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Segunda parte:

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Daños al desarrollo:

Capítulo 4 Segunda parte:

conflicto y

desarrollo

humano

Daños al desarrollo:

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Agradecimientos

Este capítulo ha sido elaborado en alianza con el Progra- ma Nacional de Desarrollo Humano, proyecto conjunto

dnp–pnud. Contribuyeron también la Fundación Social,

Carlos Alonso, Jorge Iván González, Alfredo Sarmiento Gómez y Óscar Sánchez.

Recuadros: Saúl Franco y Gustavo Wilches.

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L

as lógicas de degradación inciden sobre el

desarrollo humano de dos modos principales: truncando directamente las opciones de las personas que padecen el conflicto, o afectando el contexto económico, social, políti- co e internacional para el desarrollo (Recuadro .). Este capítulo trata de precisar hasta dónde y de qué modo se han producido estos daños en el caso colombiano.

Tras explicar la relación conceptual entre conflicto ar- mado y desarrollo humano, la primera sección explora sus principales conexiones empíricas a la luz de la experiencia mundial. La segunda examina el impacto del conflicto co- lombiano sobre las tres dimensiones del Índice de Desarro- llo Humano, idh (esperanza de vida, educación e ingreso). La sección C mira el impacto del conflicto sobre el idh de las distintas regiones del país. La sección D retoma el hilo del Capítulo  y explica cómo el conflicto dejó de ser “margi- nal” para asfixiar el crecimiento económico, la democracia política y las relaciones exteriores del país, vale decir, para frustrar el desarrollo humano de Colombia. El Capítulo  se ocupa de medir y evaluar el daño a las varias clases de vícti- mas directas de la violencia política.

A. La teoría y la experiencia internacional 1. Desarrollo humano, conflicto y seguridad humana

Dijimos que “desarrollo” no es el aumento de la riqueza, sino que la riqueza es uno de los medios para que el ser huma- no pueda llevar una vida plena. Así que el verdadero desarro- llo —“desarrollo humano”— es el aumento en la cantidad y

calidad de las opciones que tienen los habitantes de un país. Si el desarrollo se entiende de este modo, el conflicto no siempre le es nocivo. Al contrario: abundan las situaciones de tensión o rivalidad que no disminuyen e incluso aumen- tan las opciones disponibles para la gente; es el caso de un mercado competitivo, que de hecho asegura el máximo de producto; el caso de unas elecciones democráticas, que bus- can escoger la mejor alternativa para los gobernados; o el caso general de los llamados “juegos de suma positiva” don- de todas las partes pueden salir ganando.

Pero las opciones que cuentan como desarrollo humano no pueden ser aquellas cuyo ejercicio implique negar las opciones básicas de otra persona: nadie dirá que asesinar o esclavizar sean opciones valederas, o sea que la violencia no logra sino que impide el desarrollo humano. Dicho de otra manera: el ser humano necesita de opciones o libertades “po- sitivas” —para lograr realizaciones tales como educarse, estar bien nutrido, disfrutar del paisaje, ser admirado... — pero también necesita de “libertades negativas”, de que nadie le impida ejercer sus legítimas opciones. Y el uso de las armas es el modo más burdo de impedir que la gente ejerza sus derechos o libertades positivas.

El argumento amerita cierta elaboración técnica. Ya el segundo Informe Mundial de Desarrollo Humano recogió la distinción clásica entre libertades positivas y negativas (pnud, : -). Y el Informe de  se dedicó al concep- to paralelo de “seguridad humana”, esto es, a las condicio- nes y medios para proteger dicho desarrollo: “Desarrollo humano es un proceso de ampliación de la gama de opcio- nes de que dispone la gente. La seguridad humana significa

1. El lector interesado en ahondar sobre el concepto, medición y aplicaciones prácticas del desarrollo humano podría considerar el curso a distancia que se ofrece en el PNUD (http://mdu.uniandes.edu.co/dh)

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que la gente puede ejercer esas opciones en forma segura y libre” (pnud, : -). Partiendo de esta idea, la Comi- sión de Seguridad Humana convocada por la Organización de Naciones Unidad (onu) precisó que “la seguridad huma- na consiste en proteger el núcleo central de todas las vidas humanas contra riesgos graves y previsibles, de una forma congruente con la realización humana de largo plazo” (Sa- bine, : ).

