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SOLEDAD Y LIBERTAD

¿Habrá que subrayar el estrecho paralelismo estruc­ tural y de sentido entre este episodio y el mito de

LOS TRES PECADOS DEL GUERRERO

I. SOLEDAD Y LIBERTAD

El más viejo documento de teología hindú que nos ha llegado, la lista de los dioses bajo cuya garantía da su palabra un rey arya de Mitani del siglo xiv a. c., enumera los patronos canónicos de las tres funciones.1 Son, primero, estrechamente asociados en el calco de un doble dual, Mitra y Varuna, los dioses soberanos; sigue el dios guerrero Ind(a)ra; luego los dos gemelos Násatya. Entre dos parejas, Indra está solo.

Cuando el zoroastrismo, aboliendo el politeísmo indoiranio pero deseando salvar y moralizar el aná­ lisis de las fuerzas cósmicas y sociales que susten­ taba la teología de los antepasados, sustituyó por una lista jerarquizada de entidades la lista de los dioses patronos de las tres funciones,2 produjo el cuadro siguiente: a la cabeza, dos entidades veci­ nas, las más cercanas a Dios, Vohu Manah y Asa, sublimaciones de *Mitra y de *Varuna; luego una entidad cuyo nombre, Xsa0ra, evoca los ksatriya hindúes cuyo dios propio es Indra; por último, en el tercer nivel, con Ármaiti, “el Pensamiento Piado­ so", patrona de la Tierra, traspuesta de alguna diosa indoirania, las dos entidades inseparables casi, Haur- vatᣠy Amaratát, patronas de las Aguas y de las Plan­ tas, traspuestas de los gemelos *Násatya. Entre la pareja de las entidades soberanas y el grupo “Ár­ maiti + pareja" del tercer nivel, el sustituto de In- dra está solo.

¿Quiere esto decir que el dios guerrero de los hin­ dúes védicos y prevédicos fuera ajeno al juego de

1 N aissance d ’Archanges, 1945, cap. i; ME i, pp. 147-149.

2N aissance d ’Archanges, caps, ii-v; ME I, pp. 105-106. [71]

las asociaciones, refractario al marco de la pareja? En modo alguno. Incluso se obtiene una visión más justa y matizada de su estatuto natural observán­ dolo en parejas en las que ingresa con soltura. Pues es sobre la idea de pareja sobre la que los indoeu­ ropeos sin duda, los hindúes védicos con certidum­ bre, han alzado su mitología de las tres funciones y algunas otras provincias mitológicas. O más bien, en todos los grados funcionales, aun en aquellos cuya esencia orientaba ya hacia la unidad, ya hacia el gran número, aparece la pareja no bien la pre­ sentación teológica adquiere cierta amplitud. Pero los valores, las fórmulas de composición son distin­ tos cada vez.

En el primer nivel, para la soberanía, los resulta­ dos de la indagación progresiva que consta en Mitra-

Varuna (1940; 2? ed. 1948), en Le troisième Souve­ rain (1949) y en Les dieux des Indo-Européens

(1952: cap. n, "Les dieux souverains") dan una ima­ gen precisa, válida en todo el conjunto indoeuropeo, de la población divina. Por limitarnos al dominio védico, donde la soberanía es cosa de los Áditya, la forma de pareja es aquí fundamental. Los jefes de filas de la Soberanía son dos, Mitra y Varuna, y su nexo es tan estrecho que con frecuencia son nom­ brados en doble dual, con el sentido de "los dos, Mitra-Varuna”. Cada uno de estos dioses tiene jun­ to a sí dos lugartenientes, dos Áditya menores (Ar- yaman y Bhaga del lado de Mitra, Daksa y Amsa del lado de Varuna), que reconstituyen entre ellos pa­ rejas (Aryaman-Daksa, Bhaga-Amsa) de igual fórmu­ la que la pareja principal."' Y el mecanismo está tan

El segundo capítulo de Les dieux des Indo-Européens esbozó el estudio de estas divinidades secundarias de la so­ beranía; fue corregido, en lo concerniente a los hechos es­ candinavos, en el tercer capítulo de Les dieux des Germ ains, 1959; v. ahora ME i, pp. 149-151. Estos bosquejos sucesivos y fragmentarios serán coordinados y expuestos en un próxi­ mo libro sobre la teología indoeuropea de la soberanía (Uni- versity of Chicago Press). Ahí serán examinados también los puntos de vista presentados por algunos autores, en par­ ticular Heinrich Lüders (Varuna, rtá), Paul Thieme (los Áditya, arí, aryá), Bernfried Schlerath (los dioses reyes vé-

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bien establecido que, al desarrollarse en extensión la mitología de los Áditya al tiempo que se reducía en comprehensión y en importancia, los dioses agre­ gados a su número lo fueron siempre por pares —de términos constantes, en principio—, de suerte que un pasaje del Mahábhárata puede definirlos como “los reyes supremos invocados por parejas de nombres".

Es claro el sentido de esta estructura tenaz. La soberanía es analizada en dos planos, a la vez anti­ téticos y complementarios, necesarios uno y otro y por consiguiente sin hostilidad, sin mitología de conflicto. Cada especificación en uno de los planos atrae mecánicamente una especificación homologa en el otro, y entre los dos agotan el campo de la función. Estos planos, definidos ante todo por el comportamiento de Mitra y de Varuna, son el de la soberanía regulada, cercana al hombre, luminosa, confortante, etc., y el de la soberanía mágica, dis­ tante del hombre, sombría, terrible, etc. Punto me­ nos que en todo asunto, uno y otro dios tienen algo que decir, su momento de actuar, pero no se repi­ ten: en materia de contratos, pongamos por caso, Mitra, portador de la noción de éstos en su propio nombre, parece ayudar a los hombres a concluirlos y observarlos, Varuna, el “Atador”, acecha y captura a quien los viola. La colaboración es tan íntima y tan constante no a pesar de la oposición conceptual de los dos dioses, sino gracias a ella que, las más veces, es la única con que se quedan los himnos, rara vez necesitados de definir diferencialmente a Mitra y Varuna. En ocasiones lo hacen, no obstante, y los libros rituales aún más veces, siempre en el sentido que acabamos de indicar.4 Para cerrar esta

dicos), Ilya Gershevitch (los Amasa Spanta, Mitra-MiGra); mientras tanto, v. algunas discusiones en el Journal asiati- que, ccxlvi, 1958, pp. 67-84 (Thieme), ccxlvii, 1959, pp. 171-173

(Thieme, Gershevitch), ccxlix, 1961, pp. 427- 430 (Schlerath),

y en el Bulletin de VAcadémie Royale de Belgique, Classe des Lettres, 5a. serie, xlvii, pp. 265-298 (Thieme).

4 En último término, y provisionalmente, la articulación de los dos dioses fue así resumida en ME i, pp. 147-149. Las dos mitades de la soberanía se distinguen: