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Crisipo de Solos, Testimonios y Fragmentos 1

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CRISIPO DE SOLOS

TESTIMONIOS

Y FRAGMENTOS

i

TESTIMONIOS. FRAGMENTOS 1-318

INTRODUCCIÓN, SELECCIÓN DE TEXTOS, TRADUCCIÓN Y NOTAS DE

F. JAVIER C A M PO S D A R O C A

Y

M A R IA N O N A V A CONTRERAS

f t

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Asesores para la sección griega: Ca r l o s Ga r c ía Gu a l.

Según las normas de la B. C. G., la traducción de este volumen ha sido revisada por Ed u a r d o Día z Ma r t ín.

© EDITORIAL GREDOS, S. A. Sánchez Pacheco, 85, Madrid, 2006. www.editorialgredos.com

La Introducción, traducción y notas han sido llevadas a cabo por F. Ja v ie r Ca m p o s Da r o c a (Vida, Lógica y Física) y Ma r ia n o Na v a Co n t r e­ r a s(Ética).

Depósito Legal: M. 6136-2006. ISBN 84-249-2796-6. Obra completa. ISBN 84-249-2797-4. Tomo I. Impreso en España. Printed in Spain. Gráficas Cóndor, S. A.

Esteban Terradas, 12. Polígono Industrial. Leganés (Madrid), 2006. Encuademación Ramos.

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I. VIDA DE CRISIPO

Sobre la vida y la obra de Crisipo la fuente de informa­ ción más amplia de la que disponemos son los capítulos 179-201 del libro VII de las Vidas y doctrinas de los filó so­

fo s ilustres de Diógenes Laercio, el más extenso de esta

obra y dedicado a la escuela estoica1. Anterior

cronológi-1 Sobre la obra de Diógenes Laercio reflejan bien la renovación de los estudios los trabajos de J. Me je r, Diogenes Laertius and his H ellenis­ tic Background, Wiesbaden, 1978; id., «Diogenes Laertius and the Trans­

mission o f Greek Philosophy», A N R W ll 36.5 (1992), págs. 1156-3602; y, sobre todo para la identificación y datación de autor y obra, id. «Diogène Laërce», D 150, DPhA II, págs. 824-833, junto con los recogidos en G. Gia n n a n t o n i, (ed.) D iogene Laerzio, Storico del Pefisiero Antico (Atti del Convegno intemazionale, Nápoles-Amalfi, Sett.-Ott.1985), Elenchos 7 (1986). D e este volumen interesa en especial el análisis de algunos aspec­ tos fundamentales del libro VII por J. Ma n s f e l d, «Diogenes Laertius on Stoic Philosophy», págs. 297-382. La edición de referenda sigue siendo la de H. S. Lo n g, 2 y. Oxford, 1964, pero hay una más reciente de M . Ma r­ k o v ic h, Stuttgart, 1999, sobre la cual véase la recensión de T. Do r a n d i,

«Diogenes Laertius Vitae Philosophorum», Phronesis 24 (2000), 331-340 (el prof. Dorandi prepara actualmente la edición de Diogenes Laercio para Les Belles Lettres). Las traducciones más importantes son las de M . G

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camente, pero en un estado que hace más difícil su aprove­ chamiento, es el libro que Filodemo de Gádara (s. i a. C.) dedica a los estoicos dentro de su obra Sÿntaxis ton philo-

sóphon2. Las obras en cuestión no son simples colecciones

de biografías, sino que éstas cobran sentido en el marco de las ideas vigentes en la antigüedad sobre la historia y la en­ señanza de la filosofía, así como de la gran variedad de gé­ neros de erudición filosófica en que estas ideas tienen ex­ presión en época helenística y romana3. De manera muy sumaria, para las obras que nos ocupan, hay cuatro criterios organizativos básicos, cada uno de los cuales guía un género propio de erudición: a) el lugar de cada filósofo en las dife­

GANTE, Bari, 1962 (edición aumentada, Roma-Bari, 19872) y la coordinada

por M.-O. Go u l e t-Ca z é, Paris, 19992, con una introducción general a cargo de la autora y una sección de T. Dorandi que aclara la situación tex­ tual, págs. 33-38. El libro VII está traducido y anotado por R. Go u l e t,

págs. 775-917, con introducción y bibliografía esencial en págs. 775-788. Hay traducción al español del libro VII con prólogo, anotaciones y texto griego in fron te (el citado de Lo n g, sin aparato crítico) por A. Ló p e z Eir e, Barcelona, 1990.

2 Traduciremos por índice de los filósofos estoicos, aunque la traduc­ ción de sÿntaxis por «relación» sería tal vez más adecuada. Sobre la obra de Filodemo dentro del género de las «sucesiones», cf. Me ije r, D iogenes Laertius, págs. 72-74 La edición que seguimos es la de T. Do r a n d i, La Storia dei filosofi. La stoá da Zenone a Panezio (PHerc. 1018), Leiden,

1994. Sobre la actividad historiográflca de Filodemo, cf. T. Do r a n d i, «Fi­ lodemo storico del pensiero antico», ANRW II 36.4 (1990), págs. 2407- 2023, a quien se debe también edición de la historia de la Academia del mismo autor (Nápóles, 1991).

3 A los que habría que añadir las colecciones de máximas, sentencias y anécdotas, que en el caso de Crisipo, a diferencia de Zenón, no parece haber sido muy rica, cf. tests. 49-54. Cf. la revisión de Ma n s f e l d, «Sour­ ces», en CHHPh, págs, 16-26. Mansfeld señala que cuando se habla de historiografía no debemos entender una historia de la disciplina como las actuales, donde el pasado es objeto de un estudio complementario al sis­ temático y de interés generalmente secundario (de hecho ya independiente desde el punto de vista de las disciplinas).

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rentes líneas de «sucesiones» (diadochaí) que lo unen a un maestro4; b) su pertenencia a determinada «escuela» o haí-

resis en la que encuentra su medio doctrinal5; c) las biogra­

fías o bíoi, individuales o colectivas organizadas en tomo a determinados tópoi6; y d) la literatura «sobre el arte» (perí

téchnës) que presenta de manera introductoria los funda­

mentos de una determinada disciplina7. Los límites entre los géneros son, por supuesto, muy fluidos y permiten diversas combinaciones. En el caso de Diógenes, el criterio dominan­ te es el de las sucesiones, que permite la ordenación más amplia y abarcadora de las diferentes orientaciones y doctri­ nas filosóficas. De acuerdo con este criterio, Diógenes dis­ tingue en I 13-15 (test. 16) dos sucesiones fundamentales, la «jonia» y la «itálica»8. Crisipo tiene un lugar importante en la sucesión jonia que parte de Anaximandro y se divide con Sócrates en tres direcciones, la Academia, el Perípato y la tradición cínico-estoica. Esta última, a su vez, se inicia con el socrático Antístenes y prosigue con Diógenes el Perro, Crates, Zenón y Cleantes hasta llegar a nuestro filósofo. Crisipo, pues, cierra simbólicamente la línea jonia según es­ te esquema de sucesiones, pues sabemos por testimonios de

4 Para este género de historiografía filosófica, la más amplia por abar­ car los filósofos de todas las épocas, cf. la revisión de Me ije r, Diogenes Laertius, págs. 62-74 y la recopilación de R. Gia n n a t t a s io An d r i a, / fram m enti delle 'Succesioni dei filo s o fi’, Nápoles, 1983, con comentario,

por la que citamos.

5 Cf. Me ije r, D iogenes Laertius, pág. 62, destaca que este género pre­

supone la división sistemática de la filosofía, trataba sólo escuelas postso- cráticas y se aplicaba, sobre todo, a las diferentes escuelas éticas.

6 Cf. Me ije r, Diogenes Laertius, págs. 90-94.

7 Ma n s f e l d, «Diogenes Laertius on Stoic Philosophy», págs. 306-307 ha destacado la importancia de esta literatura para la parte introductoria de la obra de Diógenes Laercio.

8 C f., sobre este cuadro de las sucesiones, R. Go u l e t, «Livre I. Intro­ duction», en Go u l e t-Ca z é, D iogène Laërce, págs. 48 ss.

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la tradición manuscrita laerciana que el proyecto era lle­ var la sucesión estoica hasta Comuto (s. i d. C .)9. Diógenes se atiene con bastante fidelidad a esta tradición que hace a los estoicos sucesores directos de los cínicos, lo cual no le impide integrar de manera más o menos elaborada otras tra­ diciones al respecto. Los demás textos que mencionan a Cri­ sipo en las sucesiones filosóficas (test. 17 y 18) mantienen en lo esencial esta ubicación en la historia antigua de la filo­ sofía10.

La homogeneidad relativa de las fuentes es, sin embar­ go, engañosa. En primer lugar, los detalles de las sucesiones revelan informaciones preciosas acerca de diversos modos de entender la relación de magisterio que funda la serie de la sucesión11. De especial importancia en este contexto es la figura de Antístenes de Atenas, pieza clave en las cons­ trucciones diadoquísticas de los estoicos, cuya relación con los primeros filósofos de la Estoa se ha podido entender

has-9 Parisinus 1759 (F D S 160ay Po s id o n io, test. 66 E.-K.) y algunas de sus copias. Sobre este índice y la posibilidad de que refleje los conteni­ dos del libro VII, cf. Ma n s f e l d, «Diogenes Laertius on Stoic Philosop­ hy», págs. 3 1 0 -3 1 2 y T. Do r a n d i, «Considerazioni sulP index locupletior di Diogene Laerzio», Prometheus 18 (1 9 9 2 ), 121-126.

10 Cf. Dió g. La e r c., VI 19 y 104, donde revalida la comunidad entre las escuelas cínica y estoica. Conocemos otras tradiciones que relacionan al estoicismo con la escuela erístico-dialéctica, cf. Suda, s.v. «Sócrates», vol. IV, pág. 404 Ad l e r(fr. 1 7 Gi a n n.) y test. 19 y nota.

11 Se aprecia, por ejemplo, que en el test. 18 no se menciona a Crates, sino a Diógenes como maestro de Zenón, detalle que Alesse, La Stoa,

págs. 36-43, considera indicativo de una orientación de la historiografía fi­ losófica que hizo de la sucesión una relación más esencial, ejemplar po­ dríamos decir, con la figura socrática, en un sentido que se hará más vi­ gente en época imperial, cf. Gl u c k e r, Antiochus, pág. 81.

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ta de tres formas diferentes, cada una con un significado histérico-filosófico distinto12.

Estas diferencias llevan a una cuestión que revela real­ mente la importancia de la opción compositiva de Diógenes en sus Vidas. La relación entre el cinismo y el estoicismo fue en la Antigüedad un tema muy controvertido a causa del carácter escandaloso de no pocas de las propuestas del ci­ nismo y de las obras de su fundador. La cuestión de los an­ tecedentes cínicos de Zenón y su reflejo en su República fue objeto de un debate entre los estoicos, posiblemente ya des­ de el tiempo del propio Zenón, del que sacaron provecho sus contrincantes filosóficos, epicúreos y escépticos sobre todo. Crisipo, a juzgar por los fragmentos, en ningún mo­ mento puso en cuestión ese vínculo, más bien al contrario13. Por ello su testimonio fue pieza de convicción en la disputa entre quienes querían o no purgar al estoicismo de sus

ante-12 C f. A le s s e , La Stoa, p ág s. 48-61. E sp e c ia lm e n te sig n ificativ a a l re s­ p e c to es la n o tic ia d e F ilo d e m o , Ind. Stoic co l x n D o r a n d i , de q u e h a b ía esto ico s que, p a ra so rte a r el p ro b le m a de Z e n ó n , se v in c u la b a n d ire c ta ­ m e n te c o n S ó crates via A n tíste n e s, y se lla m a b a n «so crático s» (fr. 138

G ia n n .) . S obre A n tiste n e s de A te n a s, u n o d e lo s d isc íp u lo s m ás e n tu sia s­ ta s de S ó crates, cf. M .-O . G o u l e t - C a z é , « A n tisth èn e » , A 211, DPhA I,

p ág s. 245-253. L a im p o rta n c ia de las d o ctrin as éticas y ló g icas de A n tís ­ ten es (d ifíc ilm e n te se p a ra b le s) co m o a n te c e d e n te de a lg u n as de la s m ás c o n tro v ertid as tesis esto ic a s h a sido d e sta c a d a p o r A . B r a n c a c c i , Oikeios logos. La fllosofia del linguaggio di Antistene, N á p o le s, 1990, pags. 32 s.,

87 s., 93 s.; cf. frs. 240, 324, 388 y 445. S obre la re le v a n c ia d o ctrin al que v a to m an d o co m o o rig e n d el esto ic ism o y q u e se d eja se n tir esp ecialm en te e n D ió g e n e s L aerc io , cf. el d e ta lla d o tra ta m ie n to en M a n s f e l d , « D io g e ­ n e s L aertiu s o n Stoic P h ilo so p h y » , p á g s . 317-351.

13 Cf. frs. 222-226 de Sobre la república. Alesse, La Stoa, págs. 43-46 y Go u l e t-Ca z é, Les Kynika du stoïcisme, esp. págs. 52-61. Por su parte,

Crisipo fue objeto de las mismas acusaciones de impudicia en sus escritos que Zenón; cf. test. 1 § 187 y notas, que Sc h o f ie l d, The Stoic Idea o f the City, págs. 3-8, deriva del mismo crítico de la República de Zenón, citado

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cedentes escandalosos14. La opción de Diógenes parece, pues, fiel a la concepción crisipea de, al menos, una dimen­ sión de su ascendencia filosófica, aunque, desde luego, no por ello la refleja fielmente15. En realidad estas posiciones sólo se articularon del modo en que las conocemos en época postcrisipea. Más que testimonio de posiciones definidas por parte de Crisipo, son signos de un modo de plantear la identidad de la propia filosofía, sometida al doble vínculo con la herencia y la autonomía que resulta en una diversidad y discordancia pronto controvertidas.

La vida, la filosofía y la obra de Crisipo ocupan, como hemos señalado, los capítulos finales del libro VII de Dió­ genes Laercio, dedicado a la escuela estoica. Se inserta, pues, en un contexto en el que el criterio de organización domi­ nante es el de las sectas o escuelas (hairéseis), cuyo rasgo distintivo es la tendencia a la presentación sistemática. Na­ die en la Antigüedad discutió al estoicismo su condición de secta, aunque desde este punto de vista, las afinidades po­ dían cambiar notablemente (test. 19) 16. Tampoco parece con­

14 La disyuntiva parece haberse hecho especialmente marcada en el si­ glo i ia. C ., con los discípulos de Diógenes de Babilonia. Apolodoro de Se­ leucia y Panecio tomaron opciones divergentes en pro y en contra respec­ tivamente de la herencia de los cínicos, cf. G o u l e t - C a z é , Les Kynilca du stoïcisme, pág. 22. Además, G o u l e t - C a z é , Ibid., págs. 137 ss., quien ha

destacado la importancia de Apolodoro de Seleucia en la configuración historiográfica de la relación entre cinismo y estoicismo.

15 En efecto, Alesse, La Stoa, págs. 67-86, asocia especialmente a Cri­

sipo también la reflexión sobre la relación del estoicismo con la escuela megárica o dialéctica a propósito de las noticias del discipulato de Zenón con Estilpón, una relación que ha dejado sus huellas en la doxograña es­ toica del libro, cf. Ma n s f e l d, «Diogenes Laertius on Stoic Philosophy», págs. 315.

16 Diógenes Laercio cita dos listas de escuelas: la que incluye diez «es­ cuelas éticas» que no atribuye específicamente a ningún autor (I 18, fr. 1

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trovertido el lugar emblemático que toca a Crisipo en esta escuela (tests. 1, § 183, 10 y 11). La cuestión básica con cierne al modo en que la presentación doctrinal se integra con las biografías de los diversos componentes de cada haí-

resis. En el caso del estoicismo, la opción de Diógenes ha

sido la de incluir la doctrina estoica en la biografía del maes­ tro fundador, Zenón. De este modo las ideas de Crisipo apa­ recen integradas en una biografía ajena y presentadas de mo­ do que se destaque su acuerdo y diferencia ocasional con los demás estoicos.

