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VIDA, MAESTROS, DISCIPULOS Y ENSEÑANZA

Y LAS OBRAS DE CRISIPO

A) VIDA, MAESTROS, DISCIPULOS Y ENSEÑANZA

1 Di ó g e n e s La e r c i o, VII 179-189

Crisipo, hijo de Apolonio, de Solos1 (o de Tarso, como dice Alejandro en las Sucesiones2), discípulo de Cleantes. Primero practicaba la carrera de fondo3, pero más tarde, tras seguir las lecciones de Zenón (o de Cleantes, como dicen

1 La fama de Solos (actual Soli) de Cilicia como patria de Crisipo se mantuvo a lo largo de la Antigüedad, cf. Es t r., XIV 5, 8 (SVF II la): «En­

tre los hombres de renombre que aquí nacieron (se. en Solos) está Crisipo, el filósofo estoico, cuyo padre era de Tarso, pero se trasladó desde allí». El origen del padre explica la variante que aportaba Alejandro y que aparece de nuevo en los test. 3, 14 y, tal vez, 2 (si aceptamos el suplemento de

Do r a n d i); cf., además, Dió n d e Pr u s a, XXXIII 53 (SVF II 10a), si es

que el filósofo aludido es Crisipo. El origen de Solos aparece también en

Ga l., Protréptico 7, pág. 8, 22 ICa ib e l, So l in o, 38, 9 (ambos textos reco­ gidos como SVF II Ib) y Pl u t., Exil. 605B, quien menciona a Crisipo,

junto con los filósofos de la escuela hasta Diógenes de Babilonia, como ejemplo de quienes vivieron voluntariamente en tierra extranjera por des­ interés de los asuntos públicos, cf., infra, test. 7.

2 Fr. 7 Gi a n n.; FG rHist 273 F 91.

3 También de Cleantes se cuenta su dedicación primera al pugilato, cf.

Diocles y la mayoría de los autores4), se apartó de él cuando aún vivía y llegó a ser alguien en la filosofía. Era un hombre de buen natural y gran agudeza en cualquier disciplina, de modo que en casi todas las cuestiones disintió de Zenón, así como de Cleantes, a quien solía decir que sólo precisaba la enseñanza de las doctrinas y que ya encontraría él mismo las demostraciones. Sin embargo, se arrepentía cada vez que se oponía a él, por lo que decía constantemente:

En todo soy yo un hombre dichoso

salvo con Cleantes, sólo en esto no tengo fortuna5.

iso Fue tal su fama en las cuestiones dialécticas que era opi­

nión general que si los dioses tuvieran dialéctica no podría ser otra que la de Crisipo6. Pero, si bien abundaba en los temas, no acertó en el estilo. Fue el más laborioso, más que cualquier otro, como es evidente por su escritos7. En efec-, to, su número rebasa los setecientos cinco, pues muchas ve-

4 Zenón muere en 262/1 a. C., por lo que esta noticia no es imposible. Sin embargo, Crisipo no aparece mencionado como discípulo de Zenón en

Di ó g. La e r c., VII 37-38. El magisterio de Cleantes es señalado por la Su­

da, s.v. «Cleantes», (K 1711), además de en los tests. 3 y 9; Introducción,

págs. 20-21.

5 Adaptación de Eu r., Or. 540-541.

6 Texto recogido como L.-S., 31Q.

7 La extensión de la producción literaria de Crisipo fue famosa en la Antigüedad; léase al respecto la anécdota sobre Nerón y el filósofo estoico Comuto que transmite Di ó n Ca s i o, LXII 29, 3: «Como algunos estimaran que había escrito (se. Nerón) cuatrocientos libros, Anneo Comuto dijo que muchos libros eran ésos y que nadie los leería; y cuando alguien dijo: «Pe­ ro Crisipo, al que alabas y emulas, escribió muchos más», aquél respon­ dió: «Pero aquéllos son útiles para la vida de los hombres». Y por ello fu e , castigado con el destierro». Sobre Crisipo como escritor, cf. infra test. 31- 42. Según la Vida de Persio 4, pág. 31 Cl a u s e n, en la biblioteca de este poeta, que heredaría el estoico Comuto, figuraban (o la constituían) los más de setecientos libros de Crisipo.

