4. PROPUESTA PARA UNA COMPRENSIÓN PAN-ECUMÉNICA DE LA SALVACIÓN
4.4. Sobre el Sacerdocio Universal de todos los Creyentes
Todas las religiones del mundo admiten que existe diferencia intergrupal entre el creyente y el no creyente. Para el judaísmo la diferencia se describe como pertenecer al pueblo de Dios o no. Para el cristianismo como ser salvado o no (la distinción entre ser un hijo de Dios o no, ya no cabe en la perspectiva inclusivista)47. Para el Islam como ser sumiso al único Dios o no. Para las religiones de la China como seguir la corriente del Tao o estar contra ella (Taoísmo), que se ilustra por respetar el orden social y cósmico o transgredirlo (Confucionismo). Para las religiones de la India la diferencia ra- dica entre ser un ignorante de la realidad engañado por la ilusión de lo temporal, o te- ner la luz del conocimiento que nos libera de la rueda de renacimientos (Hinduismo), convirtiéndonos en un Despierto (Budismo) o Victorioso (Jainismo).
También, todas las religiones del mundo comparten una misma norma intragrupal que distingue, entre los mismos creyentes, a aquellos que son religiosos de aquellos que son laicos (usando terminología cristiana). En el sistema de castas del hinduismo se postula que existe un grupo de creyentes especiales que tienen como herencia el lega- do del conocimiento de la sabiduría divina, son los brahmanes o casta sacerdotal. Del mismo modo, todas las comunidades de creyentes del mundo tienen un grupo de per- sonas dedicadas especialmente a las labores religiosas, mientras que el resto se dedica a las responsabilidades de la vida cotidiana. Diferencia que no sólo se refiere a las per- sonas, sino también a la oposición entre espacios sagrados y profanos, y tiempos sa- grados y profanos. Divergencia que remite, igualmente, a comidas puras e impuras o
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Lo que implica un gran dilema pues, aunque no podemos negar la paternidad universal de Dios, ya que la obra salvadora realizada por Dios en Jesucristo es universal, sin embargo, tenemos que seguir cre- yendo en la posibilidad de la no salvación de algunos hijos de Dios. Y esto por el simple hecho de seguir
afi a do la li e tad de los se es hu a os, pues no podríamos estar condenados a salvarnos . Es de i ,
comportamientos tabú.
Pues bien, parece que pertenece al mismo fundamento histórico de la fe cristiana que tal división, tanto intergrupal como intragrupal, no fue promovida ni por Jesús ni por los apóstoles. Jesús mismo fue un laico, que no perteneció a ninguna de las dos principales sectas religiosas judías, no fue fariseo ni saduceo, ni mucho menos pertene- ció a ninguna de las familias sacerdotales, como sí lo fue Juan el Bautista.48 Más aún, el llamado que Jesús realizara al apostolado de sus discípulos fue de ido a la ho a es a- tológi a ue esta a i ie do, pe o o fue u a p opuesta ue Jesús is o asu iera como patrón de comportamiento para las generaciones de creyentes futuros, ya que el Jesús histórico creía en la inminente venida del reinado de Dios, y si no había tiempo siquiera para contraer matrimonio, mucho menos para organizar algún tipo de estruc- tura eclesial formal. Pablo mismo propuso que en la Iglesia somos como un cuerpo en el cual cada miembro tiene funciones específicas. Sólo con el retraso de la parusía fue que las primitivas comunidades cristianas se fueron organizando en estructuras eclesia- les cada vez más formales, de lo cual tenemos testimonio en los escritos deuteropauli- nos de Efesios y Colosenses, y en las cartas pastorales de 1 y 2 de Timoteo y Tito. Y aún en la misma segunda generación de cristianos, el autor de 1 Pedro escribió: Pero voso- tros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para
que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable
Pedro 2, 9 RV95), pues no se olvida que en Jesucristo todos somos llamados a confor- mar un pueblo de sacerdotes segú la p o esa ete otesta e ta ia ue di e: Ustedes
me serán un reino de sacerdotes, un pueblo consagrado a mí E 19, 6a DHH).
Estamos pues, ante una cuestión de sociología religiosa que, de todas maneras, también incumbe a una teología cristiana de las religiones del mundo. Parece pues, que desde una perspectiva cristiana se podría invitar a todas las religiones del mundo, aún
48 Al respecto es ilustrativa la designación que en Hebreos se hace de Jesucristo como Sacerdote
según la forma de Melquisedec (Heb 6, 20). Explicando más adelante que tal sacerdocio se realiza a mo- do de servicio y autodonación por el pueblo. Definición que permitiría entender el sacerdocio con un sentido más inclusivo y cercano, que el distante exclusivismo de una élite espiritual.
al cristianismo mismo, a asumir una estructura eclesial de horizontalidad entre todos los creyentes, contra las estructuras eclesiales verticales que dentro de la misma co- munidad diferencian a los creyentes; no sólo funcionalmente, lo cual no sería motivo de crítica alguna, sino esencialmente asumiendo que existen creyentes más o menos facultados para ciertas acciones religiosas. De lo cual tenemos ejemplos como: el oficio de las celebraciones rituales, o la interpretación de las Sagradas Escrituras, o la asun- ción de cierto estilo de vida consagrada como el monacato; acciones todas para las cua- les no estarían facultados todos los creyentes.
El sacerdocio universal de todos los creyentes es un resultado de la salvación efec- tuada en Jesucristo por toda la humanidad. Este sacerdocio universal ha abolido las di- ferencias tanto intergrupales como intragrupales, siendo un derivado de la filiación universal de Dios y la fraternidad universal entre los seres humanos.
Las dife e ias i te g upales desapa e ie o , tal o o lee os: Ya no importa el ser judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer; porque unidos a Cristo Jesús, todos
ustedes son uno solo Gal , DHH . Y ta ié :
Cristo es nuestra paz. Él hizo de judíos y de no judíos un solo pueblo, destruyó el muro que los separaba y anuló en su propio cuerpo la enemistad que existía. Puso fin a la ley que consistía en mandatos y reglamentos, y en sí mismo creó de las dos partes un solo hombre nuevo. Así hizo la paz. Él puso fin, en sí mismo, a la enemistad que existía entre los dos pueblos, y con su muerte en la cruz los reconcilió con Dios, haciendo de ellos un solo cuerpo (Ef 2, 14-16 DHH).
Asimismo, las diferencias intragrupales ya no existen pues:
Hay en la iglesia diferentes dones, pero el que los concede es un mismo Espíritu. Hay diferentes maneras de servir, pero todas por encargo de un mismo Señor. Y hay diferen- tes manifestaciones de poder, pero es un mismo Dios, que, con su poder, lo hace todo en todos. Dios da a cada uno alguna prueba de la presencia del Espíritu, para provecho de todos (1 Cor 12, 4-7 DHH).
Observamos, eso sí, diferencias funcionales entre los miembros de la comunidad eclesial, de acuerdo a los propios talentos de cada uno conforme a los dones recibidos. Pero tal diferencia funcional no implica ningún tipo de diferencia esencial, según la cual
algún miembro de la Iglesia estuviera más facultado que otro para acceder a la gracia divina que es, precisamente, lo que ocurre en la distinción entre un pueblo de creyen- tes religiosos y un pueblo de creyentes laicos.