Las Ciencias de diseño en el marco de las Ciencias de lo artificial
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5. s oBRIEDAD y sImpLICIDAD EN E CoNomÍA
Los mismos principios de construcción de teorías y de elección entre simplicidad y com- plejidad, que he ilustrado con ejemplos tomados de la Física y la biología, se aplican —sin apenas necesidad de modificación— a la Economía. Una vez más, los ejemplos concretos —que tomo a partir de mi obra— nos van a ayudar a ver el porqué 38.
Maximización de la utilidad versus racionalidad limitada
La maximización de la utilidad esperada, el axioma central de la Economía neoclásica, se considera habitualmente como una teoría excesivamente simple, porque todo lo que postula es la consistencia de la conducta de elección (choice behaviour)sobre la totalidad del conjunto de elecciones que hace un actor. Dada la función de utilidad del sujeto, los ingresos y las distribuciones de probabilidad sobre eventos futuros, y todo el conjunto de precios del mercado, se determina la demanda de cada uno [él o ella] respecto de todos los bienes. Los ingresos y los precios de mercado se pueden observar, por lo que no crean problema alguno. Pero, como la función de utilidad está completamente indeterminada —al margen del requisito de consistencia—, virtualmente cualquier pauta de demanda es consistente con la teoría. Y, a pesar de la “preferencia revelada”, no existe generalmente un modo práctico para describir empíricamente el contenido de la función de utilidad —aquella de la pauta real de la demanda— en cada momento dado.
Las cosas están un poco mejor si comparamos dos situaciones que están próximas en el tiempo, cuando la segunda es idéntica a la primera, salvo por el aumento del precio de una mercancía. ahora, con unos pocos supuestos “inofensivos” sobre la función de utilidad (que esencialmente es invariable y que no existen mercancías inferiores), podemos predecir que se demandarán menos que antes aquellos bienes cuyo precio ha aumentado. sin embargo, sin otro supuesto adicional o información (acerca de la elasticidad), no podemos predecir si la cantidad total gastada en ese producto crecerá o disminuirá y, mucho menos, cuál será la magnitud del cambio. así, cada componente (bit) de la predicción adicional parece requerir pruebas empíricas sobre uno o más parámetros adicionales. Puede pensarse que la teoría es simple, pero no especialmente sobria.
Medida de la elasticidad de la demanda. henry schultz, en su monumental The Theory and Measurement of Demand 39, hizo lo que habitualmente no hacen los científicos de otros campos en esas circunstancias: trató de determinar empíricamente los parámetros, en particular la elasticidad de la demanda. En el proceso reveló las cuestiones difíciles de identificación de ecuaciones estructurales que afronta un quehacer semejante. Lo que constituyó motivo adicional de desánimo fue que difícilmente se podía esperar que los pa- rámetros, si se estimaban, mantuviesen sus valores durante un amplio período de tiempo. medir la elasticidad de la demanda era más parecido a medir el campo magnético de la tierra —o, incluso, las pautas cambiantes de las presiones barométricas— que a medir la velocidad de la luz, la constante gravitacional o la constante de Planck.
más aún, no estaba claro qué se debía tomar como variables independientes. La teoría de la elección en condiciones de incertidumbre estaba en aquel tiempo en un estadio primitivo 38 Cfr. siMon, h. a., Models of Bounded Rationality, vol. 3, the mit Press, Cambridge, ma, 1997. 39 schultz, h., The Theory and Measurement of Demand, the University of Chicago Press, Chicago, 1938.
y, aunque schultz era muy consciente de que tenía que introducir supuestos acerca del proceso predictivo, los supuestos que escogió se parecían mucho más a la telaraña que a las expectativas racionales. (En 1930 no se disponía, por supuesto, de pruebas empíricas —y hoy son muy escasas las que tienen valor— de modo que pudiesen llevar fácilmente a la elección de uno de estos modelos o de cualquier otro).
Utilidades marginales y presupuestos (budgets). volvamos a mi primer encuentro con las utilidades marginales como investigador. En 1935, estudié de primera mano la admi- nistración de los programas de esparcimiento público en mi ciudad natal de milwaukee. Entre otras cosas, estaba interesado en el proceso presupuestario que requería elegir entre plantar más árboles en parques, por ejemplo, y contratar más animadores de tiempo libre. obviamente (o así me lo enseñaron mis cursos de Economía) el dinero debía ponerse donde el retorno marginal fuese mayor. sólo había unas pocas dificultades para la aplicación de este principio: (1) había que poder estimar los resultados producidos por los gastos alternativos, y (2) había que poder determinar los incrementos de utilidad producidos por esos resultados.
