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Forman parte de esa gestión:

I. 5 Bosques Nativos

I.5.1 Panorama internacional, nacional y provincial sobre los bosques nativos

I.5.1.1 Situación de los bosques en la República Argentina

Como ya se ha señalado anteriormente, la expansión agrícola es el factor común en casi todos los estudios sobre deforestación, por lo que el aumento de la producción de alimentos a nivel mundial se ha llevado a cabo a costa de la tala de centenares de millones de hectáreas de bosques. No hay estimaciones sólidas sobre la superficie de tierras agrícolas y de pastoreo que originalmente estaban cubiertas de bosques, pero lo cierto es que una gran proporción de éstos fue talada para dar lugar a actividades agrícola-ganaderas. La Rca. Argentina, tiene una superficie de 3.761.274 Km2 representando sus bosques solo un 10%. El primer dato disponible sobre la superficie efectiva de bosque corresponde al Censo Nacional Agropecuario de 1937, con 37.535.308 hectáreas (Figura I.11).

Cada vez se reconoce más la importancia de los bosques en la lucha contra la pobreza y la protección del medio ambiente; sin embargo, según admitió el Subdirector General de la FAO - Sr. Hosny El Lakany, el ritmo del desmonte y la

degradación forestal siguen siendo alarmantes. El Banco Mundial calculó recientemente que los medios de subsistencia de una cuarta parte de la población pobre del mundo dependen directa o indirectamente de los bosques, motivo suficiente para crear planteamientos integrados a fin de reducir la pobreza mediante la gestión sostenible de los bosques.

Figura I.11. Superficie de bosques en la República Argentina desde 1810 hasta

2009. Brown (2009)

El cambio del área de bosque, es uno de los 48 indicadores de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. FRA (2005) es la más completa de las evaluaciones forestales y de los sectores forestales realizados hasta la fecha, no solo por el número de países y de personas participantes, sino también por su contenido.

El área de bosques nativos en Entre Ríos se localiza en la región centro- norte de la provincia e involucra las cuencas de los Ríos Guayquiraró, la porción superior del Gualeguay y el Arroyo Feliciano.

El departamento Feliciano y una pequeña parte del norte del departamento La Paz pertenecen al clima subtropical húmedo de llanura y el resto de la provincia fue clasificada como clima templado húmedo de llanura (Rojas y Saluso, 1987).

La vegetación de Entre Ríos está comprendida dentro de tres provincias fitogeográficas: Provincia Paranaense, Distrito de las Selvas Mixtas; Provincia del Espinal, Distrito del Ñandubay; y Provincia Pampeana, Distrito Uruguayense, (Cabrera, 1976). En cuanto a los bosques y selvas se ubican preferentemente en los Distritos del Ñandubay y de las Selvas Mixtas, pero el Distrito Uruguayense tiene también vegetación arbórea aunque no tan notable.

Muchos autores sostienen que en el centro-norte de Entre Ríos el bosque nativo ocupa un rol de importancia en los sistemas productivos agropecuarios, presentando diversos signos de deterioro provocados por el desmonte, las talas selectivas y el manejo tradicional de la ganadería, alterando su estructura y composición (Sabattini et al.,1999; Sphan y Casermeiro, 1999). La vegetación típica es de un monte semixerofítico, con un estrato arbustivo y otro herbáceo, muy rico en especies que pertenecen en su mayoría a la flora pampeana.

La condición prístina de los bosques nativos, es muy escasa; se caracteriza por un estrato arbóreo dominante mayor a 6 m de altura, generalmente representado por especies del género Prosopis (ñandubay y algarrobo), acompañado por una sinusal de menor altura, dominada por especies del género

Acacia (Sabattini et al., 1999). El estrato herbáceo se presenta continuo, con predominio de pastizales cespitosos. Las especies dominantes del pastizal pertenecen a los géneros Piptochaetium, Paspalum y Stipa. Además se presentan taxones endémicos, entre los que llaman la atención las palmeras yatay (Butia yatay Mart.) y la palma caranday (Trithrinax campestris Burm.), que se presentan asociadas al bosque o formando palmares (Burkart et al., 1999).

En el bosque nativo conviven Prosopis nigra (Gris.) y Prosopis alba

(Gris.), Prosopis affinis (Spreng.), Acacia caven (Mol.), Aspidosperma quebracho-blanco (Schldt.), Acacia praecox (Griseb.), entre otras. Además se pueden ver manchones consociados y muy densos de Celtis tala (Gill.), Acacia caven, Aloysia grattisima (Gill. y Hook) y Lantana megapotamica (Spreng.), (Plan Mapa de Suelos, 1986).

Con respecto al área con vegetación ribereña, se destaca su alta fragilidad, ya que constituye el soporte de la red hidrográfica y tiene importancia como corredor de la biodiversidad.

