226 LAS FRASES Y LAS PALABRAS
11. LAS PALABRAS: LOS SUSTANTIVOS Y SUS ADJUNTOS
11.1. Sustantivos: el nombre
11.1.1. Los sustantivos Sabemos ya (capítulos 7 y 8) que las palabras con que están constituidas las oraciones pertenecen a distintas cla- ses o categorías. En este capítulo y en los dos siguientes vamos a pasar revista a todas estas clases de palabras, examinando los caracteres de cada una.
Una de las categorías es la de los sustantivos, que se distingue por su capacidad de funcionar en la oración como núcleo del sujeto, como complemento directo y como complemento indirecto. Esto no quita que, según vimos, por traslación puedan actuar como sustantivos, y por tanto desempeñar estas mismas funciones, otras clases de palabras; y que, a su vez, también por traslación, los sustantivos puedan hacer papeles propios de otras clases de palabras (complemento adverbial, complemento de un adjetivo, complemento de otro sustantivo).
Los sustantivos se dividen en dos subclases que, aunque coinciden en las funciones que hemos dicho, se diferen-
cian en la manera de realizarlas, así como en su forma y en su contenido. Son el nombre y el pronombre.
Por su contenido, los sustantivos, tanto el nombre como el pronombre, son palabras que designan a un ser u objeto animado o inanimado, real o irreal que nosotros imagina- mos como susceptible de que de él se diga algo. Son, pues, sustantivos camionero, ministro, madre, Lorenzo, río, aire,
paz, sospecha, esto, nadie, ella. Pero nombres y pronom-
bres se distinguen entre sí por la diferente manera de designar a los seres o a los objetos. Los nombres están fijados a los seres designados por ellos: unas veces (caso de los nombres propios) de una manera individual y arbi- traria, es decir, sin atender a la especie de ser que se nombra; otras veces (caso de los nombres comunes) defi- niendo el ser por medio de una etiqueta que es, para el hablante como para el oyente, como una enumeración condensada de una serie de características precisas que, reunidas, solo existen en una determinada especie de se- res. Cuando se pronuncia la palabra perro, se evocan con ella unos caracteres («animal», «cuadrúpedo», «domésti- co», «que ladra», etc.) cuya suma solo se encontraría en un particular grupo de seres. No ocurre esto con los
pronombres, cuya significación consiste fundamentalmen-
te en circunstancias pasajeras, como el lugar, la situación en el diálogo, la cantidad, la indeterminación en que los seres mencionados son vistos en el puro momento en que se les menciona. Así, lo que designo con la palabra ella es un ser (no varios) cuyo nombre sería femenino, que igual podría ser una persona que un animal o una cosa, y que en este momento no es quien habla ni a quien se habla; lo que designo con el pronombre esto es algo (¿perso- na?, ¿cosa?, ¿uno solo?, ¿un conjunto?) que en el instante en que hablo se encuentra cerca de mí materialmente
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(p. ej., ESTO es un perro) o moralmente (p. ej., ESTO se está
poniendo cada vez más difícil).
11.1.2. Nombres concretos y abstractos
Entre los nombres, los hay que designan seres que, para el que habla, tienen (o han tenido, o tendrán) existencia real; como mi hermano, este banco, Europa, el trigo. A veces esta existencia, provisionalmente, se supone (pues de verdad no creemos en ella), como cuando nombro al dios Neptuno. Y los hay que designan cosas que no tienen existencia real, porque son simplemente el nombre que damos a fenómenos o cualidades que no existen si no es «en algo» que los produce o posee: la limpieza es «la acción de limpiar» (La limpieza de esta sala da mucho
trabajo) o «la cualidad de limpio» (La limpieza de esta sala es extraordinaria); la marcha es «la acción de marchar»; la salud es «la cualidad de sano». Los nombres del primer
grupo, los que designan seres reales, son los nombres
concretos; los del segundo, los nombres de acciones o de
cualidades, son los abstractos. No todos los nombres son siempre concretos o siempre abstractos; los hay que son una cosa u otra, según las ocasiones: paseo es abstracto cuando decimos Vamos a dar un PASEO («acción de pa-
sear»), y concreto cuando decimos Tienes que ir por el PASEO («vía pública») de la Castellana; salida es abstrac- to en Me lo encontré a la SALIDA («acción de salir») del
cine, y concreto en ¿Me puede decir dónde está la SALIDA
(«lugar por donde se sale»)?
