada como figura de María. Por ello alguno de estos símbolos tiene su origen en las alaban- zas que se dedican a la esposa en el poema bíblico. Así:

• La fuente sellada. («Fons signatus», Cant. 4, 12 y 4, 15). • El huerto cerrado. («Hortus conclusus», Cant. 4, 12).

• El lirio entre espinas. («Sicut lilium inter spinas, sic amica mea inter filias», Cant. 2, 2).

• La luna y el sol. («Quae is ista, quam progreditur, quasi aurora consurgens, pulch-

ra ut luna, electa ut sol...», Cant. 6, 9). También el Apocalipsis es explícito al respecto al

afirmar en el pasaje 12, 1 «Et signum magnum apparuit in Coelo: Mulier amicta Sole,

et Luna sub pedibus eius, et in capite eius corona stellarum duodecim».

• El pozo de aguas vivas. («Puteus aquarum viventium quae fluunt ímpetu de

Líbano», Cant. 4, 15).

66 DESANTI, A. Les Letanies de la Sainte Vierge. Etude historique et critique. París, 1900. El texto más antiguo

conocido de las letanías a la Virgen es el contenido en un misal de Maguncia del siglo XII, si bien existieron en

el trascurso de los siglos varias recensiones. El que actualmente se practica, de ordinario al fin del Santo Rosario, fue adoptado en el famoso santuario mariano de Loreto.

• La torre de David. («Sicut turris David collum tuum, quae aedificata est cum pro-

pugnaculis», Cant. 4, 4).

También se ha aplicado a la Virgen el capítulo 24 de Cohelet o Eclesiástico en el que la Sabiduría se elogia a sí misma. De allí han sido tomadas otras de estas alegorías:

• El cedro del Líbano y el ciprés de Sión. («Quasi cedrus exaltata sum in Libano et

quasi cupressus in monte Syon», Coh. 24, 17).

• El olivo. («Quasi oliva speciosa in campis», Coh. 24, 19).

• La palmera. («Quasi palma exaltata sum in Kadesh», Coh. 24, 18).

• El rosal de Jericó. («Quasi plantatio rosae in Iherico», Coh. 24, 18 o también «Ego

flos campi, et lilium convallium», Cant., 2, 1).

• Con un significado semejante se ha aplicado a la Virgen una de las metáforas del

Libro de la Sabiduría: el espejo sin mancha («Speculum sine macula Dei Maiestatis et imago bonitatis eius», Sb. 7, 26).

Completan el conjunto de símbolos habitualmente situados alrededor de la Tota

Pulchra, la ciudad de Dios («Civitas Dei», Salmo 86, 3), la puerta del Cielo («Porta coeli», Gen. 28, 17), la Vara de Jesé, que como vimos al estudiar el tema del árbol de Jessé, está

tomado de la profecía de Isaías («Egredietur virga de radice Iese...», Is. 11, 1) y, final- mente, la estrella del mar o Stella maris, única alegoría que no procede de la Biblia, sino del Ave maris stella, himno litúrgico en honor de la Virgen que se incluye en la oración de la hora de vísperas, y existente ya a fines del siglo IX.

La literatura patrística

Estos textos bíblicos aparecen frecuentemente como elogios y alabanzas a la Santísima Virgen, en himnos, homilías, tratados, laudes, etc. A modo de ejemplo y constatación, hemos entresacado algunos fragmentos de las obras de escritores ecle- siásticos de distintas épocas en los que se aplican a María estas imágenes simbólicas.

Conviene señalar que estas metáforas se encuentran en mayor número en los escri- tos de los Padres de la Iglesia Oriental que en los de la Iglesia Occidental, por poseer aque- llos un lenguaje mucho más poético, más lírico, de sensibilidad menos racionalista.

• Cedro

Es ésta una imagen inspirada en el Libro de Ezequiel y simboliza la majestad de la Virgen, pero también en el Eclesiastés 24, 17.

El ejemplo más antiguo en el que aparece el cedro como elogio dedicado a María, lo hemos encontrado en un texto de Venancio Fortunato († 609), perteneciente a su obra

In laudem Sanctae Maríae Virginis, que comienza con las palabras «Celsa super cedros».67

Posteriormente san Pedro Damián († 1072), en su sermón In honore Sanctae

Maríae, incluye las palabras: «Tu cedrus in Libano».68Estas mismas palabras se encuen- tran aplicadas a la Virgen en la Oratio LVde san Anselmo († 1109): «Tu cedrus in

Libano».69 Más expresivo aun resulta el texto de Hugo de San Víctor († 1141), en su homilía XLVIIIn Assumptione Beatae Maríae semper Virginis donde a la letra dice:

Cedrus arbor est in Libani alta et valde imputribilis (...) Recte igitur beata Dei Genitrix arbor Libani fuit, quae de saeculo praesentis carnis origen habuit. Sed ipsius Libani altitudinem excessit, quia cunctam mundi gloriem suarunt sublimitate virtutum transcendit. Bene denique se sicut cedrum exaltatam dixit.70

• Ciprés

Esta imagen debió de aplicarse a la Virgen en fecha tardía, pues no se encuentra tes- timonio anterior al siglo XI.

