¿Habrá que subrayar el estrecho paralelismo estruc tural y de sentido entre este episodio y el mito de
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tan y que implica, entre otras cosas, la abundancia y la fecundidad, de las que para muchos pueblos son símbolo y prenda los gemelos. Añadamos que, a diferencia de Mitra y de Varuna que agotan entre los dos el contenido de su función, los gemelos bien hechores, generosos, sanadores, están lejos de ex presar cabalmente la suya: en realidad, tras la por tada del "par”, la auténtica nota numérica de la tercera función es la multiplicidad, una multiplici dad indefinida; primero, por tener numerosos as pectos (abundancia, salud, fecundidad, vida apaci ble, masa social); y también porque muchos de estos aspectos se fragmentan en realizaciones numerosas (la abundancia, por ejemplo, concernirá a los hom bres, los animales, las plantas, el oro, etc.; consis tirá en hijos, en riquezas, en alimento, en bebida, etc.); por último, porque se integra merced a cien detalles al decorado y al fundamento material de la vida social (el agua será la de tal río, de tal lago; cada tierra cultivada, cada tipo de cultivo podrá sus citar un patrono especial, etc.). Así ocurre a me nudo (y tal es el tipo de lista que se lee en filigrana debajo de la de las entidades zoroástricas) que la pareja de los gemelos vaya acompañada al menos de una diosa, que recuerda el elemento femenino, maternal, de la función.
En el segundo nivel, con Indra, la fórmula vuelve a ser diferente. Las parejas de las que este dios constituye el primer término no faltan —más bien sobreabundan— : en tanto que Varuna no aparece en doble dual sino con Mitra y —justamente— con In- dra, mientras que los Násatya no se asocian jamás, en palabra compuesta, con ninguna otra divinidad, a no ser —justamente— Indra, el RgVeda contiene, aparte de los consabidos Indráváruná e Indranása-
lyñ, los compuestos Indrágm, Índraváyü, Indrásómá,
tndrábfhaspáti, Indrábrahmanaspatí, índrávísnü, in ri. rñpüsáná, Indráparvatá, Indrámarutah. En verdad, ningún otro dios es tan aficionado a la compañía y estas diversas asociaciones son de veras inaprecia-
bles para el conocimiento del propio Indra y la ex ploración de su ministerio.8 Pero la superabundan
cia de las asociaciones y la inestabilidad del segundo término revelan que la forma no es fundamental.
De hecho, la mayoría de las veces Indra decide y actúa solo. Cuando no está solo, cuando los Marut por ejemplo, o Visnu, lo acompañan, es casi siempre él quien desempeña lo principal de la acción; su compañero (o compañeros) tienen por papel alabar lo, encantarlo, “hacerlo crecer", abrirle el espacio, cuando mucho ayudarlo un momento; no constitu yen juntos un par equilibrado, de términos iguales, como los que observamos precedentemente: en la asociación frecuente de Indra y de los Marut, Indra es el capitán, los Marut la tropa. Otras asociaciones,
tndráváruná e Indranásatyá, expresan una relación, una afinidad interfuncionales, sea entre el aspecto terrible, mágico, etc., de la soberanía y el servicio guerrero, sea entre personajes diferentes, pero igual mente auxiliadores a los individuos humanos. Otra más, Indrñgní, tiene varios valores según los con textos, por significar tantas cosas el propio Agni. Pero sigue en pie el hecho esencial de que, si Indra puede ingresar en tantas asociaciones, es porque no hay ninguna que resulte necesariamente de su de finición. Por otra parte, hay datos negativos. Uno de los más notables es la ausencia de toda articu lación entre Indra y Rudra que, en ciertos respec tos, es también un dios del segundo nivel, pero con distintos caracteres que Indra, y con zambullidas hondas y misteriosas en el tercero. O sea que las secciones de este segundo nivel no forman estruc tura como las del primero.
La sola excepción pudiera ser el vínculo señalado por el compuesto índraváyu. En el curso de la pri mera parte del presente libro recordamos con algún detalle que, en la epopeya hindú como en la escan dinava y la griega, la función guerrera se ha reali zado en dos tipos de héroes que los nombres de
8 V.: “Visnu et les Marut á travers la réforme zoroas- trienne”, Journal asiatique, c c x l i i, 1953, p p . 1-25; ME I , p p .
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Heracles y Aquiles caracterizan lo bastante. Los tra bajos de los sabios de Upsala, Henrik S. Nyberg, Geo Widengren, Stig Wikander, han vuelto probable que esta distinción, en tiempos prevédicos, se exten diera al mundo de los dioses, donde se expresaba en las personas de Váyu y de Indra. Pero, en la teología védica, Váyu parece haber sido despojado de esta antigua provincia y, si está estrechamente asociado a Indra, es más bien en su otra función, la de “dios primero“ ,9 gracias a la cual presta a In-
dra, en lo tocante al tiempo, un servicio análogo al que Visnu le proporciona en el espacio.10 En estas
condiciones, el compuesto índraváyu no basta para probar que, en la época prevédica, cuando uno y otro patrocinaban todavía dos conductas guerreras, Indra y Váyu estuviesen estrechamente asociados como tales en un díptico comparable al de Mitra y Varuna en el nivel superior. Tanto más sorprenden te sería cuanto que los héroes de tipo Váyu, los Heracles, los Bhlma, propenden más y mejor a ser solitarios que los Aquiles, los Arjuna, héroes del tipo Indra.
Por último, una forma de pareja desigual, tan des igual que ya ni lo es, es aquella que asocia a veces el dios combatiente a uno de sus protegidos o em pleados humanos. Por lo general Indra excita al héroe, le da Jos medios materiales o morales de ven cer, pero hay veces que colaboran más de cerca: es el caso, acerca del cual nos demoramos tanto, del héroe Trita.11 Sin duda se trata aquí de una repre
sentación muy antigua. Recuerda en todo caso el estatuto del dios escandinavo Pórr en varios mitos 12
y hasta en las figuras de los tambores lapones, se gún lo determinó el mitógrafo danés Axel Olrik en su célebre estudio “El dios del trueno y su sirvien
te“ .13 Pero esta forma desequilibrada de la pareja
9 ME i, pp. 47-48.
10 Ibid., pp. 210-211, 234-237. 11 V. antes, p. 27 y n. 15. 12 V. más adelante, pp. 192-193.
13 “Tordenguden og hans dreng", Danske Studier, n, 1905, pp. 129-146.
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no es ni más estable ni más esencial para el dios que la que acerca Indra a Visnu o a los Marut. Sería interesante estudiar las fórmulas de constitu ción de la pareja en otras zonas mitológicas, nota blemente a propósito del “dios primero”, donde a veces adquiere la forma monstruosa de un ser do ble, bifrons, donde —sobre todo— abarca no com plementarios sino incompatibles, donde —por últi mo—, como en el caso de los gemelos Mainyu del zoroastrismo, sin duda formados a partir del doble *Vayu del politeísmo indoiranio, la oposición ha adquirido en ocasiones un valor moral, siendo “bue no” uno de los dos términos, “malo” el otro. Pero no es nuestro propósito éste. Nos basta haber veri ficado que, incluso cuando se compromete en el marco de la pareja, Indra no está vinculado por ninguna necesidad profunda a su compañero del mo mento. Es la lista de los dioses de Mitani, en su brevedad, la que dice lo esencial: Indra, en el fon do, está solo.
El vocabulario del RgVeda da una expresión im presionante de este teologuema: la palabra éka,
“uno”, en todos los sentidos del término (“solo ante varios”; “solo e n tr e ...”; “solo, sin ayuda”; “único, eminente”), es empleada 75 veces en el himnario a propósito de divinidades; pues bien, 63 pasajes alu den a Indra, sin contar los dos compuestos ekavírá
(x, 103, 1), ¡‘héroe único”, y ekaraj (vm , 37, 3), “rey único”, dos hápax que califican a Indra.14
“No quiere asociarse con cinco, con diez, no se alía a quien no exprime el soma, así fuese opulento. Más bien lo deshace, de esta suerte, o lo mata rugiendo, en tanto que da al piadoso un lote en el cercado de las vacas.
"El tortísim o, que atasca las ruedas en el combate, hostil a quien no exprime el soma, increm entando a quien lo exprime, Indra, domador de todos, terrible, el arya, conduce el bárbaro a su capricho." (R V, v, 34, 5-6.)
14 Cf. Bernfried Schlerath, Das Königtum im Rig- und Atharvaveda, 1960, pp. 28, 32, 49.
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