Pensamiento Constitucional en el Perú del Siglo
3.2. Los Pensadores en el Derecho Constitucional del Siglo
3.2.3. Toribio Alayza y Paz Soldán: “El Derecho Constitucional General
y del Perú” y el “Derecho Constitucional Comparado”.
Don Toribio Alayza y Paz Soldán nació en 1885 y falleció en el año 1941. Conocido por sus obras de obligatoria revisión en el Derecho Constitucional,
164 para este pensador: “Una Constitución es una reforma; la reforma de la constitución política de un país”.241
Alayza (1928) en pro de comprender el derecho constitucional del Perú apunta como principales fuentes del Derecho Constitucional las siguientes:
242 a) las constituciones anteriores, pues podrá derogarse una Constitución,
pero no desaparecen los órganos constitucionales consagrados por ella, podrán modificarse, pero su huella queda perenne; b) el momento ideológico, dando importancia a las ideas que reinan en el momento en que se da una Constitución, pues en los personajes que le dan vida influyen las ideas vigentes de su tiempo y no hay pues ley que no evidencie el modo de ser y de pensar del legislador; c) los útopicos, cuyas innovaciones no funcionan porque no se encuentran en el medio que las propicia, lo que ha sucedido con algunas de las reformas dadas en el país: “No es natural que se importen necesidades exóticas, que no otra cosa significa traer instituciones para necesidades que aquí no existen”; d) el momento político, en el cual se vive, por la efervescencia que conlleva la política, acompañada en muchos casos de reacciones violentas, momentos en los que se dan las disposiciones de carácter político, que hacen variadas las Constituciones conforme a la influencia que ejercen sobre los hombres que las elaboran; y finalmente, e) los tratadistas, escritores y demás, considerados fuentes subsidiarias que influyen en el pensamiento manifestando la ideología política media o de avanzada, de los hombres de vanguardia en su época. Alayza y Paz Soldán cuestiona la Constitución de 1920 con respecto a la armonía pretendida entre el Jefe del Poder Ejecutivo y los hombres del Poder Legislativo, por lo que diría a su opinión que esto era “más especioso que efectivo”. Dado que en la Constitución de 1860 quedaba un tercio que se renovara por los elementos del partido del Presidente, quedando dos tercios en el régimen constitucional a modo de control y persistencia de
241 Alayza y Paz Soldan, Toribio (1928). Derecho Constitucional General y del Perú. p.5. 242 Ibídem, pp.5-7
165 orientaciones fijadas para el país con anterioridad. Aduce, sin embargo, que lo que debilita esta misma posición es la falta de partidos políticos organizados: “Cierto es que nosotros no tenemos partidos políticos organizados. Por lo regular han sido partidos políticos del momento, pero hay que reconocer que los últimos gobiernos se han definido por un plan de política”. 243
Sobre el régimen bicameral del Perú opinará que: “aquí tenemos dos Cámaras, pero no el principio de la bicameralidad”. Se sostenía en que el estudio de las leyes no solo pasaba por el tamiz de dos Cámaras, sino en dos clases de pensamiento: uno cambiable, político, en los diputados; y otro conservador en el senado. Lo que le llevó a sugerir una forma de organizar el Senado, con una duración mayor que la Cámara de Diputados “evitando esa coincidencia en el término de sus funciones, en el plazo de la renovación se consigue que el Senado no represente intereses políticos de momento, sino otros valores, otras orientaciones”. 244
Otro de sus acertados enfoques fue en torno a la vacancia presidencial sucedida por el Congreso con la Constitución de 1920, que a su pensar habíamos retrogradado:
“¿(…) los Congresos representan la opinión del país, o los Congresos representan más bien intereses de orden político? Y es así como, muchas veces, puede presentarse el caso que resulte elegido por el Congreso el ciudadano que tiene más influencia política en el Congreso, pero sin raigambre en el país”. 245
Refiriéndose a la carrera judicial, criticó la inexistencia de la ley sobre la reforma constitucional del 20 que decía: “la carrera judicial será determinada
