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Es con gran placer que camino contigo en el camino que has escogido. Pues en realidad, no hay tiempo en el que no estoy contigo. No hay lugar al que puedas viajar donde no descubras mi presencia.
Sólo la realidad puede ser cierta. Y la realidad es simple: No hay si no la simplicidad del Amor. De ese océano han nacido una multitud de formas, una multitud de mundos, una multitud de creaciones, de la cual eres una. Como olas que surgen del mar, esas creaciones permanecen unidas eternamente a su Creador.
Eres una ola surgiendo del infinito océano de Amor que es la presencia de Dios. Soy una ola que ha surgido del océano de la santa mente de mi Padre. Y aun cuando dos olas parezcan aparecer separadas por lo que es llamado el tiempo — incluso por dos mil de tus años — cuando es visto desde una perspectiva más amplia, esas olas han surgido simultáneamente de la superficie del océano. Ellas surgen por el mismo propósito: para expresar la simplicidad, la inocencia, la belleza, la creatividad, la verdad y la realidad del océano mismo.
La ola se deleita en expresar lo que parece ser una individualidad única. Aun cuando, ellas cargan el hilo común de ser hechas por la misma sustancia y estar realmente gobernadas por las mismas leyes de la creación.
Ellas no conocen el momento de su propio surgimiento, pues sólo la profundidad del océano no vista puede saber el momento cuando escoge levantarse y crear la expresión de la ola. El poder que no es visto, pero está escondido en la profundidad del océano se levanta y forma esa ola, y la sostiene a través de la duración de su expresión. Es desde la profundidad de ese océano que es decidido cuando esa ola debe retornar al mar.
¿Significa qué ella desaparece? Sólo desde una perspectiva. Pero en realidad, la verdadera sustancia que fue hecha manifiesta realmente no ha conocido nacimiento y muerte, sino sólo expresión.
¿Qué si fueras a considerarte a ti mismo como una ola surgiendo de la santa Mente de Dios, nacida del infinito deseo de Dios de expandirse a Ella misma, para expresar la infinita naturaleza del Amor y la Creatividad? ¿Qué si comenzaras a darte cuenta que todo lo que has llamado tú mismo es el efecto del Amor — que no causaste que tú llegaras a existir?
Y sin embargo, como has emergido de ese océano de Amor, ¿no está la ola hecha de la misma sustancia que el océano mismo? ¿No te es dado infinita y perfecta libertad? Pues así como tu Padre te percibe a ti, te es dada la libertad de percibirte a ti mismo, y a todas las otras olas que pudieras notar, incluso el océano mismo, de cualquier manera que elijas.
El objetivo, entonces, de la genuina espiritualidad es realinear la cualidad de tu percepción — para reflejar, para resonar, para estar en perfecta alineación con la percepción de tu Creador — para ver con los ojos de Dios. Amados amigos, en realidad, permaneces como fuiste creado a ser. Esto significa que en cada y todo momento estás literalmente usando el poder encontrado en la silenciosa profundidad del océano del Amor de Dios que le dio origen a tu misma creación y existencia para percibir como desees.
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Por lo tanto, en esta lección, abordaremos la verdadera naturaleza del deseo mismo. Abordaremos a lo que se refiere, lo que significa y como él crea efectos. Abordaremos el poder del deseo, el valor del deseo, el significado y el propósito del deseo, y como comenzar a traer esa energía — la cual a veces se siente como un equipo de mil caballos salvajes todos queriendo ir en sus propias direcciones — bajo tu dirección consciente y deliberada. Para que quizás puedas crear como tu Padre te creó a ti — con perfecto, deliberado e infinito Amor, con perfecto, infinito y deliberado gozo, y con perfecta — perfecta — libertad.
¡Desea! Cuando caminé sobre tu planeta como un hombre, confronté muchas opiniones diferentes sobre la naturaleza de la creación, la naturaleza de la raza humana, y la naturaleza de la consciencia o de la identidad propia. Así como estás ahora confrontado con muchas escuelas de pensamiento, así estuve yo también. Mientras eso puede parecer llevar a una gran confusión, como si uno debe escoger de un gran buffet, eso realmente sirve no muy diferente a la arena dentro de la ostra de la cual surgirá la perla. Eso causa que rechines en tu interior. Debes encontrar tu propio camino hacia tu propia verdad. Pues delante de todos y cada uno de ustedes yace su sendero, un portal, un ojo de la aguja, a través del cual sólo tú puedes caber.