La misma frase «Tu cupressus in monte Sion» aparece en dos obras ya citadas, el ser- món In honore Sanctae Maríae de san Pedro Damián († 1072)71y en la Oratio LVde san Anselmo.72

Asimismo, Hugo de San Víctor, en su sermón XLVII, In Assumptione Beatae Maríae

semper Virginis, explica por qué María es comparada con el ciprés del monte Sión:

«Beata Virgo cipresus est exaltata in Monte Sion, qua dum in mundo viveret, cunctis, que

mundi sunt potenter subactis, virtutum gradibus ad coelestia fortifer sacandes, divinita- tis Gloriam praecuntis Ecclesiae fiedelibus speculabatur».73

67 Cf. Migne, PL, 88, 277. 68 Ib., PL. 145, 955. 69 Ib., PL. 158, 962. 70 Ib., PL. 177, 1026. 71 Ib., PL. 145, 945. 72 Ib., PL. 158, 962. 73 Cf. Migne, PL. 177, 1025. 88

• Ciudad de Dios

Es símbolo tomado, como ya se dijo, del salmo 86, y su aplicación a María aparece ya desde el siglo VIII. Así, san Germán de Constantinopla († 733), en su homilía In S.

Maríae Zonam, la llama: «Gloriosa dicta sunt de te, civitas Dei».74

También san Juan Damasceno († 749) elogia a la Virgen como ciudad de Dios en repetidas ocasiones y concretamente en su homilía In Nativitatem Maríae Virginis: «Ave civitas regis magis», «Tota civitas Dei».75José el Himnógrafo († 833) por su parte, en su interesante Maríale, donde aparecen reunidas ya varias de estas alabanzas maria- nas, hablando de la Virgen le aplica la siguiente metáfora: «Civitas gloriosa regis aedi-

ficata est».76Curiosamente, este elogio mariano únicamente lo hemos constatado en escritos de Padres de la Iglesia oriental.

• Espejo

Es una de las imágenes marianas que con menos frecuencia aparece en la literatu- ra patrística, quizá por proceder del Libro de la Sabiduría, un texto éste que ha sido relacionado con la Virgen en menos ocasiones.

Sin embargo, autores como Venancio Fortunato, en su obra In laudem Sanctae

Maríae Virginis, llama a María «Sidereum speculum»77y, posteriormente, san Bernardo, en su homilía De laude Maríae Virginis, la denomina «Innocentia speculum».78

• Estrella

Como se ha indicado, este atributo no está tomado de la Biblia sino del himno Ave

maris stella, compuesto a fines del siglo IX. Su sentido primigenio viene de la raíz hebrai-

ca minurjuma o minurjam, estrella del mar, mar amargo, gota del mar y mirra del mar. Tras la invocación Maris stella se oculta una antigua etimología del nombre de María. Entre las interpretaciones que ofrece san Jerónimo († 420) del nombre de la Madre de Dios, en su Liber de nominibus hebraicis, se encuentra la de «estrella de

mar».79También san Isidoro de Sevilla († 636), en las Etimologías, explica: «María sig- 74 Ib., PG. 98, 310. 75 Ib., PG. 96, 670. 76 Ib., PG. 105, 983. 77 Ib., PL. 88, 277. 78 Ib., PL. 182, 1144. 79 Ib., PL. 23, 842. 89

nificat illuminatrix sive stella maris; genuit enim lumen mundi».80Esta imagen se repi- te a menudo. Así, Georgius Piside (siglo VII), en su Himno Acathistos, interesante como

modelo de posteriores letanías marianas, escribe: «Ave stella quae solem profers».81 San Andrés de Creta († 720), en su Homilía en la Dormición, precisa más si cabe esta poética asociación al escribir: «Stella maris est María, quia sicut stella in mari navigan-

tibus est recte viae judicium, sic Beata Virgo in hoc mundo fluctuose vivientibus».82 Finalmente, resulta muy expresivo el texto de san Bernardo perteneciente a la

Homilía II. Super missus est, en la que, refiriéndose a la Virgen, proclama: «Ipsa nam- que aptissime sideri comparatur; quia sine sui corruptione sidus emittit radium (...) Ipsa est praeclara et eximia stella super hoc mare magnum».83

Maria es, dice san Buenaventura, mar abundando en las gracias y amargo compa-

deciéndose de su Hijo.84

Una letanía prelauretana la invocará como «Lucidísima maris Stella»; «Stella matu-

tina», la del Loreto. Llámasela también en otros textos «estrella de Jacob» y «estrella

polar» pero, sobre todo, la liturgia le dará el nombre de «estrella del mar», como el himno Ave stella maris.