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ces multiplicaba sus escritos, ensayando sobre el mismo asun­ to y escribiendo lo que le venía a la cabeza, corrigiendo8 una y otra vez y añadiendo el testimonio del mayor número de citas. Hasta tal punto que una vez había citado en uno de sus escritos la práctica totalidad de la Medea de Eurípides, y uno que tenía en sus manos el libro respondió a quien le preguntaba qué leía: «La Medea de Crisipo». También Apo- isi lodoro de Atenas, en su Colección de doctrinas, queriendo poner en evidencia que las obras de Epicuro, aún estando escritas con recursos propios y careciendo de citas, eran mi­ les de veces más numerosas que los libros de Crisipo, dice literalmente así: «Si alguien borra de los libros de Crisipo las citas ajenas, se habrá de quedar con la hoja vacía». Esto decía Apolodoro9. Y la anciana que le atendía, según dice Diocles10, decía que escribía diariamente quinientas líneas.

Hecatón dice que se había dedicado a la filosofía porque su herencia paterna había sido confiscada por la hacienda real11.

8 Ma n s f e l d, «Diogenes Laertius on Stoic philosophy», pág. 300, pro­ pone leer «(no) corrigiendo», lo cual concuerda con Dió g. La e r c., X 26- 27 (test. 47) acerca del descuido propio de Crisipo en comparación con Epicuro.

9 Se trata del filósofo epicúreo al frente de la escuela en la segunda mi­

tad del siglo n a. C., conocido con el sobrenombre de «Tirano del Jardín», cf. T. Do r a n d i, «Apollodore», A 2 4 3 , DPhA I, pág. 271.

10 El manuscrito F da «Dioclides». Sobre Diocles, cf. Introducción, pág. 19, n. 33.

11 Fr. 27 Go m o l l. Sobre Hecatón, filósofo estoico entre los siglos n y i a. C., discípulo de Panecio y condiscípulo de Posidonio, cf. Introducción, pág. 17, nota 27. Er s k in e, Hellenistic Stoa, pág. 98, sitúa este incidente

durante la tercera guerra de Siria (246-241), cuando Ptolomeo III conquis­ ta parte de Cilicia, y aporta en nota 76 documentación sobre la incautación de dinero en Solos que daría plausibilidad a la hipótesis. Sobre su carácter tópico en la vida de los filósofos, llevados a la filosofía por un accidente que los priva de sus posesiones, cf. Introducción, págs. 16-17. Hecatón (Di ó g.

182 Era modesto de cuerpo, como se puede ver por su es­ tatua en el Cerámico12, que casi está oculta por la estatua ecuestre que tiene al lado, por lo que Caméades13 lo llamaba «Cripsipo»14.

A uno que le echaba en cara que no seguía las lecciones de Aristón, junto con tantos otros, le dijo: «Si hiciera caso de la multitud no me habría dedicado a la filosofía»15. A un dialéctico que importunaba a Cleantes proponiéndole sofis­ mas le dijo: «Deja de apartar de los asuntos más serios al que tiene ya la edad y proponnos tales cosas a nosotros los jóvenes». Y en otra ocasión, a uno que mientras indagaba a solas con él discutía sosegadamente, pero se puso a disputar cuando vio que se acercaba mucha gente, le dijo:

La e r c., VII 2) había relatado en este sentido la «conversión» de Zenón como resultado de un naufragio.

12 Probablemente la que menciona Cicerón en test. 26, cf. nota 86. Pa­ ra otras noticias sobre estatuas de Crisipo, cf. también tests. 27-28.

13 Sobre el aprovechamiento que el académico Caméades hizo de los argumentos filosóficos de Crisipo en su propio interés argumentativo, cf. tests. 43-44 y fr. 17.

