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2. Hacia una concepción comprehensiva de la seguridad nacional

2.4. La seguridad internacional: la tercera capa de la defensa de la nación

La tercera creencia de causalidad –la idea de que la estabilización y reconstrucción de los EFF constituye una estrategia inevitable para evitar que se conviertan en santuarios para aquellos grupos o redes terroristas que puedan perpetrar ataques al territorio canadiense se expresó, como se señaló en la anterior sección, en un amplio conjunto de estrategias agrupadas bajo el enfoque de las “3D”. Sin embargo, conforme al cálculo estratégico realista de este gobierno, estas estrategias no fueron evocadas conforme a compromisos éticos, ni mucho menos en relación con preocupaciones liberales y cosmopolitas. Ante todo, estas estrategias fueron justificadas en la medida en que la seguridad canadiense se encuentra vinculada con la de los EFF, en especial Afganistán, Somalia, Haití y Sudán. Debido a que estos países, tal como ha sido señalado, constituyen terrenos propicios para el surgimiento de redes terroristas y la consolidación del crimen organizado internacional, este gobierno entendió que su seguridad dependía inevitablemente de la estabilización y reconstrucción de estos países.283 Como lo

sugiere su posición en - 7 - X / - 0 )la preocupación

canadiense por estos países se justifica en el marco de una tradición histórica que ha conducido a Canadá a ser activo internacionalmente no por razones éticas sino como una estrategia para garantizar su interés nacional en materia de seguridad:

“Nuestra búsqueda diplomática de la paz y la seguridad internacional es […] conducida, en buena parte por nuestros intereses de seguridad nacional. Nuestra seguridad fue la racionalidad

281 Sokolsky y Lagassé, “Suspenders and a Belt”, op cit., p. 22.

282 Lagassé, “Canada, Strategic Defence, and Strategic Stability”, op. cit, p. 932.

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más importante de nuestro activismo en la configuración de las Naciones Unidas y de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y en las contribuciones a las iniciativas de control de armas y desarme durante la guerra fría. Más recientemente, las preocupaciones en materia de seguridad nacional han influido en los tipos de asistencia que nosotros proveemos a ciertos Estados fallidos y en proceso de fallar [failed and failing states]”.284

En el marco de esta lógica, uno de los ejemplos más emblemáticos fue indiscutiblemente Afganistán. Desde luego la significación de este teatro de operaciones para este gobierno, al igual que para su antecesor, respondió inevitablemente a la lucha contra el terrorismo internacional y en especial a la posibilidad de que Al Queda pudiera llegar a atacar territorio canadiense. Es decir, mantuvo la idea de que Canadá había dejado de ser “una casa a prueba de fuego”.285 Sin embargo, es preciso señalar que, con ocasión de su apoyo a la estabilización y

reconstrucción del país asiático, este gobierno inició un proceso de transformación dramático de la cultura estratégica canadiense. Dicha transformación supuso distinguir dos etapas. La primera correspondería al momento en el que los discursos realistas y liberales se encontraban en una permanente tensión. La segunda en contraste atañería a un momento en el que los razonamientos liberales –en especial aquellos referidos a la promoción de los valores del sistema multicultural, federal y democrático liberal canadiense empezarían a subordinarse a la pretensión realista de reposicionar al país en el marco de la configuración del poder internacional.

Una reconstrucción de la transformación de la visión canadiense sobre la intervención en Afganistán puede ser útil para entender este viraje dramático. Durante el gobierno de Jean Chrétien se justificó la intervención en Afganistán como una acción multilateral en el marco de la OTAN y por ende conforme a los principios de la seguridad colectiva. Además, el mismo Jean Chrétien sugirió en sus memorias que estas posturas podían justificarse ampliamente porque se encontraban en sintonía con las tradicionales operaciones de 9 .286

284 Canadá, PCO, - 7 - , op. cit., p. 47. 285

La imagen de Canadá como una “casa a prueba de fuego” fue atribuida al discurso del Senador canadiense Raoul Dandurand pronunciado en 1924 ante los miembros de la liga de las Naciones. Dicha imagen fue evocada para sostener que Canadá se encuentra protegida de las grandes confrontaciones en Europa debido a su posición geopolítica y que por ende puede permitirse promover la neutralidad. Ver Steven Kendall Holloway,

, 0 ! ' . , Toronto, Broadview press, 2006, p. 84; David S. McDonugh, “The Paradox of Afghanistan: Stability Operations and the Renewal of Canada’s International Security Policy”, en . 8 , Vol. 62, No. 3, Verano 2007, pp. 620 641.

286 Paul Chapin, “Into Aghanistan: The Transformation of Canada’s International Security Policy Since 9/11”, en

$ * - , Vol. 40, No. 2, Junio 2010, p. 194. Ver también Jean Chrétien, @ 0 , Toronto, Alfred A. Knopf, 2007.