En términos específicos, podemos pues concluir que la “seguridad humana” es una condición para ejercer las opcio- nes básicas del “desarrollo humano”. La relación entre es- tos dos conceptos es muy estrecha, pero el de “seguridad” subraya la protección y el de “desarrollo” la realización; la una mira al riesgo, el otro a las opciones; la primera se fija en el “núcleo central” o los derechos básicos, el segundo se extiende a la gama entera de realizaciones humanas; éste piensa más en las libertades “positivas”, aquella en las “ne- gativas”, la seguridad si se quiere es más apremiante pero el desarrollo no será genuino si no es seguro.

Ahora bien: la fuente más obvia de riesgos “graves y previ- sibles” contra el “núcleo central” de las opciones, derechos o libertades humanas es un conflicto armado, sobre todo cuando alcanza la intensa degradación del conflicto colom- biano. Un conflicto así es la primera amenaza a la seguridad humana y por ende es el principal obstáculo al desarrollo humano.

En efecto. Aunque se trata de un concepto deliberada- mente abierto al horizonte inmenso de las opciones huma- nas, vale decir que el “núcleo central” del desarrollo está in- tegrado por cuatro realizaciones que hacen la vida digna de ser vivida: ser longevo y saludable, acceder al conocimiento, tener ingresos para el buen pasar y ser parte activa de la co- munidad —una vida que reúna estas cuatro condiciones es una vida humana satisfactoria—. Pues bien, el conflicto ar- mado es una negación tajante de este “núcleo central” o bási- co del desarrollo humano puesto que la violencia.

• Mata. Trunca la opción por una vida prolongada y sa- ludable.

• Usa la fuerza en vez de la razón. Excluye la opción del conocimiento.

• Destruye la riqueza. Contradice la opción por un buen pasar.

• Impide el diálogo. Niega la opción de participar en los asuntos colectivos.

2. Conflicto y desarrollo:

una mirada a la evidencia internacional

Si bien desde el punto de vista conceptual es indudable que el conflicto armado obstaculiza gravemente el desarrollo hu- mano, la relación empírica entre estos dos fenómenos es bastante compleja. La complejidad se debe sobre todo a dos hechos: primero, a que las víctimas directas de la violencia, aun en casos de conflicto intenso, son relativamente pocas y no alcanzan a afectar las estadísticas agregadas; segundo, a que el conflicto puede tener efectos indirectos favorables a alguna dimensión de este propósito del desarrollo.

Comenzando brevemente por el segundo punto, recor- demos cuatro variantes del argumento según el cual el conflicto armado ayuda al desarrollo. Se dice, con razón, que la industria militar es una fuente importante de innova- ción tecnológica y crecimiento económico (Gold, ). También se dice, con algo de razón, que la rivalidad inter- nacional fue la clave para impulsar el desarrollo de los paí- ses hoy industrializados (Hayami, :  ss). Se dice, con mucha controversia, que el progreso humano se debe a la lucha de clases o, como dijera Marx, que “la violencia es partera de la historia”. Y se dice, otra vez con controversias, que determinada guerra civil fue decisiva para modernizar el país: la de Secesión en Estados Unidos (Grob y Billias,

) o la española de  (Tuñón de Lara, ). Este no es el lugar para adentrarse en debates semejan- tes. Pero sí para notar que ninguno de los cuatro argumentos tendría validez para el caso colombiano. El de la innovación tecnológica, porque las armas vienen del extranjero (aun- que deba decirse que el conflicto es una fuente de empleo y que además enriquece a ciertos actores locales). El de la amenaza externa, porque el conflicto es doméstico (aunque afecta y depende de relaciones exteriores). El de la lucha de clases, porque es “marginal a la política” (aunque se entron- que con varios conflictos sociales). Y el de la guerra modernizante, porque al menos hasta hoy ha destruido sin construir (aunque la violencia suele “modernizar” a ciertos grupos campesinos: Torres, ).

Pasando al tema estadístico, dijimos que el conflicto pue- de no reflejarse en los datos agregados, y específicamente en el llamado Índice de desarrollo humano (idh). Dada la falta de cifras confiables acerca de la participación en la vida colectiva, el idh sólo incluye datos referentes a tres de las

101 El conflicto, callejón con salida

• Ayer ( de septiembre de ) seis niños fueron se- cuestrados y todavía uno permanece cautivo.

