EL PRÓLOGO DEL CCE.
Capítulo 3. Trinidad y misterios de la vida de Cristo (CCE 512-570).
3.4. Otros textos donde aparecen las divinas Personas 1 Texto y análisis.
Una vez más se constata lo poco que se menciona a la Tercera Persona divina, la cual no vuelve a aparecer fuera de los textos que los mencionan a los Tres.
El Padre, por su parte, aparece siempre en relación con el Hijo, y pocas veces como sujeto activo.
– El Padre es ante quien, el pequeño Jesús “progresaba en sabiduría, en estatura y en gracia” (CCE 531); y, obedeciendo a María y a José, ofrece “la imagen temporal de su obediencia filial a su Padre celestial” (CCE 532). Pero manifestando, al mismo tiempo, que Él –como Hijo– esta dedicado a “los asuntos de su Padre” (cf. CCE 534)
– El Padre es revelado por el Hijo (cf. CCE 516);63 sobre todo, “a los pequeños... a quienes el Padre se ha dignado revelar las cosas que ha ocultado a los sabios y prudentes” (CCE 544);64 y “a
59
Cf. Jn 12, 31.
60
VENANCIO FORTUNATO, Himno “Vexilla Regis”.
61
El CCE reproduce aquí a PR 1395, agregando sólo la frase final tomada del Himno.
62
“Los signos que lleva a cabo Jesús testimonian que el Padre le ha enviado.”
63
los pecadores” a quienes Jesús “muestra de palabra y con hechos la misericordia sin límites de su Padre hacia ellos”, y “les invita a la conversión” (CCE 545).
– Pues “la voluntad del Padre es elevar a los hombres a la participación de la vida divina. Lo hace reuniendo a los hombres en torno a su Hijo, Jesucristo”;65 para realizar esta “la voluntad del Padre” “Cristo inauguró en la tierra el Reino de los cielos” cuyo germen es la Iglesia (CCE 541). – Particularmente, Pedro “gracias a una revelación del Padre” confiesa a Jesús como “el Cristo, el Hijo de Dios vivo” (CCE 552).66
– Por otra parte, “los signos que lleva a cabo Jesús testimonian que el Padre le ha enviado” y “fortalecen la fe en Aquel que hace las obras de su Padre: éstas testimonian que él es Hijo de Dios.” (CCE 548).
– Por eso, Jesús puede decir a los Doce: “Yo, por mi parte, dispongo el Reino para vosotros, como mi Padre lo dispuso para mí...” (CCE 551).67
– Finalmente, el Padre es ante quien, el Hijo –ya glorificado– intercede como “nuestro abogado” y Sumo Sacerdote (cf. CCE 519).
Respecto del Hijo –y para no extender indefinidamente el análisis– sólo recojo aquellos títulos que se vinculan con la temática trinitaria; sea directamente –como en la expresión “Hijo de Dios” (o, también “filiación divina”)–, sea indirectamente, afirmando la divinidad del Hijo.
En cuanto a las expresiones “Hijo de Dios” o “filiación divina”, aparecen en los siguientes textos:68
–“Todo lo que Cristo vivió hace que podamos vivirlo en El y que El lo viva en nosotros. «El Hijo de Dios con su encarnación se ha unido en cierto modo con todo hombre» (GS 22, 2)... «Porque el Hijo de Dios tiene el designio de hacer participar y de extender y continuar sus Misterios en nosotros y en toda su Iglesia...».” (CCE 521)
– En una frase claramente “descendente” el CCE nos dice que: “La venida del Hijo de Dios a la tierra es un acontecimiento tan inmenso que Dios quiso prepararlo durante siglos.” (CCE 522).
– “La Epifanía es la manifestación de Jesús como Mesías de Israel, Hijo de Dios y Salvador del mundo.”. Por eso podemos “...adorarle como Hijo de Dios y Salvador del mundo...” (CCE 528).69
– “El hallazgo de Jesús en el Templo... Jesús deja entrever... el misterio de su consagración total a una misión derivada de su filiación divina...” (CCE 534).