El libro en su conjunto está estructurado, según Hahm, del siguiente m odo17. A la vida del maestro fundador (§§ 1- 38) sigue una extensa doxografía que resume, según una de las ordenaciones de las partes de la filosofía aceptadas por los estoicos, el conjunto de los dogmas generalmente reco­ nocidos por los filósofos de la escuela, aunque también se transmiten las diferencias que, en puntos concretos, los se­ paraban (§§ 38-158)18. Tras la doxografía, Diógenes retoma la estructura por «vidas», articuladas, como veremos, en una serie estable de tópicos, y procede a la exposición de la vida de Aristón, Hérilo, Dionisio el Tránsfuga, Cleantes, Esfero y, finalmente, Crisipo. Tal como la podemos leer hoy día, la vida de Crisipo se interrumpe en medio del catálogo de sus obras, que, por lo que sabemos, llegaban a más de setecien­ tas cinco (test. 1 § 180). Podemos conjeturar que en su

for-t e), conocida sobre todo por excluir al cinismo, aunque tampoco m encio­ na la escuela dialéctica ni la de Elide. Ambas presentan la escuela estoica después de la peripatética.

17 Cf. D. E. Ha h m, «Diogenes Laertius VII: On the Stoics», A N R W ll 36.6, 1992, págs. 4076-4182 (índices en págs. 4404-4411).

18 A l análisis de la sección lógica de esta doxografía se dedica una ex­ tensa sección de Ma n s f e l d, «Diogenes Laertius on Stoic Philosophy», págs. 351-373.

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ma completa la «vida de Crisipo» podría alcanzar una ex­ tension al menos doble de la que leemos actualmente.

La estructura de la «vida» deja ver claramente el modo de composición de este tipo de literatura erudita, en la que la incorporación de nuevas noticias crea cierto desorden en el esquema biográfico básico19. Era de esperar, por ejemplo, que a la narración de la m uerte del filósofo (y al epi­ grama que, como de costumbre, aporta Diógenes) siguiera la lista de homónimos; sin embargo, Diógenes introduce an­ tes de la mencionada lista una segunda versión de la muerte del filósofo, que probablemente encontró en la misma fuen­ te que consultaba para la lista de homónimos, Demetrio de Magnesia20.

En conjunto, la biografía de Crisipo puede dividirse en dos partes. La primera, que abarca desde § 179 hasta la mencionada lista de homónimos (que ocupa el inicio del § 186), recoge noticias que podemos considerar más estricta­ mente biográficas (orígenes, carácter, anécdotas y género de vida); desde § 186 hasta el final del libro VII (§ 202) se ex­ ponen cuestiones vinculadas propiamente con su filosofía,

19 Véase la estructura según los tópoi recurrentes en Diógenes Laercio que aporta Ha h m, «Diogenes Laertius VII: On the Stoics», págs. 4130- 4135 y 4140-4141. El autor destaca además que en la biografía de Crisipo hallamos tópicos infrecuentes en el resto de las biografías, como son la atención a los hábitos de escritura y al estilo literario. Según Hahm, el tex­ to de base de la biografía sería la obra de Apolonio de Tiro, autor de un «catálogo de filósofos desde Zenon y sus libros» (sobre el cual, cf. R.

Go u l e t, «Apollonios de Tyr», A 286, DPhA I, pág. 294), complementado con la obra de Estratocles de Rodas, que ya había sido fuente de Apolonio.

20 Cf. Go u l e t, «Chrysippe», pág. 231. Sobre Demetrio, véase más adelante nota 28.

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junto con el largo y elaborado catálogo de las obras del filó­ sofo21.

Para el establecimiento de la cronología, Diógenes remi­ te a la obra de Apolodoro de Atenas (s. n a. C.), autor de una Cronología (Chroniká) en verso de gran difusión en la Antigüedad22. Los escuetos datos que Diógenes dice tomar de Apolodoro, la fecha de su muerte (en la olimpiada 143, es decir, entre los años 208/7 y 205/4) y los años que vivió (setenta y tres), nos permiten situar el nacimiento de Crisipo entre el 281/0 y el 278/7 a. C. De ambas informaciones sólo la referida a la fecha de su muerte es fiable23, pues la refe­ rente a la edad que alcanzó es contradicha por otras noticias que le conceden ochenta años de vida (tests. 4 y 5). Lo que parece seguro es que alcanzó una edad avanzada en plenitud de sus capacidades intelectuales (test. 4). Su origen en la ciudad cilicia de Solos es dato también disputado por una noticia de Alejandro Polihístor, erudito del siglo i a. C., quien lo hace originario de Tarso, ciudad cercana a Solos24.

21 El catálogo, recogido como test. 29, será tratado en la sección II. B) de esta Introducción, págs. 45-50.

22 Sobre este autor, cf. T. Do r a n d i, «Apollodore d’Athènes», A 244

DPhA I, págs. 271-274. Apolodoro vivió ca. 180-110 a. C. y fue discípulo

del filósofo estoico Diógenes de Babilonia. La Cronología abarcaba los acontecimientos históricos más relevantes desde la caída de Troya (situada en el 1184/3 a. C.) hasta el tiempo del autor, tuvo probablemente varias redacciones y fue objeto de falsificaciones, actualizaciones y revisiones, como la de Cástor de Rodas en el siglo i a. C. Diógenes accedió a la obra de Apolodoro a través de esta versión, que acabó por suplantar al original, dado que sabemos que Apolodoro no tomó los años olímpicos como refe­ rente para la datación, sino la lista de arcontes.

23 El dato en Dió g. La e r c., VII 181 (FGrHist 244 ft 46) está corre­ gido como indicamos en la nota correspondiente al fr. test. 1, § 184.

24 R. Go u l e t, «Alexandras de M ilet d it Polyhistón>, A 118, DPhA I, págs. 144-145. Alejandro fue autor de unas Sucesiones de filósofos. Lo que conocemos de su biografía lo debemos sobre todo al artículo de la

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Su-16 CRISIPO D E SOLOS

Ante la falta de pruebas más sólidas, sólo cabe atenerse al hecho de que la mayoría de las informaciones dan la prime­ ra ciudad, que, por lo demás, se distingue por haber dado otros adeptos al estoicismo25. Nada sabemos de cuándo lle­ garía a Atenas para establecerse en ella al modo socrático, es decir, sin salir nunca de ella. Es común situar esta llegada a los veinte años, lo que nos lleva a los últimos años de la vida de Zenón, no sabemos si a tiempo de conocerlo direc­ tamente y poder ser considerado discípulo suyo.

Por lo que conocemos, la biografía de Crisipo carecía casi por completo de los motivos novelescos que adornan las de tantos filósofos antiguos. El cuadro que se extrae de Diógenes Laercio, confirmado por Filodemo, es el de al­ guien dedicado a la enseñanza (test. 2), a las discusiones de escuela con sus discípulos y rivales y a sus libros (test. 1, § 179-181). Anécdotas más propias de la biografía filosófica son su dedicación primera a la «carrera de fondo» (test. 1, § 179), que Goulet interpreta en relación con la noticia parale­ la de que Cleantes se dedicó al principio al pugilato26. Tam­ bién nos dice Diógenes (test. 1 § 181), quien afirma saberlo

da, s.v. «Alejandro», A 119, vol. I pág. 104, 29-34 Ad l e r, que nos habla de su vida en Roma en tiempos de Sila y de su vínculo con la escuela del gramático Crates de Malos. Diógenes lo cita generalmente al principio de una vida, como en este caso. St e in m e t z, «Stoa», pág. 584, considera evi­ dente que la lengua materna de Crisipo era el arameo a partir del test. 34, que recoge un texto de Galeno que atribuye el singular estilo de Crisipo a su tardío aprendizaje de la lengua griega; cf. Po h l e n z, Stoa, págs. 25-26,

30-31.

25 Por ejemplo, el poeta Arato. Sobre la vida cultural en las ciudades de Cilicia de la época,- cf. P. De s id e r i, «Cilicia Ellenistica», Quaderni Sto-

rici 26 (1991), 148-163.

