OTRAS FUSTIGACIONES HASTA LA MUERTE
11 Suetonio, Caligula, 27, 8.
12 XII Tablas, 8 ,1 0 (D igesto, 47, 9, 9). La reconstrucción de las XII Tablas aquí utiliza da se encuentra en FIRA I, pág. 23 sigs.
13 Sobre la valoración del daño entendida com o una especie de talión patrimonial, véase U. Brasiello, voz Pena (diritto rom ano), en N ovissim o D igesto Italiano, 1966.
solo tribuno se atrevió a infligir a sus nueve colegas una pena que nueve tribunos habrían temido hacer sufrir a uno solo” 15.
A este desconcertante episodio también alude Festo, que se lim ita por lo demás a hablar de nueve tribunos quemados, sin especificar la razón de su muerte y sin decir por obra o iniciativa de quién fueron m uertos1δ; mien tras que D ion Casio alude a nueve dem archoi quem ados17. ¿Pero cuándo se consum ó la tragedia? L a com paración entre el testim onio de Valerio M áxim o y el de Dion Casio hace bastante problem ática la datación. En efecto, la referencia de Valerio a Espurio Casio no permitiría bajar del año 486 pero el fragmento de Dion rem ite al 472 -4 7 1 1S. Limitémonos a decir, por lo tanto, que en la primera m itad del siglo v a. de C. un tribuno dio la muerte a nueve de sus colegas o quizás, como veremos, provocó su m uer te, En el relato de Valerio M áxim o este tribuno se llam a P(ublio) Mucio, un nom bre que tam bién aparece en Festo, en donde leem os sobre un tal M ucio E scévola19. Se admite comúnmente que éste es la misma persona a la que, sin reproducir su cognom en (Escévola), hace referencia Valerio M áxim o cuando habla de Publio Mucio.
Así pues, entre los protagonistas de nuestra historia se halla un homó nimo del héroe que, arrestado por haber intentado matar al rey etrusco Por sena, había puesto sobre el fuego la mano (derecha) con la que había jura do salvar a su patria. Y dejándola consum ir entre las llamas heroicamente, sin em itir un lamento, Cayo M ucio (así se llam aba el héroe) se convirtió en Escévola, para sus conciudadanos y para la historia. En efecto, scaevus significa “zurdo”20.
Pero en la historia de los tribuni combusti, ¿cuál fue el papel de Publio Mucio, el Escévola que evidentemente, al descender del héroe, pertenecía a la célebre familia que había tom ado su nom bre de él? V alerio M áximo nos dice que Publio Mucio quemó vivos a sus colegas. Según Festo, por el contrario, él habría sido uno de los nueve tribunos quemados.
¿A quién hemos de creer? Im aginem os, siguiendo a Festo, que P. M ucio Escévola fuese una de las víctimas. Nos encontramos ante nueve tribunos quemados sin que se nos diga por qué razón ni bajo la responsa bilidad de quién. ¿Por qué nueve? Los tribunos, cuyo número varió con el tiempo, nunca fueron nueve. El número nueve sólo se explica pensando que
15 Valerio Máximo, 6, 3, 2.
16 Festo, j.v. Novem, 180 L. No me detengo aquí en la hipótesis -nítidamente inconcilia ble con el testimonio de V alerio- según la cual los tribunos en cuestión no eran tribunos de la plebe sino tribunos militares, que no fueron quemados vivos, sino simplemente incinera dos tras su muerte. El problema, en todo caso, está ampliamente discutido en J. Gagé, “Vivi
com burium O rdalies ou supplices p a r le fe u da n d la R om e prim itive, en R H D F 42 (1964)
451 sigs.
17 Apud. Zonaras, 7, 17 (fr. 22 Boissevain).
“ Para una discusión del problema véase J. Gagé, “Vivicom burium ”, cit.
19 A causa de una laguna el texto da solamente “...ció E scélova” pero que se deba resti tuir “Mucio” es algo admitido comúnmente.
20 La historia de Mucio se lee en Livio, 2 ,1 2 ,1 3 ; Dionsio de Halicarnaso, 5 ,2 9 ,3 0 , y Plu tarco, Publicola, 17.
un décimo tribuno escapó a la suerte de sus colegas. Bajo este punto de vista el relato de Valerio M áximo tiene la ventaja de que las cuentas salen: el décimo tribuno era Escévola. Pero esto no significa que su relato sea creí ble. En efecto, un tribuno no tenía el poder de condenar a muerte a sus cole gas. Todo lo que se puede pensar, si se quiere pensar en un papel activo de Publio Mucio Escévola en el episodio que llevó a la muerte de sus colegas, es que él, sin quemarlos vivos personalm ente y sin ordenar hacerlo, haya en todo caso provocado su muerte. Tal vez denunciándolos o quizás acep tando en su nombre o por su cuenta (o proponiendo) una ordalía del fuego a la que él sería el único en conseguir escapar21. Bajo esta perspectiva, el hecho de que en Festo su nombre aparezca en la lista de los tribunos “que m ados” podría encontrar una explicación. En efecto, M ucio no sólo había contribuido a determ inar la ordalía, también la había sufrido. Exactam en te al igual que su antepasado, el gran Z urdo22, Publio M ucio Escévola se había expuesto a las llamas.
Evidentem ente estamos en el cam po de las hipótesis. En concreto se trata de una hipótesis que tiene tantas o más probabilidades de estar fun damentada cuanto más el recurso al “juicio de dios”, cualquiera que fuese la forma que adoptase, resulte documentado por otras fuentes. En efecto, si los episodios de los que fueron protagonistas los dos Escévolas perm a neciesen aislados, y si no fuese posible encontrar en Rom a otra huella de prácticas ordálicas, sería verdaderam ente demasiado azaroso extraer con clusiones sobre la base de testimonios tan inseguros. Pero los romanos solí an recurrir a las ordalías con cierta frecuencia.
La s o r d a l í a s e n Ro m a
Que antaño los rom anos acostum brasen a confiar la solución de las cuestiones controvertidas al juicio de la divinidad emana de numerosos tes timonios.
Para comenzar, el recuerdo de un juicio de dios puede leerse con bas tante facilidad tras el relato del combate-entre los Horacios y los Curiados. Pero la hipótesis de que el com bate entre los cam peones rom anos y los albanos fuese un duelo judicial no es la única explicación del complejo epi sodio. En efecto, según la interpretación “trifuncional” de G. Dumézil, el episodio conservaría las huellas de una iniciación mágico-militar. Esto es cierto, pues siguiendo el argumento de Dumézil es difícil no tener en cuen ta, por ejemplo, el paralelo entre la gesta del Horacio vencedor de los alba-
21 Esta es la hipótesis avanzada por J. Gagé, "Vivicomburium ”, cit., sobre la cual, aún sin compartir todas sus conclusiones, se fundamentan las líneas básicas de la argumentación desa rrollada en el texto.
22 Según una hipótesis avanzada por G. Dum ézil el tema del Zurdo tendría que remitirse