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Conforme a tal razonamiento, este gobierno apoyó entonces las operaciones de interdicción naval y área encaminadas a sitiar al régimen Talibán a finales del 2001 y seguidamente desplegó un pequeño contingente para servir de contraparte a los Estados Unidos en las operaciones militares en el sur del país en febrero del 2002.287 Ahora bien, es posible que el mayor

compromiso de este gobierno en las operaciones de estabilización en Kabul en el 2003 puedan leerse como una estrategia formulada al margen de los principios del peacekeeping. Sin embargo, es preciso recordar que el mayor compromiso en Kabul respondió más a una estrategia para compensar su decisión de no participar en la intervención en Irak.288

El gobierno de Paul Martin, por su parte, empezó a alejarse de los principios del 9 al incorporar, en el marco de su retórica del liberalismo funcionalista de las “3D”, unas preocupaciones mayores en materia de . Aunque dichas preocupaciones podrían leerse, tal como se hizo en la primera parte de este capítulo como el producto de una preocupación cosmopolita y liberal por los países frágiles y fallidos, lo cierto es que el empezó a ser concebido no sólo para garantizar la seguridad nacional del país, sino ante todo como una estrategia para reposicionar al país en una de las campañas recientes más importantes en materia de seguridad internacional. No es fortuito que este gobierno hubiera decidido empezar a entrenar a sus fuerzas militares en el marco de la lucha contrainsurgente y en la reconstrucción e imposición de la paz, lo que habría sido impensable durante los gobiernos anteriores.289

La decisión de entrar a Kandahar en el 2006 es un hecho particularmente emblemático de esta transición. Entre el 2003 y el 2005, la misión canadiense, centrada en Kabul, respondió más a las tradicionales operaciones de 9 en la medida en que las Fuerzas Canadienses se encaminaron a monitorear tan solo la seguridad alrededor de la ciudad y a supervisar las elecciones del 2004. Pero a partir de febrero del 2006 Canadá se encargaría de comandar un Grupo de Reconstrucción Provincial en el marco además de una transición del comando de la

287 La necesidad de entrar en el terreno [“boots on the ground”] ha sido explicada en David McDonugh, “The

Paradox of Afganistan. Stability operations and the renewal of Canada’s International Security Polcy?, en . 8 , Vol. 62, No. 3, pp. 620 641.

288 Chapin, “Into Aghanistan”, op.cit., p. 194.

289 Robert W. Murray y John McCoy han explicado este cambio de cultura conforme a la sustitución de la imagen

de “potencia media” por la de “constructor de paz”. Ver Robert W. Murray y John McCoy, “From Middle Power to Peacebuilder: The Use of Canadian Forces in Modern Canadian Foreign Policy”, en $ *

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ISAF a la OTAN. 290 En términos militares esta decisión constituyó una de las más riesgosas

que ha tomado Canadá desde su participación en la guerra de Corea, por cuanto el Talibán, se había tomado la ciudad de Kandahar con cerca de 12,000 hombres, luego de desplazar sus fuerzas a través del distrito de Panjwavi en el sur de Afganistán y de reclutar soldados provenientes no solo de otros distritos sino también de Pakistán. .291 En este escenario, era evidente que las fuerzas canadienses tendrían que involucrarse en intensos combates. En términos geopolíticos, esta decisión fue una de las más osadas que había podido tomar Canadá en el marco de sus compromisos militares con la OTAN. Cabe recordar que Kandahar no solo tenía una “importancia totémica” para la población Pashtum, sin la cual la estrategia de la alianza no podía ser efectiva, sino que ante todo constituía el corazón estratégico para controlar el gobierno de Kabul luego de que Panjwavi hubiera sido controlado por el Talibán. Por esa razón, en el marco de los cálculos estratégicos de los comandantes del ISAF si Kandahar hubiera caído, poco había importado el trabajo realizado por las fuerzas británicas y holandesas en las provincias de Helmand y de Uruzgan, contiguas a Kandahar.292

Distintas razones podrían explicar la decisión de este gobierno de asumir el comando de una de las fuerzas de reconstrucción más importantes para la estrategia de la alianza en Afganistán. Entre ellas podrían mencionarse la declinación del internacionalismo liberal en favor de las operaciones militares de la OTAN; el desprestigio que se le había atribuido a las operaciones de 9 luego de que fueran incapaces de detener la crisis humanitaria en Somalia y en Ruanda en la década del noventa;293 la presión del DND y en especial la pretensión del General Rick Hillier de reposicionar a Canadá en el marco de la estrategia de la alianza occidental;294 o la

demostración de una suerte de solidaridad hacia los Estados Unidos luego de decidir no participar en la intervención en Irak y en el escudo antimisiles. 295 En cualquier caso, es

evidente el cambio del “sentido” del discurso de Canadá, en la medida en que el país empezaría actuar al margen de la tradición liberal del 9 en favor de estrategias de , centradas además en el componente de la “defensa”, lo que se traduciría a su vez en la

290 Ibid, p. 178.

291 Chapin, “Into Aghanistan”, op. cit, p. 195. 292 Idem.

293 Murray y McCoy, “From Middle Power to Peacebuilder”, op.cit. p. 179.

294 Kimberly Marten, “From Kabul to Kandahar: The Canadian Forces and Change”, en $ *

- , Vol. 40, No. 2, Junio 2010, pp. 214 236.

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inclinación a acudir a estrategias de poder duro antes que a sus tradicionales maniobras de poder blando.

Este viraje de la PSIC allanó el terreno para que el actual gobierno conservador de Stephen Harper se concentrara en perfilar una nueva visión sobre el rol de Canadá en la construcción de la seguridad internacional. Como se sostiene en el siguiente capítulo, durante el gobierno de Stephen Harper Canadá ha dejado de compartir las creencias de principios y de causalidad

propias de un 9 . Canadá empieza a concebirse ahora como o un guardián

de la paz y de la seguridad internacional, status que puede conducir al país implícitamente a participar en la construcción de un sistema de seguridad imperial liderado por los Estados Unidos en el que no sólo se animan los principios del sino también los

controvertibles principios del !

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