11.1.3. Nombres comunes y propios
Los nombres concretos pueden ser comunes o propios. Según ya vimos (§§ 7.2.1 y 7.2.2), los primeros son «clasi- ficadores», y los segundos, «individualizadores». Es decir, un nombre común —tienda, libro, camino, etc.— actúa como una etiqueta que se pone a un ser para incluirlo en
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una clase de seres, porque se ve en aquel una serie de caracteres comunes con estos. En cambio, un nombre propio —María, Jordán, Lérida— no representa ninguna característica del ser nombrado; solamente se propone distinguirlo entre todos los que pertenecen a su misma especie —«mujeres», «ríos», «ciudades»—.
11.1.4. Nombres masculinos y femeninos Todos los nombres, abstractos o concretos, comunes o propios, se distribuyen en dos grandes grupos: los de género masculino y los de género femenino. Se llaman masculinos todos los que pueden ir acompañados por el artículo el o por la forma en -o de adjetivos como bueno,
alto, corto, bello; femeninos, los que pueden ir acompañados
por el artículo la o la forma en -a de adjetivos como los citados. Así, son masculinos sur, tiempo, valor, Ebro (se dice EL sur, CORTO tiempo, ALTO valor, EL Ebro), y femeninos,
paz, calle, Toledo, sal (se dice LA paz, calle CORTA, LA
BELLA Toledo, sal BUENA). Pertenecerán al género masculino naturalmente los nombres que designen personas del sexo masculino: el escritor, el chófer, el padre, el centinela, el
trompeta («músico que toca la trompeta»); y al género
femenino, los nombres de personas del sexo femenino: la
madre, la directora, la monja.
Pero esta norma, en lo que se refiere a animales, solo es válida para algunas especies: el toro, la vaca; el perro, la
perra; el gato, la gata; el caballo, la yegua; el león, la leona... En muchos otros casos, el animal recibe siempre un
mismo nombre (masculino o femenino) que es independiente de su sexo masculino o femenino: la rata (macho o hembra), la ballena (macho o hembra), el ruiseñor (macho o hembra). Notemos que también esto ocurre en parte en lo referente a los seres humanos: el nombre persona (que es siempre femenino) designa tanto a un hombre como a
una mujer; el nombre criatura (también femenino siempre) vale para designar igual a un niño que a una niña. Estos nombres, como rata, ruiseñor, persona, que tienen un género determinado y constante y que designan indis- tintamente a individuos de uno u otro sexo sin aludir para nada a este, se llaman nombres epicenos.
Generalmente, los nombres que terminan en -o —de personas, de animales o de cosas— son del género mascu- lino, y los terminados en -a, del femenino: el disco, el
canto, el movimiento, el monstruo, el socialismo; la manta, la copa, la carpeta, la costura, la prudencia. Pero hay algunos
nombres en -o que son femeninos: la mano, la nao, la seo, la
dinamo'; y bastantes nombres en -a que son masculinos: el día, el poeta, el profeta, el mapa, el fantasma, el clima, el panorama, el sistema.
Por otra parte, una serie de nombres en -a designan, por su profesión o por otra característica, a personas de uno u otro sexo, por lo cual tales nombres son unas veces masculinos y otras femeninos: el/la artista, el/la oficinista, el/la periodista, el/la solista, el/la accionista, el/la suicida. Con algunos nombres en -o ocurre lo mismo: el/la reo, el/la
testigo. Estos nombres (artista, periodista, testigo, etc.), que
no expresan el sexo de la persona por medio de una terminación masculina o femenina, sino por medio de adjuntos masculinos o femeninos, suelen denominarse
nombres comunes en cuanto al género2.