243 Ibídem, p.11. 244 Ibídem, p.13. 245 Ibídem, p.14.
166 por una ley que fijará las condiciones del ascenso”, por lo que la inexistencia de tal ley hizo arbitrarios los ascensos:
“De allí que tengamos que los nombramientos judiciales sean a base de la influencia política, ya de los elementos del Poder Legislativo o del ejecutivo que intervienen a favor de determinados candidatos, muchas veces llevando elementos de fuera, elementos que no han pertenecido a la Magistratura, no pocas veces abogados que ni siquiera han ejercido la profesión, postergando a los elementos del Poder Judicial. Un mal Juez puede pasar a ser Vocal si goza de influencia política. Todo ascenso presupone una ley, cierta organización, en que el ascenso es un derecho. Entre nosotros no es un derecho, sino una gracia”. 246
Asimismo, sobre los Miembros de la corte Suprema, en la elección de los Magistrados en Primera y Segunda Instancia, ratificados cada 5 años, diría: “El espíritu de la Constitución, al hacer las ratificaciones cada cinco años, fue desplazar a los incapaces, llenar deficiencias existentes por miembros incapaces por afecciones y demás, es decir, para seleccionar”. 247
Entre sus principales obras figuran: Derecho Constitucional General y del Perú (1928); Derecho Constitucional del Perú y Leyes Orgánicas de la República: curso dictado en la Universidad Católica del Perú, el año universitario de 1934; Derecho Constitucional General y Comparado (1935).
3.2.4. Víctor Andrés Belaunde: “El Debate constitucional”
Considerado uno de los más importantes autores de la realidad peruana, Víctor Andrés Belaunde planteó el problema nacional desde la óptica de la Doctrina Social de la Iglesia, iniciada en 1903 con su ingreso al Archivo de
246 Ibídem, p.17. 247 Ibídem, p.19.
167 Límites para precisar nuestros derechos territoriales, adoptando el positivismo predominante en el ámbito universitario de la época, pero sólo en el método, pues rechazaba profundamente sus supuestos teóricos, al igual que el análisis materialista.
Nació el 15 de diciembre de 1883 en Arequipa. Sus padres fueron Mariano Belaunde de la Torre y Mercedes Diez-Canseco y Vargas. Estudió en los colegios San Vicente y San José, para ingresar después a la Universidad Nacional de San Agustín de Arequipa. Pasaría a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos en 1901, obteniendo los grados de doctor en Jurisprudencia (1908), Ciencias Políticas (1910) y Letras (1911). Se casó con Sofía Yrigoyen Diez-Canseco, con quien tuvo dos hijas, volviéndose a casar nuevamente en 1923 con Teresa Moreyra y Paz-Soldán, con la que tendría siete hijos.
Participó en 1912 en el periódico gráfico Ilustración peruana, en cuyo primer número dio a conocer su pensamiento en torno al alma nacional: “existe en nuestra psiquis una especie de incapacidad no sólo para la acción en común y coordinada sino aún para alcanzar un pensamiento o una idea rectora”. Muy probablemente, refiriéndose a la psicología nacional, encontró en el Perú, enfrentamientos inútiles basados en la servilidad e ignorancia de la inteligencia peruana: “La política es el cumplimiento del deber, es colaboración del mayor número posible de elementos sanos”.248
En el discurso de apertura del año académico de la Universidad de San Marcos en 1914, analizó las dificultades de la época, señalando como causas: el excesivo endeudamiento, acentuación del régimen personal del Presidente, falta de representatividad parlamentaria, burocratización, centralismo, crisis de la clase media y de la clase dirigente. Este análisis se reflejaría posteriormente:
248 Belaunde, Víctor Andrés. (1983). Obras Completas. Tomo IV: El debate constitucional
168 “Frente al caos económico en estos días en que el país se debate viviendo deficitariamente, ante la amenaza de la huida del oro, ante esta crisis económica que no puede conjurar el talento de ningún hombre, frente a esta crisis política que es más profunda de lo que imagináis, pues la revolución social no lo harán los apristas sino el hambre, y las revoluciones se hacen solamente en momentos de grandes crisis nacionales y en momentos de desconcierto político; frente a esa situación de crisis nacional, yo proclamo, hoy como ayer: ¡Crisis nacional, gobierno nacional! (Aplausos)” (Belaunde, 1983, p. 148). 249