• Cerca de  alcaldes —más de la cuarta parte del total de municipios del país—, nueve gobernadores y  diputa- dos están bajo amenaza de muerte por los mismos grupos.

Los ataques terroristas del  de septiembre conmovieron al mundo y provocaron la justa condena universal. La huma- nidad debe estremecerse ante atentados como el cometido por guerrilleros el  de mayo de  en Bojayá, un poblado de mil habitantes. Allí fueron asesinadas  personas refugiadas en la iglesia.

Esta violencia empobrece cada vez más a la población, ahu- yenta la inversión, estanca el crecimiento económico, distrae recursos valiosos y nos impide superar la condición de país rezagado en lo económico y social.

• La violencia compromete  puntos del pib del país. • A diario ocurren asaltos, secuestros y robos en las princi- pales carreteras, como en las que unen a dos de nuestras prin- cipales ciudades. ¿Qué tal que ello sucediera entre Bruselas y París, o entre Nueva York y Boston?

En el fatídico  de septiembre, murieron . ciudadanos del mundo. En Colombia, la violencia cobra cada mes igual número de víctimas.

Cuarenta y tres millones de colombianos son amantes de la paz y sin embargo soportan una de las más graves crisis humanitarias del mundo:

• Colombia tiene que enterrar cada año a  mil hijos su- yos, víctimas de la violencia. Hemos perdido al % de nues- tros jóvenes.

• El país registró (en ) la tasa más alta de homicidios en el mundo:  por cada cien mil habitantes.

• Durante los últimos cinco años (-) sufrimos ocho mil actos de destrucción colectiva, cifra superior a la re- gistrada en los demás casos de violencia del mundo;  po- blaciones sufrieron ataques de guerrillas y paramilitares con graves consecuencias para la población civil y la fuerza pú- blica.

• El acto terrorista perpetrado durante mi posesión ( de agosto de ), mató a  personas humildes.

• Dos millones de personas, % niños, sufren el despla- zamiento forzado, bajo la presión de grupos violentos. Equi- vale a desplazar a las comunidades de Washington y Man- hattan al mismo tiempo.

• En el último lustro . personas han sido víctimas del secuestro.

RECUADRO 4.1

Radiografía de un país

Álvaro Uribe Vélez*

* Intervención del presidente de Colombia en la 57 sesión de la Asam- blea General de la ONU, Nueva York, septiembre 13 de 2002.

opciones básicas mencionadas: la longevidad de los habi- tantes, medida por la esperanza de vida del país; el acceso al saber, medido por las tasas de alfabetismo y escolaridad; el bienestar material, expresado como el logaritmo del ingre- so per cápita descontado por diferencias en el costo de vida de uno a otro país.

El idh se refiere, pues, a tres opciones o “libertades positi- vas” esenciales en la existencia humana: vivir, saber y tener para los gastos básicos. Comparado con el convencional ingreso per cápita como medición del “desarrollo”, el idh ha demostrado muchas cosas importantes: que un país no tiene que ser rico para que su gente viva bien, que las socieda-

3. Esto quiere decir, en palabras simples, que más allá de un punto la riqueza no ayuda realmente al desarrollo humano. 4. Para una explicación detallada del IDH véase UNDP, 2003: nota técnica 1, pp. 340-347.

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des más ricas son aquellas que primero invirtieron en su gente, que educar a las niñas es la estrategia más eficaz para el desarrollo, o que por ejemplo Harlem es “un país del Ter- cer Mundo” en pleno corazón de Nueva York.

Pero el idh no mide facetas importantes del desarrollo hu- mano y por eso distintos analistas han propuesto ajustes o adiciones para captar el impacto de la desigualdad de clase, la discriminación de género o el deterioro ambiental, entre otras variables relevantes. En el contexto de este Informe se quiso ensayar una variante del idh, que llamaremos “idh co- rregido por violencia” y cuya justificación teórica se despren- de de lo dicho: además de “libertades positivas”, el desarro-

5. El lector interesado disfrutará de los sucesivos Informes de desarrollo humano, y en especial de: UNDP (1990, 1992, 1995, 1997, 2000, 2002, 2003).