26 Dió g. La e r c., VII 168 (SVF I 463), el contexto de la noticia sobre Crisipo es precisamente el de su relación de magisterio con Cleantes.

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por Hecatón de Rodas27, que Crisipo se habría dedicado a la filosofía después de haberse visto privado de su fortuna por la hacienda real. De nuevo, esto parece una versión, si bien menos novelesca, de la anécdota que hace depender la «con­ versión» a la filosofía de un avatar que priva al hombre de todos sus bienes, sea éste un naufragio, como es el caso del maestro fundador de la escuela, exilio o, incluso, la renuncia voluntaria, como es el caso de Crates y, ya antes, de Ana- xágoras y Demócrito28.

Ninguna evidencia hay sobre actividades políticas de Crisipo al estilo de otros estoicos, pero la misma actitud de reserva, que sintetiza la opinión de la escuela al respec­ to 29, brindó abundante materia a los críticos del estoicismo en general y de Crisipo en particular. En el caso de Crisipo, le imputaban la contradicción de sus muchos libros escritos sobre este asunto y su vida inactiva, más propia de Epicuro (tests. 6 y 7). También le critica Plutarco que, frente a sus maestros, Crisipo aceptara la ciudadanía ateniense, que le fue ofrecida en una época en la que, según Erskine, no se prodigaron estas concesiones30. Desde la perspectiva de al­

27 H. Go m o l l, D er stoische Philosoph Hekaton. Seine Begriffswelt und Nachwirkung unter Beigabe seiner Fragmente, Leipzig, 1933. R. Go u l e t, «Hécaton de Rhodes», H 13, DPhA III, págs. 526 s. Hecatón era discípulo de Panecio de Rodas, por lo que hemos de situarlo entre la se­ gunda mitad del s. i ia. C. y la primera del i a. C. Su biografía estaba in­ cluida en el plan completo del libro VII de Diógenes, como sabemos por el índice del Parisinus 1759; en Di ó g. La e r c., VII 91, aparece a continua­ ción de Crisipo, Cleantes y Posidonio, y en V I I 2 aparece citado (junto con Apolonio de Tiro) a propósito de la noticia relativa a la conversión de Ze­ nón a la filosofía.

28 Sobre el lugar de esta anécdota en la biografía de Zenón, cf. Ales- se, La Stoa, págs. 29-30.

29 Sobre la vida política, cf. frs. 566-568 y el fr. 75, de Sobre los géne­

ros de vida.

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guien que entiende que la actividad política sólo es legítima en relación con la propia ciudad, la actitud del estoico puede entenderse como traición que, en el caso de Crisipo, es do­ ble, porque abandona su patria sin participar en la de adop­ ción.

En relación con este tema está el dato de que declinó las invitaciones de los reyes a ir a su corte, a diferencia de otros filósofos, y que no se conoce obra suya dedicada a un mo­ narca (test. 1, § 185). Diógenes menciona en este pasaje a Esfero que, a diferencia de Crisipo, habría aceptado marchar a Alejandría, como Perseo había marchado por encargo de Zenón a la corte de Pela, en Macedonia. No sabemos si era el propio Demetrio el que hacía de esta actitud de Crisipo la v interpretación ética que leemos en Diógenes, en el sentido de que esto mostraba su altanería. En realidad, al declinar esta invitación, Crisipo se muestra de nuevo en continuidad con los maestros, sin que esto signifique rechazo en sí de la monarquía como forma de gobierno31.

En contraste con el rechazo de los reyes, Diógenes nos da la curiosa noticia, que dice tomar de Demetrio de Mag­ nesia32, de que por toda compañía le bastaba la de una an­

31 Sobre estas noticias se extiende Er s k in e, Hellenistic Stoa, págs. 75-

102, para clarificar la relación de la escuela con las monarquías helenísti­ cas y, de este modo, sus simpatías políticas, que Erskine considera, de Ze­ nón a Crisipo, consistentemente antimacedonias y afines a la democracia; cf. Po h l e n z, Stoa, págs. 40-41. En el fr. 75 Plutarco ridiculiza a Crisipo

por aceptar la convivencia del sabio con los reyes. Er s k in econsidera sig­ nificativo que Crisipo no cite monarquías de su tiempo, sino distantes en el tiempo y/o en el espacio. Sobre la historia política de Atenas en la época de Crisipo, dominada por las relaciones con la monarquía macedonia, cf. C. Ha b ic h t, Athènes hellénistique. H istoire de la cité d ’Alexandre le Grand à M arc Antoine, Paris, 2000, págs. 160-214.

32 J. Me j e r, «Démétrios de M agnésie», D 52, DPhA II, págs. 626- 628. Este Demetrio fue autor de una obra de carácter lexicográfico titulada

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ciana que le cuidaba (test. 1 § 185). La anciana sirvienta es el personaje más curioso de la biografía de Crisipo. Su trato directo y continuado con el filósofo hizo de ella una suerte de autoridad en la materia. Diocles de Magnesia, autor de un

Resumen de los filósofos del que se sirvió abundantemente

Diógenes33, parece tomarla como fuente cuando refiere el notable hábito de Crisipo de escribir todos los días unas quinientas líneas (test. 1 § 181). Puede que a ella se refiera también Diógenes en la chreía sobre la peculiar embriaguez del filósofo (§ 183), para la que no aporta fuente escrita es­ pecífica alguna34. Pero es ciertamente a la anciana a quien se dirige Crisipo en la anécdota que refiere su singular óbito

Dió g. La e r c., I 112 y V 3. Los fragmentos han sido recopilados por J.

Me je r, «Demetrius de Magnesia: On Poets and Authors o f the sam e na­

me», Hermes 109 (1981), 446-472, edición por la que citaremos. Cf. F. Ar o n a d io, «Due fonti Laerziane: Sozione e Demetrio di Magnesia»,

Elenchos 11 (1990), 202-255, esp. pág. 235 ss.

33 R. Go u l e t, «D ioclès de Magnésie», D 115, DPhA II, págs. 775- 777. D io d es es citado también como autor de unas Vidas de los filósofos, cuya relación con el Resumen (Epitomé) citado en el texto no es clara.

Mey e r, Diogenes, págs. 80-81, las distingue de manera estricta por el gé­

nero al que pertenecen una y otra (biografía y doxografía respectivamen­ te). Diocles fue una fuente importante para Diógenes, pero el alcance de esta deuda es objeto de un extenso debate iniciado por Nietzsche, resumi­ do por Go u l e t, ibid., págs. 776-777. Es igualmente incierta su ubicación

cronológica (¿s. i a. C.?).

34 Como en tantos otros detalles pintorescos, a veces estas anécdotas esconden referencias a cuestiones doctrinales en términos jocosos. El alma de Crisipo es coextensiva al cuerpo, de suerte que, cuando andamos, el alma está en cierto modo en los pies, cf. fr. 447. El morirse de una carca­ jada puede tener el sentido filosófico de una deificación al estilo de la de Diógenes el Cínico y puede tener en relación con la figura del asno un sen­ tido inciático, cf. nota a test. 1, § 185, nota 26. En fin, la figura de la an­ ciana pudo inspirar a Crisipo alguna de sus afirmaciones paradójicas más queridas, como su ejemplo de abstención virtuosa y, con todo, insignifi­ cante, cf. frs. 105 y 136.

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20 CRISIPO D E SOLOS

(test. 1 § 185) — aunque Diógenes toma de Hermipo de Es­ mima otra versión menos jocosa de su muerte35. De otro ta­ lante es la noticia, que conocemos por el índice herculanen- se (test. 2), que nos informa de la muerte del filósofo, aunque su interés está en mostrar hasta qué punto el per­ sonaje es coherente con las doctrinas que profesa en ese trance.