14 Es decir, «que oculta (kryp-) un caballo (hippos)», más bien que «oculto por un caballo» (así Gigante). La segunda interpretación aludiría a la situación de la estatua. La primera permite también entender una broma de Caméades referida a una de las argumentaciones que más adelante (§

187) se atribuyen al propio Crisipo (teniendo en cuenta que la estatua re­ presenta a Crisipo en trance de argumentar): quien pronuncia un nombre tiene en la boca lo que el propio nombre designa. Ahora bien, el nombre de Crisipo contiene un caballo (hippos) que permanece «oculto» (kryp-) en el nombre hasta que es pronunciado. Otra interpretación de la agudeza de Caméades respecto de esta estatua la ofrece Dö r r ie, «Chrysippos», col. 150.

15 SV F I 389. Aristón de Quíos (ca. 320-250 a. C.), discípulo de Zenón conocido por el apodo «la sirena», quien transformó las ideas fundamenta­ les del maestro y consiguió sus propios seguidores, llamados «Aristo­ neos», cf. Dió g. La e r c., VII 160 (SVF I 333), Ch. Gu é r a r d, F. Qu e y- r e l, «Ariston de Chios», A 397, DPhA I, págs. 400-404, y los frs. 42-43,

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Ay, a y herm ano, tu m ira d a s e trastorn a,

e sta b a s cu erd o h a ce un m om en to y d e re p en te e n lo q u e c e s 16.

/

Cuando bebía en las fiestas se mantenía sosegado, pero i83 se le iban las piernas, por lo cual decía su esclava: «De Cri­ sipo sólo se embriagan las piernas». Era tan orgulloso que una vez que alguien le preguntó: «¿A quién confiaré mi hijo?», le contestó: «A mí, porque si yo creyera que hay al­ guien mejor, me habría dirigido a él para filosofar». Por lo que afirman que de él se decía:

S ólo é l tiene seso , e l re sto so n so m b ra s que se a g ita n 17,

y

Si no e x istie ra C risip o no ex istiría E s to a 18.

Finalmente, acudió a Arcesilao y Lácides, según dice is4

Soción en el libro octavo19, y practicó la filosofía con ellos en la Academia20. Razón por la cual argumentó contra la

16 D e nuevo Eu r í p., Or. 253-254. E l texto del segundo verso presenta variantes respecto a la vulgata euripídea.

17 Referido por Odiseo al alma de Tiresias, que goza de ese privilegio en los infiernos, cf. Od. X 495.

18 Es un trímetro yámbico contestado por Caméades, según Di ó g.

L a e r c . , IV 62 (test. 44). El verso permite también la traducción por irreal del pasado, que es la forma en que debió entenderlo Caméades.

19 Fr 2 2 We h r l i.

20 Markovich restituye la lectura de los mss. paragenoménois, de suer­ te que la traducción podría ser: «Finalm ente,... estudió filosofía con Arce­ silao y Lácides, cuando éstos entraron en la Academia». Arcesilao de Pi- tane dirigió la Academia desde ca. 268-264 a 244/3. Lácides sucedió a Arcesilao en 244/3 ó 241/0 hasta el año 226/5 ó 225/4, cuando, por razón de su mala salud, delegó el puesto en un consejo. Sobre esta noticia, cf. In­ troducción, pág. 22, nota 41.

experiencia y a favor de ella, y sobre las magnitudes y can­ tidades, según el método de la Academia21.

Un dia que daba su lección en el Odeón, dice Hermipo22 que fue invitado por sus discípulos a un sacrificio y allí, tras beber vino dulce sin mezcla, se sintió mareado y al quinto día marchó de entre los hombres, tras vivir setenta y tres años, en la olimpiada (ciento) cuarenta y tres23, como dice Apolodoro en las Cronologías24. Uno de nuestros poemas dice:

Sintió un vahído tras apurar a Baco a boca llena Crisipo, y no tuvo en consideración

ni el Pórtico ni su patria ni su vida, sino que marchó a la morada de Hades25.

iss Pero algunos dicen que murió de un ataque de risa: co­

mo un burro se había comido sus higos, le dijo a la vieja: «Dale ahora vino puro al burro para que se eche un trago», y, tras soltar una excesiva carcajada, murió26.