Cuadro 4.1 Índice de desarrollo humano e índice de desarrollo humano corregido por violencia en distintos países

IDH IDH corregido Rango Rango IDH

País por violencia IDH corregido Diferencia por violencia en rango

Noruega 0,942 0,952 1 1 0 Suecia 0,941 0,950 2 4 -2 Canadá 0,940 0,950 3 3 0 Australia 0,939 0,950 4 2 2 Estados Unidos 0,939 0,914 5 19 -14 Islandia 0,936 0,947 6 6 0 Países Bajos 0,935 0,949 7 5 2 Japón 0,933 0,946 8 7 1 Finlandia 0,930 0,939 9 13 -4 Reino Unido 0,928 0,940 10 9 1 Francia 0,928 0,940 11 10 1 Suiza 0,928 0,942 12 8 4 Dinamarca 0,926 0,939 13 12 1 Alemania 0,925 0,939 14 14 0 Irlanda 0,925 0,940 15 11 4 Nueva Zelanda 0,917 0,934 16 15 1 Italia 0,913 0,931 17 17 0 España 0,913 0,931 18 16 2 Israel 0,896 0,917 19 18 1 Hong Kong 0,888 0,913 20 20 0 Grecia 0,885 0,913 21 21 0 R. D. Corea 0,882 0,904 22 23 -1

IDH IDH corregido Rango Rango IDH

País por violencia IDH corregido Diferencia por violencia en rango

Portugal 0,880 0,903 23 24 -1 Eslovenia 0,879 0,905 24 22 2 República Checa 0,849 0,880 25 25 0 Hungría 0,835 0,869 26 27 -1 Eslovaquia 0,835 0,867 27 28 -1 Polonia 0,833 0,859 28 30 -2 Chile 0,831 0,870 29 26 3 Uruguay 0,831 0,859 30 29 1 Bahamas 0,826 0,823 31 40 -9 Estonia 0,826 0,839 32 33 -1 Costa Rica 0,820 0,846 33 32 1 Seychelles 0,811 0,838 34 34 0 Lituania 0,808 0,826 35 38 -3 Qatar 0,803 0,850 36 31 5 México 0,796 0,804 37 46 -9 Bielorrusia 0,788 0,813 38 44 -6 Malasia 0,782 0,828 39 36 3 Federación Rusa 0,781 0,777 40 52 -12 Dominica 0,779 0,827 41 37 4 Bulgaria 0,779 0,831 42 35 7 Rumania 0,775 0,823 43 41 2 Macedonia 0,772 0,823 44 39 5

llo humano incluye “libertades negativas”, la primera de las cuales es no sufrir muerte violenta. O también: la seguridad humana (que comienza por preservar la vida) es la más obvia condición para que haya desarrollo humano.

El idh corregido por violencia () simplemente in- cluye una cuarta variable —la tasa de homicidios— en el cál- culo del índice para cada país. El Cuadro . y el Gráfico . presentan los resultados de comparar los dos índices.

Entre los  países de los cuales se dispone de datos, la inclusión de esta medida de “seguridad humana” produce cambios considerables. Colombia, por ejemplo, retrocede del puesto  al  ( escalones) en el ranking mundial de

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IDH IDH corregido Rango Rango IDH

País por violencia IDH corregido Diferencia por violencia en rango

Mauricio 0,772 0,821 45 42 3 Colombia 0,772 0,643 46 60 -14 Venezuela 0,770 0,730 47 56 -9 Tailandia 0,762 0,795 48 49 -1 Arabia Saudita 0,759 0,819 49 43 6 Armenia 0,754 0,805 50 45 5 Ucrania 0,748 0,786 51 51 0 Georgia 0,748 0,796 52 48 4 Jamaica 0,742 0,708 53 57 -4 Azerbaiyán 0,741 0,797 54 47 7 Albania 0,733 0,662 55 58 -3 Túnez 0,722 0,787 56 50 6 Kirguistán 0,712 0,758 57 54 3 Moldova, Rep. Democrática 0,701 0,751 58 55 3 Sudáfrica 0,695 0,621 59 62 -3 Indonesia 0,684 0,759 60 53 7 Zimbabwe 0,551 0,644 61 59 2 Papua Nueva Guinea 0,535 0,623 62 61 1 Yemen 0,479 0,598 63 63 0 Zambia 0,433 0,549 64 65 -1 Côte d’lvoire 0,428 0,561 65 64 1

dimensiones del idh, ii) sobre el idh de las regiones afectadas, y iii) sobre el contexto global de nuestro desarrollo.

