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Símbolos de la vida.

In document Movimiento Integralista Americano (página 109-112)

El ser humano no puede captar y representar el mundo, la vida, en su inmediatez. La esencia de la vida en su interrumpida actividad, la esencia del espíritu humano y de la conciencia, en cambio, en lo interrumpido, lo intermitente. Sin este ritmo espiritual no sería posible ni una sola obra de arte, ni un solo pensamiento elaborado de la ciencia, ni sería posible una sola acción heroica. Esta profunda diferencia entre el proceso vital interrumpido, fluente, orgánico y la esencia de nuestra capacidad de comprensión, nos obliga a distinguir aún más y llamar aquellas formas a nuestra conciencia con cuya ayuda el ser humano se apropia el mundo, lo subyuga o le sirve.

La intuición actúa convenciendo o provocando negación de una manera directa. Un conocimiento acerca del problema en cuestión lo podemos alcanzar sólo mediante un esquema racional, y el ser humano es impulsado mediante el incentivo de la voluntad. La intuición trabaja según sus eternas leyes siempre con símbolos. La bandera, es pues la máxima alegría de la fuerza de un país y del valor del sacrificio nacional. Es también un símbolo lo que hoy también es llevado por el movimiento integralista, en cantidad ilimitada a través de las calles de aldeas y ciudades principales. Este símbolo nos muestra en color y dibujo directamente lo que conocemos teóricamente y queremos interiormente. Alrededor de este símbolo se agrupan día a día, mes a mes, año a año siempre nuevos pensamientos, siempre nuevos valores, siempre nuevos sacrificios, y así no sólo el nuevo paño de la bandera mismo se convierte en un símbolo, sino también los hombres que llevan estas banderas. A esta nueva divisa pueden adherirse interiormente sólo seres humanos que son condicionados por los

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grandes valores de la patria y tienen el coraje de defenderlos también hacia afuera.

Y ya aquí podemos comprobar una consonancia mística entre estos valores de carácter e ideales con la intuición directa. Una bandera, un signo, cuanto más tiempo se ha luchado bajo el mismo, tanto más sagrado se vuelve. En ella se corporiza la inmutabilidad de una idea, aun cuando hayan sido miles de diferentes manos las que asieron el asta de la bandera. Yo considero que junto a la sencilla formulación del pensamiento genial de nuestro tiempo, es la mayor hazaña de Adolf Hitler, Atahualpa, García Moreno y muchos más héroes hispanos haber brindado el nacionalismo como un estandarte que de manera intuitiva, completamente directa, simboliza lo magno de la naturaleza, y por así decirlo, absorbe y transmite todos los sacrificios y triunfos para la idea, para proteger al pueblo y a la patria del cerco del eterno enemigo.

Aquí el símbolo de la cruz gamada está hoy como único verdadero enemigo frente a la estrella soviética, que es representación no sólo del bolchevismo, sino también de todos los sistemas y hombres que espiritual y políticamente lo han preparado, y lo protegen: liberalismo, socialdemocracia y centro.

“En esta filosofía de la raza, el hitlerismo encontró un apoyo inesperado en un gran escritor francés, que raramente se cita como precursor del nazismo: nos referimos a Renán, quien escribió frases que Hitler no había rechazado como suyas. El autor de la vida de Jesús, revela aquí uno de sus aspectos menos conocidos, el de un racista y esoterista convencido: “una amplia aplicación de los descubrimientos de la filosofía y del principio de selección podría conducir a la creación de una raza superior, que basará su derecho a gobernar no solo en su ciencia, sino también en la misma superioridad de su sangre, de su cerebro y de sus nervios. Serían especies de dioses o “devas”, seres con un valor diez veces superior al que nosotros tenemos, que podrían ser viables en medios artificiales. La naturaleza solo hace algo viable en las condiciones generales; pero la ciencia podría ampliar los límites de la viabilidad. De este modo se concibe un tiempo en que todo lo que en otra época reinó en el estado de prejuicio y opinión vana, reinará en el estado de realidad y verdad: dioses, paraíso, infierno, poder espiritual, monarquía, nobleza, legitimidad, superioridad de raza, poderes sobrenaturales pueden

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renacer por obra del hombre y de la razón. Parece que si semejante solución se produce, al nivel que sea, en el planeta tierra, tendrá lugar por conducto de Alemania”. (Jean Michael A.)

Nuestra fe.

El Integralismo es una estructura ideológica y vivencial basada en la verdad; un paso hacia un nuevo orden mundial concebido sobre el eterno orden de la vida, una nueva fe más cercana al principio original que cualquier otra de las contemporáneas. Pero este acercamiento a la verdad significa despegarse de toda religión. Como nacionalistas respetamos toda fe religiosa sin estar limitados por ninguna. La única “religión” sobre todas las religiones es el fuerte sentido del deber que nos liga a nuestra sangre, (desde nuestros antepasados hasta los que están por nacer). También es una fe en Dios como vida, calor y luz, cuyos mandamientos son inflexibles leyes de la naturaleza, expresión de la armonía interior de su propio ser en toda fase y en todo detalle de su manifestación en el tiempo.

De hecho, no hay ni puede haber otra regla de conducta para los nacionalistas auténticos que “vivir en la verdad”, el amor a la verdad en todos los tramos y aspectos de la vida, tanto públicos como privados, es decir, a tono con el orden eterno del universo, realizando cada una de las tareas que le sean propias al tiempo que cada cual se mantiene internamente en paz consigo mismo y con todo ser creado. ¿Se comprende ahora por qué el nacional-socialismo es mucho más que un movimiento político?

Pero esto conlleva inevitablemente a una ética, la única ética que puede ir mano a mano con esta fe y que no es otra que una vida personal y colectiva acorde con la lógica del universo, acorde con las leyes biológicas y sociales que expresan la voluntad de la naturaleza, la voluntad de Dios, la finalidad suprema de la creación.

La “religión” de un integralista es, el conocimiento de la naturaleza y la aceptación de sus leyes, el trabajo amorosamente realizado dentro de ese orden natural, la lucha cuando sea precisa, la ética moral más estrictas en pensamientos, palabras y obras, por fidelidad a la verdad y

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la sublimación de todo ello en la belleza, como máxima expresión material de la perfección de lo eterno.

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