• Fuente

Es la fuente sellada y el huerto cerrado del Cantar de los Cantares: «Fuente sellada por Dios, de donde nace el rió de la vida sin turbar su pureza virginal; jardín cerrado por todas las flores y perfumado por todos los perfumes, mas cerrado al hombre y a la serpiente».

Es uno de los símbolos marianos más repetidos en la literatura patrística desde los primeros siglos. San Ambrosio († 397), en el Liber de Institutione Virginis, explica la vir- ginidad de María con estas palabras: «Porta ergo clausas virginitas est: et hortus clau-

sus, et fons signatus virginitas».85

Justus de Urgel (siglo VI), en su Explicatio Mystica del Cantar de los Cantares, escri-

be: «Potest etiam ipsa Mater Domine, Sancta María, intelligi, quae virgo concipiens

virgo que generans, conclusi horti et signati fontis intemeratum in se decus exhibuit».86 80 Ib., PL. 82, 289. 81 Ib., PG. 92, 1335. 82 Ib., PG. 67, 1070. 83 Ib., PL. 183, 69. 84 S. BUENAVENTURA, 85 Ib., PL. 16, 1174. 86 Ib., PL. 63, 978. 90

San Isidoro de Sevilla, en De ortu et obitum Patrum, denomina a María «Fons sig-

natus, Mater Domini».87

San Juan Damasceno, en su Homilía II en la Natividad, se dirige a la Virgen en estos términos: «Ave fons signatus, incorruptus origo, quae Christum vitae fluentum nihil fae-

sis virginitatio signaculis edidisti».88

José el Himnógrafo, en su Maríale, invoca así a María: «O fons pura, ex quo Christus

emanavit».89

También Juan el Geómetra (siglo IX), en su Himno in Beatissimam Dei genitricem,

utiliza varias veces esta imagen con relación a la Virgen al calificarla como «Libertatis

fons» o «Fons luminum».90Finalmente, san Anselmo, en su Oratio LXI, exclama refirién- dose a María: «O fons misericordiae».91

Las letanías, también, inspirándose en aquel pasaje del Cantar de los Cantares, amplificarán el primigenio sentido con las invocaciones «Fons ortorum», «Fons miseri-

cordiae», «Fons salutis et gratiae», «Fons pietatis et laeticiae», «Fons consolationis et indulgentiae».

• Huerto cerrado

Como la fuente, y en general todos los símbolos marianos tomados del Cantar de

los Cantares, el huerto se repite con frecuencia en los escritos de los Padres de la

Iglesia.

San Ambrosio, en el citado Liber de Institutione virgines, dice: «Porta ergo clausa

virginitas est: et hortus clausus virginitas...».92

San Jerónimo, en su obra Adversus Jovinianum comenta las palabras del Cantar de

los Cantares con estas palabras: «Hortus conclusus, soror mea, sponsa: hortus conclusus, fons signatus. Quod clausum est et signatum similitudinem habet matris Domini, matris et virginis».93 87 Ib., PL. 83, 148. 88 Ib., PG. 96, 960. 89 Ib., PG. 105, 983. 90 Ib., PG. 106, 858-862. 91 Ib., PL. 158, 997. 92 Ib., PL. 16, 1174. 93 Ib., PL. 23, 265. 91

San Proclo de Constantinopla († 476), en su Oratio de laudibus S. Maríae, dejó escri- to: «Ipsa, floribus ac inmarcesibilis hortus in quo lignum vitae plantatum universis libe-

re fructum inmortalitatis praebet».94

También San Isidoro de Sevilla, en De ortu et obitu Patruum, denomina a María «Virga Jesé, hortus conclusus».95

San Juan Damasceno, en su Homilía en la Natividad de María II, ensalza a la Virgen diciendo: «Ave hortus conclusus, virginitate compendio nunquam aperta fertilitas, cuius

odor est sicut agri pleni».96

San Andrés Cretense († 720), en el Canon de la fiesta de la Concepción de Santa

Ana, la saluda con estas palabras: «Nubem te, hortumque et lucis portam».97

Finalmente, Pascasio Radberto († 865), en su Expositio in Matheum, lib. II, cap. I, se recrea con la siguiente explicación:

Itaque hortus conclusus, quia uterus virginis modus ómnibus integer atque incorrup- tus fuit. Hortus autem ideo est apellatus quia universae deliciae paradisi in eo afflorue- runt et signatus est venter pudoris, ubi fons emeuit nostrae redemptionis.98

