EL PRÓLOGO DEL CCE.
Capítulo 3. Trinidad y misterios de la vida de Cristo (CCE 512-570).
3.2. La Transfiguración de Jesús (CCE 554-556) 21 1 Texto y análisis.
“A partir del día en que Pedro confesó que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo, el Maestro «comenzó a mostrar a sus discípulos que él debía ir a Jerusalén, y sufrir (et multa pati)... y ser condenado a muerte y resucitar al tercer día» (Mt 16,21): Pedro rechazó este anuncio,22 los otros no lo comprendieron mejor.23 En este contexto se sitúa el episodio misterioso de la Transfiguración de Jesús,24 sobre una montaña (supra montem excelsum), ante tres testigos elegidos por él: Pedro, Santiago y Juan. El rostro y los vestidos de Jesús se pusieron fulgurantes como la luz, Moisés y Elías aparecieron (apparent et loquentes cum Eo) y le «hablaban de su partida (exodum), que estaba para cumplirse en Jerusalén» (Lc 9,31). Una nube les cubrió y se oyó una voz desde el cielo que decía (et vox de caelo dicit): «Este es mi Hijo, mi elegido; escuchadle» (Lc 9,35).” (CCE 554).25
Como indicamos en el comentario anterior, encontramos nuevamente aquí el “triple movimiento que el CCE suele usar para presentar los misterios de la vida de Cristo.
Siguiendo ese esquema, CCE 554 expone el hecho de la Transfiguración de Jesús sirviéndose – como el CCE hace habitualmente– de numerosas citas y alusiones bíblicas. En este caso, casi todas las referencias remiten a los Sinópticos –que son quienes presentan este relato– salvo una alusión a 2 Pe 1, 16-18, que es el otro texto neotestamentario que habla del hecho.
En este contexto y tal como sucede en el relato evangélico, el CCE nos presenta a las Tres Personas: “Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo, el Maestro” que revela sus futuros sufrimientos, pero también se transfigura. Y –como explicitará el número siguiente del CCE– la nube representa al Espíritu, mientras se escucha la voz del Padre –de modo paralelo a lo que sucedió en el Bautismo de Jesús– pero ahora con el agregado de la importante palabra final: “...escuchadle”.26
“Por un instante, Jesús muestra su gloria divina, confirmando así la confesión de Pedro. Muestra también que para «entrar en su gloria» (Lc 24,26), es necesario pasar (transire debere) por la Cruz en Jerusalén. Moisés y Elías habían visto la gloria de Dios en la Montaña (super montem); la Ley y los profetas habían anunciado (praenuntiaverant) los sufrimientos del Mesías.27 La Pasión de Jesús es la voluntad por excelencia del Padre (Passio Iesu est utique a Patre
21
Esta escena de la Transfiguración era el último de los misterios de la vida de Cristo que presentaba el PR, pues “la subida de Jesús a Jerusalén” y “la entrada mesiánica en Jerusalén” el PR las ponía ya en el Artículo 4, entre los preludios de la Pasión (PR 1412-1417 y 1434-1436). En cambio, el CCE cuenta estas dos escenas como las últimas dentro de los misterios de la vida pública, después de la Transfiguración (CCE 557-560).
22 Cf. Mt 16, 22s. 23 Cf. Mt 17, 23; Lc 9, 45. 24 Cf. Mt 17, 1-8 y par.; 2 Pe 1, 16-18. 25
El CCE reproduce aquí sin cambios a PR 1399.
26
Esta cita de Lc 9,35 –con la mención del Hijo y del Padre– fue usada un poco antes en CCE 516.
27
volita):28 el Hijo actúa como siervo de Dios.29 La nube indica (denotat) la presencia del Espíritu Santo: «Tota Trinitas apparuit: Pater in voce; Filius in homine, Spiritus in nube clara» («Apareció toda la Trinidad: el Padre en la voz, el Hijo en el hombre, el Espíritu en la nube luminosa»).30 «En el monte (super montem) te transfiguraste, Cristo Dios, y tus discípulos contemplaron tu gloria, en cuanto podían comprenderla. Así, cuando te viesen crucificado, entenderían que padecías libremente y anunciarían al mundo que tú eres en verdad el resplandor (splendor) del Padre».31” (CCE 555).32
Siguiendo con el esquema del “triple movimiento”, este número presenta el sentido del hecho. Para esto, el CCE se sirve de tres referencias bíblicas –dos de Lucas y una de Isaías– y de dos frases más: una de Santo Tomás –con su acostumbrada brevedad y precisión– y otra de la liturgia oriental. Curiosamente, vuelve a suceder lo mismo que vimos en CCE 537: la frase latina expone a “toda la Trinidad”, mientras que la frase oriental está centrada en el Hijo.
Y nos dice sobre las Personas divinas:
– “Jesús muestra su gloria divina” y, también, que “es necesario pasar por la Cruz”, pues “el Hijo actúa como siervo de Dios”, y como “hombre” que padecerá “libremente”, aunque Él sea el “resplandor del Padre”.
– “el Padre aparece en la voz”, y manifiesta su voluntad.33 – y “la nube indica la presencia del Espíritu”.
Además, como anticipamos en el prólogo, CCE 555 es el único lugar en donde aparece la palabra “Trinidad” en estos misterios de la vida de Cristo, lo cual sucede en la frase de Santo Tomás.
“En el umbral de la vida pública se sitúa el Bautismo; en el de la Pascua, la Transfiguración. Por el Bautismo de Jesús «fue manifestado el misterio de la primera regeneración»: nuestro bautismo; la Transfiguración «es el sacramento de la segunda regeneración»: nuestra propia resurrección.34 Desde ahora nosotros participamos en la Resurrección del Señor por el Espíritu Santo que actúa en los sacramentos del Cuerpo de Cristo. La Transfiguración nos concede una visión anticipada (praegustationem) de la gloriosa venida de Cristo «el cual transfigurará este miserable (humilitatis) cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo» (Flp 3,21). Pero ella nos recuerda también que «es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios» (Hch 14,22): «Pedro no había comprendido eso cuando deseaba vivir con Cristo en la montaña.35 Te ha reservado eso, oh Pedro, para después de la muerte. Pero ahora, él mismo dice: Desciende para penar (laborare) en la tierra, para servir en la tierra, para ser despreciado y crucificado en la tierra. La Vida desciende para hacerse matar (ut occideretur); el Pan desciende para tener hambre; el Camino desciende para fatigarse andando; la Fuente desciende para sentir la sed; y tú, ¿vas a negarte a sufrir (laborare)?».36” (CCE 556).37
Finalmente, el CCE hace aquí su acostumbrada aplicación a la vida cristiana. Recurriendo a una nueva cita de Santo Tomás –tomada del mismo lugar que la cita anterior– aúna los misterios del Bautismo y de la Transfiguración, tal como el mismo Nuevo Testamento propone. Sólo que el
28
En esta frase, en particular, PR 1400 decía: “La voz divina confirma que la pasión de Jesús es voluntad del Padre...”
29
Cf. Is 42, 1.
30
SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica III, 45, 4, ad 2.
31
Liturgia Bizantina, Kontakion en el día de la Transfiguración.
32
El CCE asume aquí a PR 1400, salvo lo indicado en la nota 29; una pregunta inicial (“¿Qué significa este acontecimiento?”); y la mención del “éxodo (de la Cruz en Jerusalén)”, que prolonga la mención del número anterior.
33
Para esto último, cf. el comentario en 3.2.3.1., en p. 160.
34
SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica III, 45, 4, ad 2.
35
Cf. Lc 9, 33
36
SAN AGUSTÍN, Sermón 78, 6.
37
CCE asume aquí a PR 1401, salvo una frase que ha sido eliminada, y que estaba ubicada después de “...los sacramentos del Cuerpo de Cristo”. Allí se decía que: “Por eso, la tradición de las Iglesias de Oriente reconoce en el acontecimiento de la Transfiguración la manifestación anticipada de lo que será la economía sacramental de la Iglesia”. Normalmente, el CCE enriquece al PR con aportes de la tradición oriental; la eliminación de esta frase sería la excepción que confirma la regla.
CCE aquí –siguiendo a Santo Tomás– explicita la relación que estos dos misterios de la vida de Cristo tienen – respectivamente– con el bautismo del cristiano y con su futura resurrección. Con un telón de fondo pautado por el paradojal “ya pero todavía no” de esta época de la salvación que es la Nueva Alianza, el CCE nos muestra –por un lado– que la escatología se anticipa en la liturgia; pero indica –por otro lado– que aún estamos a la espera de la venida de Cristo.
Y, con otra paradoja, el CCE –por un lado– estimula nuestra alegría pues esperamos que Cristo “transfigurará este miserable cuerpo nuestro en un cuerpo glorioso como el suyo”; y –por otro lado– nos prepara para el dolor, advirtiéndonos que la Transfiguración también nos enseña que “es necesario que pasemos por muchas tribulaciones para entrar en el Reino de Dios”.38
Finalmente, una frase de Agustín –cuya deficiente traducción merecerá un comentario–39 recalca el elemento doloroso de la vida de Cristo y del cristiano, que precede a la gloria futura. En este contexto, aparecen las divinas Personas:
– el Padre, tenuemente insinuado en la expresión “Reino de Dios”.
– el Espíritu, que “actúa en los sacramentos del Cuerpo de Cristo” haciendo que “desde ahora nosotros” participemos “en la Resurrección” de Jesús.
– y –sobre todo– el Hijo, cuya vida humana contiene unos misterios que siguen actuando en la vida del cristiano; cuya Resurrección se anticipa en la liturgia; y cuya venida futura esperamos. Además, la frase de San Agustín abunda en títulos que se refieren al Hijo, todos ellos de inspiración joánica: Vida, Pan, Camino y Fuente.
3.2.2. Resumen.
En relación con la Transfiguración de Jesús, en primer lugar, el CCE nos presenta el hecho y, en ese contexto, nos dice sobre las Tres Personas: “Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios vivo, el Maestro” que revela sus futuros sufrimientos, pero también se transfigura. Y –como explicitará el número siguiente del CCE– la nube representa al Espíritu, mientras se escucha la voz del Padre – de modo paralelo a lo que sucedió en el Bautismo de Jesús– pero ahora con el agregado de la importante palabra final: “...escuchadle” (CCE 554).
Profundizando en el sentido del hecho, nos sigue diciendo el CCE: “Jesús muestra su gloria divina” y, también, que “es necesario pasar por la Cruz”, pues “el Hijo actúa como siervo de Dios”, y como “hombre” que padecerá “libremente”, aunque Él sea el “resplandor del Padre”. Y se explicita que “el Padre aparece en la voz”, y que “la nube indica la presencia del Espíritu” (CCE 555). Además, CCE 555 es el único lugar en donde aparece la palabra “Trinidad” en estos misterios de la vida de Cristo, en la frase de Santo Tomás.
Finalmente, el CCE hace aquí su acostumbrada aplicación a la vida cristiana. En este contexto, aparecen las divinas Personas: el Padre, tenuemente insinuado en la expresión “Reino de Dios”; el Espíritu, que “actúa en los sacramentos del Cuerpo de Cristo” haciendo que “desde ahora nosotros” participemos “en la Resurrección” de Jesús; y –sobre todo– el Hijo, cuya vida humana contiene unos misterios que siguen actuando en la vida del cristiano; cuya Resurrección se anticipa en la liturgia; y cuya venida futura esperamos. Además, la frase de San Agustín abunda en títulos que se refieren al Hijo, todos ellos de inspiración joánica: Vida, Pan, Camino y Fuente. (CCE 556).
38
Las dos citas bíblicas este número –de un modo u otro– se relacionan con Pablo.
39
3.2.3. Comentario.
3.2.3.1. “La Pasión de Jesús es la voluntad por excelencia del Padre...” (CCE 555).40
La versión en español del CCE pone la frase que hemos transcripto en el título, idea que no es usual en la exposición católica de la fe. Cuando se revisa la editio typica, se advierte que se puede traducir de una manera menos enfática, pues allí dice: “Passio Iesu est utique a Patre volita...”.
Y el utique latino no es necesario traducirlo como: “por excelencia”. Si bien es un adverbio afirmativo, puede ser traducido de modo menos enfático, como por ejemplo: “cierto”, “ciertamente”.41 Por eso, la traducción también –y quizás mejor– pudiera haber sido: “La Pasión de Jesús es ciertamente querida por el Padre...”.
Más allá del problema de traducción, está el problema del fundamento de la afirmación del CCE: ¿el Padre quiere la Pasión del Hijo? Esto se complica aún más, si volvemos a la versión española: ¿el Padre quiere la Pasión del Hijo como su voluntad “por excelencia”? ¿Se puede afirmar que esta voluntad del Padre es equiparable –e incluso supera (si seguimos la traducción española)– a aquella voluntad por la cual “Dios, nuestro Salvador... quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad” (1 Tm 2,3-4)?42
En realidad, “no hay que atribuir a Dios una causalidad positiva... respecto de la pasión”,43 pues “no puede decirse que Dios positiva y directamente deseó y predefinió la muerte de su Hijo, porque hubiera tenido que desear y predefinir simultáneamente, como medio necesario, el pecado de los que lo crucificaron; y esto es absurdo”.44 Mas bien, hay que decir –con otro texto del mismo CCE– que “del mayor mal moral que ha sido cometido jamás, el rechazo y la muerte del Hijo de Dios, causado por los pecados de todos los hombres, Dios, por la superabundancia de su gracia, sacó el mayor de los bienes: la glorificación de Cristo y nuestra Redención.”45
Y –si esto vale en términos generales para el Nuevo Testamento– a fortiori vale para la escena de la Transfiguración que el CCE está exponiendo aquí, y en la cual intenta basar aquella afirmación de nuestro título. Incluso, es más difícil basar esa afirmación aquí, que en otros lugares del Nuevo Testamento –por ejemplo, en aquellos lugares en que aparece el verbo griego “”–46y que son los lugares clásicos para plantear la cuestión sobre si el Padre ha querido la pasión del Hijo.
El PR puede orientarnos en aquello que el CCE está queriendo decir, pues –como indicábamos en la nota 28– PR 1400 decía: “La voz divina confirma que la pasión de Jesús es voluntad del Padre...”. Pero esto nos confirma que no se está haciendo una buena interpretación del texto evangélico, pues la “voz divina” en la Transfiguración no está en relación directa con la Pasión, aunque evoque la figura del “Siervo”, como explicita el resto de la frase del CCE.
40
La frase continúa diciendo: “...el Hijo actúa como siervo de Dios.” Y cita Is 42, 1.
41
Incluso, si se revisan las acepciones de la palabra en los diccionarios, ninguna llega a la intensidad que se pone en esta traducción; a lo más, dice: “enteramente” o “principalmente”.
42
Que es la segunda de las tres citas bíblicas con que se abre el entero CCE: cf. CCE 1.
43
M.M.GONZÁLEZ GIL, Cristo, el misterio de Dios, Madrid, BAC, 1976, volumen II, 42.
44
Ibid., 41.
45
CCE 312.
46
3.2.3.2. “La Vida desciende para... ¿hacerse matar?” (cf. CCE 556).
En rara coincidencia con la excesivamente cruenta traducción de CCE 555 –que criticábamos recién–, enseguida CCE 556 también trae unos textos con unos defectos de traducción que se inscriben en la misma línea. Estos textos se encuentran en la frase de San Agustín que aparece al final del número, y en que se dice que: “La Vida desciende para hacerse matar” –donde el título “Vida”, se aplica a Jesús–; y, también, se le dice a Pedro –y en él, al cristiano– que debe descender “para penar” y “sufrir”.
En primer lugar, la frase “La Vida desciende para hacerse matar” al estar mal traducida, afirma algo que se aleja de lo que expone la Palabra de Dios. Pues al poner una frase verbal en voz activa, atribuye a Jesús una decisión positiva orientada a provocar su propia muerte, cosa que no tiene fundamento en el Evangelio.47 Y, por supuesto, Santo Tomás tampoco avalaría esta frase.48 Como hicimos notar al estudiar el número, el texto español intenta traducir el latín que dice: “ut occideretur”, cuya voz pasiva ya el PR traducía mejor cuando ponía: “la Vida descendió a ser muerta” (PR 1402). Traducido así –correctamente– manifiesta que “toda la vida de Cristo es ofrenda al Padre” y que “en la cruz, Jesús consuma su sacrificio”.49
Pero, en lugar de seguir el PR en español, el CCE en español parece seguir aquí al texto francés que dice: “La Vie descend pour se faire tuer”. Pero el error del texto francés no disculpa el repetir el error en el texto español, sobre todo cuando se verifica que tanto el texto inglés, como el texto italiano han sabido salvar la dificultad, poniendo –respectivamente– “Life goes down to be killed” y “É discesa la Vita per essere uccisa”.
De modo semejante, los verbos de la traducción española “penar” y “sufrir” quieren reflejar el verbo latino “laborare” que –si bien tiene un elemento doloroso– las primeras acepciones del verbo son “trabajar”, “esforzarse” y “afanarse”; recién después de estos sentidos, aparece el “pasar angustia”, “padecer” y “sufrir”. Por eso –además de la excesiva acentuación del elemento doloroso– la gran diferencia entre “penar” y “sufrir” y “laborare” es el elemento de actividad que el verbo latino implica, y que los verbos españoles no reflejan. Por eso, el PR prefería traducir “laborare” por “trabajar” (en ambas frases); pero aquí se diluye el elemento de dolor que “laborare” tiene.50 Por eso, quizás la mejor traducción se podría lograr con más de una palabra; por ejemplo: “trabajar duramente”.
Si se quiere mantener una sola palabra en la traducción, el verbo español que más se acerca al sentido de“laborare” parece ser “esforzarse”; así, la frase de Agustín quedaría de este modo:
“...Desciende [Pedro] para esforzarte (laborare) en la tierra, para servir en la tierra, para ser despreciado y crucificado en la tierra. La Vida desciende para ser muerta (ut occideretur); el Pan desciende para tener hambre; el Camino desciende para fatigarse andando; la Fuente desciende para sentir la sed; y tú, ¿te vas a negar a esforzarte (laborare)?”.51
47
La expresión “hacerse matar” es tan desafortunada, que sería aplicable a una persona que pretendiera una muerte “eutanásica”: en ese caso sí, se trataría de una persona que tiene la decisión de “hacerse matar” por otra.
48
Cf. SANTO TOMÁS DE AQUINO, Suma Teológica, III, 47, 1 donde Tomás se pregunta “si Cristo fue muerto (occisus) por otro, o por sí mismo”. Allí indica que “algo puede ser causa de un efecto de dos maneras”; y descarta que Jesús lo haya sido del primer modo, es decir, “contribuyendo directamente para producirlo”. En el segundo modo, “algo es causa de alguna cosa indirectamente, cuando no lo impide pudiendo impedirlo”.
49
Estas dos frases son los títulos de CCE 606s y 616s, que estudiaremos más abajo.
50
En este punto, también el CCE en español parece seguir el texto francés que pone “peiner” en los dos lugares que el latín dice “laborare”. El texto inglés puso primero “to toil” y luego “to suffer”; y el texto italiano, primero“affaticarti” y, luego, “soffrire”.
51
3.3. La repulsa de Satanás.