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Se debe aplicar a los niños la psicoterapia?

In document Hablando Sobre Summerhill (página 101-104)

Este es un problema acerca del cual los expertos difieren profundamente. Yo sólo puedo dar mi opinión personal. Practiqué el análisis con los niños durante muchos años, pero más tarde comencé a dudar de su utilidad. Si una persona adulta se siente neurótica acude voluntariamente al terapeuta; el niño no. Sin embargo, aunque no niego que los niños que yo traté mejoraron algo, creo que la clave reside en la libertad. Todo el mundo gusta de platicar con alguien acerca de sí mismo; y, en mi caso, los pupilos sabían que cualquier cosa que me confesaran era acogida con comprensión y simpatía. El mero hecho de escucharlos, siendo un acto de amor, podía ser la razón, de que la terapia los mejorase. Lo que no me explico es por qué una persona consiente en dejarse analizar por un freudiano, otra por un jungniano, y otra por un adleriano; todos ellos psicoanalistas, pero con una interpretación onírica diferente. Lo raro es que suelen mejorar; tal vez esto se pueda explicar en virtud de cierta transferencia: el sentimiento de que el terapeuta les está dando el amor que les faltó en sus respectivas infancias.

Pongo en duda que el revelar recuerdos de la infancia sea tan importante como pretende el psicoanálisis. Pues el hacer consciente la causa de un complejo, no cura, a no ser que ese descubrir el recuerdo de la infancia implique la misma reacción emocional que tuvo cuando se produjo el trauma primitivo. La terapia de Reich implica tal reacción. Aunque demasiado a menudo, la explicación sólo consigue cambiar el

síntoma. Un hombre que padece de jaquecas, a causa de que su padre acostumbraba golpearle en la cabeza, al serle revelada esta causa le puede resultar un lumbago. Curioso, pero con mucho de verdad.

Actualmente toda mi confianza está puesta en la libertad. Esta funciona en casi todos los casos... y ya aclaré que no puede darse un éxito total con niños que de bebés no han sido amados. La libertad, no obstante, funciona mejor cuando el paciente es un niño que ha sido educado en su casa como se le conduce en Summerhill. Pero, por favor, no me pregunte cómo funciona, pues no sabría responderle. Tuvimos una muchacha de catorce años, que más de una vez había intentado el suicidio. Ingresó en la escuela con un rostro duro, voz amarga, mirada recelosa. En nuestras reuniones de autogobierno, ella siempre votaba por los culpables antisociales. Al cabo de dos años, salió de la escuela con un cuerpo relajado y un rostro feliz. No sé la razón. Tan sólo puedo apuntar que cuando un niño se encuentra en un ambiente en el que nadie le está repitiendo cómo comportarse, todas sus actitudes positivas instantáneamente empiezan a aflorar. Pudiera dar otros ejemplos con resultados parecidos.

Reconozco, sin embargo, que la libertad puede ser más efectiva estando acompañada por la acción nada de teoría del maestro. El mejor modo de ayudar a un niño con complejo de romper ventanas, es no darle importancia y hasta ayudarle a quebrar más vidrios... lo cual no es fácil si los padres del niño son pobres. Por fortuna, ese problema no se presenta a menudo. He tenido en ocasiones cruzándome de brazos que limitarme a observar cómo un niño rompía mi torno de precisión, sabiendo que si me oponía el niño podía identificarme con su padre, el cual no le permitía entrar en su tienda. Sacar por otro las castañas del fuego es muchas veces un trabajo bastante caro.

En cierto modo, todo el cuerpo de maestros y yo mismo continuamente estamos efectuando terapia, al estar situados a favor del niño, lo cual es una de las mayores ventajas en la terapia. Confieso mi ignorancia respecto al uso de las clínicas infantiles, que por cierto hacen un buen trabajo, pero no veo la causa de que Melaine Klein abogue porque el niño sea analizado a los cuatro años de edad. El niño que crece con libertad no requiere ningún análisis. Por cierto que sólo sé de dos ex alumnos que hayan acudido al psicoanalista; tal vez haya más, pero he perdido contacto con ellos. Ahora estoy intentando comprobar si los niños que crecen sin necesidad de ser analizados, serán capaces, a su vez, de criar a sus propios hijos evitándoles el usual complejo paterno o

materno, la culpabilidad sobre el sexo o el miedo a la libertad. Para mí la terapia es como las drogas respecto del cuerpo: igual que nuestros cuerpos padecen los males causados por el pan o el alimento condimentado, abonos artificiales, rayos atómicos, insecticidas, gases, etc., del mismo modo nuestros estados anímicos padecen de resabios paternales o maternales, de restricciones y recelos originados en la terapia analítica que trató de curarnos de las presiones y trastornos originados en nuestra infancia. La solución en ambos aspectos el físico y el somático está en prevenir los complejos, espirituales o corporales, evitando que se originen.

CAPÍTULO VIII

In document Hablando Sobre Summerhill (página 101-104)

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