– “...los milagros fortalecen la fe en Aquel que hace las obras de su Padre: éstas testimonian que él es Hijo de Dios...” (CCE 548).
– “Gracias a una revelación del Padre, Pedro había confesado: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo.” (CCE 552). Y, “a partir del día en que Pedro confesó que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo, el Maestro comenzó a mostrar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén, y sufrir...” (CCE 554)
– “Lo que se ha escrito en los evangelios lo ha sido «para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre» (Jn 20, 31).” (CCE 514).
La divinidad del Hijo es presentada –por una parte– de modo explícito, abundante y preciso en un número de la introducción:
“...A través de sus gestos, sus milagros y sus palabras, se ha revelado que «en él reside toda la plenitud de la Divinidad corporalmente» (Col 2,9). Su humanidad aparece así como el «sacramento», es decir, el signo y el instrumento de su divinidad y de la salvación que trae consigo: lo que había de visible en su vida terrena conduce al misterio invisible de su filiación divina y de su misión redentora.” (CCE 515).70
64
Aquí el Padre aparece como sujeto activo, como “revelante”.
65
Esta vez, también aparece el Padre como sujeto activo, ahora como “elevante”.
66
Tercera vez que el Padre aparece como sujeto activo, de nuevo en relación con la revelación.
67
Aquí también aparece el Padre como sujeto activo.
68
No aparecen en CCE 512-570 los títulos “Palabra”, “Verbo” o “Imagen” aplicados al Hijo.
69
El tema de la adoración de Jesús aparece dos veces en este CCE 528.
70
Además, la divinidad del Hijo es afirmada–por otra parte– en tres textos litúrgicos que cita el CCE:71
– “La Virgen da hoy a luz al Eterno / Y la tierra ofrece una gruta al Inaccesible. Los ángeles y los pastores le alaban / Y los magos avanzan con la estrella. Porque Tú has nacido para nosotros, / Niño pequeño, ¡Dios eterno!” (CCE 525).72
– “O admirabile commercium! El Creador del género humano, tomando cuerpo y alma, nace de una virgen y, hecho hombre sin concurso de varón, nos da parte en su divinidad” (CCE 526).73
– Y el himno ya citado en CCE 550: “«Regnavit a ligno Deus», («Dios reinó desde el madero de la Cruz»)”.74
Todos estos textos litúrgicos tienen en común el contrastar la divinidad con la debilidad: sea la debilidad del Niño en la Navidad,75 sea la debilidad del Crucificado en la Pasión.
Finalmente –y con la misma perspectiva de contrastar divinidad y debilidad– también aparece la condición divina del Hijo en el discurso de Pablo VI, citado en CCE 533:
– “Nazaret, la casa del hijo del artesano: cómo deseamos comprender más en este lugar la austera pero redentora ley del trabajo... Queremos finalmente saludar desde aquí a todos los trabajadores del mundo y señalarles al gran modelo, al hermano divino”.
3.4.2. Resumen.
Una vez más se constata lo poco que se menciona a la Tercera Persona divina, la cual no vuelve a aparecer fuera de los textos que los mencionan a los Tres.
El Padre, por su parte, aparece siempre en relación con el Hijo, y pocas veces como sujeto activo: revelando a los pequeños aquello que oculta a los sabios y prudentes (CCE 544); revelando a Pedro que Jesús es Mesías e Hijo de Dios (CCE 552); y disponiendo un Reino para su Hijo (CCE 551); todo esto, en orden a elevar a los hombres a la participación de la vida divina (CCE 541).
Finalmente, la Segunda Persona aparece caracterizada como “Hijo de Dios” que ha descendido a la tierra (CCE 522); manifestándose en la Epifanía – y también por sus palabras (CCE 534) y por sus milagros (CCE 548)– como Hijo de Dios: por eso podemos adorarle como tal (CCE 528); todo esto para que, creyendo en Él como Hijo de Dios, tengamos vida en su nombre (CCE 514) y participemos místicamente de su vida (CCE 521).
También el Hijo es llamado “Eterno” e “Inaccesible” (CCE 525), “Dios” (CCE 525 y 550) y “Creador” (CCE 526).