El segundo tipo de noticias biográficas es de mayor va­ lor para el historiador de la filosofía. Se trata de las que re­ fieren la actividad filosófica de Crisipo, sobre todo la rela­ ción de maestros, rivales y discípulos, en definitiva, aquellas que nos hablan de su pertenencia a la escuela estoica. Res­ pecto de los maestros, las noticias son como siempre con- v trovertidas. El primer dato de la biografía refiere el magiste­

rio de Cleantes, pero inmediatamente se habla de Zenón como su primer maestro, noticia que es corregida por Dió­ genes recurriendo al mencionado Diocles (test. 1, § 179). La posibilidad de que fuera discípulo de Zenón está sujeta a se­ rias reservas, aunque no cabe excluirla. La cuestión depen­ de, por supuesto, de la fecha que aceptemos para la muerte de Zenón. Si la situamos en el 262/1 a. C., cuando Crisipo tendría apenas veinte años, caben pocas posibilidades para el magisterio zenoniano36. En cualquier caso, Crisipo no

35 Sobre Hermipo, autor de un gran número de obras dedicada a filó­ sofos particulares, cf. J. P. Sc h n e id e r, «Hermippe de Smyme», H 86

DPhA III, 655-658. La edición de los fragmentos es la de F. We h r l i, Hermippos der Kallim acheer (Die Schule des Aristoteles, Suppi. 1), Basi-

lea, 1974. Sobre su importancia en la tradición biográfica ha insistido A.

Mo m ig l ia n o, The D evelopment o f Greek Biography, Cambridge Mass.,

1971.

36 La fecha de la muerte de Zenón es controvertida y parte del dato suministrado por Fi l o d., Sobre los estoicos col. v 9 - 1 4 Do r a n d i, quien la situaba, siguiendo a Ap o l o d o r o (FGrHist 2 4 4 * 4 4 ) , en el arcontado de

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aparece en VII 37-38 entre los discípulos del fundador del estoicismo.

Su opción por Cleantes es un dato especialmente rele­ vante, porque a la muerte de Zenón las orientaciones del es­ toicismo se encuentran diferenciadas y hasta enfrentadas. La biografía hace explícita su adhesión a Cleantes frente a otros maestros estoicos de mucho más predicamento en la época, como Aristón de Quíos (fr. 1 § 182), apodado «la sirena»37. A su vez, la relación con el maestro de su propia elección se caracteriza por su conflictividad38. Crisipo parece haber sido persona pugnaz y de orgullosa autonomía intelectual, como muestra el apotegma del § 179: Crisipo sólo pedía las doc­ trinas, porque él se bastaba para las demostraciones. Sin embargo, el párrafo se cierra con una información que deja constancia de la relación estrecha que lo unía a su maestro, a quien, cuenta otra anécdota, defiende de un dialéctico que lo trataba sin la consideración debida a su edad (test. 1, § 182). En esta anécdota, Crisipo se califica a sí mismo de «joven». Orígenes da un testimonio semejante de que la estrecha co­ laboración de Crisipo con Cleantes era una con sus constan­ tes diferencias39.

Concuerda con esta independencia lo que Diógenes re­ fiere acerca de que buscó maestros no sólo entre los de su propia escuela, sino también, y esto es un dato de notable interés para su carrera filosófica, entre aquellos con los que sus maestros y antecesores en el estoicismo habían

entabla-A rre n id e s, 262/1, dato e sp e c ia lm e n te , cf. Di ó g. La e r c., VII 9-10 y la b i­ b lio g ra fía re c o g id a p o r Go u l e t, p ág s. 795-796, n o ta 5.

37 Di ó g. La e r c., V I I 160 (S V F 1333).

38 Antipatro de Tarso (s. π a. C.) había escrito una obra titulada preci­ samente Sobre ¡as diferencias entre Cleantes y Crisipo, sobre la cual, cf. tests. 15, nota 65, y test. 55.

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22 CRISIPO D E SOLOS

do uno de los debates más apasionantes de la antigüedad, la Academia de Arcesilao y Lácides (test. 1 § 184). El dato de­ riva de Soción de Alejandría, de quien Diógenes cita el libro octavo de las Sucesiones. Señala Goulet40 que el carácter aislado de la noticia hace que su fiabilidad no pueda ser mu­ cha, pero es posible, por los datos de que disponemos sobre la cronología de estos filósofos41. En cualquier caso, es cu­ rioso que esta formación académica sea ubicada por Soción al final de la vida de Crisipo y que, además, se señale la in­ fluencia que tuvo la misma en la propia producción del es­ toico42. La seriedad con que Crisipo recibe la enseñanza

40 Go u l e t, p á g . 7 84, n o ta 5.

41 Sobre la cronología de Arcesilao y Lácides, cf. Do r a n d i, «Chro- ' nology», CHHPh, pág. 32. La noticia ha sido frecuentemente considerada pura construcción etiológica a partir de libros como Contra la experiencia

común, frs. 16-18, cf. Br é h ie r, Chrysippe, pág. 11. Recientemente Ba b u t,

«Chrysippe à la Académie», Philologus 147 (2003), 70, 90, ha dedicado un detallado análisis a este pasaje de Diógenes y concluye que no hay ra­ zones para poner en duda la noticia de Soción. La presencia de Crisipo en la escuela de Arcesilao y Lácides debe situarse cronológicamente en los últimos años de Arcesilao (muerto en el 241/0), cuando Lácides podía considerarse su estrecho colaborador. Esto elimina la posibilidad de hacer del episodio académico un momento de la formación primera de Crisipo, previa a su adhesión al estoicismo (cf. Vo n Ar n im, «Chrysippos», cols. 2502 s. y Po h l e n z, Stoa, págs. 39-40). Crisipo pretendería, como ya hizo

Zenón (cf. Dió g. La e r c., V I I2 y 25), consolidar su formación en dialécti­ ca con los maestros más prestigiosos en la materia. Su presencia en la Academia, escuela que se distingue por su tolerancia hacia ottas escuelas, no implica una etapa en su filosofía.

42 Siguiendo esta inspiración académica Crisipo habría escrito, según la fuente de Diógenes Laercio, sobre «magnitudes y cantidades» (es decir, probablemente sobre cuestiones relacionadas con el sorites, cf. 43 y 107 H.-G.) y sobre la experiencia común o synétheia, sendos libros en contra y a favor de la misma (en consonancia con la práctica académica, cf. Dö r r ie,

«Chrysippos», col. 150). Plutarco señalaba que el libro contra la experien­ cia común (117 H.-G.) era notablemente más convicente que el que hizo en defensa del mismo y en el mismo sentido se expresaba Cicerón (frs. 17

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académica es de gran importancia en la historia de la filoso­ fía helenística, pues al decir de algunos de sus críticos, la agudeza de Crisipo se desplegó en argumentos que fueron de gran ayuda a sus posteriores rivales, Caméades funda­ mentalmente, quien habría encontrado en Crisipo ya prepa­ rada buena parte de su panoplia intelectual (tests. 43-46).

De Crisipo como maestro tenemos informaciones signi­ ficativas que concuerdan en señalar su dedicación a la ense­ ñanza y sus discípulos, que fueron numerosos (tests. 12-

14)43. Un par de pasajes del Indice herculanense nos dan no­ ticia de seriedad académica: puntualidad y atención a los alumnos (test. 2). Además, también en relación con su acti­ vidad escolar, tenemos una información muy interesante, que debemos a Quintiliano (test. 23), acerca de una preocu­ pación económica que parece haber sido característica del estoicismo44. Se trata de la cuestión del mantenimiento y 18). Según Ba b u t, «Chrysippe à la Académie», págs. 76 s., no hay que asignar el libro contra la experiencia común a una etapa académica, pues, entre otras razones, los estoicos tuvieron un gran aprecio por este libro. Las críticas contra él vienen siempre de los académicos y sus sucesores.

43 Cf. la relación contrastada de los discípulos y los detinatarios de las obras del catálogo que ofrece Go u l e t, «Chrysippe», págs. 334 s. El fr. 12 nos da la escueta información de que los discípulos de Crisipo se llamaban «crisipeos», designación que encontramos en otros pasajes de autores de época imperial, cf. Fil ó s t., Vida de Apolonio I 7, y Já m b l ic o, Com. a 1a «Aritmética» de Nicómaco, pág. 11 Kl e in. Recordemos que también los seguidores de Zenón se llamaron, en un principio, por el nombre del maes­ tro (Di ó g. La e r c., VII 5 = SVF I 2), así como los de Aristón (Dió g. La e r c., VII 161 = SVF I 333). Dado que Crisipo se separó de Cleantes cuando éste aún vivía (test. 1 § 179), tal vez la noticia de la Suda derive de un pasaje semejante al de Zenón (que aparece de hecho como entrada de

Suda, s.v. «Estoicos», Σ 1150). Sobre esta forma de designar las hairéseis,

que cobra especial relieve en época imperial, cf. Gl u c k e r, Antiochus,

págs. 137 y 213.

