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SIETE LIBROS (118)

medicinales IV 148 y 162 Alusión a una de las doctrinas paradójicas de

SIETE LIBROS (118)

16 Pl u t a r c o, Contradicciones de los estoicos 10, 1036C-

1037A52

Están tan ufanos y orgullosos de los libros publicados

Contra la experiencia común que todos los libros de los

académicos reunidos no les parecen dignos de parangón con los que Crisipo escribió para desprestigiar los sentidos. Esto, de hecho, es signo bien de su ignorancia, bien de su orgullo, pero lo cierto es que, cuando pretendió a su vez hablar en

51 Cf. Ba g u e t, D e Chrysippi, págs. 144-146. Recogemos bajo estos

dos títulos las noticias sobre esta controvertida práctica de Crisipo de ar­ gumentar en contra y a favor de la experiencia (synétheia) que en Di ó g. La e r c., V I I 184 (test. 1) se relaciona con la asistencia de Crisipo a las lec­ ciones de Arcesilao y Lácides. La inconsecuencia de la posición de los es­ toicos a propósito de esta actividad de Crisipo (cf. tests. 43-44) es el moti­ vo fundamental de la obra de Plutarco contra el uso que hacen los estoicos de las nociones comunes (test. 45), y fue tema de otra obra hoy perdida

(Sobre la experiencia contra los estoicos, Lamprías, núm. 78). Sobre el

contexto y naturaleza del término en el contexto de las diversas formas de percepción, cf. Io p p o l o, Opinione e scienza, págs. 107 ss., y Gl u c k e r,

«Consuetudo oculorum», págs. 108 ss., quien aduce el pasaje de Cicerón, Lúculo 57, para clarificar la synétheia como perfeccionamiento de la per­

cepción vinculado al ejercicio, la práctica habitual (lat. consuetudo) y el arte. El sentido de synétheia en núm. 46 H.-G. D iscursos contra el uso

común se refiere a los usos lingüísticos que contravienen el uso estableci­

do (cuestión relacionada con la virtud retórica del «helenismo», cf. Di ó g

La e r c., VII 59) y es, por tanto, ajeno al debate que aquí se trata que es, como señala Glucker, estrictamente epistemológico.

favor de la experiencia y de los sentidos, quedó por debajo de sí mismo y resultó más débil este escrito que el otro. (,..)53 Con gusto oiría de los estoicos si consideran que las cuestiones megáricas tienen mas fuerza que lo que escribió en seis libros Crisipo contra la experiencia común. (...)54 Y esos argumentos, amigo, que ridiculizas y tildas de oprobio de quienes los plantean por tener claro su defecto, ¿sigues con todo temiendo que arranquen a alguien de la compren­ sión, mientras que tú, que has escrito tan gran número de li­ bros contra la experiencia cotidiana, incorporando todos tus hallazgos para superar a Arcesilao, esperabas no confundir a nadie que se tope con ellos? Pues no se sirve (se. Crisipo) sin más de los argumentos contra la experiencia cotidiana, sino que, como en un pleito, se implica con cierta pasión en el sentimiento de la parte y dice con frecuencia que los otros dicen tonterías y se esfuerzan en vano55.

17 Cic e r ó n, Lúculo 27, 87

Pero en seguida trataré de las cuestiones de la naturaleza (y precisamente para que no parezca que tú has mentido, después de haber dicho hace poco que lo iba a hacer56); sin embargo, para venir a cuestiones más ilustres, expondré las que conciernen al universo, que llenan los libros no sólo de los nuestros, sino de Crisipo también, del que se quejan habitualmente los estoicos, porque, tras haberse aplicado a

53 El texto que omitimos aparece recogido como fr. 81 de la obra So­

bre los géneros de vida, donde critica precisamente la práctica dialéctica

de los megáricos.

54 El texto omitido aparece como fr. 38 de la obra Sobre el aso de la

razón.

55 Sigue el fr. 272 del libro Tesis fisicas.

56 Se refiere a la afirmación de Lúculo en Lúculo 17, 55. Cicerón iro­ niza sobre la fiabilidad de las apariencias sobre las que está precisamente desarrollando la refutación de su interlocutor.

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reunir todos los argumentos contra los sentidos y la eviden­ cia, así como contra todo uso y razón, después quedó por debajo de sí mismo cuando intentó contestarlos, y de este modo Caméades recibió de él sus armas.

18 Ci c e r ó n, Lúculo 24, 75

Cierto que tenía dispuestos algunos autores que os son molestos, si bien de poca monta, a Estilpón, Diodoro, Ale- xino57, de quienes hay ciertos sofismas retorcidos y punzan­ tes, pues así se llaman sus conclusioncillas engañosas. Pero, ¿para qué reunirlos cuando tengo a Crisipo, a quien se tiene por puntal del Pórtico de los estoicos? ¡Cuántas pruebas da en contra de los sentidos! ¡Cuántas contra todo lo que se aprueba mediante en la experiencia! — «¡Pero él mismo las refuta!»— A mi, ciertamente, no me lo parece. Mas sea que las ha refutado. Lo cierto es que no habría recopilado tantos argumentos que nos pueden inducir a error por su gran plau- sibilidad, si no viera que no se puede fácilmente resistirlos.

57 Alexino de Élide, filósofo megárico apodado Elenxínos por su incli­ nación a la contienda (fr. 79 Dö r in g), cf. R. Mu l l e r, «Alexinos d’Élis», A 125 DPhA I, págs. 149-151. Encontró en Zenón de Citio uno de sus principales objetos de ataque (cf. Di ó g. La e r c., I I 109, Se x t o Em p., Con­ tra los profesores IX 108-9). La lista de las réplicas a sus ataques se con­

serva en la lista de los escritos de Aristón de Quios (Di ó g. La e r c., VII 160, SVF I 333). Otros escritos de A lexino están mencionados por Eu s e b., Prep. Ev. X V 2 ,4 , y At e n., X V 696E-F (también, posiblemente, X 418E), mientras que se conserva un fragmento de una obra suya en Fil o d., Ret.,

cols. XLIV-XLVI, v. I, págs. 79-81 y Suppl., págs. 39-42 Su d h a u s. Estil­ pón de Mégara, discípulo directo o indirecto de Euclides (cf. Dió g. La e r c.,

II 113), había sido maestro de Zenón; cf. Di ó g. La e r c., II 120; VII 24 y Numenio, en Eu s e b., Prep. Ev. XIV 5 ,1 1 (SVF 11 1 ). Sobre Diodoro, cf., supra, ft. 10 y nota.