21 Cf. frs. 16-18 y nota a los títulos sobre las obras fruto de esta ense­ ñanza académica.

22 Fr. 59 We h r l i.

23 208/7-205/4 a. C. El texto de Diógenes Laercio da la olimpiada cua­ dragésimo séptima. Desde M enagio la referencia está corregida según la información de la Suda; cf. test. 3.

24 FGrHist 244 F 46. 25 Ant. Pal. VII 706.

26 Una anécdota semejante es atribuida al cóm ico Filemón, también de Solos, en Ps. Lu c ia n o, Longevos 25 y Va l e r. Ma x., IX 12, ext. 6 (test. 5 A.-K.). Para el sentido de la anécdota, cf. Ps. Lu c ia n o, E l asno 47: «Y al­

guien dijo: ‘Este asno beberá también vino si alguien lo mezcla y se lo ofrece’. A sí lo ordenó el amo y yo bebí lo que se me ofreció». Pa u s., I 29, 15 {S V F l 36b) menciona su tumba, junto con la de Zenón, entre las que se encuentran en las inmediaciones de la Academia.

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Parece que fue persona altanera. Por ejemplo, con haber escrito tantos libros ninguno dedicó a rey alguno. Le bastaba con su viejecilla tan sólo, como dice Demetrio en sus H o­

mónimos21. Y cuando Ptolomeo escribió a Cleantes que vi­

niera él mismo a su corte o enviara a otro, Esfero acudió, pero Crisipo declinó el ofrecimiento28. Tras hacer venir a los hijos de su hermana, Aristocreonte y Filócrates,, los edu­ có29. Y fue el primero en atreverse a dar lecciones al aire li­ bre en el Liceo, como cuenta el mencionado Demetrio.

Hubo también otro Crisipo, de Cnido, médico, de quien i86 dice Erasístrato que sacó el mayor provecho. Y otro, hijo de éste, médico de Ptolomeo, que por una calumnia fue apresa­ do y castigado a los azotes30. Otro, discípulo de Erasístrato, y otro que escribió unas Geórgicas31.

El filósofo planteaba los siguientes razonamientos32: «El que revela los Misterios a los no iniciados comete impiedad; el hierofante revela a los no iniciados (los Misterios)33; lue­ go el hierofante comete impiedad». Otro: «Lo que no hay en

27 Fr. 2 4 Me j e r.

28 Se trata de Ptolomeo III Evérgetes. La invitación habría que situarla antes de 230, cf. Er s k in e, Hellenistic Stoa, págs. 98 y, sobre la intensa ca­

rrera política de Esfero, cf. ibid, págs. 97-100. Esfero tuvo estrecha rela­ ción con el rey espartano Cleómenes en cuyas idea pudo tener nfluencia, cf. Pl u t., Vida de Cleomenes 2, 11 (SVF I 622, 623). Di o g. La e r c., VII 177-178 le atribuye 31 títulos.

29 Sobre Aristocreonte, cf. tests. 13 y 28 y nota 88.

30 Cf. Escolios a Te ó c r it o, XVII 128, págs. 324-325 We n d e l.

31 Sobre los homónimos de Crisipo y su controvertida cronología, cf. R. Go u l e t, «Chrysippe de Cnide», C 119, DPhA II, págs. 325-329.

32 Una relación semejante de argumentos con algunas variantes de in­ terés aparece en Suda, s.v. «Crisipo», (X 569), vol. IV, págs. 830 s. A d ­

l e r, recogido como SVF II 279 (FDS 1206). La versión que da la Suda de algunos argumentos ha servido ocasionalmente para corregir la que tradu­ cimos, como indicamos en las notas.

la ciudad tampoco lo hay en la casa; no hay un pozo en la ciudad; luego tampoco en la casa»34. Otro: «Hay una cabe­ za; tú no la tienes; hay una cabeza (que no tienes); luego no 187 tienes cabeza»35. Otro: «Si hay alguien en Mégara, no está en Atenas; un hombre hay en Mégara; luego no hay un hom­ bre en Atenas»36. De nuevo: «Si dices algo, eso sale por tu boca; dices ‘carro’; luego un carro sale por tu boca»37. Y: «Si no has perdido algo lo tienes; pero no has perdido los cuernos; luego cuernos tienes». Otros dicen que éste es de Eubúlides38.

