colegio o universidad, es donde más se deben enseñar y practicar las relaciónes humanas, porque allí se enseñan muchas materias e instrucciónes teóricas y técnicas, pero nunca se deja un pequeño espacio para enseñar algo sobre la formación y el desarrollo humano; se descuida mucho lo correspondiente a una educación y desarrollo interno del joven, y de ahi las deficiencias que se dejan notar en nuestros sistemas pedagógicos, donde entran los alumnos más o menos educados y salen mal ineducados. Abrigamos la esperanza que muy pronto se tomen en cuenta estas deficiencias y se implanten las reformas necesarias.
En la educación las relaciónes se desarrollan en cuatro tiempos, es decir, hay una participación reciproca de cuatro formas de relación, las cuales deben ser correctas en todos sus aspectos; para que podamos decir que hay unas relaciónes efectivas y constructivas; por tanto, vamos a ver esa interacción reciproca, de las relaciónes entre padres, profesores y alumnos.
Las relaciónes de los padres con los hijos
El primer paso para que el alumno haya desarrollado una conducta favorable, para portarse bien en todas partes y en todas sus actividades, depende de las relaciónes en el hogar; allí es la escuela fundamental de la vida, donde se aprenden los buenos o los malos modales, los buenos o los malos hábitos, y por mas que los padres quieran disculparse con cualquier otra cosa, esto no resulta sino una confesion del fracaso en la educación de sus hijos. Miles de veces se ha repetido por todos los expertos en la materia, que la verdadera educación se en- gendra, se gesta y se forja en el hogar, lo demás es complementario; de tal manera, que los padres que esperan que le eduquen sus hijos en las escuelas y colegios, están evadiendo sus mas primordiales deberes, y estan cometiendo una grave falta contra sus hijos; es decir, están en un grave error.
Relación de padres y profesores
Entre padres de familia y profesores deben existir unas relaciones eficientes y cordiales, si se desea una mutua colaboración para la educación del alumno. Indudablemente el profesor necesita una activa colaboración del padre, para que lo que el haga en pro del alumno, no lo anule o destruya el padre también a la inversa, el padre de familia necesita la comúnicación y cooperación del profesor, para reforzar lo que ha hecho en pro de su hijo. Quede entonces muy claro que el padre debe relacionarse bien con los profesores de sus hijos y comúni carse permanentemente con ellos para aportarles colaboración oportuna; pero los profesores también deben dialogar personalmente con los padres de familia y co- municarles amistosamente los problemas y dificultades que tienen con sus hijos, y luego ponerse en mutuo acuerdo para ayudar al alumno en sus problemas.
Relaciónes entre profesores y alumnos
Sin lugar a dudas, todos los profesores deben saber que el arte de enseñar es el arte y habilidad para relacionarse con el alumno, y cuando esta comúnicación y
relación falla, falla también la enseñanza; porque enseñar consiste en saber comúnicar eficientemente un conocimiento. Pero esta relación no es efectiva si se lleva a cabo unicamente a nivel ideológico, es indispensable que hayan buenas relaciónes humanas. para que el alumno se sienta motivado por la materia y por el que la transmite. Aquí es sumamente importante tener en cuenta lo que enseñabamos sobre los niveles de comunicación, en donde veiamos que para hacer eficaz un mensaje. se| requiere la electividad del que lo transmite. el mensaje en sí mismo. el medio por el que se transmite y la disposición del que lo recibe. En resumen, el profesor no debe olvidar que ensenar es crear motivación por lo que se enseña y saberlo transmitir y comúnicar.
Relaciónes de alumnos con alumnos
También son de suma importancia estas relaciones, lo uno porque el centro educativo es una comúnidad netamente humana, en donde se ponen de manifiesto todos los sentimientos y el comportamiento de los que allí se reunen, y lo otro porque habiendo buenas relaciones entre alumnos, se motivan y colaboran mutuamente, evitando las tensiones y persecuciónes dentro del plantel. Definitivamente, las relaciónes entre companeros de estudio son vitales para que el alumno aproveche sus estudios, como lo son también con los profesores, porque en esta forma hay una mutua colaboración, para que el alum- no reciba los estimulos mas positivos posibles y no se le presenten barre rás emociónales y animicas en su aprendizaje.
Es una tarea que le corresponde por igual a padres, profesores y alumnos; establecer unas relaciónes satisfactorias, para que haya una gran armonía en esta comprometedora labor de la educación. Pero como el alumno está haciendo el papel de receptor, es lógico que su comportamiento depende ante todo, de lo que haya recibido de sus padres y sus profesores; por esto, la labor de los padres y los educadores es fundamental y definitiva, para que los alumnos tengan éxitos en sus estudios. El educador para serlo a cabalidad debe ser un excelente relaciónista, consciente de que su labor consiste en relacionarse muy bien con sus alumnos para quien esta sirviendo de modelo.
Decálogo del maestro
Ama: Si no puedes amar mucho, no enseñes a niños. Simplifica: Saber es simplificar sin restar la esencia.
Insiste: Repite, como la naturaleza repite las especies hasta alcanzar la perfección.
Enseña: Con intención de hermosura, porque la hermosura es madre.
Maestro: Se fervoroso, para encender lamparsa has de llevar fuego en tu corazón.
Vivifica tu clase: Cada lección ha de ser viva como un ser. Cultívate: Para dar, hay que tener mucho.
Acuérdate: De que tu oficio no es mercancia, sino que es un servicio divino. Antes de dictar tu lección cotidiana, mira tu corazón y ve si esta puro.
Piensa en que Dios te ha puesto a crear el mundo del mañana. Gabriela Mistral
Todas las lecciones de este libro serán fecundas y provechosas en esta dignísima labor de la educación, porque educar, como el termino lo dice, consiste en formar conciencias, sentimientos y caráctres, para afrontar la vida con toda su secuela de dificultades y complicaciones. En conclusión, enseñar es preparar para la vida, en todos los aspectos que necesita ser preparado el ser humano.