El primer gesto político de preocupación por la conservación forestal en la Rca. Argentina se exhibe en 1879, bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda, al sancionarse la Ley Nacional 1.054. Este primer esbozo manifestaba la preocupación de las autoridades nacionales por preservar la existencia y estimular el cuidado de los bosques nativos al poner reparos administrativos y técnicos a los desmontes indiscriminados. El Poder Ejecutivo, al votar esta ley, también autorizó a invertir una suma de dinero para realizar el primer ordenamiento forestal del país, el que no llegó a concretarse. La Ley 1.054 fue derogada en 1903 al dictarse la Ley de Tierras 4.167, que sólo contenía dos artículos dedicados a los bosques.

En el año 1915, durante la presidencia de Victorino de la Plaza, el Poder Ejecutivo eleva al Congreso un nuevo proyecto de ley de “bosques y yerbales”.

La iniciativa no logra ser sancionada. Posteriormente se dijo que, cuando este proyecto fue presentado ante las Cámaras, no prosperó porque los legisladores consideraban que no se podía legislar sobre un tema casi desconocido, por cuanto nuestro país carecía de personal idóneo para manejarlo (Atlas, 2003).

En el año 1943, se crea la Dirección Forestal, que representa la primer manifestación o reconocimiento de la importancia a nivel institucional del recurso forestal como elemento de importancia dentro de la economía nacional.

Durante las discusiones de la Cámara de Senadores del 16 de septiembre de 1946, en el marco de la sanción de la ley 13.273, se hace mención de una estadística realizada por pedido del gobierno nacional en el año 1915, donde se indica que en la Rca. Argentina existían 100.000.000 ha con vocación forestal. A pesar de ciertas dudas sobre la metodología de cálculo, se afirmaba que la Argentina tenía más del 30 por ciento de la superficie total cubierta de bosques.

La Ley 13.273 de Defensa de la Riqueza Forestal, amplió los campos de acción y permitió encarar políticas forestales de carácter integral. Fue por esa ley

que se creó la Administración Nacional de Bosques (ANB) como organismo específico de aplicación de la misma.

La Administración Nacional de Bosques se transformó en 1968 en Servicio Forestal Nacional y en 1969, como consecuencia de una nueva estructura orgánica de la Secretaría de Estado de Agricultura y ganadería (ex Ministerio de Agricultura de la Nación), el servicio pasa a denominarse Servicio Nacional Forestal.

El primer dato disponible sobre la superficie efectiva de bosque de la República Argentina corresponde al Censo Nacional Agropecuario del año 1937, que indica una superficie de 37.535.308 hectáreas de bosques nativos para ese año (Tabla I.1).

Tabla I.1: Superficie en hectáreas de Bosque Nativo en Argentina entre 1937 y 1998

Año 1937 Año 1987 Año 1998

37.535.308 35.180.000 33.190.442

Fuente: Año 1937: Censo Nacional Agropecuario 1937; Año 1987: Estimaciones del Instituto Forestal Nacional; Año 1998: Unidad de Manejo del Sistema de Evaluación Forestal, 2002.

En el año 1973, al modificarse el artículo 74 de la Ley 13.273 mediante la ley 20.531, el Servicio Nacional Forestal pasa a llamarse Instituto Forestal Nacional (IFONA). El mismo fue creado en jurisdicción del Ministerio de Economía, como un organismo autárquico del Estado, con funcionamiento ajustado a las directivas del Poder Ejecutivo.

En octubre de 1991, por Decreto-Ley 2.284, se ponía fin a esta organización forestal. Así, las funciones del organismo fueron traspasadas a tres instituciones: la hoy Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos (SAGPyA); la Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente Humano, luego Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación, y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA).

La Rca. Argentina suscribió la Convención sobre Biodiversidad en la conferencia de Río de Janeiro de 1992 y la ratificó luego por Ley Nº 24375 de 1994, siendo desde entonces derecho positivo vigente.

El artículo 124 de la Constitución prescribe que “corresponde a las

provincias el dominio originario de los recursos naturales existentes en su

territorio”. Sin embargo, el dominio debe armonizar con lo garantizado por el

texto constitucional del artículo 41 de proteger un ambiente sano observando la obligatoriedad de conservar los recursos mediante el poder de policía, la imposición de restricciones y limitaciones.

En el marco del Primer Inventario Nacional de Bosques Nativos (Proyecto Bosques Nativos y Áreas Protegidas Préstamo BIRF 4085-AR, 1998-2005) la

Dirección de Bosques realiza por primera vez a nivel nacional la “Cartografía y

Superficie de Bosque Nativo de Argentina al año 1998” (UMSEF-Dirección de

Bosques-SAyDS, publicado Dic 2002).

Según las estimaciones efectuadas por la Unidad de Manejo del Sistema de Evaluación Forestal la deforestación para el periodo 1998-2002 tiene valores cercanos a 200.000 ha/año.

Los datos demuestran una constante pérdida de superficie de Bosque Nativo y la existencia de una aceleración del proceso en la última década (Figura I.12).

FiguraI.12. Evolución de la Superficie de Bosque Nativo en la República Argentina.

Fuente: 1937: Censo Nacional Agropecuario 1937; 1947 a 1987: Estimaciones del Instituto Forestal Nacional; 1998: Unidad de Manejo del Sistema de Evaluación Forestal; 2008: Estimaciones de la

Unidad de Manejo del Sistema de Evaluación Forestal.

La deforestación es un proceso que ocurre por pulsos asociados a momentos favorables para la expansión agrícola, ya sea por los precios de los productos agrícolas, cambios tecnológicos o contexto socio-político.

La Rca. Argentina entra, a partir de la década de 1990 y probablemente desde el año 1980, en un nuevo pulso de deforestación favorecido por la inversión en infraestructura, los cambios tecnológicos (transgénicos y siembra directa) y el contexto internacional (globalización) que motivan probablemente uno de los procesos de transformación de bosques nativos de mayores dimensiones en la historia del país.

Al observar estos valores, no debemos olvidar que como se dijo anteriormente el fenómeno de deforestación se refiere exclusivamente a la pérdida de superficie forestal, es decir que no mide el grave proceso de

“degradación” de las masas forestales restantes. Los bosques nativos de la Rca. Argentina han sido sometidos a severos procesos de degradación y en muchas partes se encuentran seriamente comprometidas sus posibilidades de proporcionar bienes y servicios.

Sin embargo, el hecho de que los bosques estén degradados no significa que hayan perdido su potencial; por el contrario, son bosques que bajo prácticas silvícolas tendientes al manejo sustentable pueden ser recuperados. La magnitud de este último proceso puede apreciarse, en forma preliminar, a partir de datos del Primer Inventario Nacional de Bosques Nativos. Por ejemplo, en la región del parque chaqueño, donde el proceso de degradación es notable, de un total de 459 parcelas relevadas solo 31 (el 7%) se hallaban en su estado natural mientras que el 93% restante presentaba signos de intervención antrópica (47% ganadería, 41% extracción forestal, 4% agroforestería).

Es importante aclarar que este inventario nacional es de carácter estratégico, de baja intensidad de muestreo y, por lo tanto, para la toma de amplias decisiones políticas; a nivel provincial interesan los inventarios operacionales con un muestreo de máximo detalle y destinados al aprovechamiento forestal.

De lo anteriormente citado se desprende que la demanda de información y precisión requerida, aumenta de los levantamientos estratégicos a los operacionales.

Teniendo en cuenta que los bosques nativos en definitiva son fuente de recursos para la población de un país, un indicador de utilidad puede ser la superficie de bosque nativo per cápita. En este sentido, la población de la Rca. Argentina pasó de aproximadamente 18 millones de personas en 1941 a 36 millones de personas en 2001 y la superficie de bosque nativo disminuyó constantemente. En 1940 se disponía de más de 2 ha de bosque nativo per cápita y en la actualidad este valor es inferior a 1 ha (Figura I.13).

Figura I.13. Evolución de la superficie de Bosque Nativo (ha) per capita.

Fuente: UMSEF, 2003

La Rca. Argentina está enfrentando en las últimas décadas uno de los procesos de deforestación más fuerte de su historia, con el agravante de que en la actualidad el reemplazo de los bosques por la agricultura se realiza principalmente por el monocultivo de soja. Si bien está muy difundida en el país la práctica de siembra directa, se continúan utilizando técnicas de labranza que deterioran el suelo y que, en última instancia, producen desertificación. Por otro lado, las precipitaciones en las regiones donde se produce el mayor avance de la frontera agrícola constituyen un factor limitante para la agricultura, lo que sumado al potencial deterioro del suelo, aumenta la incertidumbre en cuanto a rentabilidad y sustentabilidad a largo plazo de este tipo de producciones (UMSEF, 2008).

Además, los bosques nativos de la Rca. Argentina se encuentran severamente degradados y requieren ser manejados para favorecer su recuperación y presentarse como una alternativa viable del uso del suelo frente a la agricultura. La falta de ordenamiento territorial permite que la frontera agrícola continúe avanzando sobre el bosque pese a que existen grandes extensiones de tierras aptas para agricultura subutilizadas o abandonadas. Ante la decisión de aumentar la producción agrícola del país, el sector parece estar reaccionando especialmente con la ampliación de la superficie cultivada (en parte por deforestación) en lugar de intensificar el uso de las tierras agrícolas existentes (Montenegro et al., 2004).