Por lo tanto, en algunos aspectos, estás aparentemente solo. Debes tomar la decisión de desear — por encima de todas las cosas — despertar en el perfecto recuerdo de tu unión con Dios. Así como la ola pudiera finalmente decidir que ha nacido no para tener miedo de ser una ola, sino para verdaderamente clamar su individualidad, su unicidad y vivir eso plenamente. Y en esa totalidad, decide descubrir un camino para ser consciente de su infinita unión con el océano mismo. Ella decide de alguna manera liberarse de la miope auto identificación como una pequeña porción de ola que se levanta en un lugar o campo de tiempo que dura sólo un segundo, y luego desaparece.
Así como la ola, puedes decidir encontrar un camino para trascender la limitación, para volverte a re identificar con un conocimiento, una consciencia viva de que eres uno con la profundidad del océano. Decide que puedes operar no desde el nivel superficial de consciencia que pudiese ser como la espuma en la punta de la ola — la cual llamas tu consciencia o mente egótica — sino que puedes llegar a ser informado en todo lo que hablas, en todo lo que haces, en todo lo que creas, y en todo lo que percibes, por eso que descansa en la verdadera infinita profundidad del océano mismo.
Imagina, entonces, extrayendo de un pozo dentro de ti que parece no tener fondos ni costados, a través del cual algo se está derramando de lugares no vistos, en la cual tu atención literal consciente o consciencia parece ser coloreada con luz radiante. Una luz que literalmente te deja sintiendo que no eres el cuerpo-mente o la historia personal con la cual te has identificado antes. Y un conocimiento de que estas cosas son sólo temporales y efectos muy impersonales de un nivel de deseo dentro de tu alma, el cual es uno y la misma cosa que el Amor de Dios expresándose a sí mismo, por ninguna otra razón más que ese Amor debe ser extendido.
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Imagina trascendiendo tu miedo a tu propia sobrevivencia porque conforme miras a tu cuerpo-mente, ya no estás más identificado como ese cuerpo-mente. Se ha convertido en una herramienta a ser utilizada por el Amor que descansa en la Mente de Dios. Vives, pero ya no más tú, sino Cristo que mora como tú. Esto es una experiencia muy real a ser vivida. No es sólo una filosofía. No es sólo un concepto, y no puede ser nunca un dogma. Hay una traslación mística que ocurre en la profundidad del alma, el cual es meramente un cambio de donde percibes tu sentido y fuente de identidad.
¿Cuál es la energía requerida para llevarte de la miope auto-contracción, en la cual te has llegado a identificar con las pequeñas gotas de espuma de la punta de la ola que son lanzadas a y de un lado a otro por un poder que parece estar fuera de ti, hacia un sentido de identidad con la silenciosa profundidad del océano que está presente en todo lugar y parece no conocer ni comienzo ni fin? La verdadera energía que te llevará de la punta de la ola a la profundidad del océano es la energía del deseo.
Pues te digo, si Dios no hubiera deseado extender el Amor, nunca hubieras llegado a existir. Tú mismo sentido de consciencia de ti mismo es el resultado o el efecto del Amor. Es el mismo Amor que ha dado nacimiento al sol y a la luna y a todas las estrellas y todas las dimensiones de las dimensiones de las dimensiones de creación. Ese mismo Amor que decidió ser extendido es la misma Fuente de la cual has nacido. En tanto te conoces a ti mismo, eres el efecto del deseo de Dios de extender el Amor.
Cuando luego alguien te pregunta, “¿Quién eres?” Por favor no les des un nombre. No les digas, “Bueno, nací en cierto pueblo en cierta parte del planeta.” No les digas que eres demócrata o republicano o comunista, o un ateo o un católico. Diles la verdad:
¿Quién soy? Soy la extensión del Amor en forma.
Nunca he nacido y nunca probaré muerte. Soy infinito y eterno.
Brillo como un rayo del sol al sol. Soy el efecto del Amor de Dios.
Y me paro ante ti para amarte.
¡Ahora eso si levantará algunas cejas! También transformará tu mundo. Pues ya es tiempo de parar de buscar a Cristo afuera y comenzar a elegir tomar la responsabilidad de ser el Cristo encarnado.