Frente al pensamiento radical e indigenista de Mariátegui que se remontaba a las tradiciones coloniales, asumiendo un cariz fascista hacia la década de 1930, Belaunde se situaría entre el indigenismo y el hispanismo, que consideraba posible superar el atraso del indígena mediante la educación, la integración y la reforma agraria: “En debates doctrinarios he combatido a los hombres de extrema izquierda, su ideología y muchas veces su actitud política”.250 Belaúnde cuestionó vigorosamente la posición socialista y
revolucionaria de Mariátegui, cuyos Siete Ensayos (1928) se convertirían en el texto fundador de la izquierda en materia de examen de los problemas del Perú y la manera de resolverlos. 251
En 1931 fue elegido como representante en el Congreso de la República por Arequipa, su trabajo constituyente quedaría registrado en la Constitución de 1933. En esta época se recuerda su participación en el debate constitucional:
249 Ibídem, p.148 250 Ibídem, p.139
169 “La eficiencia de un gobierno no está en los instrumentos que se pongan a su disposición; está en el concepto que tenga de su deber y está, sobre todo, en su actividad, en su celo en lo que podríamos llamar la bondad de sus servicios; está en su dinamismo, en su acierto. Una buena política hace imposible la revolución. Esta ley que el gobierno considera necesaria, ya en desmedro de su prestigio. En cambio si hubiera pedido la suspensión de las garantías individuales, aun cuando sea por muy corto tiempo, en el sitio de inminente peligro, el gobierno habría conservado su prestigio y su fuerza moral” (Belaunde, 1983, p. 139).252
Su pensamiento en torno al debate constitucional se distingue cuando dice: “El parlamento es una unidad moral indivisible. Yo decía que hay una conciencia parlamentaria por encima de la conciencia partidarista. Cada representante es una célula viva del Parlamento; se puede decir que la unidad viva del Parlamento está integrada por todos y cada uno de los señores representantes. Por este principio no hay partidos no hay individuos, sino hay una entidad, una unidad indivisible: el Parlamento cubierto con el manto de la inviolabilidad que es a su vez el símbolo de la inviolabilidad nacional” (Belaunde, 1983, p. 142).253 Negándose a participar si no se reconocía la libertad parlamentaria en la medida que defendía: “Yo por lo pronto debo declarar que no me consideraría con dignidad en este Parlamento si pesa sobre él la ley de emergencia. No tendría libertad para opinar. No podría adoptar actitud de ningún orden; la libertad parlamentaria exige la absoluta inviolabilidad”. 254
252 Belaunde, Víctor Andrés. Ob. Cit., p.139. 253 Ibídem, p.142
170 Reconocido en la actividad académica desde su experiencia docente en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, dictó cátedra durante su exilio en Francia y en Estados Unidos (Middlebury College, Williams College, Rice Instite y Universidad de Miami). A su retorno al Perú, fue decano de la Facultad de Letras, Ciencias Políticas y Económicas, vicerrector y rector interino de la Pontificia Universidad Católica del Perú (1946). Fue gestor, además, de la creación del Instituto Riva-Agüero en 1947, y rector emérito de la PUCP en 1965.
Como líder del socialcristianismo en el Perú, formó parte de acción popular desde 1956, influyendo en su ideología, así como posteriormente en Democracia Cristiana y Partido Popular Cristiano. Fue, además, uno de los principales defensores del voto femenino. Falleció en Nueva York el 14 de diciembre de 1966.
Entre sus obras, se cuentan las siguientes: La filosofía del Derecho y el método positivo (1904), El Perú antiguo y los métodos sociológicos (1908),
Ensayos de psicología nacional (1912), La crisis presente (1914),
Meditaciones peruanas (1917), La realidad nacional (1931), El Cristo de la Fe y los Cristos literarios (1936), Peruanidad (1942), La síntesis viviente
(1950), Inquietud, serenidad, plenitud (1951), El planteamiento del problema nacional (1962), Veinte años de Naciones Unidas (1966).