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CAPÍTULO 7 FLEXIBILIDAD CUALITATIVA

7.1 Segregación genérica

La discriminación genérica se da por el tipo de trabajo para el cual se contrata a un niño o una niña tomando como uno de los criterios centrales su sexo. En este ámbito, la división sexual del trabajo a nivel de adultos se trasmina hasta los grupos de edad infantiles y juveniles, reproduciendo límites en los espacios y actividades que les son permitidos por el hecho de pertenecer a determinado sexo.

En las primeras experiencias de trabajo las y los niños trabajan al lado de sus progenitores, por lo que muchas niñas se incorporan directamente a los procesos de empaque, amarre, desbrote o trabajo en invernadero al lado de sus madres y los niños con sus padres en corte de hortaliza. Por ejemplo, en una familia en donde había gemelos de diferente sexo (niño y niña) se observó una clara inserción diferenciada basada en el sexo al incorporar al hijo en las actividades del corte y a la niña en trabajo de empaque. En este caso, aunque fuese el mismo grupo doméstico y hubiese igualdad en términos de edad, el sexo fue el principal criterio que los ubicó en una u otra esfera de la producción.

Esta situación reproduce los estereotipos de género para ciertas actividades consideradas como femeninas o masculinas en los procesos agrícolas. Aquellas actividades identificadas como demandantes de paciencia, delicadeza en el manejo, detalle y mayor concentración les son asignadas a las niñas al igual que a sus homólogas adultas. Cuando un trabajo requiere de esfuerzo físico o de riesgos se delega a los niños y jóvenes. Sin embargo, también se empiezan a dar rompimientos en las estructuras de la división sexual del trabajo, las cuales generan cambios desde la infancia debido principalmente al mayor acceso a la educación escolarizada de las niñas y mujeres, lo cual les permite incorporarse a determinados puestos como el de apuntadoras y mayordomas.

La discriminación basada en el sexo se mantiene latente y forma parte implícita de los criterios de contratación. Además, cuando se integran a trabajar, las niñas jornaleras continúan realizando trabajo doméstico que se les asigna por el hecho de ser niñas. Es decir, la discriminación genérica forma parte indisoluble de los ámbitos domésticos y públicos en los que se involucran de manera directa. La discriminación bajo lineamientos de género se reproduce y se recrea a sí misma en función de las condiciones de flexibilidad laboral que la empresa va demandando.

Las niñas se concentran principalmente en labores de corte, amarre, desbrote y capado, así como labores en invernadero y empaque. Se privilegia su empleo en labores culturales de cosecha del jitomate porque requiere de un mayor control de calidad en su manejo, por lo que con base en criterios que atañen cualidades de delicadeza a mujeres y niñas se las ubica ahí con el propósito de asegurar un trato suave al fruto. En este estudio de caso, el total de la mano de obra infantil en cultivo de jitomate de invernadero fue femenino.

En el trabajo en empaque también se encontraron incorporadas principalmente a niñas. Destaca que la actitud de padres y madres es muy abierta para con el tipo de flexibilidad laboral (en términos de horarios) que se les demanda a sus hijas. El grupo doméstico no ve de mala manera que una niña o joven lleguen hasta avanzadas horas de la noche de su trabajo en el empaque. A este hecho se le concibe de manera normal, como una peculiaridad inherente de ese puesto de trabajo. Esto supone ciertos cambios en los hábitos y costumbres de familias campesinas o indígenas que se caracterizan por detentar un control considerable en las actividades, horarios y espacios en los que sus hijas pueden desempeñarse.

Mi hija se va a las ocho de la mañana en el camión que recoge a la gente que trabaja en el empaque. Sus horarios son muy irregulares porque en función de la verdura que haya, será la hora a la que regrese a dormir. En ocasiones regresa a las nueve, a las diez, once, doce o una de la mañana. Ella casi no tiene tiempo libre y el poco que tiene pues se duerme (Francisco, 48 años, 22-01-2006).

La división sexual de las labores permite y reproduce la valoración diferenciada del trabajo asalariado y del doméstico (no asalariado y reproductivo). No sólo el trabajo

doméstico se desvaloriza sino también ciertos puestos que son mal remunerados o que son considerados “exclusivos” del sexo femenino porque requieren de determinadas destrezas manuales, concentración o manejo del producto.

Aunque muchas de estas actividades parecen ser repetitivas y monótonas requieren de un nivel de concentración relevante. En el corte de jitomate y pepino se trabaja con un cuchillo o navaja por lo que cualquier descuido conduce a cortaduras; en el desbrote y capado se tienen que dejar las cantidades justas de brotes que se estipulan como adecuadas; en el empaque, ya sea de rezagadora o empacadora, la concentración se dirige a la vigilancia en la clasificación y selección de los frutos para que tengan el color, tamaño y cualidades físicas que el mercado exige.

En promedio las niñas dedican 9.6 horas diarias al trabajo asalariado y/o doméstico. En el caso particular de niñas trabajando en empaque sus jornadas llegaban a un máximo de diez horas y su remuneración es por unidad (caja) llenada o etiquetada. Véase Gráfica 6.

* En esta gráfica no se contabilizó a niñas que realizan exclusivamente trabajo doméstico o son ayudantes de sus padres/madres en el corte

Fuente: Elaboración propia con base en la E.T.I.J., 2006

A diferencia de los niños, las niñas no pueden andar retozando por entre los surcos y se les limita más en el tipo de juegos que pueden emprender durante los ratos de

descanso. Los juegos que se les permiten son generalmente más pasivos y solitarios. A las niñas les ponen más atención respecto al surco en el que están, a diferencia de los niños que son más libres de moverse o desaparecerse de la vigilancia paterna o materna.

Además, también se manifiestan percepciones por parte de la población infantil en cuanto a diferencia de cargas de trabajo entre géneros.

En el trabajo se cansan más las niñas que los niños porque las niñas son más débiles y hacen más esfuerzo. Las mujeres siempre están trabajando mientras que

los hombres pueden descansar [!] A mí sí me hubiera gustado ser hombre porque

como mujer tiene uno que estar trabajando en la casa y si trabaja en el corte al llegar tiene uno que irse a lavar la ropa mientras que el hombre descansa. Después de

lavar hay que hacer la cena. Y los hombres no!llegan del trabajo, escogen su ropa,

se bañan, dejan la ropa sucia como si nada, piden de comer y dejan sus trastes donde comieron y uno tiene que ir a levantarlos. Por eso me hubiera gustado ser

hombre (Consuelo, 11 años, 06-02-2006).

Para muchas niñas esta afirmación se confirma diariamente ya que las actividades domésticas giran alrededor del horario de trabajo agrícola. A partir de las cuatro de la tarde, que marca el término de la jornada, las mujeres y niñas prosiguen su jornada de trabajo con labores domésticas como lavar, hacer comida y cuidado de terceras personas. Los hombres, en cambio, al llegar del trabajo pueden disponer de un tiempo para descansar, prepararse para salir a trabajar al día siguiente y asearse. Las niñas se percatan desde edades tempranas de su doble jornada de trabajo. Independientemente del tamaño del grupo doméstico, son las niñas quienes tienen jornadas más largas de trabajo ya que 54% de ellas realiza tanto trabajo doméstico como asalariado, versus 26% de los niños que también los realizan.

Los tiempos que los niños dedican al trabajo son menores y se avocan principalmente al trabajo asalariado siendo la media de 9 horas.

* En esta gráfica no se contabilizó a niños que realizan exclusivamente trabajo doméstico o son ayudantes de sus padres/madres en el corte

Fuente: Elaboración propia con base en la E.T.I.J. 2006