EL DESEO LO ES TODO
Toma un momento ahora y deja que el cuerpo se relaje. Imagina ahora que puedes retroceder de ser el actor en la obra de tu vida a ser el director y el productor. Estás sentado en tu
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estudio, y estás editando la obra de tu vida. Estás mirando a todos tus pequeños episodios de la película. Episodios desde el momento que naciste, el momento en que fuiste al kínder, el momento en que te enamoraste por primera vez, el momento en que por primera vez decidiste ir al cine, el momento en que te fuiste a la Universidad. O el tiempo en que tomaste un trabajo, este trabajo o ese trabajo, o el momento en que te mudaste a otro lugar físico. Observa muy de cerca y mira si no es cierto que por cada acción que hiciste alguna vez, por cada decisión que tomaste alguna vez, luego de tratar de analizarlo todo, ¿no está por debajo de todo ello la energía del deseo?
En realidad, no alzas el cuerpo de tu sofá para ir al refrigerador sin el deseo de comer. Algo te llama a una expresión de acción. Es el deseo. Nadie entra a una relación íntima sin la energía del deseo. ¿Pues qué pareja se ha observado alguna vez el uno al otro y ha dicho, “No siento ningún deseo en absoluto, pero vamos a casarnos, tener hijos, y levantar una familia?”
El deseo es esa energía que origina todas las olas de creación de la profundidad del océano mismo. Y aún, ¿quién entre ustedes no se ha sentido en conflicto en relación al deseo? ¿A quién entre ustedes no se le ha enseñado que el deseo es maligno? ¿A quién entre ustedes no se le ha enseñado no desear ser grande? ¿Quién entre ustedes no ha sido enseñado que desear bienestar material es una especie de mancha en el camino espiritual? Mira bien dentro de tu alma y ve si esto no es cierto.
¿No has temido, por momentos, el brote del deseo dentro de ti? Pues conforme observo en tu plano, hay muchos que llegan a ser paralizados por el miedo sólo porque desean tener un tazón de helado. Están tan temerosos de que si ellos llegan a ceder en sus deseos, algo en el helado causará que sus cuerpos se hinchen y sus cerebros cesen de ¡funcionar!
Para aquellos de ustedes en relaciones íntimas — matrimonio o compromiso de algún tipo — ¿cuántos de ustedes no han cargado con la creencia, enseñada a ti por el mundo, que si sientes que surge la energía del deseo dentro de ti cuando miras a alguien que no es tu pareja, de alguna manera has pecado contra Dios? ¿Cuántos de ustedes no conoce la experiencia de tratar de imperar en los diez mil caballos, tan seguro de que si te rindes a sentir deseo, todo se volvería una locura? Y que tu intento de mantener tu vida estructurada, rígida y predecible colapsaría, y “¡todo el infierno se desataría!”
Aún te digo, ¿existirías si Dios hubiera temido al deseo de crear y extender el Amor formándote a ti, y al mismo tiempo dándote libertad infinita de elegir? Sin deseo — mira a tu alrededor — no sólo no verías nada, no habría nada para hacer la visión. Todo es el efecto del deseo.
Ven entonces y ve que el deseo no es maligno. No es para temerle. Es para dominarlo. La maestría no es control. Pues control — la necesidad de controlar — es un efecto de la energía del miedo, no del Amor. La maestría del deseo llega cuando reconoces que estás seguro para sentir cualquier ola de deseo que pueda surgir a través de tu consciencia, porque tú decides si actuarías en ella o no, si lo traerías al campo de la manifestación.
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El poder de elegir es un poder que nunca te puede ser quitado de ti. Ya tienes una maestría perfecta en ello, porque nada de lo que alguna vez hayas experimentado viene a ti sin tu decisión de permitirlo dentro del campo de la manifestación.
El deseo es algo que brota desde la profundidad más allá de ti mismo que puede ser visto con perfecta inocencia, y con la curiosidad de un niño. El verdadero acto de girar a permitir y darle la bienvenida al deseo es algo que no te va a apartar del camino de despertar, pero te llevará verticalmente dentro del Corazón de Dios. Pues si te es dado que crees como Dios crea, necesitarás sanar tus percepciones conflictivas acerca del deseo. Necesitarás trascender esa energía de miedo.
Hay muchos quienes me llaman y oran. No hay una hora en tu marco de tiempo en la cual no hay muchos en tu plano, en algún lugar de tu planeta, quienes me oran y piden que sus corazones sean llenados con Cristo. Aún, en el mismo momento, ellos están muertos de miedo de una energía que desean mover, porque ellos fueron enseñados a temer y a suprimir el deseo.
El deseo es como el líquido de vida que se mueve a través del tallo de la rosa y permite a los pétalos irradiar con glorioso color. Cuando bloqueas el flujo del deseo, los pétalos no pueden ser nutridos. La muerte comienza a ocurrir — la muerte del corazón, la muerte del alma y la falta de vida.