Como cuestión práctica, mis observaciones y entrevistas mostraron que ninguno de los participantes en el proceso estaban pensando en el asunto de ese modo, puesto que no te- nían ni la menor idea de cómo realizar las medidas requeridas. además, las observaciones mostraron que, en los dos departamentos implicados en el funcionamiento del programa, los administradores asociados al departamento de obras públicas de la ciudad preferían casi siempre la primera alternativa (árboles), mientras que los asociados a la comisión escolar casi siempre preferían la segunda (animadores de tiempo libre).
No obstante, se tomaron las decisiones presupuestarias. En el proceso, las principales referencias a los datos fueron a los gastos del último año para estos mismos fines. si era posible gastar más en el año siguiente, el incremento se asignaba más o menos proporcio- nalmente a los niveles previos de gasto. Por supuesto que el proceso era más complejo que esto (al menos, más prolijo), pero estas observaciones transmiten su tono. a partir de mis observaciones (y de la consiguiente sorpresa ante la irrelevancia de lo que había aprendido en el excelente curso de teoría de los precios de henry simons) emergieron algunas leyes de estructura cualitativa relacionadas con los procesos presupuestarios y los procesos de toma de decisiones humanas en general.
Racionalidad limitada y lealtades (loyalties) organizativas. La primera de estas nuevas leyes de estructura cualitativa fue el principio de racionalidad limitada (bounded rationality): los seres humanos tienen razones para lo que hacer, pero rara vez maximizan la utilidad. No maximizan porque, dadas las complejidades e incertidumbres de las situaciones de elección que afrontan, no tienen ni el conocimiento (teorías y hechos) ni las capacidades de compu- tación para llevar a cabo los procesos de inferencia necesarios. El principio de racionalidad limitada es, al igual que la teoría del germen de la enfermedad (y, para el caso, como la teoría de la utilidad), una licencia de caza del científico más que una respuesta definitiva a la pregunta sobre cuál es la conducta que se observará. su simplicidad es engañosa, su aplicación requiere discernir una miríada de hechos.
afortunadamente (y en contraste con la teoría de la utilidad), cuarenta años de inves- tigación en Psicología Cognitiva, dentro del marco de los procesos de información, han revelado muchos de estos hechos, especialmente el mecanismo que se usa en la toma de decisiones cuando es imposible la maximización de la utilidad subjetiva esperada (UsE).
La teoría resultante no es simple 40, pero es sobria (parsimonious), y permite la predicción del comportamiento con cierto detalle y alguna exactitud (accuracy) en un gran número de situaciones que se han estudiado, incluyendo algunas dentro del campo de la Economía. Es mucho más parecida a la teoría en biología molecular que a las leyes del movimiento de Newton.
La segunda ley de estructura cualitativa que surgió de mi estudio del esparcimiento (recreation) fue que los miembros de organizaciones se identificaban, de modo cognitivo y emocional, con las metas (goals) de las organizaciones o con las unidades organizativas a las que pertenecen. Este principio tiene también una importancia central en Economía, de manera específica (1) en la cuestión de la naturaleza del altruismo y el papel que des- empeña el alturismo en la elección humana, y (2) en las motivaciones que subyacen al comportamiento en las organizaciones y las consecuencias de estas motivaciones para los papeles respectivos de las organizaciones y los mercados en una Economía 41.
ambas leyes de estructura cualitativa, que surgen de mi primera aventura investiga- dora, tenían algo de la misma simplicidad seductora que posee la maximización UsE. al igual que en este caso, el intento de aplicarlas reveló que se debería proporcionar una considerable cantidad de información empírica antes de poder hacer predicciones sobre situaciones concretas a partir de principios generales de este tipo (o incluso otros [princi- pios] más rigurosos que se puedan expresar mediante ecuaciones).
Explicación de cambios de la oferta y la demanda. antes de dejar esta cuestión, veamos un ejemplo más —que no considero atípico— de una aplicación de la teoría de maximización UsE: la “explicación” de Gary becker del movimiento de las mujeres hacia el mercado de trabajo después de la segunda Guerra mundial 42. Claramente, la teoría UsE requiere que algo cambie, bien sea en la función de utilidad para las mujeres (y, por tanto, en la función de la oferta) o bien en su demanda de su trabajo. becker opta por lo segundo sin proporcionar ninguna prueba empírica para su elección o, incluso, para abordar la posibilidad de cambios en la función de la utilidad.
seguramente no es implausible suponer que, como resultado del cambio gradual del papel de las mujeres en la sociedad durante la primera mitad del siglo [xx], las familias más pequeñas y la experiencia de las mujeres en el puesto de trabajo durante la segunda Guerra mundial, ha habido grandes cambios continuos en sus preferencias en favor del empleo fuera de casa frente a la gestión del hogar. Claramente, la cuestión del incremento del empleo, si se produjo a partir de un cambio en la demanda o en la oferta (y, por tanto, en la utilidad), es empírica, y la teoría —sin esa prueba (evidence)— no puede apoyar una explicación sobre la otra.