1 Dinamo, en algunos países americanos, es masculino.
1 En algunos casos existe cierta oscilación entre la diferenciación (masculino -o/ femenino -a) y la neutralización (masculino -o, con artículo el/ femenino -o también, con artículo la): el ministro / la ministra, el médico/ la médica, el abogado /la abogada, frente a el / la ministro, el / la médico, el / la abogado. La tendencia normal de la lengua es la duplicidad de formas, asignando al femenino la terminación -a: la ministra (como se dice la maestra, y no la maestro), la médica (como se dice la doctora, y no la doctor), la abogada (como se dice la delegada, y no la delegado), la catedrática, la funcionaría, la ingeniera, la arquitecto.
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Si es poco segura para determinar el género de un nombre la terminación en -o o en -a, menos lo son otras terminaciones; así, en -e tenemos el diente, el monte, el
cisne, el albaricoque, el dique, el coche, el norte, el coste (y
como este, todos los derivados en -e de verbos), frente a la
nave, la lumbre, la salve, la noche, la leche, la parte, la muerte, la nwZ>e; en -M tenemos el espíritu, frente a la tribu;
en consonante tenemos el haz, el almirez, el so/az, el /raj-/MZ, frente a la paz, la coz, la honradez, la /MZ; el
corazón, el montón, frente a la razón, la porción; el í/o/or, el
co/or, frente a lay7or; el análisis, frente a la síntesis...
Hay nombres que son masculinos o femeninos según el significado en que se empleen. En unos casos se trata de una misma palabra usada con distintos sentidos (nombres con
dos géneros; p. ej., orden, margen); en otros son realmente
dos palabras distintas que han coincidido en tener una misma forma (homónimos; p. ej., el corte y la corte, el pez y la pez):
Hubo que cambiar el ORDEN de ¡os festejos.
Tienes que dejar un MARGEN más amplio en este escrito. Se han roto algunos RADIOS de
la rueda.
El COMA es el comienzo de la
muerte.
El CURA ha comentado un pa- saje del Evangelio.
No me gusta el CORTE de este traje.
En el lago no queda un solo PEZ.
Y unos pocos nombres (los nombres ambiguos), sin cambiar su significado, se usan unas veces como masculinos y otras como femeninos, si bien predomina en cada caso alguna preferencia. Entre el armazón y la armazón, se considera mejor el segundo uso (teniendo en cuenta que pertenece a la misma serie que los abstractos razón, sazón, cerrazón,
hinchazón y los colectivos tablazón, ramazón, sin relación con
nombres concretos como corazón, tazón, pezón, buzón); de las dos posibilidades, el mar y la mar, la primera es hoy la que aparece siempre en el uso corriente, mientras que la segunda está limitada al lenguaje literario (recordemos el «Margarita, está linda la mar», de Rubén Darío), al de la gente «de mar» y al de los meteorólogos; azúcar puede ser masculino o femenino, pero suele usarse como masculino cuando le acompaña el artículo o un demostrativo (el
azúcar, este azúcar, los azúcares), y como femenino cuando
le sigue un adjetivo (azúcar blanquilla, azúcar refinada)";
arte es normalmente masculino en singular (el arte griego) y
femenino en plural (las bellas artes).
11.1.5. Nombres en singular y en plural
Todos los nombres —abstractos o concretos, comunes o propios, masculinos o femeninos— se comportan de una de estas dos maneras: o bien admiten la compañía del artículo
el o la o de adjetivos como bueno, buena, viejo, vieja, y
decimos que están en número singular; o bien lo que admiten es el artículo los o las y las formas en -s de los adjetivos (buenos, buenas, viejos, viejas), y entonces se dice que esos nombres están en número plural. Ejemplos de nombres en singular: el país, la ciudad, obra buena,
' En este sentido, radio es masculino en algunos países americanos. 4 Este doble uso da lugar a frecuentes discordancias del tipo EL azúcar
BLANCA.