44 Los estoicos toman una posición original en la polémica entre filo­ sofía y sofística que había planteado Platón precisamente por el carácter

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24 CRISIPO D E SOLOS

del sabio, algo que para los estoicos se planteaba en térmi­ nos especialmente urgentes, sobre todo por la peculiar con­ dición de esta escuela entre las de su época, que ha destaca­ do recientemente Lundlam45. Sí en el caso de la Academia, del Perípato o del Jardín los filósofos, al menos los principa­ les de la escuela podían disfrutar del régimen económico de una institución más o menos estable46, nada semejante pare­ ce que se diera en el caso de los estoicos, cuya unidad como escuela no dependió, según Lundlam, de una organización escolar como la de sus rivales. De acuerdo con esto, tampo­ co parece que tuvieran un lugar privilegiado de enseñanza. La lección de Zenón parece haber sido, en realidad, la de disponer de los lugares públicos para enseñar. De Crisipo sabemos por Soción que enseñaba en el Odeón (test. 1, § 184)47 y, por Demetrio, que también lo hacía en el Liceo al aire libre (test. 1, § 186).

venal de los saberes que los sofistas transmitían, cf. C. Na t a l i, «L 'oiko- nomikos nella tradizione stoica», en C. Lé v y, B. Be s n ie r, A. Gig a n d e t

(eds.), A rs et Ratio, Sciences, art e t métiers dans la philosophie hellénis­

tique et romaine, Bruselas 2003, págs. 74-88, esp. págs 84-88. Cf. los frs.

73-81, asignados a la obra Sobre los géneros de vida (núm. 166 H.-G.) y la parodia de Luciano, test. 24, § 23, que parece evocar la raigambre sofistica de la cuestión.

4 5 1. Lu n d l a m, «Tw olongrunnmg stoic myths: a centralized ortho­ dox stoic school and stoic scholarchs», Elenchos 24 (2003), 33-55.

46 Cf. Do r a n d i, «Organization and estructure o f the philosophical schools», CHHPh, págs. 56-57 y 59 y Se d l e y, «The School from Zeno to Arius», CCS, págs. 18-19.

47 El Odeón aparece citado como lugar de enseñanza, junto al Liceo, la Academia, el Pórtico y el Paladión, por Pl u t., Sobre el exilio 14, 605A.

La frecuentación de estos lugares por los filósofos está atestiguada desde el siglo IV, si aceptamos la autenticidad de la m ención atribuida al poeta de la comedia media Alexis, fr. 25 K .-A., cf. Go u l e t, «Chrysippe», pág. 333.

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La figura de Crisipo se confunde, pues, con la de la es­ cuela que prácticamente refunda, según suele interpretarse el dicho que hacía de Crisipo una condición sine qua non del estoicismo (test. 1, § 183). Crisipo, solo o en unión con sus antecesores, llega a hacerse emblema de la filosofía que funda Zenón, como testimonian los autores de época impe­ rial cuando quieren referirse de manera genérica al estoi­ cismo48. Parece que dentro de la escuela aquella expresión condicional, que sugiere una ironía académica sobre la de­ batida conjunción negada, se interpretó en términos provi­ denciales, como testimonia Plutarco (test. 45): por designio divino Crisipo habría llegado en el momento oportuno entre Arcesilao y Caméades, para hacer frente al desconcierto creado por la Academia en las nociones comunes entre los hombres, sobre todo aquellas que nos hacen confiar en que los sentidos pueden ser fuente de conocimiento cierto. La imagen providencial, aunque extraña a nuestros usos his- toriográficos más arraigados, tiene la ventaja de damos una perspectiva de Crisipo que parece venir desde el propio es­ toicismo, y puede ser un interesante complemento a la que se ha formado del estoicismo la investigación moderna. Cri­ sipo no sería el centro de la escuela sólo en el sentido de su plenitud dogmática, en una evolución que va desde el origen a la extinción, sino su presente y su conjunción. En él con­ vergen y de él irradian las doctrinas estoicas con una cuali­ dad especial y distintiva que es posible desarrollar en

deta-48 C íe., Lúculo 24, 73; L u c., Pese. 25 s. y 32; Alejandro 25; Hermóti-

mo 30. En el texto de la Subasta de vidas que recogemos como test. 24,

Crisipo representa la opción de vida estoica, Ju l., Ep. 89b, pág. 334 Bi- d e z; Da m a s c io, Vida de Isidoro, fr. 36 Zin t z e n. Su condición represen­ tativa se deja ver especialmente cuando encontramos su nombre en plural, como en Ma r c o Au r e l io, VII 19 y Gr e g. Na c., Contr. Jul. 1, X X X V

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26 CRISIPO D E SOLOS

lies, pero no alterar sin desvirtuar el propio estoicismo. Por otro lado, es importante señalar que la imagen es fiel al con­ texto fundamental de desarrollo del estoicismo, que es el de la polémica con otras escuelas, fundamentalmente la Aca­ demia, sobre todo la que toma su inicio con Arcesilao. Sir­ viéndonos, pues, de esta imagen daremos unas breves in­ dicaciones sobre la figura de Crisipo en la historia del estoicismo.

Respecto de la propia escuela, y más concretamente su maestro fundador, es curioso observar cómo esta considera­ ción va insinuándose en la indagación historicista sobre la evolución de la escuela. La relación entre las doctrinas de Crisipo y las de Zenón son consideradas cada vez más no tanto como una corrección del maestro, sino como la expli- citación o, por hablar en términos estoicos, la articulación más cuidada de lo que ya hay en las formulaciones origina­ les, necesitadas de semejante apoyo en un contexto de deba­ te 49. Si seguimos a Ioppolo, esta voluntad de continuidad tiene un efecto de importancia considerable para el estudio del estoicismo en general y de Crisipo en particular, porque esas precisiones, Crisipo quiso hacerlas pasar por las doctri­ nas del maestro mismo50. Sin embargo, respecto de Clean­ tes, la actitud de Crisipo fue, sin duda, marcadamente polé­ mica. Son muchos los textos que señalan estas diferencias y

49 Es representativo de esta actitud el que Crisipo dedicara un libro a clarificar el uso de los nombres en el fundador de la escuela (190 H.-G., fr. 160). Para la relación doctrinal con Zenón son especialmente representati­ vos los frs. 125, 183-185, 197, 294-295, 305, 311, 322, 326, 413, 485, 516 y 533.

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dejan ver con más claridad una cualidad distintiva de Crisi­ po frente a su maestro51.

Si tuviéramos que trazar un esbozo de esa cualidad pe­ culiarmente crisipea del estoicismo, no sería justo dejar de señalar la importancia que en ella cobra la perspectiva del ser humano como centro de experiencia, así como la distan­ cia considerable que hay que salvar hasta llegar a una visión adecuada del conjunto, que produce en el ser humano una transformación radical (que puede, no obstante, pasarle des­ apercibida). Esta inquietud se deja ver muy especialmente en las doctrinas éticas, desde la formulación crisipea del té­

los estoico en términos de empeiría (fr. 243), pasando por la

inquietud «histórica» (en el sentido herodoteo) que muestra en algunas de sus indagaciones éticas (fr. 547) 52, hasta la atención especial que dedica a las cuestiones, poco dignas para algunos de sus críticos, de la manutención del sabio (frs. 73-78). Pero en el mismo sentido apunta la relevancia «científica» que otorga a los momentos en los que las no­ ciones comunes se revelan, como el lenguaje de todos los días, los gestos y la poesía, así como sus concesiones a ese mismo hablar común en lo que tiene de poco riguroso (fr. 67) algo que sirvió a sus refutadores para mover contra él la acusación de contradecirse. Y en este orden de considera­ ciones, es significativo que algunos aspectos al menos de la polémica con Aristón, de cuyos detalles doctrinales se ocu­ pa la crítica, está motivada esencialmente por el hecho de que la vida humana queda destruida si nos atenemos al rigor de esas doctrinas. Creemos que es también esa viva concien­ cia de la perspectiva humana la que lleva a Crisipo a

inte-51 Para las diferencias con Cleantes, cf. tes. 11 y frs. 10, 215, 233, 243, 326-327, 383, 4 2 2 ,4 4 4 , 447, 4 5 4 ,4 6 0 , 511 y 532.