El “trabajo” de llegar a la explicación de becker no lo hace la teoría, sino los supuestos empíricos sin apoyo, que sólo podrían ser refrendados (validate) por los datos; datos que no se proporcionaban. todavía más prejudicial para las propuestas (claims)de becker: el mismo fenómeno del crecimiento del empleo de las mujeres podría haber resultado de 40 véase, por ejemplo, neWell, a. y siMon, h. a., Human Problem Solving, capítulo 14.
41 Cfr. siMon, h. a., “a mechanism for social selection and successful altruism”, Science, v. 250, (1990), pp. 1.665-1.668; y siMon, h. a., “organizations and markets”, Journal of Economic Perspectives, v. 5, (1991), pp. 25-44.
mecanismos consistentes con la racionalidad limitada, sin apelar a la hipótesis de maxi- mización UsE. Entre numerosas posibilidades voy a sugerir sólo dos: la experiencia de la guerra pudo haber llamado la atención de las mujeres sobre las opciones de empleo fuera de casa, del que habían sido sólo vagamente conscientes, o pudo haber redefinido lo que constituía una pauta satisfactoria de las actividades de la vida.
¿salimos ganando o estamos peor con respecto a la simplicidad o sobriedad (parsimony) si sustituimos racionalidad limitada por maximización de la utilidad, para explicar éste y otros fenómenos concretos? hemos visto que el principio de racionalidad limitada es claramente una ley de estructura cualitativa, sujeta a muchos tipos de imprecisión. Nos aconseja que, para predecir la conducta, debemos saber algo no sólo acerca de las preferencias del actor y el entrono donde actúa él o ella (lo que también requiere la teoría de la utilidad), sino también acerca del conocimiento que tenga el actor (de las alternativas y de las consecuencias) y de su habilidad para computar y realizar inferencias.
¿Qué propone la racionalidad limitada como sustituto de la maximización de la utili- dad? Dice que debemos examinar empíricamente la conducta humana, para averiguar qué procedimientos se usan realmente para tomar decisiones. Estos procedimientos pueden variar de manera considerable, dependiendo de cuál sea el conocimiento y la información disponible y de la complejidad de la situación. Pueden cambiar en el curso de la historia, con la adquisición de nuevo conocimiento y nuevas técnicas de computación y con el cam- bio en la atención pública. sin embargo, los procedimientos que se usan para la decisión no se construyen de forma arbitraria ni de nuevo para cada situación de decisión, sino que se derivan de principios más generales.
La investigación psicológica que he mencionado con anterioridad ha reunido y contras- tado algunos modelos de procesos de decisión más precisos, que incorporan mecanismos tales como la investigación heurística (que incluye la búsqueda para aumentar el espacio del bien [commodity]), niveles de satisfacción y de aspiración (buscando alternativas que reúnan niveles “satisfactorios”, donde lo que es satisfactorio es modificado constantemen- te por la experiencia), análisis de medios a fines, el foco de atención, reconocimiento, el contenido y la organización de memorias expertas, y así sucesivamente.
Podríamos decir que este cuerpo de teoría se parece a la teoría de la biología mole- cular de manera cualitativa, cuando no cuantitativamente. Postula una gran cantidad de mecanismos específicos y se requiere una gran cantidad de conocimiento empírico antes de poderse aplicar a cualesquiera circunstancias particulares. Ni la maximización UsE ni la racionalidad limitada son teorías excepcionalmente sobrias (parsimonious). Ni son simples, excepto cuando se presenta en forma de leyes de estructura cualitativa: [son] toscas guías cualitativas de los fenómenos. ¿Cómo vamos a escoger entre ellas?
Podría poponer que eligiéramos de la misma manera que escogemos en otras Ciencias. Primero, debemos buscar las pruebas empíricas (evidence) de si los mecanismos avan- zados por cada teoría se comportan, de hecho, como se postula. En la medida en que lo hacen, la teoría tiene al menos valor explicativo, cuando no valor predictivo. Desde luego que podríamos concluir que no hay modo de averiguar nada sobre estos mecanismos. En ese punto deberíamos considerar a la teoría como vacua: “metafísica” o “no operativa”, en lenguaje positivista.
si nuestros intereses son más aplicados que básicos, podríamos escoger entre teorías, como propone Friedman, sobre la base de la capacidad predictiva en lugar del valor explicativo. Pero si lo hacemos, debemos incluir no sólo el esqueleto de la teoría, sino los parámetros que han de ser estimados para hacer predicciones. aquí, de nuevo, una teoría es esencialmente inútil, a menos que haya maneras prácticas de estimar esos parámetros, y que el éxito de la predicción se deba a que descansa, por lo menos en la misma proporción, sobre las medidas de los parámetros que [lo hace] sobre la forma exacta de los axiomas.