Nadie hizo caso de la ORDEN del alcalde. La MARGEN derecha del río es más rica que la izquierda. No creas lo que dice la RADIO3.
Después de esa frase hay que poner una COMA. Al herido le han hecho una
CURA de urgencia. El rey
trasladó la CORTE a Va- lladolid. La PEZ es una
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viejo Madrid; de nombres en plural: los Andes, las mujeres, buenos ingresos, mentiras piadosas.
Normalmente, como vemos en los ejemplos, los nom- bres en plural se distinguen en su forma de los nombres en singular por llevar al final un sonido /s/. Esta termina- ción, que se l\ama.formante de plural, convierte un nombre en plural uniéndose directamente a la forma de singular cuando esta termina en cualquier vocal átona o /e/ tónica:
hombre, plural hombres; mano, pl. manos; paciencia, pl. paciencias; espíritu, pl. espíritus; café, pl. cafés. Cuando la
forma de singular termina en consonante o en /i/ tónica, el formante de plural aparece en la variante /es/: camión, pl. camiones; paz, pl. paces; temblor, pl. temblores; jabalí, pl. jabalíes. Si la forma de singular termina en una vocal tónica distinta de /e/ o /i/, generalmente el formante de plural es ¡s¡:papá, mamá, sofá, dominó, pl. papas, mamas,
sofás, dóminos; pero en algunos casos es /es/: bajá, albalá, faralá, pl. bajaes, albalaes, faralaes; y en otros coexisten
las dos formas: tabú, zulú, pl. tabúes, zulúes y tabús, zulús (aunque los gramáticos prefieren la primera). Los nom- bres que en singular terminan en /s/ no llevan formante ninguno si la vocal precedente es átona; así, de la dosis, el
martes, el chasis, el plural es las dosis, los martes, los chasis; llevan el formante /es/ si la vocal que precede es
tónica: de marqués, dios, compás, pl. marqueses, dioses,
compases.
A muchos nombres terminados en consonante que se han tomado de lenguas extranjeras no se les da un plural en /es/, como sería lo normal, sino en /s/: fon, fans; trust,
trusts; club, clubs (pero también clubes); frac, fracs (aunque
las gramáticas dan la forma fraques); ticket, tickets; film,
films; chalet, chalets. Lo mismo pasa con algunas voces
tomadas «en crudo» del latín: accésit, accésits; déficit, dé-
ficits; fórum, fórums; ultimátum, ultimátums; referéndum,
referendums; auditórium, auditóriums; sympósium, sympó- siums. En algunos casos la voz extranjera o latina ha sido
asimilada más a fondo por el idioma, y recibe un trata- miento igual al de las voces tradicionales: yogur, yogures;
bar, bares; gol, goles; chófer, chóferes; álbum, álbumes. Y
algunas de las citadas antes tienen una segunda forma, adaptada a las españolas, con un plural normal: filme,
filmes; chalé, chalés; simposio, simposios.
Hemos visto ya un caso de nombres en plural sin for- mante de plural: el de los que en singular terminan en /s/ precedida de vocal átona, como dosis, martes, chasis. Tam- bién ocurre esto —sobre todo en la lengua hablada— en muchos nombres tomados de otros idiomas: es corriente oír dos sandwich, los smoking, tres accésit, los déficit, los
cineclub, frente a las formas escritas sandwiches, smokings, accésits, cineclubs. Igualmente, se extiende cada vez más el
uso de la palabra sin formante de plural cuando se nombra con el apellido a varios miembros de una familia: los
Calvo, los Alonso, los Mendoza; en algunos casos —los de
terminación -z— esto ha sido siempre lo normal: los Fer-
nández, los Sanz, los Muñoz; en otros todavía es posible
oír las formas con -s: los Madrazos, los Quinteros.