Si caminaras en una de las calles de tu ciudad y verdaderamente observaras a los ojos de cada uno que ves, ¿no reconocerías que la muerte pareciera ya haber hecho hogar en las mentes de muchos que están viviendo? Muerte de sueños, muerte de esperanza, muerte de valía, muerte de alegría, muerte del verdadero poder y muerte de la unión con su Fuente y Creador ha tomado ya lugar. Cada uno que lee estas palabras ha tenido esta experiencia de ver esto en otros.
La sanación requiere tu disposición a sentir deseo, a verlo como bueno y a verlo como santo. ¿Significa eso que si sientes un deseo, ello pudiera no volverse retorcido por los patrones egóticos de tu mente? Por supuesto que no. Siempre hay la posibilidad de que el deseo sea retorcido para servir las necesidades de la mente egótica dentro de ti. Pero ten por seguro que si lo es, ¿quién lo ha hecho? ¡Tú! Siempre dentro de ti, has sabido que desear es bueno, pero lo suprimiste. Aquellos momentos cuando el deseo surgió y dejaste que se torcieran para servir a los objetivos del ego, siempre supiste perfectamente bien lo que estabas haciendo. Fuiste quien tomó la decisión.
Has aprendido, por lo tanto, a temer al deseo porque ese temor es el efecto de temerte a ti mismo, y eso es lo que te incapacita. Y eso es lo que corta el flujo creativo. Eso es lo que lleva a todo lo que tu mundo conoce como la multitud de enfermedades psicológicas: una renuencia a confiar en uno mismo, una renuencia a amarse a uno mismo y la creencia de que el deseo que surge a través de tu ser es algo maligno y tenebroso.
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Piensas que si tan sólo pudieras eliminarlos de tu ser, pudieras permanecer en control y a todo el mundo le gustarías porque te conformarías a la pequeñez y la nimiedad que es adorada en la consciencia humana.
Entiende bien el siguiente axioma que te damos:
La única relación que sostiene algún valor del todo es tu relación con Dios, tu Fuente creativa, la profundidad del océano
Inmediatamente la mente dice, “¿Pero, qué hay acerca de mi pareja, qué hay acerca de mis padres, qué hay con mis hijos, qué hay con el presidente de la nación, qué hay con el administrador de correos?” Tú saldrás con un millón de ejemplos de relaciones que seguramente tienen una gran importancia.
La única que tiene valor es tu relación con Dios. Pues cuando ella está en alineación, todas tu creaciones, todas tus elecciones de relaciones y como estarás dentro de ellas fluirá sin esfuerzo desde esa alineación. Por lo tanto, busca primero el Reino, y todas estas cosas se te darán por añadidura. No trates de crear una rosa comenzando por los pétalos, sino nutriendo las raíces, y luego la flor deberá brotar.
Si vas a estar en correcta relación con tu Creador, es absolutamente necesario corregir tu percepción y tu relación con la energía del deseo. Esto comienza al liberar tus juicios de ella en todas sus formas. Pues de nuevo, sólo puedes estar en Amor o miedo. Sólo puedes estar en inocencia o en juicio. Amor e inocencia son del Reino. Miedo y juicio son de la ilusión.
LIBERANDO EL JUICIO DEL DESEO
Aprende entonces, a través de una práctica sencilla, a interrumpir los patrones que has aprendido de este mundo ilusorio, para que así liberes el juicio de la energía del deseo. Esto será diferente para cada y todos ustedes, dependiendo de donde comiencen.
Aquí está un ejercicio muy simple. Cuando te despiertes en la mañana, y hayas plantado tus pies firmemente en el piso, toma una pausa y pregúntate:
¿Qué deseo en este momento?
De inmediato la mente dirá, “Bueno, estoy muy ocupado para saber lo que deseo, tengo que salir a trabajar. Tengo que servir a todos los demás. Estoy aquí para satisfacer al mundo. No tengo tiempo para preguntarme a mí mismo que quiero.”
Recuerda que lo que decretas es, y el pensamiento que sostengas en tu mente será reflejado a través de la naturaleza de tu experiencia.
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Así que toma una pausa y pregunta, “¿Qué deseo?” Luego simplemente date un minuto para observar cualquier cosa que llegue a la mente, o incluso si es sentido en el cuerpo.
¡Qué el Cielo no lo permita, quizás quieras tener sexo! ¡Oh! ¡Luego sabrías por seguro que no