Distribuciones del tamaño de empresa. vuelvo a otro ejemplo de mi propia investigación económica para ilustrar los aspectos que acabo de exponer. En los capítulos sobre teoría de la Empresa —en los libros de texto de Economía neoclásica— se presta cierta atención a los determinantes del tamaño de la empresa. La teoría estándar, transmitida por todos los libros de texto con los que estoy familiarizado, parte de Jacob viner y su celebrado debate con Wang, su delineante (draftsman). Cada empresa, de acuerdo con viner corregido por Wang, tiene una curva de coste a corto plazo en forma de U, determinada por el nivel de operación para la que ha sido diseñada, y una curva de coste a largo plazo en forma de U que es el envoltorio de las curvas de corto plazo para todos los niveles posibles de operación. a largo plazo, las empresas operarán en la escala que corresponda al punto de mínimo coste en la curva de coste a largo plazo.
¿Qué permite decir esta teoría (deducida de la maximización del beneficio) sobre la distribución de las empresas por tamaños en una industria o en una entera economía? Esencialmente nada, a menos que todas las empresas de la industria se enfrenten a la mis- ma curva de coste a largo plazo. En ese caso, se podrá predecir que todas las empresas van a tener aproximadamente el mismo tamaño; una predicción que está en egregio conflicto con todos los hechos conocidos. si, por otra parte, cada empresa tiene un curva de coste idiosincrásica, entonces cada una tendrá su tamaño determinado por esa curva. En este caso, no se puede decir nada en absoluto sobre la distribución del tamaño de las empresas en la industria sin el previo conocimiento del óptimo para cada empresa: una predicción no muy sobria (parsimonious).
Como mencioné anteriormente en este capítulo, llegué a la cuestión del tamaño de la empresa desde la dirección opuesta: a partir de los datos empíricos de la distribución real de tamaños, que casi siempre encajaba bastante bien con la distribución de Yule (o de Pareto), una distribución relacionada con la distribución lognormal, aunque aún más asimétrica que ella 43. Para los fenómenos de los tamaños de las empresas, se puede derivar esta distribución a partir de supuestos cuyas exigencias de cálculo humano son mucho más débiles que las que hace de la maximización UsE, y que son compatibles con la raciona- lidad limitada humana. El supuesto básico (normalmente llamado el supuesto de Gibrat) es que la proporción promedio del crecimiento de las empresas de todos los tamaños es independiente del tamaño presente. si el promedio (average) de las empresas pequeñas crecen un 5 por ciento por año, entonces las empresas de tamaño medio también crecen el 5 por ciento en promedio, y las grandes, otro 5 por ciento.
Este supuesto de Gibrat tiene varias cosas elogiables. Primera, es simple: mucho más simple que la maximización de UsE y, por tanto, mucho más sobrio. segunda, es fácil 43 Cfr.iJiri, y. y siMon, h. a., Skew Distributions and the Sizes of Business Firms, North-holland, Nueva York, 1977.
encontrar datos para constrastarlo. tercera, y quizás lo más importante, se ajusta a los hechos muy bien en casi todos los casos donde se ha contrastado. Cuarta, el supuesto de Gibrat se sigue de algunos supuestos bastante plausibles acerca de los mecanismos subyacentes: grosso modo, que la cantidad de dinero que una empresa puede pedir pres- tado a un coste razonable para su expansión, la velocidad con la que puede incrementar a un coste razonable su producción y los instrumentos de mercadotecnia y de mercados (markets), y todas las magnitudes similares que gobiernan la expansión en su totalidad serán aproximadamente proporcionales al presente tamaño de la empresa. (si queremos poner el asunto en términos de curvas de coste en forma de U, deberíamos comenzar con las curvas para el coste del cambio de la tasa (rate) de producción, en lugar de las curvas para el coste de producción en los distintos niveles de salida [output]). No me consta que esas hipótesis sobre la facilidad de la expansión se hayan contrastado alguna vez de manera sistemática, pero los datos casuales con los que estoy familiarizado encajan (fit) con ellas, y cuando se proponen a personas con experiencia en los negocios se hacen eco (resonate)de ellas.
En el caso de los tamaños de las empresas de negocios, parece claro que, de los principios que se aplican normalmente en la Ciencia para escoger entre teorías —ya sea la simplicidad, la sobriedad (parsimony),o la capacidad predictiva y la exactitud—, escogeremos la ex- plicación de las distribuciones del tamaño de las empresas basada en el supuesto de Gibrat antes que la explicación casi vacua basada en la maximización del beneficio. Que la teoría viner-Wang persista en los libros de texto, que apenas mencionan la teoría de Gibrat, sólo se puede explicar por la mística de UsE que continúa dominando a la profesión de la Economía. Es como si los físicos continuasen creyendo que el espacio está ocupado por éter cuarenta años después de haberse publicado los experimentos de michelson-morley.