En tiempo de subjetividad, llega el momento de plantear de la mano de algunas reflexiones actuales sobre el sujeto y la subjetividad, las consideraciones necesarias para hacer explícita la manera en que acá se entenderán tales conceptos.
Comencemos por exponer lo que en sentido amplio entenderemos como subjetividad, subjetivación y sujeto.
Para empezar, y como podrá deducir el lector, aclaro que el concepto de subjetividad de este trabajo no se refiere de ningún modo a la distinción entre lo objetivo y lo subjetivo, es decir no se trata de la subjetividad como opuesta a la objetividad, sino como la manifestación, el escenario y los procesos vinculados con las nociones de sujeto.
86 Así, por subjetividad se entenderá el conjunto de formas personales32 y colectivas de sentir, entender, actuar y situarse en una trama intrincada de relaciones sociales. Se trata de reconocer formas diferenciadas de ser y estar en el mundo. Esta es sin duda una definición predominantemente psicológica, pero no por ello individual o psicologizante. Aun así está emparentada de manera muy cercana con el concepto de identidad, tal y como se ha venido entendiendo en los debates contemporáneos de las ciencias sociales (Ulrich Beck, Zygmunt Bauman, Peter Berger y Thomas Luckmann); una definición que reconociendo un tránsito de la identidad basada en la ilusión de unidad y anclada en referentes universales y sólidos, a una identidad inestable y frágil, contingente e interdependiente, que se construye, codifica y de–codifica permanentemente.
Por otra parte, se llamará subjetivación al proceso de constitución del sujeto. El sujeto será entonces la figura siempre provisional que encarna la subjetividad y por lo tanto, es el resultado de la subjetivación.
En un sentido más específico, plantearé algunas consideraciones epistemológicas y filosóficas, para luego perfilar una serie limitada de atributos o características de lo que entenderemos acá por subjetividad.
3.2.1 Dos tendencias de la reflexión sobre la subjetividad contemporánea
Dentro de las reflexiones contemporáneas de orientación política sobre la subjetividad, es posible identificar dos tendencias relacionadas con su génesis y fundamento: una que
recobra un sentido interior e individual del sujeto (Touraine, Žižek, entre otros). Si bien
estas posiciones se distancian de una mirada esencialista de las categorías de sujeto, subjetividad y subjetivación –y por supuesto, reconocen su apertura relacional– insisten en puntuar los procesos de génesis subjetiva en el individuo:
32 Aquí se prefiere hablar de persona o de lo personal en lugar de individuo o de lo individual para evitar
entrar en la compleja discusión sobre la legitimidad de tal categoría en el pensamiento contemporáneo y para evitar confusiones respecto de la crítica al individualismo, que se esboza en este trabajo.
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…entendemos que ―el Sujeto no es un ―alma‖ presente en el cuerpo o el espíritu de los
individuos, sino la búsqueda, emprendida por el individuo mismo de las condiciones
que le permitan ser actor de su propia historia‖ (Touraine 2003, 65).
La subjetivación (…) se manifiesta en primer lugar en el plano de la experiencia vivida individual, de la angustia generada por la experiencia cada vez más contradictoria,…
(Touraine 2003, 68).
La otra tendencia le da un marcado sentido relacional y en algunos casos construccionista a la subjetivación planteando una determinación agobiante de las estructuras sociales y de los avatares epocales (Foucault, Gergen, Lewcovickz, entre otros). Gergen por ejemplo, disertando sobre la forma en que los humanos nos hacemos mutuamente inteligibles, señala:
Existe un modo alternativo de enfocar el problema del significado social: eliminar al
individuo como punto de partida (…) empezar nuestro análisis al nivel de la relación humanaen la medida en que se genera tanto el lenguaje como la comprensión. (…) no
es el individuo quien preexiste a la relación e inicia el proceso de comunicación, sino que son las convenciones de la relación las que permiten que se alcance la comprensión (Gergen 1996, 319).
Al situarse en una de estas dos tendencias –la más individual y la más relacional– para pensar las reconfiguraciones de los aspectos políticos de la subjetividad, se sacrifican aspectos de iluminadora importancia. Si asumimos la génesis individual del sujeto, nos enfrentamos a dos consecuencias: una cargar con el lastre hobbesiano de considerar que la posibilidad de vivir juntos radica en hacer un control externo y pactado de nuestra
tendencia ―natural‖ o fundante hacia el egoísmo, y que por lo tanto, la creación de un
nosotros implica la siempre utópica intersubjetividad o el frágil, provisional y asimétrico pacto social, trágicamente dependiente de las necesidades individuales. La otra consecuencia es que la idea de la subjetividad colectiva se reduce (si es que tal cosa se acepta) a la suma o –como mucho– a la articulación de subjetividades individuales; en ese caso la psicología social de corte más clásico (psicología de los grupos) y las mismas
88 psicologías del yo, ampliamente desarrolladas habrían resuelto hace décadas el problema de este estudio.
Si por otra parte asumimos la tendencia de corte relacional, la riqueza de la interioridad como figura filosófica –que releva lo sensorial, realza lo pasional y trata sobre lo íntimo– se perdería privando a la agencia de uno de sus núcleos más potentes.
¿Cómo superar esta encrucijada? ¿Cómo ubicarse fuera del riesgo que supone atender a este binarismo? ¿Cómo abrazar la idea relacional sin perder los matices de lo íntimo? Intentaré una respuesta a continuación.