52 J. Dil l o n, The M iddle Platonists, 80 B.C. to A.D. 220, Londres,

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28 CRISIPO D E SOLOS

grar en sus preocupaciones problemas relativamente nuevos, como el del destino en el sentido de la determinación que anula nuestras ideas de dignidad y responsabilidad moral53.

Por otro lado la personalidad filosófica de Crisipo es in­ separable de la de sus rivales más enconados, unos rivales cuya vigencia fue la misma que la del propio Crisipo como centro de la escuela. La historia del debate entre académicos y estoicos de los siglos ni al i a. C. y la suerte de concilia­ ción entre ambas escuelas que da lugar a una nueva etapa del platonismo, es uno de los episodios más apasionantes y debatidos de la investigación actual54. Señalaremos sólo la centralidad de Crisipo en toda esta singladura, como punto de referencia privilegiada de las críticas académicas y como punto de referencia doctrinal de la síntesis55. De hecho, lo que sigue en los dos primeros siglos de nuestra era, es la hegemonía escolar de Crisipo de la que son un buen testi­ monio las diatribas de Epicteto56.

Crisipo es, pues, la referencia central del debate que en­ frenta a estoicos y académicos desde Zenón57. Ya hemos señalado la labor reforzadora de Crisipo de las ideas del fun­ dador, en polémica tanto con los que parecían haberlas des­

53 Como señala Bo b z ie n, Determinism and Freedom, pág. 3, Crisipo

es el primer autor del que conocemos una obra titulada Sobre e l destino, y todavía pasó un tiempo hasta que el tema se hizo importante. Parece que es con Caméades cuando la cuestión fue retomada.

54 Cf. la completa revisión de W. Gö r l e r, «Archesilaos», en H.

Fl a s h a r (ed.), Grundriss der Geschichte der Philosophie. D ie Philoso­

p h ie der Antike, IV.2: D ie Hellenistische Philosophie, Basilea, 1994, págs.

775-937 y la más breve, aunque precisa y enjundiosa de Lé v y, Cicerón Academicus, págs. 11-57.

55 Cf. Dil l o n, The M iddle Platonists, pág. 105; y Po h l e n z, Stoa,

págs. 524 y ss.

56 Cf. test. 20 y nota 71.

57 Para los detalles de las réplicas de Crisipo a Arcesilao en defensa de Zenón, cf. Io p p o l o, Opinione e scienza, esp. págs. 89-120 y 167-192.

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desvirtuado como con los rivales que las cuestionan de pla­ no. Las doctrinas debatidas con los académicos son las que vinculan estrechamente los problemas epistemológicos y los éticos en tomo a la necesidad de evitar la opinión y el error. La posibilidad de la comprensión (katálepsis) y, con ella, del saber mismo, que Zenón hace depender de la existencia de las representaciones comprensivas y de su modo pecu­ liar de vincular el asentimiento, es inseparable de la posibi­ lidad misma de la vida moral en sentido más riguroso. Arce­ silao había procedido a demostrar que, desde los mismos planteamientos estoicos, la propuesta es incoherente, y sólo cabe la solución académica de suspensión. La cuestión ética debe seguir vías independientes a la de la certeza cogniti- v a5S. Crisipo vuelve a reunir las dos cuestiones precisando, de un lado, al sentido en el que los hombres yerran y tienen opiniones y, de otro, dando relieve ético a la figura del sabio infalible (fr. 318). Las virtudes de este sabio son la negación de los vicios que Arcesilao había señalado como implicados en la aceptación de las comprensiones; a su vez, su conoci­ miento moral es también de una cualidad peculiar. De otro lado, Crisipo explora el sentido de la «experiencia común»

(synëtheia), de nuevo en la línea de Zenón, pero dando un

nuevo impulso a su valor filosófico, después de conocer bien los argumentos que, en contra de ella, habían movido los académicos (frs. 16-18). Crisipo señala a un tiempo la inmediatez de las propuestas estoicas a la experiencia hu­ mana y su distancia que las hace aparecer «fábulas» (fr. 92).

Respecto de Caméades, el otro polo de su ubicación providencial, parece que el propio académico asumía esa

58 Sobre las dificultades de la docrina ética de Arcesilao y su propuesta de la acción razonable (eúlogon), cf. Gö r l e r, «Archesilaos», en Fl a s h a r Grundriss, págs. 806-811.

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30 CRISIPO D E SOLOS

imagen de Crisipo. De hecho, al aplicarse a sí mismo el di­ cho sobre la importancia de su rival (test. 44), Caméades es­ taba en realidad refutando su sentido providencial, pues ve­ nía a decir que, en tal caso, la providencia habría contado también con las refutaciones del académico, quien, por ello mismo, no tenía inconveniente en mencionar sus deudas con el estoico. Caméades se consideraba, pues, inscrito en el propio Crisipo, algo así como su destino. Como afirma Iop- polo, Caméades toma de Crisipo hasta la táctica del estoico contra Arcesilao: cambia de las formulaciones del académi­ co aquellos aspectos que habían quedado refutados por los argumentos crisipeos y los incorpora a su crítica de las doc­ trinas estoicas. El resultado es que el propio Caméades se convirtió en el centro del escepticismo académico59.

Si lo que irradia de Crisipo no es sólo una serie de dog­ mas más o menos sostenibles sino una cualidad particular que inclina a un planteamiento determinado de las cuestio­ nes, una consecuencia posible es que se diluyan los contor­ nos de algunas de las distinciones bien establecidas por la historiografía en la historia del estoicismo. Es frecuente se­ ñalar una inflexión significativa en esa historia a partir de la figura de Panecio y Posidonio. Esta inflexión distinguiría un estoicismo «Medio» entre los dos momentos de dominio crisipeo. Con estos filósofos el estoicismo parece haber da­ do entrada en sus doctrinas a algunas de las ideas de las grandes escuelas rivales, y también adquirir unas inquietu­ des más mundanas. Sin embargo, la investigación moderna viene cuestionando el rigor de esta cesura y destacando la

59 Para el debate con Caméades, cf. tests. 43-46 y fr. 17, 216, 379, 462 499, 549 y 546. Sobre la figura de Caméades en la historia de la Acade­ mia, cf. Gö r l e r, «Kameades», en Fl a s h a r, Grundriss, págs. 849-897,

esp. págs. 877-887. Sobre el modo de asimilación de las doctrinas crisí- peas y su réplica, cf. Io p p o l o, Opinione e scienza, págs. 193-214.

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continuidad de las enseñanzas de la escuela en aspectos es­ pecialmente relevantes, como son los de la psicología, un punto de especial significación en la historia del estoicis­ m o60.

