UN TEXTO ALJAMIADO TARDÍO
S ORDAS S ONORAS
Fonemas Grafías Fonemas Grafías
Dorsoalveolar africada <ç ~ ce, i> /z/ <z>
Apicoalveolar fricativa <s- / -ss- / -s> <-s->
Prepalatal fricativa <x> <j ~ g>
Palatal africada/fricativa <ch> /y/ <y ~ i>
Mientras que el sistema del árabe andalusí es más simplificado:
SORDAS SONORAS
Dorsoalveolar fricativa /s/ /z/
Prepalatal fricativa Ø
Palatal africada 183 184
Como ya hemos dicho, la aljamía es el resultado de las interferencias acústicas entre el sistema romance y andalusí, desde el punto de vista de este último, y en ella la situación es la siguiente:
SORDAS SONORAS
Dorsoalveolar fricativaa /s/ /z/
Prepalatal fricativab
Palatal africada c
a) Confluyen las dorsoalveolares africadas del romance y las fricativas del andalusí, favorecidas probablemente por la fricación de las dorsoalveolares romances a lo largo del siglo XV.185
b) Las apicoalveolares fricativas romances confluyen con la prepalatal fricativa del andalusí en esta última. Sin embargo, cabe la duda de si siempre ocurrió así, pues en el caso de T19, como hemos visto, la diferencia gráfica entre la apicoalveolar
183 Aunque en el árabe no existe este fonema palatal africado sordo, parece que en andalusí sí se adopta como rasgo fonológico, pero tan solo como préstamo, y en el Cancionero de Aban Quzmán también se registra en algunas palabras árabes como resultado de ciertas asimilaciones (Federico Corriente, Gramática, métrica y texto del Cancionero hispanoárabe de Aban Quzmán, Madrid, Instituto Hispano-árabe de Cultura, 1980, pág. 18).
184 Aunqu En Árabe andalusí y lenguas
romances (Madrid, Mapfre, 1992), Corriente dice que «ciertas transcripciones de /j/ sugieren que tuvo do por todo el mundo árabe y normal en el Norte de África» (pág. 53).
185 Las africadas se debilitan a lo largo del siglo
XV y se convierten en fricativas, confluyendo por completo en el primer tercio del siglo XVII op. cit., págs. 96-97).
pertinencia fonológica.
c) Aunque reflejo esta posibilidad como fonema, es más probable que su realización fuera fricativa (reflejada por ello entre paréntesis en su casilla correspondiente), como ocurre en el árabe andalusí y en el romance. «El árabe clásico no contaba en su sistema con una prepalatal fricativa, por lo cual aunque la j del texto morisco fuese ya fricativa no se podía utilizar para reproducirla otro signo que el m, y de otra parte hay que considerar que la realización africada del m pertenece casi exclusivamente a la lengua literaria, por ello es de suponer que el valor fónico del m árabe español coincidiría, desde hacía tiempo, con el de los dialectos magrebíes actuales, igualándose, por tanto, a una fricativa prepalatal».186
Independientemente de la evolución de la aljamía, a finales de la Edad Media, estos tres fonemas sonoros del romance se neutralizan y confluyen con sus pares sordos, perdiendo su sonoridad, aunque sigan manteniendo las antiguas
las grafías <x> y <j/g>. Aunque en un principio, esta pérdida de sibilantes sonoras era propia tanto de variantes castellanas como de algunos dialectos norteños,187 a medida que avanza el siglo XVI, y después de la imposición de la Corte en Madrid en la década de 1560, la confusión de sibilantes pasa a formar parte de la lengua estándar.
A las características lingüísticas (gráficas, morfológicas y léxicas) que podrían fechar el T19 a finales del siglo XVI, se añade el hecho de que haya confusión entre las sibilantes que, aunque escasa, es significativa, puesto que no se puede explicar como error gráfico. El que sea más habitual, de todas
formas, la dis - -
temprana de la copia, reflejando los cambios fonéticos coetáneos, pero también podrían plantearse dos hipótesis que explicaran esta mayor acomodación, al menos aparente, al sistema fonológico del romance:
1. Se puede deber a una evolución real de la aljamía como subdialecto romance o a la formación específica del escriba morisco de T19, es decir, a su idiolecto particular, que muestra una acomodación de la aljamía a una variedad más estándar del
186 Álvaro Galmés de Fuentes, Batallas
II, cit., pág. 23 y Hossain Bouzineb, Literatura de «castigos», cit., pág. 263.
romance. Esta hipótesis de una evolución real de la ajamía vendría avalada por el hecho de que el manuscrito en caracteres latinos S5, cuya copia está fechada en 1606, tampoco confunda prácticamente las sibilantes, pese a lo que cabría esperar por su tardía fecha.188
2. Pero quizá de lo que se trata es de una mayor acomodación del sistema grafonómico aljamiado al latino, lo que explicaría que, pese al carácter presumiblemente tardío del manuscrito, se conserve bastante bien la distinción entre las sibilantes. De ser así, lo que tendríamos es un escriba morisco que, independientemente de la pronunciación real de su subdialecto o idiolecto, conocía y tenía bien interiorizada la ortografía latina del romance, y la intenta reflejar del modo más adecuado cuando emplea la grafía árabe, aunque esos sonidos estuvieran ya entonces desfonologizados (como ocurría entonces y hasta hoy con la diferenciación de las grafías <b/v>). A esto se suma la sistemática o al menos, poco consistente en los manuscritos más tempranos. Esta regularidad que presenta T19 parece deberse a la refonologización
correspondientes.
Por otro lado, hay más razones que parecen ratificar el gusto y el conocimiento del copista de los textos romances en caracteres latinos:189
1. La separación de palabras a final de línea, que sigue las pautas ortográficas del Siglo de Oro es decir, silábica , y no a la medieval o a las tendencias heredadas del árabe propias de la aljamía, mucho más anárquicas en este aspecto.190 En T19, tan solo
188 Información que Raquel Montero proporcionó en su conferencia «Aspectos grafemáticos, fonológicos y fonéticos de un manuscrito morisco», en el VI Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, celebrado en la Universidad Complutense los días 29 de septiembre-3 de octubre de 2003. Galmés de Fuentes, en Batallas II (pág. 16), habla de «una relativa regularidad en la distinción de los dos fonemas de la pareja [de sibilantes]» en los manuscritos BNE 5313, BNE 5337, PALACIO 3226 y T18, todos ellos fechados en el siglo XVI (ibíd., pág. 10), aunque sin hacer una caracterización temporal suficientemene fiable.
189 Como generalidad, Bouzineb apunta que «no se respetan las reglas árabes de unión de las letras» (en «El valor exacto de los signos gráficos», cit., pág. 29); pero en T19, independientemente de lo que pasa en otros manuscritos, se siguen, por lo general, las reglas latinas de unión o separación de sílabas, indicando la romanización de ciertos étimos árabes, como ocurre con -bes.
190 Las palabras divididas al final de línea son las siguientes. Las cifras entre paréntesis indican el número de apariciones que hay en el texto de esa misma palabra, mayor a uno. a-boconados, abonoconar-lo, a-cabaron, acae-certe, a-cercarme, acer-cose, aconte-cerle, aconténte-se, a-da (4), ade-lante, agra-décelo, agrade-certe, agra-viados, a-júntenos, alcanço-lo, a-légrate, alikit -bes, allega-miento, alrre-pintientes, amanecie-sen, amuche-cerán, a-partaos, apresurada-mente, aprove-chador, aprove-charle (2), a-quello, a-sentados, asen- tados, asen-tósele, a-signadamente, a-testiguación, atestigua-miento, a-venturados, aver-dadecen, a-vergüences, bañar-se, bebede-ros, bien-aventurado, cade-nas, cae-rán, case-ricios, cegué-moslos, ceno-teno, clare-dades,
194 palabras aparecen cortadas al final de línea, lo que indica una clara preferencia por la inclusión de palabras completas, y todas ellas presentan la división a la que estamos acostumbrados desde la época moderna, con la excepción de algunos diptongos y hiatos: cri-yador, enseñore-ase, entendi-yente, hanbri-yento, hanbri-
yentos, -ante, quini-yentos, sabi-endas, seti-enbre, simi- yente. Y algunos grupos consonánticos, siempre con vocal
anaptíctica, cuyo segundo elemento es una líquida: desce-reyente, espe-leite, medo-rosos, pieda-ras, vosoto-ros. Esto último podría redundar en la posibilidad de una pronunciación, aunque apenas imperceptible, de esa vocal epentética en estos grupos consonánticos.191
2. La división de las palabras en la propia secuencia. La grafía romance medieval (coincidiendo en parte con la árabe) es propensa a la epéctasis o fusión gráfica de las partículas, aun cuando no haya crasis (o elisión vocálica, como en dello o desto), de acuerdo con los sirremas;192 así, por ejemplo, en las Siete Partidas, ms. BNE 1766, copia de 1491, encontramos: «avn sinestas palabras que dixo el en aquel dia auia dicho antes asus Faze el clerigo enla missa la hostia despues que es consagrada en tres partes & las dos dellas tiene enlas manos: & la tercera echa enla sangre que consagro: & delas dos que tiene enlas manos la vna es por dar gracias adios por los que son enel parayso».193 Pero a la vez, también tiene la tendencia contraria y
