• No se han encontrado resultados

Sergio Balardin

In document Imágenes y discursos sobre los jóvenes (página 195-200)

195

Imágenes y discursos sobre los jóvenes

figuras dentro de la familia ampliada, los abuelos y las abuelas, y que no son los de hace 30 o 40 años: son abuelas y abuelos muy activos, hasta pueden ser colegas de sus hijos y además tienen una vida creativa, productiva e interesante. Si los padres dicen “hoy te dejamos al nene”, ellos responden “pero nosotros también tenemos planes”. Es decir, el coro de quienes tienen voz propia y algo para decir se amplía, y además están los hijos e hijas que invitados tantas veces a opinar, hacen pregun- tas, sugieren, se consultan entre ellos, forman alianzas temporales (fren- te a una elección) y, a veces, frentes de largo aliento (más programáti- cos). Se va construyendo así una relación en que unos y otros opinan y los que antes detentaban el poder de modo autoritario (aunque fuese bienhechor o benevolente), comienzan a integrar al resto que proclama “yo hablo, yo pienso diferente y quiero comunicarlo”, aun cuando en lo particular nadie les haya pedido opinión. En definitiva, surgen en el seno de las familias unas dinámicas de poder, de reconocimiento de la “autoridad”, modos de tomar decisiones, de intervenir en ellas y con límites, de “respeto” muy diferentes de los tradicionales. Ahora bien, estas nuevas características se trasladan a través de las alumnas y alum- nos, y de sus padres y madres, a instituciones como la escuela.

Hay un artículo que se conoció ya en los noventa, su título es “Alie- nígenas en el aula”1 y que expresa bien esta circunstancia, docentes en

situación áulica que en lugar de verse frente al sujeto pedagógico pro- metido encuentran frente a ellos a pequeños aliens, que manejan có- digos de comunicación y conductas extraños a su cultura (y formación docente). Muy aleccionadora figura; sin embargo, me gustaría resaltar que es de doble vía, es decir que quien está frente a los pequeños aliens resulta para estos un gigante marciano, o sea, para ellos también es alguien que se maneja con un código que les es extraño.

El gran cambio se produce en la distribución de poder entre los gé- neros y en la modalidad de procesar la toma de decisiones con énfasis performático en las familias. Desde luego que en esto también aportan los medios de comunicación que a través de distintos programas mues- tran dichas transformaciones, sea en tono de drama, comedia o docu-

1 Bigum; Green, “Aliens in the classroom” (Extraños en el aula). Camberwell,

196

mental. En cuanto a las publicidades, vemos en ellas una puja de nuevos y viejos modelos. Y en lo que hace a programas específicamente creados (¿diseñados?) para niñas y niños, hay una mayor complejidad en tramas y desarrollos. Antes los roles de género eran siempre los mismos, las mu- jeres como princesas o brujas, en cambio ahora las chicas son superpo- derosas, heroínas de todo tipo y color con las que se pueden identificar. No está de más agregar que en un contexto como el de Latinoamérica ya tenemos en nuestro haber varias presidentes: Cristina Fernández, Michele Bachelet, Dilma Rousseff, sólo por nombrar algunas.

Creo que hoy existe una suerte de desregulación entre generaciones y donde muchas veces no queda claro si los adultos “dejan hacer” a sus hijos para que estos construyan autonomía o si hay cierto abandono de parte de los adultos. Es un tema complejo porque por un lado pueden existir necesidades materiales (un factor económico que influye con fuer- za en determinados sectores), pero en otros operan claramente dinámicas socioculturales, expectativas y deseos de los adultos que no renuncian a sus satisfacciones individuales, al tiempo para compartir con amigos, a sus gustos y modalidades de consumo no siempre compartibles con sus hijos e hijas. Sin ánimo de juzgar, es evidente que no siempre se halla un nuevo equilibrio y, en consecuencia, es frecuente que niñas, niños y ado- lescentes muchas veces se sientan más huérfanos que autónomos.

Dada la complejidad de estos vínculos, me pareció oportuno desa- rrollar cuatro tipos teóricos, ideales, que puedan facilitar la comprensión de las diferentes posiciones desde las que se construye la autoridad en las relaciones familiares.

El primero de ellos hace referencia a la autoridad conservadora, jerár- quica, autoritaria, centrada en el adulto, en nada dialogal, el modo fren- te al que la generación de jóvenes de los sesenta se rebeló. El segundo es una autoridad liberal, que es horizontal aunque pasiva y donde los adultos tienen dificultades para ejercer su rol, en la que los jóvenes cada vez más buscan las respuestas entre pares. En la película Nadar solo se puede ver un ejemplo de ello, una relación entre padre e hijo horizontal pero sin dirección, el padre aparece después, no antecede, no previene, se construye un vínculo que no es dialogal aunque presume de hori- zontal. El tercer modelo es el de la autoridad democrática, que si por un lado es horizontal, es también activa, lo cual la vuelve muy compleja

197

Imágenes y discursos sobre los jóvenes

porque trata de ir al encuentro, al reconocimiento de los derechos de la generación más joven, pero al mismo tiempo también es asimétrica en cuanto a las responsabilidades puestas en juego. Allí encontramos la producción de diferencia fundamental para la generación de nue- vos sentidos. Y finalmente podríamos ver un cuarto tipo de autoridad radical, que en ocasiones se confunde con la liberal pero en la que se acentúa la simetría desde una “convicción ideológica” y no desde la imposibilidad de ejercer el rol. Un enfoque con efectos muy diferentes si se aplica a niños, adolescentes o jóvenes.

Vale aclarar que estas cuatro categorías representan ideales, no se encuentran en la realidad de manera pura sino que por el contrario hay cruces entre unas y otras que dan cuenta de una enorme complejidad.

En cuanto a las atribuciones modernas del rol de adulto (que desde luego podrán discutirse pero no obviarse), la siguientes cuatro aparecen como las fundamentales: protección, provisión, proyección y transmi- sión. Si nos preguntamos en cada caso cómo es la intervención de los adultos, nos encontraremos con que las ejercen con menos intensidad y presencia, e incluso en muchos casos quienes las ejercen, cómo pueden y en las condiciones que les ha tocado, son los niños o adolescentes mis- mos. Pareciera que ha llegado la hora de preguntarnos sobre el modo de ser adulto hoy, sobre las distintas “adulteces”, y matizar un poco la pregunta sobre las adolescencias.

En ese marco entran en juego diferencias marcadas con “el ayer nomás”, en dónde el conflicto entre las generaciones se expresa actual- mente más en términos de desconexión que de rebeldía. La condición es que hay menos adulto sólido y rígido frente al cual rebelarse, enton- ces, ¿a qué oponerse? Podríamos decir que el conflicto entre genera- ciones se traduce más en la imposibilidad de encontrar a los jóvenes donde uno los espera, es como si estuviesen en una especie de mundo paralelo. Cuando los vemos no necesariamente están, y cuando no los vemos, tal vez están.

También existe hoy una nueva distribución de saberes socialmente relevantes que está presente en los vínculos familiares, especialmente evidente en el caso de las habilidades tecnológicas.

Estamos ante la emergencia de una generación de “nativos parita- rios” con la cual hay una relación de horizontalidad de nuevo tipo, don-

198

de se toman decisiones entre pares, entre distintos géneros. Se estable- cen nuevas jerarquías “plebeyas” frente al saber experto, se construyen las respuestas entre todos, incluso también las preguntas, estableciendo de este modo familias deliberantes de diverso tipo en las cuales opera la interactividad con otros, que ahora son escuchados. A su vez, todos nos hemos visto seducidos por la dimensión del consumo muchas veces en demérito a la de la ciudadanía. Parte de ese proceso deriva en una mayor autonomía de la familia, en iniciaciones más tempranas, en una dinámica de pares que se distingue por el hecho de no estar tensionada por impares. El marco es una sociedad en la que pesa menos lo estable y lo rígido, el arraigo en el pasado y la proyección al futuro, y en la que se hace más relevante el cambio como algo permanente asentado en un consumo viral que se replica en todos los órdenes, también en las relaciones interpersonales que asumen la flexibilidad y la incertidumbre como rasgo. Una especie de sobrecarga de presente.

Y por supuesto estos cambios, estas nuevas escenas, se trasladan a la escuela generando una ruptura entre las correlatividades, entre edades y saberes. Hoy la tecnología, las pantallas, invaden la vida de los ado- lescentes y jóvenes con múltiples informaciones en cualquier momento y lugar. Se dan cambios en las relaciones de género y generacionales, rupturas de un modelo hegemónico de autoridad que no desaparece, sino que sigue operando de diversos modos pero ahora junto a otros. Todo esto transforma también las relaciones en la escuela, donde parte de la experiencia, de la tradición y de los viejos saberes históricamente constituidos pierden pertinencia y comienzan a enfrentarse con nuevos saberes que traen los chicos, como también nuevos modos de procesar los vínculos entre pares e impares.

De esta manera la autoridad cada vez más se convierte en algo que se construye y se produce a diario y se encuentra menos determinada y cerrada por la institución, tensionada con lo que sucede en las nuevas familias (mientras que antes la dinámica de estas la acompañaban), sino que la autoridad se nos presenta en un entorno y con actores claramen- te dinámicos, diferentes y activos que reclaman por un lugar.

199

Imágenes y discursos sobre los jóvenes

In document Imágenes y discursos sobre los jóvenes (página 195-200)