Hay quienes atacan a Crisipo por tener escritas muchas cosas en tono escandaloso e impúdico. Por ejemplo, en el escrito Sobre los antiguos fisiólogos elabora de manera ver-

34 Los mss. BPF y la entrada de la Suda citada en la nota anterior dan la versión afirmativa de la primera premisa. Es el texto que acepta Marko­ vich.

35 Este razonamiento no responde a ningún esquema de silogismo es­ toico. El suplemento al texto es de Menagio a partir del texto de la Suda.

36 Es decir no hay nadie en Atenas. Se trata del argumento conocido como Nadie, al que Crisipo dedicó una serie de obras (111 y 113 H.-G.). En Di ó g. La e r c. VII 82 aparece con sólo la primera premisa y con indi­ caciones de lugar «aquí» y «Rodas» respectivamente en la proposiciones del condicional) que Fr e d e, D ie stoische Logik, págs. 56-57, restaura si­

guiendo el ejemplo atribuido aquí a Crisipo. Sobre los problemas textuales y el sentido de la paradoja, cf. ft. 380 y nota.

37 Sobre este argumento, cf. Cl e m, d e Al., Estróm. VIII 9, 26, 5 (FDS

763), quien lo cita usando el nombre ‘casa’ en lugar de ‘carro’.

38 Eubúlides fue un filósofo de la escuela megárica adversario de Aris­ tóteles, cf. test. 65 Dö r i n g; sobre él, cf. R. Mu l l e r, «Euboulidès de M i­ let», E 71, DPhA III, págs. 245-248. El argumento del cornudo es atribui­ do a Diodoro Crono en Di ó g. La e r c., II 111. Sobre este argumento y el modo de esquivarlo, cf. Au l o Ge l., XVI 6, 11 y Cl e m, d e Al., Estróm.,

VIII 9, 26, 5, quien basa el sofisma en no tener en cuenta el carácter incor­ póreo del caso (ptósis).

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gonzosa la historia de Hera y Zeus39 y diciendo hacia la lí­ nea seiscientos lo que nadie que no quiera mancillar su boca habría dicho40. En efecto, aunque la alabe como física41, ela­ bora, dicen, esta historia de la manera más escandalosa, más apropiada para prostitutas de poca monta que para dioses, sin que ni siquiera esté consignada entre quienes escriben catálogos. (No) se encuentra, en efecto, ni en Polemón ni en

39 La obra es posiblemente el núm. 209 H.-G., cf. fr. 207. La escena mitológica evocada es probablemente la conocida hierogamia de Zeus y Hera en el monte Ida, en II. XIV 160 ss., un pasaje que ya había escandali­ zado a P la t ó n , Rep. III 390c, y que provocará pronto las estrategias ale­ góricas para conjurar el escándalo; cf. D ió n d e P ru sa , X X X V I55 (SVF II 622), quien describe el episodio como «el matrimonio feliz de Hera y Zeus que celebran en misterios irrevelables los hijos de los sabios»), Cíe., Sobre

la naturaleza de los dioses II 66 (SVFI1 1075), Serv., Com. a la «Eneida»

I 47 (SVF II 1066), H e r á c l., Aleg. Horn. 38-39; B u efière, Les mythes

d ’Homère, págs. 110-113. La escena, al parecer, había dado lugar también

a representaciones plásticas bastante vividas (de cuya existencia, como ve­ mos, Diógenes duda). Crisipo las habría tenido en cuenta para su interpre­ tación, que tal vez repetió en dos obras diferentes, hábito señalado por sus críticos: en la que aquí se cita y en otra, llamada Epístolas eróticas (179 H.-G., fr. 123), que habla de una imagen de Zeus y Hera en Argos. Los frs. 487-488, sin indicación de título (el segundo de los cuales la ubica en Sa­ mos), podrían derivar de una u otra obra. Véase, además, el test. 48 y nota.