con-cluir, con-cuerdes, con-fiença, confle-xamiento, conprehende-rás, con-tentará, cre-yencia, cre-yentas, cre- yente (2), cre-yentes (2), cri-yador, cual-que, cua-renta, cubier-tos, deve-dármelo, de-fallimiento, de-fenderá, defiénda-nos, de-fiéndome, de-mándales, de-mandarás, de-mandas (3), de-más, den-trar, descre-yencia (2), desce-reyente, descreyen-tes (2), des-cubrió, des-fiuza, des-fiuzas, des-forçador, des-fuerço, de-sobedece, desobede-cedor, desobede-cer (3), desobede-ciolo, desobe-diencias, de-sobidencias, des-partimiento, despar-tir, des-partirse, des-pendender, des-piertes, des-pués (14), de-vantarse, de-xado, dexado- -ron, di-xeron, dorar-le, e-cebtado, en-comiéndase, endew-dado, en-fermoséate, enforte-ciose, enne-greçcas, ennegre-cidos, en- podereará, enpri-siónalo, enseñore-ase, entendi-yente, enton-ces, entre-metidos, entristecer-se, entriste-ciose, ere-deros, es-capaste, es-cribir, escure-cerás, es-paldas, es-pántalo, espe-cialidades, espe-cialome, espe- es-tos, es-tranjeros, estre-char, estri-bando, fuerte-mente, fue-sas, hablar-le, hablar-nos, hanbri-yento, hanbri- yentos, her-mosa, iç-quierda (2), ivan-tallas, mal-querientes, mante-nimiento, mare-cer, medo-rosos, me-enester, menes-ter, me-nester(3), me-nesteres, mer-car, mer-ced (2), me-terme, no-sotros, nueva-mente, o-bedecer, o- bedecimiento, obi-diencia, pare-ciente, pen-sando, per-caçará, per-dido, per-donado, perdo-nados, pie-des, pieda- -ante, por-que(2), pre-sentado, prin-cipiando, prin-cipio, prin-cipió, pro-metéis, pública-mente, puri-ficación, púso-sela, quini-entos, quitar-se, re-cabar, recibir-te, reconside-ran, re-contado (2), repre- sentada, res-colgose, re-volviose, ro-gará, sabi-yendas, salva- -cientos, Se-govia, seme-jante, seme- jantes, sen-blança, ser-vicio, se-tenta, seti-enbre, sier-vos (2), simi-yente, sola-mente, téme-se, tras-pasar, tra- tar, venti-seiseno, venti-una, vosoto-ros.
191 Véase apartado de este capítulo dedicado a los grupos consonánticos de {consonante+líquida+vocal}. 192 Así se denominan las agrupaciones de dos o más palabras con unidad tonal, gramatical y de sentido, que forman la unidad sintáctica intermedia entre la palabra y la frase. Antonio Quilis y Joseph A. Fernández, Curso de fonética y fonología españolas, Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 19994, pág. 143. 193 Según datos obtenidos en el
disgrega sufijos o sílabas iniciales que pueden parecerse a una preposición, como es el caso que encontramos en Juan Fernández de Heredia, «et de nuef barchas que aui- / a fecho uenir de grecia car- / gadas de gentes en uionde / los -viij. a poblar gallizia».194
Esta situación, por influjo quizá de la ortografía latina (y quizá de la italiana, al estilo de los humanistas), tiende a desaparecer a lo largo del Siglo de Oro, en el que se impone una separación de palabras bastante cercana a la actual. El comportamiento de T19 agrupa unidades léxicas siendo la primera sistemáticamente una preposición, no cualquier palabra , mediante crasis:
-él», «por-esto».
Este es, por tanto, otro argumento en favor de la datación tardía de T19 e, indirectamente, de la posibilidad de que la distinción entre las sibilantes,
letra latina coetánea, que no de su diferenciación fonológica.
2.1.3. Dental: diferenciación de los alófonos oclusivo y fricativo
Aunque la realización de estaría mejor representada por los fonemas árabes enfáticos correspondientes (z / ), probablemente su pérdida de énfasis haya hecho que los mudéjares y moriscos prefirieran el uso de
\
para su representación.195 Sin embargo, a juzgar por las ediciones ya realizadas, en la mayoría de los manuscritos aljamiados no existe una distribución sistemáticaello, el copista de T19 distinguía perfectamente estos dos sonidos,196 según la distribución registrada por Navarro Tomás a principios del siglo XX: «la articulación oclusiva [se produce] únicamente cuando va en posición inicial absoluta o en contacto con una n o l precedentes»197 aunque en este manuscrito no se contempla la primera premisa, quizás porque el copista
194 Grant corónica de los conquiridores: Primera partida, ms. BNE 2211, f. 20v, transc. de John J. Nitti y Lloyd A. Kasten, en Adymte II.