B. Las opciones truncadas

Causar muertes es el modo más obvio e inequívoco como un conflicto armado afecta al idh; por eso se aclarará pri- mero cuánto pesa la guerra en la, según se dijo, excepcio- nalmente alta tasa de homicidios de Colombia. Hecha esta precisión, se reseñan los efectos del conflicto sobre la es- desarrollo humano, igual que caen Estados Unidos y la Fede-

ración Rusa —dos sociedades industriales con alta crimi- nalidad— mientras Araubia Saudita, Azerbaiyán o Bulgaria ascienden a posiciones mejores, como hacen Suiza o Irlan- da entre los países con alto grado de desarrollo humano.

Evitar las muertes por violencia es pues un aspecto pri- mario e importante del desarrollo humano. Pero esto no esclarece la relación causal que pueda existir entre conflic- to armado y desarrollo humano. Para decirlo de modo re- sumido: i) son muchos los países que no han tenido o que pusieron fin a la guerra interna y sin embargo no han despe- gado hacia el desarrollo (Ecuador u Honduras son ejem- plos de lo uno, Nicaragua o Angola son ejemplos de lo otro); ii) hay países desarrollados con altos índices de violencia

Fuente: Cálculos del equipo del INDH, basado en el Cuadro 4.1.

Grafico 4.1 Los que más caen y los que más suben en ranking del idh por violencia

Fuentes: (1) IDH: Informe de desarrollo humano 2002; (2) tasas de homicidios: United Nations Centre for International Crime Prevention y cálculos del equipo del Informe; la nota técnica del anexo 2 explica el méto- do de cálculo de éstos y otros índices del presente capítulo.

(como Estados Unidos) y los hay donde el conflicto arma- do no impidió avanzar hacia el desarrollo humano.

Colombia misma fue un ejemplo de esto último hasta hace pocos años. Pese a la violencia sostenida desde media- dos de siglo, el pib creció a un promedio anual de ,% en- tre  y , el ingreso per cápita mejoró en ,% anual, la esperanza de vida aumentó en diecinueve años, la tasa de escolaridad primaria se duplicó y la incidencia de la pobre- za disminuyó del  al %.

Tenemos pues que el efecto del conflicto sobre el desarro- llo humano no es simple ni invariable sino que cambia con el país, con el momento y con el nivel de análisis escogido. Pa- ra apreciar ese impacto en la Colombia de hoy, conviene mirar por separado los efectos del conflicto i) sobre las tres

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peranza de vida, el logro educativo y el ingreso per cápita, las tres variables que integran el mencionado idh.

1. Mortalidad

No es fácil distinguir entre muertes debidas al conflicto y aquellas por “violencia ordinaria”. Algunas fuentes lo ha- cen así, aplicando criterios como la declaración expresa del homicida, su pertenencia a un grupo armado, su modus ope-

randi, el lugar de los hechos o el perfil de la víctima. Pero las cifras no son del todo confiables (Recuadro .) y en todo caso existen muchos “híbridos” y nexos entre ambos tipos de muertes: asesinatos ordinarios perpetrados por el grupo armado o por sus integrantes; delincuentes comunes (secuestradores, por ejemplo) al servicio del grupo armado;

actores armados. De allí que esas redes tiendan a debilitarse en las zonas donde más falta harían para registrar la evolución del conflicto y de los efectos de éste sobre la población. A lo anterior se debe añadir que los actores armados muchas veces procuran que sus actos permanezcan ocultos. Es frecuente, en consecuencia, que amenacen a las víctimas o a sus familia- res, para que no informen a nadie sobre los respectivos he- chos. Por tales motivos, es conveniente hacer una lectura cau- telosa de las cifras sobre el panorama de violencia que vive el país. Esa cautela debe conducir, cuando menos, a adoptar dos previsiones prácticas: a examinar datos provenientes de dis- tintas fuentes, y a observar y estudiar siempre cifras corres- pondientes a lapsos amplios, limitándose a identificar sólo las tendencias más generales y persistentes de los respectivos fe- nómenos.

La fuente de datos sobre homicidios que tiene mayor cober- tura es la policía nacional. Sin embargo, hay que tener en cuenta que hasta hace poco la policía no tenía presencia en cerca de doscientas cabeceras municipales, ni en vastas zonas rurales, estaba ausente en más del % de los corregimientos y vere- das del territorio nacional. Los registros del Instituto Nacio- nal de Medicina Legal tienen limitaciones mucho más gran- des. En algunos departamentos esa entidad sólo dispone de

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