40 Ma n s f e l d, « D io g e n e s L a e rtiu s o n S to ic p h ilo so p h y » , págs. 3 4 5 - 3 4 6 e n tie n d e q u e e s ta re fe re n c ia , c o m o la de Di ó g. La e r c., V I I33, in d ic a la e x te n sio n q u e C risip o d ed ic a b a a s u ex p o s ic ió n (ig u alm e n te Gi g a n t e, p ág s. 2 5 5 y 311). Sc h o f ie l d, Stoic Idea o f the City, pág. 6, n. 9, d e fie n d e q u e se tra ta d e u n a re fe re n c ia e s tic o g rá fic a al p a s a je co n creto de la o b ra de C risip o , p rá c tic a q u e es ra ra en la lite ra tu ra e n p ro sa , cf. ibid. n o ta 11.

41 La expresión puede entenderse de dos modos: que Crisipo avanzaba en esta obra una interpretación alegórica de la imagen en cuestión (como en el fr. 487, que tal vez pertenecía a esta misma obra), o que el filósofo pre­ sentaba el comportamiento de los dioses como natural y, por tanto, exento de cualquier descalificación según la naturaleza, como sugiere el contexto y encontramos en el fr. 123 de Epístolas eróticas, cf. Go u l e t- Ca z é, Ky- nika, pág. 54, quien sugiere que es posible que ambos aspectos fueran

Hipsícrates, ni tampoco en Antigono, sino que ha sido in­ ventada por él42. En Sobre la república habla de tener trato con las madres, las hijas y los hijos43, y lo mismo dice en

Sobre lo que no hay que escoger por sí mismo, justo al co­

mienzo44. En el libro tercero de Sobre lo justo, hacia la línea mil, exhorta a devorar a los muertos45. En el libro segundo de Sobre el modo de vida y su provisión, cuando dice prever 189 cómo se debe proveer el sabio, (añade)46: «Ahora bien, ¿pa-

42 Polemón de Ilion (primer cuarto del siglo i i a. C.) desarrolló una

amplia y diligente actividad de indagación anticuaría, especialmente en cuestiones de pintura y estatuaria. Antigono de Caristo (sobre el cual, cf. la edición de T. Do r a n d i, Antigone de Catyste. Fragments, París, 2002;

el texto aparece recogido como fr. 46) vivió en la segunda mitad del siglo in a. C. y es conocido por sus escritos sobre las artes plásticas. A ambos autores se les atribuyeron también escritos paradoxográficos. Sobre Hipsí­ crates, U. v o n Wi l a m o w i t z, Antigonos von Karystos, Berlín, 1882, pág.

145, propuso, siguiendo a Köpke, la corrección en «Jenócrates» (correc­ ción que acepta Gi g a n t e, pág. 311, e incorpora Markovich), referido al autor que cita, junto con Antigono, Pl i n i o, X X X V 67-68 (fr. 44 y 45*

Do r a n d i) . Sc h o f i e l d, Stoic idea o f the City, pág. 7 nota 12, y Do r a n d i,

Antigone, pág. 37, nota 23, manifiestan la conveniente reserva.

43 Cf. frs. 218-226 (198 H.-G). 44 Cf. frs. 84-85 (168 H.-G).

45 Es posible que se refiera a la obra citada con más frecuencia por el título Sobre la ju sticia (170 H.-G.), frs. 88-97. Acerca de la obra que Plu­ tarco compuso en refutación de ésta, cf. test. 57 y nota. El Pap. Antin. 61, atribuido a Crisipo en CPF I* 30.6, pág. 426-430, aparece la expresión «comerse un hombre», anthropouphageîn, cf. Di ó g. La e r c., V I I1 2 1 .

46 N o hay otros testimonios de esta obra, que tampoco figura en el ca­ tálogo. Von Am im pensaba que el título se refería al tratado Sobre los g é ­

neros de vida y, de acuerdo con esto, corregía biou en bíon. Propone en el

aparato critico corregir el infinitivo «prever» (pronoeín) en la forma per­ sonal, propuesta que acepta Goulet. Markovich mantiene el singular y su­ ple al final de la frase el verbo que traducimos por «añade». Gigante, por