195 Véase Hossain Bouzineb, «El valor exactos de los signos gráficos», cit., págs. 30-31. Arguye que de no haber sido por «la influencia ejercida por la lengua escrita que ayuda a mantener las cuatro grafías, se habría reducido el grupo cuatripartito a dos representaciones», como ocurre en BNE 5267, texto que, según el estudioso, fue copiado al dictado y utiliza la dal hasta en las palabras árabes.
196 Lo mismo ocurre en el manuscrito BNE 5223, fechado en 1577: «hay una alta precisión entre la distinción del fonema y su archifonema» (cfr. Hossain Bouzineb, «El valor exactos de los signos gráficos», pág. 31 y Literatura de «castigos», cit., págs. 295-298).
197 Manual Navarro Tomás, op. cit., pág. 99. Lo mismo sostienen Antonio Quilis y Joseph A. Fernández (Curso de fonética y fonología españolas, cit., pág. 95) y Antonio Quilis, El comentario fonológico y fonético de textos (Madrid, ArcoLibros, 1988, pág. 47): el alófono oclusivo [d] se produce cuando /d/ va «precedido de pausa,
considerara el texto como un todo, tal y como se muestra visualmente, sin ninguna pausa especialmente marcada.198
Así, por ejemplo, el día (24r, 6); al dueño (112v, 3); el dayuno (182r, 8); en desierto (84r, 15); en dineros (122r, 4) o en demandarlo (140v, 4); frente a
- -10), etc.
Las excepciones, dentro de la misma palabra, que he encontrado en todo el manuscrito son las siguientes: (10r, 5); (11v, 10);
(11v, 11); (12r, 4); (11v, 7); (16r,
12); judicio (30v, 15); (46r, 1); (46r, 15 y 184v, 14); padre (48r, 1); (48r, 9); tormentadores (63r, 5); daça (94v, 7); recontado (103v, 6); almuédanes (104v, 1); (193r, 3); olvidarlo (196r, 1);
(196r, 5); (197r, 13); (214r, 9); (223v,
5).
En cambio, se advierte una regularidad absoluta en las palabras árabes, que mantienen su grafía original, en lo que a estos fonemas respecta: Mu ammad, Edam, açud, al addaqa, al ad , almud, , etc.; con la excepción de al mes (216r, 1), mientras que alddirh mes (156r, 15). Evidentemente, cuando toman sufijación romance, esta se adapta entonces a la fonética romance, reflejándose así en la grafía, como ocurre en .
En términos de porcentajes, la regularidad es clara: de las 11.004 palabras que contienen al menos una /d/, tan solo he encontrado 21 que presentan un uso anómalo, es decir, un 0,22% de los casos. En cambio, el número de excepciones se eleva en fonética sintáctica, siendo 303 el número de palabras -l#> y 239 tras <-n#>, lo que supone un 2,75% y 2,17%
respectivamente. Entre ellos, (73v, 12) y (202v,
10), entre otros.
alófonos de /d/ suponen, quizá, una fonologización de los mismos, probablemente por influencia de la distinción mantenida en el árabe andalusí (aunque no fuera así, probablemente, en registros bajos).199 O quizá se deba al propio nivel cultural del copista, atento observador de la fonética romance, que valiéndose de la diferenciación gráfica que le proporciona el árabe, lo utiliza para marcar estas sutilezas acústicas que suponen los alófonos. El hecho de
198 El original, sin puntuar como ocurre sistemáticamente en los textos manuscritos árabes , presenta un texto más o menos ajustado a caja, sin marca de párrafo más que en los casos en los que conservamos los títulos de los diferentes capítulos, en los que se emplean letras más grandes y adornadas, así como una línea en blanco para marcar la diferencia con la sección anterior. (Para más información sobre la puntuación, véase Mustapha Jaouhari, «Notes et documents sur la ponctuation dans les manuscrits arabes», Arabica 56, 2009, págs. 315-359. Tampoco en el manuscrito BNE 5223 que, como hemos visto, ofrece una representación fonética del texto muy precisa, se encuentran ejemplos de oclusión tras pausa fuerte (Hossain Bouzineb, Literatura de «castigos», cit., pág. 296).