• Lirio

Símbolo también muy usual, principalmente en las poéticas alabanzas a la Virgen compuestas por los Padres de la Iglesia Oriental. Así, san Efrén († 373), en sus hermo- sos Carmina Nisibena, denomina ya a María «lirio entre espinas».99 También san Epifanio († 403), en su sermón De laudibus Virginis, ensalza a la Virgen como «Lilium

Inmaculatum quod rosem inmarcesibilem genuit Christum».100

Teodoro de Ancira († 430), en su Homilía VI, refiriéndose a María, la llama «Sicut

lilium inter espinas germinans».101

San Juan Damasceno utiliza de nuevo este símbolo mariano en su sermón En la

Natividad de María cuando prorrumpe con estas alabanzas: «O lilium inter espinas, ex

94 Ib., PG. 65, 758. 95 Ib., PL. 83, 958. 96 Ib., PG. 96, 690. 97 Ib., PG. 97, 1311. 98 Ib., PL. 120, 106.

99 Cf. Carmina Nisibena, edic. Bickell, pág. 122. 100Ib., PG. 43, 495.

101Ib., PG. 77, 1418. 92

generosima et máxime radice davidica progenitum», «Ave lilium, cuius proles Jesus haec agri lilia vestit».102

Juan el Geómetra, en su Himno In beatissimam Dei genitricem, se dirige a la Virgen con la siguiente salutación: «Salve lilium, quae violas mudidamque anemonam narci-

sumque refers candiorque nive est».103

Posteriormente, Hugo de San Víctor, en su sermón In Nativitatem, compara tam- bién a María con el lirio: «Sic est flor pulchritudine, suavitate lilium».104

También san Bernardo, en De laude Maríae virginis, la ensalza como «O inviolabile

castitatis lilium».105

La Bienamada del Cantar de los Cantares, además de Lilium convallium es invoca- da también como Lilium inter spinas, Azucena de los valles, Azucena entre los espinos,

más ricamente vestida que Salomón en su gloria.

Vemos, pues, cómo esta imagen, empleada a menudo por los Padres de la Iglesia oriental desde los primeros siglos, aparece después, a partir del siglo XI, en las alaban-

zas a la Virgen compuestas por los Padres de la Iglesia latina.

• Luna

Cual la luna, la Virgen es pura y recibe su luz del divino sol: por ello se le llama

Pulchra ut luna y Pulchrior luna, inspirándose lo dicho en el cap. XIIdel Apocalipsis.

San Juan Damasceno, aplicando a la Virgen las palabras del Cantar de los Cantares, escribe en su Homilía I In Dormitionem Beatae Virginis Maríae: «Quae est ista quae

ascendet dealbata, exoriens ut aurora, pulchra ut luna, electa ut sol».106

Juan el Geómetra, en su Himno In beatissimam Dei genitricem, prorrumpe con esta invocación: «Gaude luna hilaris».107

San Anselmo, en su Oratio IVse dirige a la Virgen con estas palabras: «Tu es luna

in medio firmamenti».108 102Ib., PG. 96, 670-690. 103Ib., PG. 106, 858. 104Ib., PG. 177, 979. 105Ib., PL. 182, 1144. 106Ib., PG. 96, 715. 107Ib., PG. 106, 258. 108Ib., PL. 158, 960. 93

Más expresivo aún resulta el texto de Inocencio III(† 1216), en su Sermón En la

Asunción cuando dictamina: «Sicut rationabiliter asserunt, qui de rerum naturis disse- runt, luna frigida est et humida, quia frigida designat virginitatem; quia humida, humi- litatem. Frigiditas ergo et humiditas lunae: virginitas et humiditas Maríae».109

• Olivo

Como ejemplo más antiguo en el que aparece esta imagen mariana citaremos un texto de San Proclo de Constantinopla, perteneciente a su Oratio de laudibus Sanctae

Maríae que en traducción latina precisa: «Haec oliva fructífera plantata in domo Domini, ex que Spiritus Sanctus Dominici corporis rarum accipens».110

San Juan Damasceno, en su Sermón en la Natividad de María, denomina también a la Virgen «Oliva fructífera in domo Dei».111

Asimismo, José el Himnógrafo, en su Maríale, se dirige a la Virgen diciéndole: «es

velut oliva fructífera, o virgo, quae ex radice Jesse germinasti».112

Posteriormente, Hugo de San Víctor, en su Sermón en la Anunciación explica el por qué de esta comparación en estos términos: «Oliva figurat misericordiam. Fuit ergo

Beata María oliva per misericordiam et tanto pretiosor per misericordiam, quanto exce- lentior per gratiam».113

• Palmera

Emblema de la victoria sobre el pecado y la muerte, es símbolo también de sabidu- ría, perfección, prosperidad y hermosura.

Es este uno de los símbolos más raros en la literatura mariana. Sólo hemos encon- trado dos ejemplos ya muy tardíos.

Concretamente Hugo de San Víctor, en su Sermón en la Asunción, escribe: