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SOBRE LOS POSIBLES, A CLITO, CUATRO LIBROS (22; XV)

medicinales IV 148 y 162 Alusión a una de las doctrinas paradójicas de

SOBRE LOS POSIBLES, A CLITO, CUATRO LIBROS (22; XV)

1 0 Ep ic t e t o, Disertaciones II 19, 1 -1 0

Según parece, el argumento Dominante queda planteado a partir de los siguientes puntos de partida34. Dado que las tres proposiciones siguientes están en contradicción mutua, a saber, «todo pasado verdadero es necesario», «un imposi­ ble no sigue a un posible», y «hay algo posible que no es verdad ni lo será», Diodoro, que captó esta contradicción, se sirvió de la plausibilidad de las dos primeras para establecer que «nada hay posible que no sea o haya de ser verdadero». Habrá quien, a su vez, mantenga estas otras dos: «hay algo posible que no es verdad ni lo será» y «un imposible no si­ gue a un posible»; y (establecerá): «no todo pasado verdade­ ro es necesario». Parece que en este sentido iban Cleantes y su escuela, con quien estaba de acuerdo Antipatro35. Otros, a su vez, toman las otras dos, a saber, que hay un posible que no es verdad ni lo será y que todo pasado verdadero es necesario, y (establecen) que un imposible sigue a un posi­

34 Ba o u e t, D e Chrysippi, págs. 116-131. Sobre la respuesta de Crisi­

po al kyrieúon logos, cf. Introducción, págs. 61-62. Diodoro Crono fue uno de los principales filósofos de la escuela de Mégara, junto con Eubu- lides y Alexino, fue también maestro de Zenón, cf. Dió g. La e r c., VII 25.

D . Se d l e y, «Diodorus Chronus and Hellenistic Philosophy», Proceed, o f

the Cambr. Philol. Soc. 23 (1977), 74-120, lo vincula a figuras como D io­

nisio de Calcedonia y Filón en una escuela dialéctica, distinta de la de Mégara, cf. R. Mu l l e r, «Diodoros, dit Cronos» D124, DPhA II, págs. 779-781 y el fr. 18.

35 Las referencias de los diferentes estoicos están recogidas como Cleantes, fr. 489 (SVF I 109) y Antipatro de Tarso, fr. 79 (SVF III, pág. 248), quien fue discípulo y sucesor de Diógenes de Seleucia, cf. C h . G tjé - r a r d, «Antipatre de Tarse», A 205, DPhA I, págs. 219-223.

ble36. Pero es impracticable mantener las tres proposiciones de partida, por ser común la contradicción entre ellas. Si al­ guien me pregunta: «¿Y tú, cuál de ellas mantienes?», le responderé que no lo sé. He recibido la información de que Diodoro mantenía aquellas, Pantoides con los suyos37 y, creo, Cleantes, las otras, y Crisipo y sus discípulos las otras. «Entonces, ¿qué?» No nací para eso, sino para poner a prue­ ba mi representaciones y juzgar lo que se dice y hacerme de una doctrina propia sobre este punto. En ello nada difiero del gramático: «¿Quién era el padre de Héctor?» —«Pría- mo.» — «¿Quiénes los hermanos?» — «Alejandro y Deífo- bo.» — «Y quién es su madre?» — «Hécuba. He escuchado esta historia.» — «¿De quién?» — «De Homero. Y creo que escribe sobre esos asuntos Helánico38, y algún otro». Así que yo, por mi parte, ¿qué más puedo decir sobre el argu­ mento dominante? Cierto, si soy persona vana podré impre­ sionar en un banquete a los asistentes enumerando a los es­ critores: «Crisipo escribió admirablemente en el primer libro Sobre los posibles, también Cleantes escribió en deta­ lle sobre el asunto, y Arquedemo39. Escribió también Anti­ patro, no sólo en Sobre los posibles sino particularmen-

36 Se trata de la posición de Crisipo y sus discípulos, cf. también infra frs. 356 y 357, junto con los textos citados en nota.

37 Sobre el dialéctico Pantoides, probablemente de la escuela megári- ca, cf. test. 29, nota al núm. 57 H.-G.

38 Historiador de finales del s. v a. C., autor de obras importantes de erudición mitológica; la referencia aparece recogida como FGrHist 608c, fr. 2.