3.2.2 El mito originario según Sloterdijk, la subjetividad entre lo íntimo y lo colectivo
Es acá donde cobran relevancia las reflexiones de uno de los más polémicos filósofos contemporáneos, el alemán Peter Sloterdijk (2003). A partir del concepto de ―esfera‖,
amplia y cuidadosamente trabajado en una obra de tres voluminosos tomos, Sloterdijk teoriza sobre la historia de la humanidad, la sociedad y la política. La esfericidad es propuesta como la fenomenología de lo humano: una configuración constitutiva y
constituyente de lo humano: ―La esfera es la redondez con espesor interior, abierta y
repartida que habitan los seres humanos en la medida en que consiguen convertirse en
tales‖ (Sloterdijk, Esferas I. Burbujas. Microesferología 2003, 37).
Para comprender qué tipo de subjetividad está en la base del concepto de esfera, es preciso remitirse al mito de origen de las esferas, construido por el autor a partir de una relectura del mito original judeo–cristiano consignado en el Génesis.
Sloterdijk (2003) relee la relación del hombre con el creador, a partir de la idea de soplo divido que aparece en el génesis dándole un sentido autopoiético: al insuflar su aliento en aquella estatuilla de barro, Dios se crea a sí mismo justo en el instante de tomar la bocanada de aire que ha de inyectarle a su nueva creación, que (o quien) en adelante será su gemelo diádico, su imagen y semejanza. Por su parte Adán (el nuevo ser) ha sido más que animado, inspirado por el creador. En esta narrativa nueva se formula una simetría allí donde antes se
89 entendía una gran asimetría y se inaugura un vínculo de dependencia ontológica mutua…
bilateral.
Es así que la diada originaria constituye la esfera originaria, en tanto globo de dos mitades, polarizado, y diferenciado, cuyos polos se enajenan entregándose el uno al otro en una comunión idílica, en una vivencia de completitud, de cálida redondez, de feliz coexistencia. He aquí lo que para el autor es el origen y el sentido de las solidaridades al interior de las formaciones humanas.
Es así que la subjetividad implicada en la constitución de las esferas es un movimiento pneumático (insuflar–inspirar), encargado de la reproducción de sensibilidades a manera de inspiración. Esta subjetividad será siempre de dos o másy significará ―participación en las resonancias esféricas‖, ―…por estrecha cercanía mutua, por incorporaciones, invasiones, cruzamientos, repliegues de uno en otro, y resonancias –…– por identificaciones…‖
(Sloterdijk, Esferas I. Burbujas. Microesferología 2003, 98).
Pero dado que la esfera no es un espacio cerrado (sino una interioridad en contraposición a una exterioridad), está permanentemente interpelada por lo extraño y así como se defiende de eso extraño, también se deja interpelar y tiene la capacidad de
integrarlo al espacio íntimo… La expansión de esferas implica la traviesa transgresión de la ley primordial de la diada originaria consistente en la exclusividad de la dedicación al creador. Esto, que no es otra cosa que la libertad humana, tiene dos facetas: la enriquecedora inclusión de otras inspiraciones en la comunión íntima y el riesgo de estallido de la esfera por la intrusión desbordada de lo extraño.
La idea de esfera ofrece una de las pocas disertaciones filosóficas que sientan bases sobre la comprensión de la subjetividad como idea eminentemente plural, como construcción colectiva y a la vez, como una interioridad fundamental en la manera como los humanos se conectan entre sí para vivir en común: la subjetividad esférica es a su vez interioridad y colectividad, y posee un sentido político en que ambos aspectos hacen parte del arte de vivir en común, que no precisa de la exclusividad de lo público, sino que incluye la idea de intimidad. Esto representa todo un nuevo modo de reconocer las formaciones subjetivas que sustentan o permiten comprender viejas y nuevas maneras de proceder
90 políticamente, superando las clásicas dualidades individuo –sociedad e interior–exterior que, según argumenté, siguen arrastrando las intervenciones psi.
Al mismo tiempo, la reflexión de Sloterdijk (2000) sobre la subjetividad mantiene el talante propio de la filosofía contemporánea de reconocer su fragilidad y provisionalidad, pues las esferas llevan en sí su propia destrucción, pueden implosionar o estallar; su inestabilidad es inevitable y es la preocupación central de los seres que viven en común. En ese mismo sentido, no es el ser humano o los grupos humanos los que se adaptan a lo externo, sino los que integran lo externo a su medio creado y acondicionado inmunológicamente por ellos mismos.
Es de anotar que la sintonía del autor con su concepto, lejos de mantener un sentido de fascinación narcisista con su creación, cultiva un agudo sentido de interpelación al
proponer la esferología como ―crítica de la razón redonda‖.
La propuesta de Sloterdijk, supone una perspectiva complementaria a las apuestas relacionales a la hora de proponer formas de intervención psi. Si bien la resolución antropotécnica de Sloterdijk en el desarrollo de su teoría, camina hacia la individualización por la vía de la comunión a distancia con pensantes lejanos, que permita fortalecerse interiormente para enfrentar el embate destructivo de la modernidad tardía, las implicaciones de su propuesta sobre la génesis humana aspira a recuperar lo íntimo, no como emanado de una interioridad a priori, sino como una resultante de la resonancia mutua, de co–construcción en la empatía. Podríamos decir que el mito esférico de Sloterdijk, valida muchas de las terapéuticas recurrentes en el contexto de las intervenciones psi, que acá he señalado como individualistas, pero a diferencia de éstas, su perspectiva advierte la permanencia de lo plural en el ejercicio de la silenciosa intimidad.