11.1.6. Nombres colectivos. Nombres de cosas no
numerables. Nombres usados genéricamente
Habitualmente, como podemos observar en todos los ejemplares anteriores, cuando un nombre está en singular designa «un solo» ser, y cuando está en plural designa «varios». Pero a veces ocurre que deseamos nombrar a «varios» seres a los que vemos formando, entre todos, «una unidad». Hacemos uso entonces de un nombre en singular que designa como una unidad ese conjunto de seres: el ejército (conjunto de soldados), la armada (con-
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junto de barcos de guerra), la familia (conjunto de per- sonas unidas por parentesco), la muchedumbre (conjunto de muchas personas o cosas), la docena (conjunto de doce objetos), el par (conjunto de dos objetos), etc. Estos nombres que significan un «conjunto» que es visto como una «unidad» se llaman nombres colectivos.
Con ellos se relacionan los nombres que designan cosas que, por formar series de multitud de unidades práctica- mente imposibles de contar, imaginamos como si fuesen una materia continua: el trigo, la sal, el azúcar, el polvo. Estos nombres, lo mismo que los verdaderos nombres de materia (como el cemento, el agua, el gas, la madera), no se pueden emplear en plural sin que cambie más o menos su significado.
No hay que olvidar, por otra parte, el uso que con frecuencia hacemos de los nombres en singular para de- signar, no un solo individuo, sino en general todos los que constituyen la clase entera a la que conviene ese nombre:
El ALEMÁN es más laborioso que el ESPAÑOL; El PERRO es
el mejor AMIGO del HOMBRE.
11.1.7. Nombres plurales de cosas singulares.
Pluralia tantum
Así como los nombres colectivos designan en forma
singular todo un conjunto de seres, hay otros nombres
que designan en forma plural cosas que son singulares: las tijeras, las tenazas, las gafas, los prismáticos, los
pantalones... El hecho de que el nombre sea plural, a
pesar de designar un solo objeto, se debe a que este está formado por dos partes complementarias. No obstante, hoy se dice casi siempre el pantalón; a veces se oye la
tijera, la tenaza, y no es raro que un óptico diga una gafa muy elegante o este prismático es de primera calidad.
Al lado de estos casos hay que citar el de algunos nombres que, por designar en general algo esencialmente múltiple, no se usan más que en plural: añicos, víveres,
ambages, entendederas. Tales nombres se llaman pluralia tantum (locución latina que literalmente significa «sola-
mente plurales»).
11.2. Sustantivos: el pronombre
11.2.1. Los pronombres
En el § 11.1.1 (v. también § 7.2.3) ya queda dicho que los pronombres son sustantivos que se distinguen de los nombres en la manera de designar a los seres: mientras un nombre está siempre referido a un determinado ser (p. ej.,
Roma) o a un grupo de seres pertenecientes a un mismo
tipo (p. ej., ciudad), un pronombre se refiere, según el momento en que sea usado, a uno o a otro ser (p. ej., ella puede ser «la ciudad», «mi hermana», «esta casa», según digamos la palabra en una situación o en otra); y, frente al nombre, que lleva dentro de sí un significado formado por cualidades precisas del ser que se nombra, un pronom- bre apenas significa otra cosa que una circunstancia utili- zada para señalar al ser de una manera provisional.
Se distinguen también los pronombres de los nombres en que los primeros no pueden ir precedidos de artículo (salvo una excepción: cual, que siempre tiene que ir con el artículo el), mientras que los segundos todos pueden llevarlo. Esto no solo ocurre en los nombres comunes, sino también en los propios; pues, si bien es verdad que nor- malmente estos se usan sin artículo (Europa, Eduardo), muchos de ellos lo llevan normalmente (EL Brasil, LA
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hablar popular (EL Pepe, LA Petra), y todos, si van seguidos de ciertos complementos, lo necesitan: LA Andalucía baja, EL Madrid de antes, UN Hitler a quien todos obedecían. En cuanto a los pronombres, precisamente van precedidos de artículo cuando dejan de ser pronombres (EL yo, EL nueve,
por ejemplo, son nombres), o bien cuando solo «parecen» pronombres, siendo adjetivos sustantivados (los dos, los
mismos, los otros: compárese con los altos, los nuevos, los