39 Arqxjedemod e Ta r s o, fr. 10 (SVF VS., pág. 263). Discípulo, com o el citado Antipatro, de Diógenes de Seleucia y fundador de una escuela e s­ toica en Babilonia, cf. Ch. Gu é r a r d, «Archédèmos de Tarse», A 3 0 7 , DPhA I, págs. 3 3 1-332.

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te en Sobre el dominante40. ¿No leiste la obra?» «No la he leído.» —«Léela».

11 Cic e r ó n, Cartas a los familiares IX 4 41

Sabe que sobre los posibles mi juicio sigue a Diodoro. Por tanto, si vas a venir, sabe que es necesario que vengas; pero si no lo vas a hacer, que vengas pertenece a los impo­

sibles. Considera entonces cuál de los dos juicios te gusta

más, si el crisipeo o este que nuestro querido Diodoto no podía digerir. Pero de estos asuntos hablaremos cuando es­ temos ociosos: también esto es posible según Crisipo.

12 Pl u t a r c o, Contradicciones de los estoicos 44, 1054C-

D 42

En el libro cuarto Sobre los posibles postula un lugar central y un espacio central, y dice que allí se asienta el mundo43. Sus palabras son como sigue: «Por tanto, acerca del mundo concretamente, considero que precisa de argu­ mento si hay que decir que es corruptible. En cualquier ca­ so, me parece a mí que la cuestión es más bien como sigue. A su casi incorruptibilidad44 contribuye mucho precisamen­

40 Antipatro de Tarso, fr. 30 (S V F lll, pág. 248).

41 Las palabras en cursiva están en griego en el original. La carta está dirigida a Varrón en junio del 46 a. C.

42 La cita de Plutarco plantea el problema especialmente complejo, que la oscura expresión de Crisipo no ayuda a aclarar, cf. Ha h n, Origins,

págs. 260-265 (Appendix V). La pretensión de que el universo está en el centro del vacio es incompatible con todo lo que sabemos de la cosm olo­ gía estoica y sólo aparece atestiguada en este pasaje de Plutarco. Hahn y Cherniss aportan diferentes propuestas para salvar a Crisipo de esta con­ tradicción especialmente grave, cf. fr. 410.

43 Sobre las diferencias que hacía Crisipo entre lugar (topos) y espacio

(chöra), cf. fr. 410.

44 Traducimos de este modo la peculiar expresión crisipea hoionei

te el espacio que ocupa, es decir, el hecho de estar en el cen­ tro. Porque si pudiera imaginarse en otro lugar, se vincularía a él también de manera inexcusable la corruptibilidad». Y un poco después dice así: «Pues, resulta de ese modo la cir­ cunstancia de que la sustancia ocupa el lugar central eter­ namente, por ser ella ya de tal naturaleza que según otro modo, pero también por la circunstancia dada, no admite co­ rrupción y es, también conforme a esto, eterna».

13 Pl u t a r c o, Sobre la desaparición de los oráculos 2 8 ,

425D-E

Por ello hay que admirar a Crisipo, o indagar mas bien qué le ocurre para decir que el mundo está asentado en el centro y que su sustancia, que ostenta el lugar central eter­ namente, no es poco lo que contribuye a su permanencia y a su «casi incorruptibilidad». Estas cosas dice en el libro cuar­ to Sobre los posibles, cuando imagina en sueños sin criterio un lugar central del infinito y, más absurdamente aún, pos­ tula la causa de la permanencia del mundo en ese centro in­ existente. Y esto tras haber dicho repetidamente en otros li­ bros, que «la sustancia se administra y conserva por los movimientos que van a su propio centro y los que vienen de su propio centro»45.

Wyttenbach y aceptada por Chemiss, a partir del texto paralelo que ofrece el fr. 13.

45 Una crítica en términos semejantes a las inconsecuencias de la doc­ trina estoica de la centralidad y estabilidad de la tierra, sin mención expre­ sa de Crisipo, se lee en Pl u t., Sobre la cara de la luna 11, 925F-926A.

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