La interpretación providencial de la figura de Crisipo, en realidad, no está muy alejada de la que ha acabado por fijar­ lo en la historia de la filosofía por su función, defensora y sistematizadora, en la historia de la escuela. Su figura filo­ sófica se resume en la inflexión que da al estoicismo en un contexto polémico de extraordinaria intensidad sin com­ prometer lo esencial de las enseñanzas de sus antecesores, dotándolas de una firmeza específica que las constituye en ortodoxia, respecto de la cual se miden las diferencias, sean evoluciones, cambios o disidencias. Hasta qué punto esto ha ido en detrimento de los filósofos que quedaron al margen, Aristón de Quíos por ejemplo, es cuestión debatida61. Lo cierto es que el éxito de su síntesis, a la que sobre todo se le otorga la virtud de la sistematización, no le valió mejor suerte a sus obras. En efecto, el rastro de la difusión de sus escritos y de su lectura directa se pierde después del siglo π

60 R e sp ecto d e P a n e c io y su su p u e sto c am b io en el m o n ism o p s ic o ló ­ gico d el esto ic ism o crisip eo , cf. e l re p la n te a m ie n to de F. Pr o s t, « L a p s y ­ ch o lo g ie de P an étiu s: ré fle x io n s s u r l ’é v o lu tio n d u sto ïcism e à R o m e e t la v a le u r d u té m o ig n a g e d e C icé ro n » , Rev. Ét. Lat, 79 (2001), 171-196. La c u e stió n d e P o sid o n io es a c tu a lm e n te u n te m a esp e c ia lm e n te d e b a tid o , cf. Co o p e r, « P o sid o n iu s o n E m o tio n s» , e n Sh iv o l a-Pe d e r s e n, The emotions in H ellenistic thinking, p á g s . 71-11 y Gil l, « D id G a le n u n d e rsta n d P la ­ to n ic an d sto ic th in k in g o n em o tio n s? » , Ibid. p á g s. 112-148, quien d e s ta c a ad em ás la im p o rta n c ia d el an te c e d e n te p la tó n ic o p a ra la co n cep c ió n e s to i­ ca de las p asio n es. L a c o n e x ió n p la tó n ic a es, e fectiv am en te, u n a d e las m ás p ro m e te d o ra s en la in v e stig a c ió n so b re el esto ic ism o . Cf. a d e m á s , R. So r a b ji, « C h ry sip p u s-P o sid o n iu s-S e n e c a : A h ig h -le v e l d eb ate o n e m o ­ tio n s» , it e /. pág s. 148-169.

61 Cf. A. M. Io p p o l o, Aristone di Chio e lo stoicismo antico, Nápoles,

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32 CRISIPO DE SOLOS

de nuestra era. Curiosamente, es también entonces cuando el escepticismo se desvanece.

II. OBRA DE CRISIPO

A) Fuentes de los fragmentos de Crisipo y criterios de esta

colección

La importancia del pensamiento de Crisipo en el contex­ to de la filosofía helenística, el debate a que dieron lugar sus posiciones y la solidez doctrinal que sus formulaciones ad­ quirieron en la escuela contrastan con la delicada situación textual a la que nos enfrentamos para su estudio. La pérdida masiva de los textos de época helenística y la desaparición relativamente temprana de las escuelas más relevantes62 nos abocan a los problemas que derivan del estudio de un autor por medio de los fragmentos de su obra. Sólo en ocasiones, muy contadas, disponemos o hemos tenido la fortuna de re­

62 Según Ma n s f e l d, «Sources», CHHPh, pág. 3, afínales del siglo m d. C. ambas escuelas se consideran prácticamente extinguidas, cuando to­ davía las tradiciones platónica y aristotélica mantienen una vigencia envi­ diable. Y a por entonces el acceso directo a los textos de Epicuro y los estoicos antiguos es raro, y el conocimiento de las doctrinas de estas es­ cuelas se encuentra reducido a la condición de una introducción a través de la literatura escolar. Está en curso, además, el proceso por el que el pa­ piro pierde predominio como soporte librario en beneficio del pergamino, y la forma del rollo cede a la del códice, cambios que se suelen asociar a una estricta selección de los textos copiados; cf. la revisión de G. Ca- v a l l o, «Discorsi sul libro», en G. Ca m b ia n o, L. Ca n f o r a, y D. La n z a, Lo spazio letterario della Grecia Antica, vol. I: La produzione e circola- zione del testo, t. Ill: I Greci e Roma, Roma, págs. 613-639. Sobre la pér­

dida de obras que ya no eran objeto de enseñanza, cf. J. Ir ig o in, «Les édi­ tions de textes», en F. Mo n t a n a r i(ed.), La philologie grecque à l ’époque

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cuperar el texto original de lo que hasta el momento se leía aisladamente o sólo podíamos imaginar con más o menos razones. Para el caso de Crisipo, hasta el momento, esta fe­ liz circunstancia sólo se ha dado una vez, con el hallazgo entre los papiros de Herculano de fragmentos de la obra de Crisipo Investigaciones lógicas (fr. 19)63.

En estas circunstancias, el punto de referencia privile­ giado para el estudio de estos autores sigue siendo la colec­ ción de fragmentos tal como la ha constituido técnicamente la filología desde comienzos del siglo xix hasta nuestros días64. La naturalidad con la que manejamos estas ediciones, que en ocasiones han alcanzado una sofisticación notable en la edición de los textos, no puede hacemos olvidar el hecho fundamental de que «fragmentos» se dice de varias mane­ ras: o a) son literalmente fragmentos de obras perdidas (por accidentes de la transmisión que han dañado nuestra recep­ ción de la obra; es el caso de los papiros), o b) lo son en un sentido análogo, por obra de la actividad editorial que los reconoce y recupera de obras en los que estos aparecen re­ cogidos en varios grados de literalidad, que van desde la cita a la alusión. Esta mediación textual es la que se pretende salvar o anular para restituir un acceso directo a los textos perdidos. Se trataría en definitiva de convertir este segundo tipo de fragmentos en fragmentos propiamente dichos. En

63 Merece la pena señalar la recomendación que J. Ba r n e s hace a

propósito de esta obra, CHHP, págs. 69-70. Sobre otro papiro herculanen- se de una obra de Crisipo, cf. test. 29, nota al núm. 49 H.-G.; cf. también fr. 230 de Sobre la providencia.

64 Sobre el origen y la constitución de la práctica filológica de la edi­ ción de fragmentos cf. las observaciones de G. W. Mo st, «À la recherche du texte perdu: On Collecting Philosophical Fragments», en W. Bu r k e r t

(ed.), Fragmentsammlungen philosophischer Texte der Antike, Gotinga, 1998, págs. 1-15. El volumen revisa los problemas de estas recopilaciones fragmentarias por escuelas.

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34 CRISIPO D E SOLOS

realidad los motivos de la fragmentariedad son muy diver­ sos, así como los métodos de constitución de los textos65. En este sentido podemos constatar una diferencia significa­ tiva entre el epicureismo, donde hay que contar con un im­ portante y creciente volumen de textos del tipo a), y el es­ toicismo, donde el grueso del material deriva de la más tortuosa vía que siguen los fragmentos del tipo b).

Ciertamente, ya los mejores editores de obras fragmen­ tarias establecieron criterios básicos para distinguir el valor de los textos recogidos según la literalidad de la recepción de los textos originales, criterios que en esencia siguen siendo válidos. De este modo procedió H. Usener al distinguir y separar en la edición las citas verbatim de los testimonia de cualquier género que añaden información complementaria, cuyo valor depende en definitiva del que asignemos a las primeras. Este procedimiento fue seguido por H. Diels para su edición de los fragmentos de los presocráticos66.

La colección de Von Amim sigue siendo por ahora la obra de referencia más completa para el estudio de los frag­

65 Se trata, en el primer caso, de los métodos más propios de la crítica textual, mientras que, en el segundo, la restitución del texto original preci­ sa más bien del conocimiento de los modos de cita y resumen propios de la Antigüedad, investigados sobre todo para la historiografía. Cf. las ob­ servaciones de Gr il l isobre el problema de la delimitación de los frag­ mentos filosóficos, «Sui criteri per l ’edizione del frammenti filosofici», en E. Fl o r e s(ed.), La critica testuale greco-latina oggi. M etodi e problemi,

Roma, 1981, págs. 112 s. El segundo modo de los fragmentos es deudor de la rama de la investigación filológica conocida como Quellenforschung, y cuya legitimidad y métodos son hoy día objeto de amplio debate. Sobre el cuestionamiento actual de las posibilidades de la Quellenforschung, cf.

Ma n s f e l d, «Sources», CHHP, págs. 13-16 y «Doxographical Studies, Quellenforschung, Tabular Presentation and other Varieties o f Compara- tivism», en Bu r k e r t(ed), Fragmentsammlungen, esp. págs. 27-28.

66 Que citamos por la sigla DK. Las ediciones revisadas por D iels son las de 1906, 1912 y 1922.

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